La sonrisa de Joe Carroll y el vodka de Ryan Hardy

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A estas alturas, tras cuatro capítulos visionados, ya me siento con fuerzas para hablar sobre The Following. El piloto, emitido el 21 de enero, no me entusiasmó aunque varios blogueros que sigo hicieron comentarios entusiastas sobre el arranque de esta historia sobre agentes del FBI, malos de cartón piedra y un zumbado obsesionado con Edgar Allan Poe. 

El segundo capítulo, donde la trama se va asentando, sufrió un leve cambio de reparto ya que Jeannane Goossen desapareció para dejar sitio a Annie Parisse, la primera no encajaba con su mirada furibunda y cara de mala hostia, la segunda se incorporó para dar vida a una experta en cultos del FBI. Este capítulo mejoró mi opinión sobre The Following, un producto al que la FOX se agarra con uñas y dientes sabiendo que tras los estrepitosos fracasos de Terra Nova y Alcatraz, y con Bones dando sus últimos coletazos, necesitan un procedimental de éxito. 

The Poet's Fire, el tercer episodio, fue de vergüenza ajena, un compendio mal apañado de clichés y giros inesperados tan evidentes como innecesarios: muere un miembro del equipo del FBI; una de las víctimas se descubre como parte del culto de Joe Carroll; el suicidio de Jordy fue patético y me provocó un ataque de risa; el vicioso triángulo formado por Emma, Jacob y Paul empieza a resquebrajarse a ojos vista; y se constata que Ryan Hardy (Kevin Bacon) se dejó seducir por Joe (James Purefoy), un hombre con un enorme poder de convocatoria y con un atractivo que me resulta incomprensible.

Kevin Williamson, padre de la criatura, sabe moverse en televisión, suyas son tanto Dawson`s Creek como The Vampire Diaries; y es responsable de una de las sagas cinematográficas más rentables y conocidas de las últimas dos décadas: Scream. Williamson sabe de sustos, de intrigas y su especialidad es rizar el rizo pero en The Following el rizo es demasiado enrevesado y roza, con excesiva facilidad,  lo ridículo, lo improbable y lo patético. 

A este sin sentido tenemos que añadir una relación amorosa fallida entre Ryan y Claire (Natalie Zea), la ex-mujer de Joe. ¿Alguien apostaba por el triunfo del amor en una relación tan viciada como complicada?

Sigamos. Los seguidores de Carroll parecen estar por todas partes, apuesto lo que sea a que con el tiempo se revelará la presencia de un topo en el FBI. Supongo que con el tiempo es posible que uno de los acólitos de Joe se pase al otro bando pero admitamos que todos están como para que los encierren empezando por Emma (Valorie Curry), una mujer cuya mirada no querría encontrarme en un callejón una fría noche de invierno. El control de Carroll sobre sus seguidores es más frágil de lo que él cree y las pasiones humanas parecen interferir en su plan maestro. 

Si empezamos a destripar la serie punto por punto nos damos de bruces con un procedimental con ínfulas de grandeza y que pretende - maldita vanidad- ser más listo que el espectador. Tenemos al serial killer carismático, con acento inglés y sonrisa socarrona. ¿Alguien se cree que en torno al profesor Joe Carroll se pueda organizar un culto con gente dispuesta a clavarse un cuchillo en el ojo por él? No niego que Joe sea un manipulador pero sus métodos son propios de un niño de siete años, su obsesión por Poe es aburrida y si veo otro Nevermore escrito en una pared me quito los ojos yo misma. Joe, como buen serial killer, está emperrado en joderle la vida al hombre que lo encerró, el pobre Ryan Hardy tuvo suerte cuando en 2003 capturó a este sangriento asesino. La vida del agente quedó marcada para siempre y la experiencia fue tan traumática para él que ahora bebe vodka a todas horas. ¿Un agente de la ley ahogando las penas y la frustración en alcohol? Increíble.

Kevin Bacon se mueve por la serie como si no supiese muy bien que hacer, creo que es consciente de que había más calidad y verosimilitud en un minuto de The Closer, la serie de su señora esposa, que en un capítulo de The Following. Su personaje delgado en extremo, siempre bien peinado, con la mirada perdida y el rictus crispado, se supone que es un experto en Carroll y es el epicentro de todo el entramado creado por el asesino. Creo que Joe no puede soportar la idea de que ese insulso lo atrapase y se beneficiase a su espectacular esposa. Si yo fuera el FBI apartaría a Ryan del caso para porque no aporta nada a la investigación, además su mera presencia espolea a los seguidores de Carroll a cumplir las sangrientas directrices de su ídolo. 

Si Poe levantara la cabeza demandaría a la FOX y a todos los perpetradores de The Following. Para ver asesinos en serie me quedo con Dexter, es mucho más carismático y creíble. Lo nuevo de Williamson no me convence, me entretiene un poco, me hace reír pero no puedo ser fiel a una serie tan absurda y predecible como esta. Pobre Edgar Allan Poe, nevermore. 

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Louie es ...

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PEREZOSO,  porque prefiere estar tumbado en su sofá a salir a la calle.

GLOTON, porque le puede la comida basura: helados, gofres, chocolates, pizzas, hamburguesas...

DIVERTIDO aunque no lo pretenda. Su humor grueso es fino y doloroso, no hace humor para todo el mundo, eso es sencillo, eso lo hace cualquiera, el hace un humor con trasfondo, del que te deja pensando, del que te desgarra por dentro, un humor con el que te identificas y que puede resultar ofensivo pero no por ello menos cierto.

TRAGICO porque a pesar de sus esfuerzos y de su sincera declaración de amor no logra que el personaje de Pamela Adlon le ame; y porque cuando se reencuentra con Liz (Parker Posey) es simplemente para verla morir.

DESPISTADO porque un día pierde a su hija mayor, arma un gran revuelo, llama a la policía y no se percata de que la niña estaba escondida en el armario. 

ENAMORADIZO porque entra en una librería y se queda colgado de Liz (Parker Posey), algo que le puede pasar a cualquiera, todo sea dicho, pero tras una noche de locura al lado de esa inestable mujer no se la puede sacar de la cabeza. Esa incapacidad para olvidar le lleva de nuevo a la librería donde conoce al personaje de Chloe Sevigny, una mujer más loca, si cabe, que la Liz. 

SEXUALMENTE TORPE, una de sus compañeras de stand-up le espeta en la cara que folla mal; Delores, la madre loca del colegio, con la que pretende acostarse acaba catatónica en la cama;  Laurie (Melissa Leo) ataca su hombría -que grandísimo momento- para lograr sexo oral; en Miami traba amistad con un salvavidas pero todo acaba con un embarazoso y torpe equívoco sobre la sexualidad de Louie; en Atlantic City acaba acostándose con una vieja gloria de la comedia... Louie y el sexo, un capítulo aparte. 

COBARDE, porque no es capaz de romper de manera honesta y sincera con su novia al inicio de la tercera temporada. Otro ejemplo es la incapacidad para enfrentarse a su padre, ejemplificada mediante una huida por tierra y mar de varios minutos de duración. 

BUEN PADRE, se desvive por sus pequeñas y sueñas con comprarles una enorme casa paradigma de la felicidad familiar. Veamos lo que es capaz de hacer para proporcionarles el regalo de Navidad que sus niñas desean. 

SINCERO, en algunas ocasiones se sincera con sus amigos o con completos desconocidos; por ejemplo con un amigo con el que hace años que no se habla, llega tarde para disculparse- es la segunda vez que lo hace-  pero se sincera y se siente mejor. Cuando conoce a Robin Williams en el entierro de un antiguo jefe acaba confesando su desprecio por el muerto. Y cuando sale Sarah Silverman, su vieja amiga, siempre mantiene conversaciones a corazón abierto con ella. 

TIERNO. El capítulo en Afganistán es todo sensibilidad y ternura en un ambiente hostil y extremo. Ver a este hombretón con un pequeño pato a cuestas en medio de una zona de guerra es casi mágico. 

Estas son algunas cualidades de este gordo pelirrojo, un hombre de mediana edad consciente de que ya ha pasado la mitad de su vida pero que se resiste pasiva y activamente al compás rítmico que le marca la sociedad que le rodea. Louie es una buena persona llena de inseguridades, miedos y dudas como todos los demás pero él usa el escenario y la serie como catarsis liberadora para plasmas todas esas emociones, contradicciones y pensamientos. No es que quiera compartir sus ideas con nosotros es que busca la liberación personal a través de la verbalización - o plantamiento visual - de esos pensamientos, emociones y sensaciones.

Louis CK no es actor, es un ser humano que mira atónito, perplejo, expectante, ansioso, temeroso, maravillado, extasiado, angustiado, cansado y asqueado el mundo que le rodea, la vida que se ha  labrado. Su visión  se adapta a las experiencias vividas y su realidad es únicamente suya, única e intransferible. Nosotros, meros espectadores curiosos, con nuestras propias vidas y experiencias, nos asomamos cada semana a la pantalla de nuestros televisores para cotillear en el patio - mental y emocional - del vecino gordo y pelirrojo. 

En verano me acerco de puntillas al patio de Louie, siempre me arranca una sonrisa, una lágrima, un suspiro de comprensión. Suelo quedarme con una sensación agridulce, a veces demasiado incómoda, tanto que tardo en volver - siempre de puntillas - a asomarme al patio. 

Tras tres exitosas temporadas, Louie se tomará un pequeño descanso y no estrenará su cuarta entrega hasta principios de 2014. Este verano no podré ver el mundo a través de los ojos cansados de este cuarentón afincado en Nueva York, será el momento perfecto para revisitar la tres anteriores temporadas y aquella pequeña joya titulada Lucky Louie que la HBO canceló hace ya seis años. 

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