domingo, 15 de enero de 2017

La sitcom clásica aún puede sorprender

Una comedia de situación multicámara con público en directo. Puede que al oír esas palabras desechéis la idea de darle una oportunidad a One Day At a Time y haréis mal porque, si dejamos nuestros prejuicios seriéfilos a un lado, encontraremos una comedia tan divertida como necesaria que no tiene miedo de hablar, y muy claro, sobre los problemas reales (millenials a mí) de nuestro tiempo. 

One Day At a Time es un remake de la serie la serie homónima de 1975 de Norman Lear, responsable de algunas de las series de mayor audiencia de la televisión, en su currículo encontramos títulos como All in the Family, Maude, The Jeffersons, Good Times... Lear es una leyenda viva de la televisión, un hombre que en los 70 introdujo las cuestiones sociales en las comedias de situación creando productos cuya influencia se ha dejado sentir durante las últimas cuatro décadas. Sus comedias son conocidas por tratar temas de actualidad desde el diálogo, el ingenio y la naturalidad. One Day at a Time recoge el testigo con valentía y se atreve a hablar abiertamente de temas como el machismo, la situación de los veteranos, el racismo, la integración cultural en Estados Unidos, la religión, la brecha generacional, las deportaciones y la sexualidad. Y los diálogos son ingeniosos, ricos y diversos, están tan repletos de recursos y sinceridad que es inevitable no sentirse arrastrada dentro de la dinámica familiar de los Álvarez. 

One Day At a Time se centra en una familia cubanoamericana encabezada por una enfermera recientemente separada, Penélope (Justina Machado), una mujer luchadora, veterana de la guerra (algo que le ha dejado secuela físicas y psicológicas), madre de dos hijos, vital, trabajadora y fan de Toni Braxton. Su madre, Lydia – interpretada por Rita Moreno – una suerte de Sofía Petrillo cubana, es un terremoto de 73 años, pasional, religiosa y con un carácter tan fuerte como el de su hija. 

La temporada se articula alrededor de la planificación de la quinceañera de Elena, la hija mayor de Penélope, una joven inteligente, fiel a sus principios y que se aleja del prototipo de adolescente odiosa tan extendido en los últimos años.

Las actrices lo son todo

Penélope es un personaje complejo y real, una mujer que trata de sacar adelante a su familia, que lidia con un exigente trabajo como enfermera, que sufre por sus experiencias en la guerra y que perdió a su marido debido a aquel infierno. Víctor, el ex, es un fantasma que planea sobre la familia durante toda la temporada hasta que aparece en los últimos capítulos para desestabilizar la rutina y felicidad de Penélope. Sin embargo, Víctor no es más que una víctima de un sistema que manda a personas a la guerra pero que no les ofrece un apoyo real cuando regresan. Hace poco escribía sobre el personaje de Edgar Quintero, un veterano que sufre de síndrome de estrés postraumático tal y como le sucede a Víctor, un hombre que se refugió en la bebida y las pastillas para aliviar su dolor, sus pesadillas. La historia de Penélope y Víctor es una mazazo emocional porque aunque el amor entre ambos es evidente, la negativa de él a buscar ayuda, su resistencia a asistir a terapia -tal y como hace ella- es un abismo insalvable que los separa para siempre. 

Por su parte, Lydia es un personaje que, aunque pueda parecerlo, no es un cliché ni un estereotipo, estamos ante un personaje tridimensional con claroscuros, sueños, dudas, pasiones y un pasado al que los guionistas saben sacarle partido. La historia del programa Pedro Pan por el cual salió de Cuba con 15 años, dejando atrás mucho más de lo que pensamos, transmite una tristeza insondable. Moreno, actriz versátil que todo lo puede, llena cada escena en la que aparece con una energía que ya quisieran para sí repartos completos de otras series.

La enorme química entre dos actrices tan experimentadas como Justina Machado y Rita Moreno (esta mujer tiene un EGOT, un respeto) las convierte en uno de los mejores exponentes de relación madre-hija de la pequeña pantalla. ¡Ríete tú de las Gilmore!. Los mejores momentos de la serie suceden cuando las mujeres Álvarez entran en conflicto ya sea por la quinceañera de Elena, por la búsqueda de respeto y comprensión en el seno de la familia o por la situación de la amiga de Elena, la gótica Carmen. Tambin es muy divertido verlas metiéndose con Schneider, el casero hipster que es como un quinto miembro de la familia. 

Los orígenes cubanos de las Álvarez están muy presentes. Los personajes suelen intercalan frases en español cuando hablan, escuchan a Celia Cruz, bailan, montan en cólera ante la camiseta del Che de su vecino.... Lydia es historia viva cuando recuerda su pasado en la isla y cómo llegó a los Estados Unidos sin saber inglés ni saber si podría regresar algún día a su hogar. La perspectiva de la inmigración está muy presente durante la temporada aportando un trasfondo político y social que pocas sitcom suelen tener. 

La reinvención de lo clásico

Puede que One Day At a Time no invente nada nuevo, que no revolucione la forma de hacer televisión pero si que resulta revolucionaria por darle voz a colectivos que suelen estar estigmatizados abriendo, aún más, el abanico de la diversidad televisiva y por, desde el clasicismo, hacer una obra que nada tiene que envidiar a formatos más arriesgados o novedosos. Y es que, a pesar de que se basa en parámetros muy clásicos, la serie sobresale por la calidad de su guión y por un reparto excepcional con menciones especiales para Justina Machado y Rita Moreno. Contra lo que muchos esperaban, estamos ante un producto con encanto, con personalidad, con interés que refugiándose en terreno conocido establece la base para una comedia familiar realista. 

Los 13 capítulos que componen esta primera temporada producida por Mike Royce, Gloria Calderón Kellett, Michael García, y Norman Lear, son un soplo de aire fresco en lo que a sitcoms se refiere. Pocas comedias de situación actuales tienen tanto corazón, humor y profundidad como One Day At a Time. Aplaudir a los responsables porque coger un producto televisivo de hace 40 años y adaptarlo a nuestros tiempos, a nuestro estado de ánimo, a nuestra realidad con frescura y acierto no es tarea fácil pero esta vez han dado en el clavo.

Netflix tiene entre manos una serie que, bien manejada, puede darle muchas alegrías. ¿Quién se resiste a no nominar a Rita Moreno a algo? Seguro que el año que viene la vemos en la temporada de premios. 

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