martes, 28 de agosto de 2007

Cuidado con los castillos de naipes



Sigue siendo complicado. Creía que ya tenía controlada la técnica, pero el más mínimo roce hace que toda la estructura se tambalee y pierda estabilidad. Y sin estabilidad.... todo acaba tirado por el suelo.
Está claro que la culpa de esa inestabilidad galopante no es sólo mía. Aunque el cuerpo que entra en contacto con la carta, y así desestabiliza el conjunto, es mío. El movimiento, la falta de precisión, el no pensar detenidamente las cosas antes de hacerlas. Todo es culpa mía. Aunque hay otro tipo de factores a tener en cuenta: la brisa, el movimiento de rotación del planeta, el estado anímico... a pesar de eso al final el movimiento lo hago yo. Y todo se tambalea.
Esos segundos en los que todo parece a punto de desaparecer pero no llega a hacerlo son extasiantes. Se te acelera el corazón, te gusta. Lo disfrutas enormemente. Pero, ¿qué pasaría si cayera?. ¿tendría el ánimo suficiente como para intentarlo otra vez? ¿encontraría todas las cartas? ¿sería capaz de revivir esa experiencia y repetir los mismos errores?
Lo más fácil sería dejar de construir castillos de naipes. Lo echaría en falta y siempre tendría la tentación de volver a hacerlo. Coger el mazo de naipes, juguetear con ellas, acariciarlas y poco a poco darles formas, cada vez más alto, cada vez más complejo, cada vez más osado. sin embargo el final será siempre el mismo, todo se derrumba. Inevitablemente.

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