viernes, 25 de mayo de 2012

Suburgatory, la mala leche se diluye

Tras finalizar su primera temporada de 22 capítulos el pasado 16 mayo, Suburgatory dice adiós hasta el próximo otoño cuando volveremos a encontrarnos con Tessa y George Altman, y con ese microcosmos de plástico, superficialidad y falsa perfección llamado Chatswin.

Lo cierto es que cuando Suburgatory empezó me gustó. No era la típica comedia con la que te ríes a carcajadas pero tenía ese punto ácido de crítica social que despertaba en mi una media sonrisa, así que me quedé en Chatswin para descubrir sus pequeñas idiosincrasias y sus extrañamente maravillosas miserias. Y es que desde el principio hay que dejar claro que aunque la serie venda que Tessa (Jane Levy) y George (Jeremy Sisto) son los personajes principales la verdad es que no son más que el pretexto que nos traslada a los suburbios. Una vez instalados en Chatswin poco o nada tienen que aportar a la historia más que poner cara de estupor ante los comentarios y las acciones de sus nuevos vecinos. 

Los primeros capítulos eran una sátira vehemente pero no feroz al estilo de vida de esos suburbios norteamericanos como el Wisteria Lane de Mujeres Desesperadas o el visto en la película The Stepford Wives. Tessa nos muestra la parte juvenil de ese mundo, el instituto dominado por muñecas rubias vestidas de marca y de rosa con la cabeza vacía y los bolsillos llenos. El ejemplo más claro de este prototipo adolescente es Dalia Royce (Carly Chaikin) un personaje que a medida que los capítulos avanzaban se convirtió en una robaescenas de alto nivel. George, el padre de Tessa, es la puerta de entrada al mundo adulto, dominado por mujeres que se pasan el día de compras y en el club de campo, y maridos, en su mayoría, dedicados por completo al trabajo y castrados por unas mujeres de armas tomar curtidas en la batalla diaria que supone vivir en Chatswin y dar la talla.  

Pasados varios capítulos la sátira de diluyó pero Suburgatory empezó a tratar con cariño a sus mejores secundarios. Hay varios personajes pululando por la serie pero un puñado de ellos se eleva sobre los demás demandando a gritos un spin-off; me refiero a Dallas Royce (Cheryl Haines), Dalia, Noah (Alan Tudyk) y el matrimonio Shay (Ana Gasteyer y Chris Parnell). Tessa y George sobran, sus tramas nunca son interesantes, sus gags nunca son graciosos pero cualquier frase de Dallas vale su peso en oro, cualquier gesto de Dalia es puro arte, los histrionismos de Noah me han ganado y el matrimonio Shay es tan repelente como fascinante, el dibujo perfecto del precio de la falsa felicidad, la estampa infeliz del final feliz. 


Si tuviera que elegir a uno de ellos, si solo pudiese salvar a uno de la hoguera sería Dallas Royce, una frívola, adorable y dulce mujer que vive en su particular mundo de hadas. Dallas es buena gente, tras esa superficialidad, esa sonrisa blanca como la nieve, esa melena rubia falsa y ese bronceado a golpe de talonario se encuentra una mujer vulnerable pero más fuerte de lo que ella misma cree que se ha ganado mi simpatía. Tras pasar por un divorcio, se reinventó a si misma como propietaria de una tienda de cristal y aunque sufrió una pequeña depresión, volvió a saltar al ring para dar lo mejor de si misma. Además tiene un perro, Yakult, que desata su pasión desenfrenada mientras que su hija, Dallas, culpa al animalillo de la separación de sus padres. Desde el inicio de la serie fue evidente que entre el George el soso y la pizpireta Dallas saltaban chispas, y lo mejor para ambos sería que terminasen juntos y que George dejase de lado a Eden (Alicia Silverstone) esa insulsa vegetariana madre de alquiler que he tenido que soportar en los últimos capítulos. 

Otro personaje a destacar, y que en la recta final también se ganó mi corazoncito, es Jill, la mujer de Noah, un personaje tan frío, distante y soberbio que resulta imposible no adorarla, aunque ella ni siquiera notaría mi existencia. 

Si no fuese por estos personajes no hubiese continuado viendo la serie porque la sátira y la crítica, el humor y la parodia, se perdieron al poco de comenzar, menos mal que nos quedaban los secundarios de Chatswin para dar un poco de emoción y diversión al asunto. ¿Veré la segunda temporada? El inicio si y dependiendo de por donde encaminen la serie seguiré o me bajaré del carro. La segunda temporada sirve para afianzar una comedia, pulir sus fallos, potenciar sus aciertos y encontrar el resorte del humor, la pieza maestra que hace que todo funcione. 

El estreno de Suburgatory fue un éxito marcando un 3.3 en los demográficos de 18-49 y reuniendo a un total de 9,81 millones de espectadores fue perdiendo audiencia hasta despedirse con unos datos bastante más bajos con un 1.8/6 en la demo y 5,35 millones de personas que siguieron la season finale. Está claro que no fui la única en apreciar el bajón de la serie. 


2 comentarios:

satrian dijo...

Es cierto que perdieron pronto la capacidad de crítica y los dos recién llegados se integraron demasiado rápido en el nuevo barrio, sigue teniendo buenos personajes, y buenos gags, pero he visto innecesaria la incorporación de Alicia Silverstone.
Si hubieran seguido mirando con el prisma neoyorquino el ecosistema del suburbio, el final hubiera tenido más sentido, así ha parecido repentino y sin venir a cuento.

Rebeca Sánchez dijo...

Alicia Silverstone me pareció un lastre, además de que su personaje me parecía innecesario y muy estúpido. Tienes razón al decir que deberían seguir "mirando con el prisma neoyorquino" era lo mejor del principio pero pronto pasaron de eso para integrar totalmente a Tessa y George en Chatswin, demasiado rápido, demasiado fácil.
Menos mal que tenemos unos cuantos secundarios con chispa y gracia. El final si que ha sido precipitado y algo forzado, vale que Tessa siempre quiso volver a NY y que era evidente que la abuela volvería a aparecer pero no fue la manera adecuada de introducir un poco de drama a la historia. Ya veremos que pasa en la segunda temporada.

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