lunes, 1 de mayo de 2017

Bosch, el mejor drama policial del momento

OJO, SPOILERS DE LA TERCERA TEMPORADA DE BOSCH

Amazon estrenó la tercera temporada de Bosch hace poco más de una semana. 10 nuevos capítulos de la adaptación televisiva de las novelas de Michael Connelly que harán vibrar de emoción a los fans de este drama policial con alma noir. 

La serie da un salto temporal de dieciséis meses y comienza con el asesinato de un indigente en las calles de Los Ángeles. La temporada presenta varias tramas que irán avanzando, con ritmo desigual, a lo largo de los diez capítulos. La principal trama es la investigación del asesinato del indigente, un caso que lleva a Harry y a su compañero Jerry Edgar (este año Jamie Hector ha estado estupendo) a seguir los pasos de un grupo de ex-soldados que ahora trabajan como contratistas militares privados. Por otro lado, Harry y la fiscal Anita preparan para los tribunales el caso de un director de cine acusado de matar a una chica. Mientras todo esto sucede, Harry presencia el asesinato de Gunn, un despojo humano al que acechaba desde hace años. Siguiendo su propio código de valores, Harry guarda silencio sobre lo que sabe del asesinato pero todo cambia cuando se convierte en el principal sospechoso de la investigación. Y para colmo de males, un asesino impredecible mata a varias personas en la zona de Koreatown. 

A mayores vemos como progresa la relación de Harry con su hija Maddie (Madison Lintz) ahora que viven juntos; también seguimos al jefe Irving (Lance Reddick) en sus intentos por habituarse a su nueva situación personal y conoceremos los contratiempos que impiden a la teniente Grace Billets (Amy Aquino) medrar profesionalmente. No todas estas tramas se resolverán este año lo que revela un plan argumental de largo recorrido que seguirá desarrollándose en la cuarta temporada. 

Me alegro de que la serie siga apostando por dar más cancha a los policías de homicidios de Hollywood, algo que ya sucedía en la segunda temporada y que le sentó muy bien a la serie en aquel momento. Es bueno no sólo para la serie sino también para el espectador ver cómo trabaja esta particular familia de policía, ver cómo se relacionan dentro y fuera del trabajo y conocer a Robertson, otro perro viejo, que se encarga de la investigación de Gunn. Estos secundarios no son meras comparsas ni clichés del género, son personajes con buenas historias, bien escritos y bien interpretados, repletos de pequeños matices y singularidades que los dotan de vida y carácter. Bosch no es una buena serie sólo por tener un gran protagonista sino también por que el resto del reparto está a la altura de unos buenos personajes con buenas historias.

Será interesante comprobar como las líneas argumentales abiertas este año ( el regreso de la exmujer de Bosch trabajando para el FBI, el asesino de Koreatown y el asesinato de la madre de Harry) van acercándose al cierre definitivo en la cuarta temporada y el impacto que estas investigaciones tienen no sólo sobre Harry sino también sobre unos secundarios cada vez más interesantes y tridimensionales. 

Un hombre miserable

Harry Bosch es un policía con su propio código moral, un policía que lo ha visto todo y que busca e imparte justicia en una ciudad brutal y amoral. El mundo de Bosch es un lienzo de Hopper repleto de desolación. Bello y cruel. 

Esta temporada ha sido muy interesante ver la deriva emocional del personaje, tras resolver el asesinato de su madre en la segunda temporada esperaríamos ver a un Harry más calmado, más feliz. Sin embargo, el rudo policía se vuelve más sombrío, se encierra en si mismo. Lo cierto es que está enfadado, decepcionado y frustrado porque no pudo enfrentarse al asesino de su madre al estar este ya muerto y porque descubrió que el departamento de policía encubrió el asesinato. Su cambio de actitud, su carácter taciturno y virulento no pasa inadvertido ni para su compañero Jerry Edgar (Jamie Hector) ni para su teniente -y amiga- Grace Billets (Amy Aquino). Tal y como le dice Billets resolver el caso de su madre “te ha hecho más miserable”. 

No ayuda a mejorar su humor el asesinato de un joven que era su testigo en el caso del indigente, entre los capítulos cuarto y quinto hay dos escenas en la que vemos como la muerte – la visita a la escena del crimen y a la morgue- impacta en el viejo detective. Pese a todos sus años en el cuerpo, pese a su paso por la guerra, aún sigue afectándole la muerte y más cuando, como en este caso, se culpa a si mismo. 

Igualmente interesante es comprobar que el tiempo y el trabajo hacen mella en Bosch y en su credibilidad. En los juzgados ya no es bien recibido como testigo porque su historial tienen demasiadas sombras. Tanto tiempo en las calles jugando al límite de la ley han convertido a Bosch en potencial culpable de un asesinato. Incluso Edgar y Billets temen que sea el asesino de Gunn dada su obsesión por el cumplimiento de la justicia (en toda la dimensión de la palabra). Es duro ver como la confianza entre Harry y Edgar se rompe y triste comprobar que Bosch, en el fondo, cree que hizo lo correcto al dejar morir a Gunn. ¿Será el fin de esta amistad? ¿Volverán a investigar juntos? Edgar se horroriza al saber que Bosch no hizo nada por evitar la muerte de Gunn y pese a lo mucho que admira a su compañero no sabe si podrá volver a confiar en él. 

Welliver sigue magnífico en la piel de Harry Bosch, un personaje complejo que borda, transmitiendo toda la fuerza, emoción y poderío de un hombre que desde una espectacular terraza en las colinas vigila la ciudad angelina; es una lástima que su trabajo no se vea recompensado, ya no digo con un premio, pero al menos con una nominación.

martes, 25 de abril de 2017

Bellevue, el whodunit canadiense

El único motivo que me impulsó a ver Bellevue, drama de CBC, fue la presencia de Anna Paquin en el reparto, quería saber que estaba haciendo Sookie Stackhouse en un whodunit canadiense de corte similar a los procedimentales nórdicos. La sorpresa fue mayúscula, Belleveu es un drama potente plagado de caras conocidas que ofrecen unas actuaciones sólidas y creíbles; una serie con carácter capaz de crear una atmósfera envolvente y malsana que se instala en los huesos como el frío que atenaza las vidas de los habitantes del pueblo en el que se desenvuelve la historia. 

En la pequeña comunidad de Bellevue, donde todo el mundo se conoce, dos acontecimientos marcan el carácter del pueblo: el asesinato, quince años atrás, de la joven Sandy y la desaparición, en la actualidad, de Jesse, la estrella del equipo de hockey local. La investigación del presente está ligada al antiguo asesinato, una muerte que nunca se resolvió y que llevó al investigador al suicidio. 

La realidad opresiva de Bellevue, una ciudad minera moribunda, conecta tanto con Twin Peaks como con el Seattle lluvioso de The Killing. Se respira inquietud y miedo en las calles, algo no funciona correctamente en el lugar pero no hablamos de algo sobrenatural sino de algo más cercano y terrenal: miserias humanas, fracasos, mentiras, apariencias. En Bellevue religión, venganza, muerte, hockey y sexo se dan la mano para conformar un misterio que hunde sus raíces en el pasado y que pone en tela de juicio la aparentemente idílica convivencia de sus ciudadanos.

La detective Annie Ryder (Anna Paquin) será la encargada del caso de Jesse. Annie es expresiva, visceral e intuitiva, una buena policía pero un desastre como ser humano. Su vida es caótica, desordenada y frenética, sus pulsiones la llevan a tomar siempre decisiones erróneas y a actuar impulsivamente. Por eso la relación con el padre de su hija es un continuo toma y daca de desenfreno y sufrimiento. El padre de Annie fue el policía responsable de la investigación del asesinato de Sandy pero acabó suicidándose. Sin embargo, poco después de su muerte, la pequeña Annie recibía misteriosas notas con adivinanzas que la llevaron al borde de la locura pues creía que se trataba de su padre comunicándose con ella desde el más allá. Aquella experiencia la afectó profundamente y nunca pudo superarla. Con la desaparición de Jesse regresan las notas y las adivinanzas.

Paquin, buena actriz aunque a muchos les cueste reconocerlo, brilla en la piel de esta detective inteligente y caótica. Su interpretación es feroz y vibrante, sin caer nunca en el histrionismo o la exageración es capaz de componer un personaje complejo y atribulado por el fantasma de un padre suicida y un misterioso acosador. Sin embargo, su determinación no desfallece ni un momento y, aunque veamos tanto lo bueno (su faceta de madre) como lo malo (sus celos), acabaremos sintiendo la misma necesidad que ella por conocer la verdad sobre el asesinato de Sandy y la desaparición de Jesse.

El resto del reparto se completa con Shawn Doyle que lo borda como el impertérrito Peter Welland, jefe de Annie. Su relación es complicada e intensa, demasiadas emociones y mucho pasado. Allen Leech es Eddie, pareja de Annie con la que mantiene una turbulenta relación que lo consume todo a su alrededor. 

Los personajes transmiten ansiedad, desesperación, tristeza, incomprensión... y es que este drama no sólo se centra en resolver el misterio sino en cómo afecta la investigación a Annie y sus allegados; y en cómo los traumas de la infancia se manifiestan en la edad adulta.

Este drama policial perturbador y visualmente sombrío, puede resultar un poco frustrante para aquellos espectadores que busquen un enfoque más realista de la investigación criminal. Aún así, podemos hacer ciertas concesiones a la trama porque, en la constante anomalía en la que vive Annie, tiene sentido y resulta extrañamente fascinante seguir la extraña senda por la que optan los responsables de la serie.

Los ocho capítulos que componen la primera temporada de Bellevue se cierran con un capítulo en el que se desentraña la verdad y el misterio es revelado por lo que, si la serie no renueva para una segunda temporada, nos quedaremos con ese final casi perfecto que es You Don't Understand Me at All .

lunes, 24 de abril de 2017

La herencia recibida

Durante siete temporadas seguimos las andanzas de Santa Alicia con interés creciente, analizando y juzgando todas y cada una de sus decisiones, de sus peinados, de sus vestidos, de sus alianzas y traiciones (la de Cary fue una cabronada de las grandes). The Good Wife era, es y será, una serie elegante, de claroscuros morales y despachos luminosos, de estilo y actualidad, de ingenio y entretenimiento. Su spin off, The Good Fight contó con nuestro beneplácito desde la misma presentación del concepto. ¿Cómo no desear una serie hecha para y por Diane Lockhart? DIANE LOCKHART! La mujer con la mejor risa de Chicago, la abogada exitosa y empoderada que apoyaba a Hillary pero se casó, por amor, con un republicano. La mujer que abofeteó a Alicia cerrando un círculo virtuoso de 156 episodios ¿Cómo negarnos a disfrutar de una serie con Lucca Quinn? LUCCA QUINN! La compañera de fatigas de Alicia en la última temporada de The Good Wife y uno de los pocos aciertos de un fin de ciclo lastrado por el agotamiento de los seguidores y la deriva moral de su protagonista. 

The Good Wife pervive en The Good Fight pero no de forma concentrada sino diluida entre conversaciones donde, de pasada, se menciona a la Florrick; en la presencia de jueces, fiscales y abogados cuyas estrategias conocemos de sobra; en la sonrisa pícara de Marissa, digna hija de su padre y personaje revelación de esta breve pero entretenidísima primera temporada; en el buscador de Chumhum y la mirada siniestra y lasciva de Colin Sweeney. 

Sabemos donde estamos, en Reddick, Boseman, & Kolstad, y sabemos de donde venimos, de Lockhart & Gardner. Aunque ahora las vistas han cambiado y nos falte una Kalinda misteriosa con bate y pintalabios, se mantiene la clase, el estilo, la querencia por los giros legales y la actualidad mediática y política. La herencia recibida no es, en esta serie, una pesada carga sino una carta de recomendación firmada por el matrimonio King. Todo parece igual pero no es así, cambian las circunstancias. Todo comienza con un escándalo financiero. Vidas vuelan en pedazos. Trump gana las elecciones. Diane ya no es esa mujer influyente y poderosa con un despacho con vistas, se ha convertido en un paria social a la que nadie quiere dar trabajo por recomendar el fondo de inversiones de un viejo amigo que resultó ser un nuevo Bernie Maddoff. 

The Good Fight es una serie con nuevos rostros y viejos conocidos. Entre las nuevas caras tenemos a Rose Leslie como Maia, la hija del responsable del fondo de inversiones; a Justin Bartha en las filas de los fiscales; a Paul Guilfoyle dando vida al padre de Maia, a Delroy Lindo como el único abogado que contrata a Diane y a Bernadette Peters como la madre de Maia. 

El desfile de antiguos invitados de The Good Wife no se hizo esperar, desde Mike Kresteva a Colin Sweeney pasando por Elsbeth Tascioni y el juez Abernathy, hay muchas caras conocidas en este spin off. Seguimos en la misma ciudad jugando al mismo juego, así que es imposible no encontrarse con alguien del pasado. Cada nueva visita es una sonrisa asegurada en el rostro del espectador y estamos deseando que Diane, Lucca o Maia se crucen con alguno de aquellos entrañables y esperpénticos secundarios que tanto animaron el circo legal de Chicago. Como su serie madre, The Good Fight se rueda en Nueva York, así que también tenemos asegurado un desfile de actores y actrices de Broadway. 

Los King son fieles a su estilo, un estilo que adoramos y en el que se desenvuelven muy bien. Y de nuevo nos regalan un elegante procedimental protagonizado por mujeres. Mujeres diferentes en edad, orientación sexual, situación personal. Mujeres independientes y diversas que se apropian de la historia y la narrativa para demostrar que no están dispuestas a ceder ante nada ni ante nadie. Mujeres con voz y voto, con fuerza y debilidades, con sueños y rabia. Mujeres osadas, audaces, atrevidas, inteligentes. Mujeres que merecían un espacio y una voz en la pequeña pantalla. 

Cierto que The Good Fight bebe de The Good Wife pero tiene la suficiente personalidad y coraje como para destacar por méritos propios. Y ni Diane ni Lucca ni Maia son Alicia, ni sus circunstancias, aspiraciones y necesidades son las mismas que las de aquella 'buena esposa'; un ejemplo, ninguna de las protagonistas es madre mientras que muchas de las decisiones de la señora Florrick estaban condicionadas por el impacto de las mismas en sus hijos. 
Es igual pero diferente, The Good Fight recuerda a su serie madre por temática, por estilo y por su uso del humor y la música. En conjunto, la serie es la hija necesaria y deseada de The Good Wife pero sabe marcar las distancias, trazar su propio camino. Tenemos que alegrarnos porque de una serie agotada ha nacido una obra que tiene mucho que aportar y que decir.


viernes, 14 de abril de 2017

La honorable Phryne Fisher

Solo me queda una temporada de Miss Fisher’s Murder Mysteries. Eso es sinónimo de tristeza. La serie australiana que cuenta las aventuras de la honorable (este detalle siempre me ha encantado) Phryne Fisher es una de esas pequeñas sorpresas que se ocultan en el cada vez más abultado catalogo de Netflix. 

La historia nos sitúa en el Melbourne de los años 20 y nos introduce en el primer capítulo a la señorita Phryne (Essie Davis) una mujer rica, sofisticada y aventurera que regresa al país tras varios años en el extranjero. Pronto se instala en la ciudad, contrata a una asistente, Dorothy Williams, y comienza a investigar un asesinato. ¿Un asesinato? Sí, y es que Phryne es una aguda y observadora detective que puntualmente colabora con el inspector Jack Robinson (Nathan Page), pese a las reticencias iniciales del policía. 

Este procedimental llegado de las antípodas entronca con la tradición de series como Se ha escrito un crimen o Miss Marple pero se distancia de ellas gracias a una protagonista subversiva y el tratamiento de temas y problemáticas sociales complejas -y muy actuales- equilibrando drama y humor. 

La serie está basada en las novelas de Kerry Greenwood y tras tres temporadas, dos de trece capítulos y una tercera de ocho, se habla de la posibilidad de una película que espero que llegue a materializarse. Reconozco que hay un salto de calidad importante entre la primera y la segunda entrega, más que nada porque los guionistas (en su inmensa mayoría mujeres) trabajan mucho mejor las relaciones entre los personajes y en especial el toma y daca entre Phryne y Jack. 

Miss Fisher’s Murder Mysteries tiene una factura casi perfecta, es imposible no trasladarse a aquella época feliz y despreocupada gracias a la ambientación, los decorados, la música y el espectacular vestuario. Phryne luce durante la serie espectaculares vestidos siempre con llamativos accesorios, que la convierten en el centro de todas las miradas. El vestuario de la señorita Fisher es un reflejo de su personalidad, elegante y sorprendente, extravagante e impredecible. El resto del reparto también puede definirse a través de sus vestimenta: Dorothy es recatada y tímida, no quiere destacar. Jack viste traje, siempre perfecto, siempre pulcro y a Hugh, el ayudante de Jack, pocas veces le veremos sin su uniforme de oficial. 


Como buen procedimental cada crimen se resuelve en su respectivo episodio y la continuidad de la serie se basa en las relaciones entre los protagonistas principales y la TSNR entre Phryne y Jack y el romance más clásico de Dorothy y Hugh. 

La honorable Miss Fisher

Phryne es un personaje fascinante y seductor, una mujer muy avanzada para su época que goza de mucha libertad y mucho capital. Gracias a eso puede dedicarse a sus pasiones y hacer, básicamente, lo que le plazca para desconcierto de Dorothy y el inspector Robinson. Sin embargo, su espíritu libre, su pasión, su vitalidad e inteligencia acaban sirviendo de revulsivo para que sus más allegados sean capaces de ver más allá, de abrirse al mundo y verlo con otros ojos. Phryne predica con el ejemplo, empatía y comprensión. 

Pero Phryne no siempre fue una mujer rica y acomodada, su infancia fue pobre hasta que su familia acabó heredando un título nobiliario en virtud de una ley de sucesión británica. En su juventud, sus padres la mandan a Europa a un internado pero cuando estalla la Gran Guerra decide ir a Francia para ayudar como enfermera en el frente. Tras la guerra y con una pensión vitalicia en el bolsillo, Phryne se queda viviendo la postguerra y el inicio de los años 20 en París. Años más tarde se traslada a Melbourne para visitar a su tía Prudence y es aquí donde comienza la serie. 

Es refrescante encontrar una serie con una protagonista tan vibrante, descarada y autosuficiente. Phryne es una mujer audaz para su tiempo, y para el nuestro, que conduce un Hispano Suiza, habla varios idiomas, siempre va armada y sabe pilotar un avión. Tiene una hija adoptiva, Jane, a la que acogió al poco de llegar a Melbourne y vive con la preocupación de no ser un buen modelo a seguir para ella.

El carisma de Phryne, su feminismo militante, sus diálogos cargados de intención, su carácter y hasta su fortaleza física la convierten en un personaje deslumbrante que acapara toda la atención. Aún así, el resto de personajes no acaban ignorados o desdibujados por el empuje de la señorita Fisher sino que se van construyendo lentamente a lo largo de los capítulos, convirtiéndose en seres más complejos y menos planos de lo que podríamos imaginar en un principio. 

La relación entre Phryne y Jack evoluciona mucho en la segunda temporada y ese uno de los motivos por los que la serie mejora sustancialmente en su segundo año. Jack (Nathan Page) es un hombre íntegro y capaz, también es noble e inteligente. Estuvo en la Gran Guerra, experiencia que le hizo cambiar provocando el derrumbe de su matrimonio y posterior divorcio. Essie Davis y Nathan Page no sólo interpretan a la perfección sus personajes sino que también tienen una química que traspasa la pantalla. Los enfrentamientos dialécticos entre ellos son muy divertidos de ver, funcionan perfectamente y aligeran algo la tensión cuando la serie se pone demasiado dramático y oscura. 

Hay muchos motivos para darle una oportunidad a esta producción australiana: feminismo, protagonista carismática, misterio, humor y puesta en escena. Seguro que os engancha.

lunes, 27 de marzo de 2017

Cuando los secundarios toman el control


Hace unas semanas volví a revisionar House M.D pero lo hice empezando por la sexta temporada, que por cierto tiene un gran arranque porque traslada a su protagonista a un espacio totalmente nuevo en el que lejos de todo lo que conoce y controla Gregory intenta solucionar sus problemas, que son muchos y muy variados. 

La sexta temporada de House es una buena temporada y me gusta especialmente por los capítulos Wilson y 5 to 9, episodios centrados en dos secundarios de la serie: James Wilson y Lisa Cuddy. En Wilson, por ejemplo, vemos como el oncólogo del Princenton Plainsboro tiene muy buena relación con el personal de enfermería, somos testigos de las reuniones de control a las que asiste y de sus visitas a los pacientes. Wilson es un médico capaz que se preocupa por sus pacientes hasta el punto de dejarse un poco de sí mismo en cada caso. En 5 to 9 seguimos los pasos de Lisa Cuddy desde que se despierta hasta que vuelve a casa. Su día a día es particularmente ajetreado: yoga, ducha, ocuparse del bebé, prepararse para el trabajo, lidiar con House y dirigir un hospital con mil y un problemas que solo ella parece ser quien de gestionar. Cuddy tiene dudas, momentos de debilidad pero la vemos ser una gestora decidida, justa, analítica y precisa. Y luego llega a casa con su pequeña y descansa. 

Me gusta cuando una serie decide alejarse del esquema habitual y centrar su mirada en uno de sus secundarios. Estos capítulos dan un respiro al espectador y a las tramas principales de la serie y, al alejarnos del protagonista, nos dan la oportunidad de ver esa realidad a través de otros ojos. Cuando los secundarios toman el control de un capítulo llegamos a conocerlos mucho mejor y, en series como House M.D con un protagonista tan carismático y arrollador, es bueno desviar el foco y dejar que los demás personajes tengan ocasión de brillar. Estos capítulos también permiten explorar nuevas fórmulas narrativas y amplían el universo en el que se desenvuelve el espectáculo al explorar otros espacios, otras dinámicas, otras relaciones... El personal de enfermería de House M.D sale más en estos dos capítulos que en toda la serie.

Hay muchos capítulos centrados en secundarios que me gustan y que, además, se han convertido por derecho propio en referentes dentro del universo seriéfilo. Veamos algunos ejemplos, empezando por el más clásico. 

The Zeppo es el prototipo de capítulo centrado en un secundario, en este caso Xander de Buffy The Vampire Slayer. Mientras Buffy y el resto del equipo intentan evitar algún apocalipsis, Xander pasa la noche más alocada de su vida: pierde su virginidad con Faith, se enfrenta a un grupo particularmente violento y evita que vuelen el instituto. Xander se convierte en el protagonista de un capítulo muy divertido que se desmarca de la dinámica habitual de la serie y que aprovecha para tomarse un poco a la ligera los finales del mundo a los que se enfrenta la cazadora. Además, descubrimos al Xander más valiente y comprendemos mejor por qué actúa como lo hace al sentirse el menos útil y valorado de la scooby-gang. 

Esta fórmula se repite en A New Man, un episodio centrado en Giles, y en Superstar, el capítulo de Jonathan. Hay más ejemplos en Buffy pero también encontramos ejemplos en su spin off, Angel, como Life of the Party episodio centrado en Lorne o el  Harm's Way dedicado a esa chorlito maravillosa que era Harmony,

En The X-Files se hizo varias veces, el director adjunto Skinner tuvo su capítulo (Zero Sum) y el trío de los The Lone Gunmen se convirtió en el centro de varios episodios como Unusual Suspects o Three of a Kind. Sin embargo mi favorito es el que nos cuenta la historia del gran antagonista de la serie, el Fumador (Musings of a Cigarette-Smoking Man). Este personaje es la figura más importante de la gran conspiración gubernamental, un hombre misterioso y aterrador con una vida tan sorprendente como miserable. Gracias a varios flashbacks conocemos como llegó a ser el hombre que es, que actos y decisiones le convirtieron en esa siniestra figura que parece controlarlo todo pero también descubrimos su carrera frustrada como escritor de novelas de misterio. El final con esa frase a media voz "I can kill you whenever I please, but not today", te deja helada. 

La última temporada de You’re the Worst nos regaló, porque ese capítulo es un regalo para los seguidores, un episodio centrado en Edgar. La historia es contada desde su punto de vista y siguiendo sus pasos por la ciudad de Los Ángeles. Gracias a Twenty-Two comprendemos mejor los demonios que acechan a Edgar desde su regreso de la guerra.

En su tercera temporada, Agents of SHIELD sorprendió a todos con 4.772 Hours, un capítulo centrado en Simmons y en los cuatro meses que pasó atrapada en un planeta alienígena. Fuera de su entorno habitual y separada, tal vez para siempre, de sus amigos, Simmons tiene que sobrevivir por sus propios medios en un ambiente particularmente hostil. Gracias a este capítulo, en el que durante la mayor parte del tiempo solo aparece ella, descubrimos la auténtica fuerza y carácter de la joven científica. 

Scrubs dedicó capítulos a prácticamente todos sus personajes secundarios:

His Story estaba narrado desde el punto de vista del doctor Cox. His Story II estaba narrado por Turk. Her Story desde la perspectiva de Elliot y Her Story II desde la de Carla. En His Story IV conocíamos el punto de vista del Doctor Kelso mientras que el capítulo Their Story ponía el foco en las andanzas de Ted, Todd y Jordan, personajes secundarios de las historias del Sacred Heart. Para finalizar tenemos Their Story II narrado desde la perspectiva de los nuevos internos del hospital. De todos ellos me quedo con His Story IV, el que se centra en el doctor Kelso, en la relación que establece con un paciente que ha perdido la memoria debido a una herida de guerra y en su particular estilo de mando como jefe de medicina del hospital. 

Avatar tiene un maravilloso capítulo centrado en Apa (Appa's Lost Days), el bisonte volador de Aang. Durante todo el episodio acompañamos a Apa en un viaje lleno de penurias: es secuestrado y vendido, maltratado en un circo, sufre el ataque de un feroz animal... hasta que finalmente encuentra a Aang. El que la serie dedicase todo un capítulo a Apa demuestra el cariño y la sensibilidad con la que trataban a todos su personajes.

domingo, 26 de marzo de 2017

12 años de Rose


Rose supuso el regreso de Doctor Who a la pequeña pantalla después de un largo paréntesis sin contar la película de 1996 con Paul McGann. Puede que no sea el mejor capítulo de Doctor Who y puede que no sea la mejor carta de presentación, conozco gente que no terminó el episodio porque no lograron entrar en el universo que proponía Russell T. Davies. Pobrecillos. 

El capítulo invierte los primero minutos en presentar a una joven londinense. La vemos en su dormitorio, en su casa y sabemos que vive con su madre, que trabaja en una tienda y que tiene pareja. Es una chica normal a la que, por casualidad, le sucede algo extraordinario. Un día cualquiera, estando en el sótano de la tienda buscando a un compañero de trabajo, los maniquíes cobran vida y lo que en principio le parece una broma resulta ser algo mucho más peligroso. Entonces un hombre aparece y le dice: ¡Corre!. La vida de Rose Tyler, que así se llama esta chica, cambia para siempre. 

Lo que Russell T. Davies inició aquel 26 de marzo de 2005 fue algo imparable, rescató una serie clásica, la revitalizó, la convirtió (de nuevo) en un referente de la ciencia ficción (del drama también), eligió a dos grandes actores para encarnar a Nueve (Eccleston) y Diez (Tennant), creó tres grandes companions, cada una de ellas con personalidad, con fuerza, con carisma y con entidad propia más allá de la alargada sombra del Doctor. Rose introduce a Rose Tyler (Billie Piper), luego vendrían Martha Jones y Donna Noble. Reconozco que la era Davies es mi favorita, lo que vino después no estuvo mal pero nunca llegó a la altura de las temporadas con este hombre como cabeza pensante. 

Esta nueva etapa tenía la difícil tarea de ganarse a un público acostumbrado a grandes producciones con espectaculares efectos especiales y que desconocía el legado de Doctor Who, por eso Rose es un capítulo que, aún introduciendo guiños y referencias a la mitología de la serie, sirve como preámbulo para un nuevo comienzo que introduce a las nuevas generaciones en el universo de Doctor Who. Rose logra que tengamos ganas de viajar al futuro para ver el final de la Tierra tras luchar con un puñado de maniquíes en el Londres actual. Es un episodio para reunir y conciliar las expectativas de los nuevos espectadores con las de los viejos seguidores. 

El título hace referencia a la nueva companion del Doctor, ella es un trasunto del espectador que se maravilla con el peligro, los misterios y las posibilidades de recorrer el tiempo y el espacio junto al Señor del Tiempo. De la mano de este personaje nos introducimos de lleno en una nueva época de la serie en la que Doctor Who crece, se muestra con orgullo como un producto inteligente, elegante, bien hecho y mejor interpretado. La mezcla de géneros la convierte en una pieza dinámica y sorprendente que pasa de la comedia al drama combinando la acción, el terror y las disquisiciones filosóficas. Hay una melancolía que lo impregna todo y que funciona elevando el espectáculo por encima de la media, hay muertes y dolor, hay un Doctor alegre y uno triste. Hay equilibrio y desolación y una nave que es más grande por dentro que por fuera. 

La revitalización de la serie y su éxito es directamente proporcional a la química y el buen trabajo de Christopher Eccleston y Billie Piper, el Doctor y Rose Tyler. Eccleston está sencillamente genial, sin él no se entendería el éxito de la nueva era de Doctor Who y hay que darle más crédito a su trabajo. Su personaje es un excéntrico y alocado Señor del Tiempo, hay algo de ligero y de payaso en su forma de moverse, de hablar, de enfrentarse a los problemas pero debajo de esa sonrisa chispeante y esa chupa de cuero se esconde la rabia, la ira y la tristeza del último de los Señores del Tiempo. Aún lamento que no apareciese en el episodio del cincuenta aniversario de la serie. 

Y Billie Piper, la primera companion de la nueva era, Rose Tyler, es un soplo de aire fresco. No es mi companion favorita (Donna Noble es la mejor) pero fue la primera y eso la convierte en el espejo en el que se miran todas las demás. Me encanta cuando el Doctor la salva en el sótano de la tienda. El “Nice to meet you Rose, run for your life” forma parte de la historia televisiva.

El capítulo termina con el Doctor ofreciéndole a Rose un paseo en la TARDIS. ¿Quién no aceptaría? ¿Quién no correría sonriente hacia la nave? Hace doce años de ese encuentro y desde entonces la serie nos ha dado tanto que merece la pena echarle un vistazo a aquel primer encuentro y recordar por qué nos decidimos a viajar con ellos. 


domingo, 5 de marzo de 2017

Las mujeres de SHIELD toman el control


Desde los últimos compases de su primera temporada, la mejora constante de Marvel’s Agents of SHIELD es una realidad incontestable. En su cuarta temporada, actualmente en emisión, el nivel está muy alto. Esta entrega, diseñada en tres actos, acaba de despedir el segundo con uno de los capítulos -y creo que no exagero al decir esto- más sobresalientes de 2017, Self Control

Durante el primer tramo de temporada se presentó a un Ghost Rider que no se olvidará en mucho tiempo, Robbie Reyes es un personaje que me cautivó desde la primera escena; y también se  introdujo al espectador al mundo místico y fantástico del Darkhold, libro sin el que no se puede entender a AIDA y los LMD (Life Model Decoy). 

El segundo tramo de temporada puso en primer plano la trama de los LMD de Radcliffe y la lucha contra el movimiento Watchdogs. Self Control, marca el final del nudo narrativo de este tramo y enfila hacia el desenlace abriendo las puertas de un nuevo mundo lleno de posibilidades, el Framework

Self Control es uno de los mejores capítulos de Marvel’s Agents of SHIELD, un episodio que funciona a todos los niveles y que partiendo de una premisa clásica de la ciencia ficción, humanos reemplazados por androides (ecos de Battlestar Galáctica, Westworld, La invasión de los ultracuerpos), crea un estado de tensión, angustia y paranoia en los personajes que se traslada al espectador. Jed Whedon consigue no pecar de ingenuo, evita los lugares comunes y dosifica muy bien la acción, el drama y el suspense.  

Mujeres que no necesitan ser salvadas

Daisy y Simmons tienen que enfrentarse a una serie de androides con la apariencia de Mack, Mace, Coulson y Fitz; por supuesto no podemos olvidar el LMD (Life Model Decoy) de May que, sin un objetivo que cumplir, se debate en un mar de dudas existenciales que recuerda a las que padecían algunos cylon en Battlestar Galactica

Este capítulo está lleno de momentos que permanecen con el espectador durante un tiempo. Empecemos con los ejes emocionales de la serie, los agente Fitz y Simmons.  Esta pareja que ha pasado mil infortunios para estar junta, que ha recorrido un universo para amarse, se encuentra enfrentada sabiendo que uno de ellos es un LMD. ¿Pero quién? Esta es una escena tensa muy bien actuada por Elisabeth Henstridge e Iain de Caestecker. Verlos a los dos encerrados en una habitación intentado averiguar quién es el LMD es puro masoquismo. 

Cuando Fitz se descubre como el androide, Simmons tiene que luchar por su vida y, por extensión, por la del auténtico Fitz. Herida y debilitada, la joven científica logra inmovilizar al LMD y apuñalarlo hasta inutilizarlo. La carga emocional de esa escena es enorme porque es Fitz a quien apuñala en el pecho, un Fitz tan real y auténtico que es imposible no sentir el horror de Simmons recorrer su cuerpo con cada puñalada. La dinámica entre estos dos personajes ha sido clave para el desarrollo de la serie y han sido, con diferencia, la pareja más consistente y más romántica de Agents of SHIELD, por eso resulta tan brutal ver a Jemma matar a Leo. 

Daisy tampoco es un LMD y descubre la infiltración topándose, literalmente, con un puñado de réplicas de ella. Cuando Quake y Simmons unen fuerzas para escapar de la base, deshacerse de los androides y buscar a su equipo, la acción se dispara. 

La lucha por la supervivencia que emprenden Simmons y Daisy en solitario primero, unidas después, ofrece interesantes aspectos de estos dos personajes. Al ver la pelea entre Daisy y Mace es imposible no aplaudir la evolución de aquella hacker tocanarices de la primera temporada a una heroína por derecho propio que, además, se marca uno de los discursos motivacionales más poderoso de la serie.

Otra gran escena, que demuestra lo mucho que han crecido las actrices que interpretan a Simmons y Daisy, es ese abrazo con el que Quake y la científica confirman que son humanas. 

Self Control demuestra que Agents of SHIELD tiene algunos de los personajes femeninos más fuertes y mejor construidos de la televisión. No solo Jemma demuestra un fuerza y valentía extraordinarias al lidiar con el falso Fitz, sino que Daisy es capaz de tumbar a Mace, Mack y Coulson sabiendo que será capaz de hacerlo. 

La tragedia queda reservada para el personaje de Melinda May, el LMD de May es tan leal y fiel a sus compañeros como la auténtica y eso es, en última instancia, lo que salva a Daisy y Simmons. Ming-Na Wen ha estado fantástica mostrando la ambigüedad y la lucha de un personaje que es más que su programación y que siente, ama y teme como lo haría un ser humano. Incluso como androide, May es nuestra May, capaz de sacrificarse por el equipo y por el hombre que ama.

Aida y el Framework

El final de Radcliffe parecía claro desde hacía algún tiempo, Aida encuentra una paradoja entre sus dos directivas principales: proteger a Radcliffe y proteger al Framework. Tras un apasionado soliloquio en el que su creador exalta las maravillas de ese mundo virtual restando importancia a nuestro envoltorio de carne y hueso, Aida le corta las venas y lo introduce en el Framework para que pueda vivir una vida larga y feliz. 

Aida es, a partir de ahora, el principal antoganista del grupo de agentes. Hasta ahora los guionistas habían explorado varias posibilidades: Radcliffe, la senadora Nadeer, el Superior, el movimiento Watchdogs.... pero finalmente la androide se posiciona como la gran adversaria de la temporada. 

El Framework es un lugar donde ser feliz, un lugar donde nuestros errores o nuestro sufrimiento no nos alcanza, donde podemos ser lo que queramos, donde nuestra vida puede ser perfecta sin la carga emocional que la realidad nos impone. 

Lo que pudimos entrever del Framework es tan interesante como audaz, un mundo donde Hydra no solo sigue en activo sino que parece estar al mando, donde Coulson es un profesor que predica el odio a los inhumanos, donde Simmons parece estar muerta, donde Mack es padre y donde Daisy tiene una vida junto a Ward (que regresa del más allá). Si en ese mundo virtual tu mayor arrepentimiento es eliminado, si ese algo que te hace ser tú nunca ha sucedido, ¿quién eres?.

Me gustaría ver a Bobbie y Hunter en ese mundo virtual, fue una lástima que la serie prescindiese de ellos y hace tiempo que exijo su regreso triunfal. 

Self Control demuestra la habilidad de Jed Whedon como guionista y director. Se trata de uno de los capítulos más electrizantes y mejor ejecutados de la serie. Jugaron muy bien con las expectativas del espectador de manera inteligente sorprendiendo con la identidad de los LMD. Buenos efectos, actuaciones sólidas, giros imprevistos, acción a raudales, excelentes peleas, one liners para el recuerdo y un cliffhanger al nivel de este o este otro

La serie regresa en abril para mostrarnos un poco más de ese mundo y estoy impaciente por descubrir lo que Daisy y Simmons encontrarán. 



sábado, 25 de febrero de 2017

Unforgotten se confirma como un gran drama policial


La primera tempora de Unforgotten, pese a sus fallos, me gustó mucho y esperaba con ganas la segunda entrega de este drama policial de ITV para ver si esos pequeños problemas se corregían. La espera ha merecido la pena y tengo que decir que ha sido un gustazo sumergirse en la nueva investigación de Cassie y su equipo.

Este año Unforgotten arranca con un cuerpo encontrado dentro de una maleta en el fondo de un río. La investigadora Cassie Stuart (Nicola Walker) y su equipo se enfrentan a la difícil tarea de averiguar quién era la víctima, cómo murió y quién es responsable de su muerte. La trama se despliega poco a poco, con ritmo y coherencia, presentando potenciales sospechosos. El caso se va complicando y ampliando a medida que aparecen nuevas pruebas y testimonios. Y, como en la primera temporada, parece que el pasado siempre vuelve para rendir cuentas afectando, irremediablemente, a las vidas de los sospechosos y sus familiares. 

Unforgotten se toma su tiempo para abordar y exponer las consecuencias que el crímen tiene sobre las personas y lo hace de manera pausada, concienzuda y reflexiva. Este año, el creador y guionista Chris Lang, presenta  a un grupo de sospechosos de lo más interesante, personajes a los que en los seis capítulos que dura la temporada acabas amando y odiando, a los que entiendes y por los que te preocupas. Todos ellos parecen tener un motivo pero también tienen coartadas sólidas. ¿Quién será el asesino? Tenemos a la esposa del fallecido, a Colin (Mark Bonnar), a Marion (Rosie Cavaliero) y a Sara (Badria Timimi); los tres últimos merecerían su propia serie. 

¿El pasado define tu futuro? ¿Eres capaz de vivir con lo que hiciste años atrás? ¿De conciliar lo hecho por aquella persona que una vez fuiste con los valores que ahora defiendes? ¿Es posible compensar una mala acción con una vida dedicada a los demás? Unforgotten sigue planteando interesantes cuestiones al espectador a través de la investigación de un asesinato cometido hace casi treinta años. Lang disecciona las vidas y elecciones de las personas relacionadas con el caso con precisión quirúrgica, dejando al descubierto los aspectos más oscuros y más recónditos del alma humana. 

Y aunque aparecen personajes nuevos, todos ellos estupendos, la serie no descuida a su mejor personaje y sigue profundizando en la maravillosa y efectiva Cassie, interpretada por ese portento actoral que es Nicola Walker, una actriz que lo transmite todo y más con una mirada o una media sonrisa. Cassie es dura pero también vulnerable -solo hay que verla interactuar con su padre-, es tenaz y contundente, minuciosa también. Además es una buena líder, justa, compasiva y empática. Este año Sunny (Sanjeev Bhaskar) tiene más protagonismo y peso en la trama, se explora más la magnífica relación que le une a Cassie, una amistad basada en el respeto, la admiración y el compañerismo. 

En su segunda temporada este drama policial se consagra como una de las mejores propuestas televisivas llegadas de Inglaterra. La laberíntica trama construída durante cinco capítulos nos lleva a un osado desenlace en el sexto que, personalmente, me pareció lo más honesto que podía hacer Unforgotten por sus personajes. Ese encuentro en el bar entre dos actores tan versátiles como Walker y Bonnar es fantástico por su dureza y contundencia. Bonnar resulta tan creíble en esta escena que es imposible pensar en otro final, cualquier otra alternativa hubiese sido injusta dejando a Cassie en la difícil posición de hacer algo que, a todas luces, va en contra de sus principios. 

Unforgotten está escrita sin caer en la exageración ni el morbo, lo hacen desde el respeto hacia los personajes y el espectador, con una narración sólida plagada de pequeños detalles que acrecentan la sensación de cercanía, de realidad. De nuevo me remito a la escena que comparten Walker y Bonnar al final, una escena en la que el personaje de Bonnar cuenta una historia que comienza con cenas de domingo y juegos; y termina con intentos de suicidio e internamiento en un psiquiátrico. Los detalles que componen su narración, tan humanos como dramáticos, también los encontramos en las vivencias de Marion y en el silencio estoico de Sara. 

Espero que Cassie vuelva el año que viene con un nuevo caso. Siempre está bien tener una serie como Unforgotten a mano para las tardes de sábado.

lunes, 20 de febrero de 2017

Goliath se desmorona sin Thornton

Goliath es una serie hija de los tiempos seriéfilos en los que vivimos (Peak TV). Las nuevas plataformas desean tener dramas de peso con nombres de prestigio que las sitúen en el mapa y Amazon, que tiene un par de series de los más golosas (Transparent, Bosch), quería ampliar su catálogo con producto repleto de grandes nombres. Goliath es, sobre todo eso, un compendio de nombres que quitan el hipo. El responsable de este drama legal es David E. Kelley, cuya carrera está plagada de exitos como Ally McBeal, The Practice o Boston Legal. El protagonista absoluto de la función es un Billy Bob Thornton haciendo lo que mejor sabe hacer, demostrar que es uno de los actores más completos e inclasificables del panorama actual. Thornton interpreta a un antihéroe de manual, un otrora prestigioso abogado caído en desgracia, un alcohólico encantador y cínico que vive en un motel y pasa las horas sentado en el bar. Sin embargo, un día un caso reaviva instintos que creía muertos y se embarca en un complejo y peligroso proceso legal que le lleva a enfrentarse a su antiguo bufete. 

El reparto se completa con la presencia de William Hurt, Maria Bello, Olivia Thirlby, Tania Raymonde, Molly Parker, Nina Arianda y Harold Perrineau

Reconozco que los tres primeros capítulos me gustaron mucho, lo bastante como para ver los ocho que componen la primera temporada del tirón pero, a medida que la serie avanza, es más evidente la falta de ambición de la historia. Todo transita por lugares demasiado comunes y obvios. No hay sorpresa, ni tensión en la lucha de Billy  McBride (Thornton) y el final no hace más que acentuar esa sensación de vacío en el espectador. 

El uso de lugares comunes y clichés de las series de abogados no tiene porque ser algo necesariamente malo. En los últimos años, varias series han sabido trabajar dentro de estructuras narrativas llenas de ellos con acierto y estilo; creando propuestas atrayentes a pesar de jugar en un terreno de sobra conocido por el espectador. Goliath intenta pero no batea, por desgracia no logra elevarse por encima de la media. La reiteración de la fórmula, entonces, se hace más evidente y el espectador acaba cansado de esta amalgamas de clichés. 

Cierto que Billy Bob Thornton está estupendo en la piel de un perdedor sin armas que se enfrenta a una poderosa corporación y, por extensión, a todo su gabinete jurídico. Un personaje intenso que es la espina dorsal sobre la que se asienta la serie y que en la última edición de los Golden Globe Awards le valió un Globo de Oro al mejor actor en una serie de televisión. Sin Thornton y su capacidad de transmitir y expresar con un gesto o una mirada toda la rabia del mundo, toda la desolación del alma de McBride, estaríamos ante un producto prescindible. Solo por él merece darle una oportunidad a la serie pero ya os aviso que poco más puede salvarse. 


Secundarios de cartón piedra

Siguiendo con grandes actores, es una pena que William Hurt tenga que interpretar a una caricatura, es imperdonable desperdiciar el talento de este hombre en un personaje tan mal escrito y construido. Su Donald Cooperman, viejo amigo del protagonista y socio fundador del poderoso bufete, es repulsivo hasta la nausea y nunca, en ningún momento, se ve ese genio que todos veneran. Es imposible entender por qué sus subordinados soportan su tiranía y excentricidad sin rebelarse. Y más extraña aún es la vendetta personal que Cooperman emprende contra McBride. Cooperman es peor que el malo más obvio de Bond, se pasa las horas sentado a oscuras en su despacho observando a sus empleados mediante cámaras de vigilancia. Lo vemos, con su rostro medio quemado, reírse y murmurar incoherencias que él considera muy inteligentes. Cuando interactúa con sus empleados utiliza uno de esos clickers para entrenar perros. Todo lo que envuelve a este personaje es malsano y, por desgracia, está tan mal desarrollado que su presencia estropea el conjunto. Creo que todo ese artificio alrededor de Cooperman es innecesario y que la serie sería mejor si Hurt hubiese podido interpretar a un personaje más en la línea del David Lee de The Good Wife. 

Maria Bello también está desaprovechada y es un error porque Bello ha demostrado que es una actriz con talento y recursos, relegarla a mera comparsa es un movimiento poco inteligente. Menos mal que Molly Parker si que tiene un personaje jugoso entre manos, su Callie es uno de esos personajes diseñados para odiar y admirar. 

Goliath no destaca por nada, es un drama legal de lo más convencional. Muchos capítulos de The Good Wife condensaban más emoción y giros de guión en 40 minutos que Goliath en sus 8 episodios. Entre lo poco destacable deciros que tiene una buena ambientación y que apuesta por lo noir. Los Ángeles es una ciudad que, pese a su modernidad, acepta muy bien este género de corte tan clásico. 

En resumen, una serie inconsistente con un buen protagonista y una buena ambientación pero que no logra cohesionar del todo su trama y que ofrece un viaje poco gratificante para el espectador.

martes, 14 de febrero de 2017

Legion, locura y superpoderes



Actualmente la pequeña pantalla está repleta de superhéroes, Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Luke Cage copan Netflix, mientras que los héroes de DC han sido acogidos en The CW, allí The Flash, Arrow, Supergirl y Legends of Tomorrow se marcan espectaculares crossovers a cuatro bandas que marcan tendencia. ABC, por su parte, apostó por Agent Carter y Agents of SHIELD, solo la segunda se mantiene activa tras cuatro temporadas pero sus números nunca han sido para tirar cohetes y eso que la serie ha mejorado muchísimo desde sus titubeantes inicios. A todos estos títulos tenemos que añadir Legion, la apuesta de FX por los superhéroes. 

Legion se basa en el personaje creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz en 1985, un mutante que hizo su primera aparición en New Mutants. Legion, también conocido como David Haller, fue presentado como un mutante poderoso y peligroso, un ser mentalmente inestable que intenta aprender a controlar unas habilidades tan extraordinarias como letales. 

La adaptación corre a cargo de Noah Hawley, responsable de trasladar -con notable acierto- el universo de Fargo a la pequeña pantalla, mientras que Bryan Singer (Sospechosos Habituales) ejerce como productor ejecutivo. 

El espectador que se acerque a Legion puede sentirse un tanto desconcertado por la propuesta de Hawley. La serie de FX no es una historia al uso, está concebida como un ejercicio de estilo que desafía las convenciones establecidas para llevar al espectador de viaje al interior de un cerebro alucinado, fascinante y confundido. 

Lo que cuenta el piloto

Los primeros minutos son un montaje de la infancia y adolescencia de David. Una secuencia que comienza cuando es un bebé y que nos lleva hasta su intento de suicidio en la madurez; de ahí, llegamos al psiquiátrico donde está recluido diagnosticado como esquizofrénico paranoico.

A pesar de su diagnóstico, David siente que hay algo más. Cuando se enfada todo estalla, las cosas salen volando a su alrededor y cuando tiene pesadillas, los muebles tiemblan y levitan. Sin embargo, pasa el tiempo tranquilo y medicado. Un día Syd (Rachel Keller), el interés romántico del protagonista, llega al psiquiátrico. Ella parece estar bien pero no le gusta que nadie la toque. A pesar de esa barrera física, ella y David se enamoran, y su relación es un oasis de esperanza y ternura entre tanta locura. El plano de ellos dos besándose en la ventana es precioso. 

Pero algo pasa en el psiquiátrico y David es interrogado por un hombre (Hamish Linklater) sobre el incidente en cuestión. La tensión va en aumento y pronto descubrimos que el gobierno está detrás de ese interrogatorio y que David podría ser el mutante más poderoso del planeta. 

Un narrador poco fiable

El creador apuesta por mostrar el mundo desde el punto de vista de David, un narrador no fiable, un personaje trastornado, con una visión de la “realidad” fracturada, incompleta y, a veces, incoherente. 

La realidad vista desde su perspectiva es desconcertante, aterradora a veces, otras veces encantadora. Todo es extremo y el espectador tiene que aceptar que ese es el universo en el que se moverán los personajes. Pero es difícil confiar en un narrador como David, un personaje que oye voces, que tiene lagunas de tiempo, que habla con fantasmas, que ve cosas... Estamos ante el paradigma de narrador poco fiable que, además, posee capacidades telepáticas y telequinéticas. Con todo este peso en su mochila no es de extrañar que encontremos a David recluido en una institución mental. 

¿Esto es real? ¿Eres real? ¿Esto está pasando? ¿Estoy soñando? David se hace estas preguntas una y otra vez porque todo lo que le sucede durante el piloto lo confunde. Su mente recuerda a la del Elliot de Mr. Robot, otra serie de estética sofisticada y personal, con un narrador no fiable como protagonista. 

Con solo un capítulo visionado es difícil saber si Hawley va a apostar por hacer un retrato de la enfermedad mental del protagonista o si optará por darle más cancha a los lugares comunes de las historias de superhéroes. Evidentemente, Legion aglutina elementos definitorios de las historias de los X-Men como los siniestros agentes del gobierno, el grupo de mutantes que hace lo posible por sobrevivir, el líder que los guía para que acepten y aprendan a controlar sus habilidades, etc. Pero creo que sería interesante navegar a través de la locura de David para conocer el origen de sus problemas, las repercusiones de su enfermedad en su entorno y los mecanismos que tendrá que poner en marcha para hacer frente a su locura. 

Deciros que Dan Stevens, el recordado Matthew Crawley de Downton Abbey, hace un trabajo notable transmitiendo toda la paranoia, frustración y confusión de un personaje que siempre está a un latido de desatar una locura destructiva a su alrededor. 


La elegancia visual 

El nivel de complejidad creativa es extraordinario, en el piloto encontramos inspiraciones del arte pop de los 60, del cine de Kubrick y de Wes Anderson, del cine de Bollywood... Y es que Legion es una serie con una personalidad claramente definida desde el primer minuto. El establecer la serie en un tiempo inexacto hace imposible establecer un año de referencia, la combinación de trajes y vestidos antiguos (la hermana de David parece recién salida de Mad Men) con un estilo arquitectónico muy años setenta y una tecnología de corte actual despista al espectador. Y eso es bueno porque sin esa referencia no estamos atados ni restringidos por la época. Si la hermana de David hubiese sacado un iPad en el piloto no me hubiese extrañado, aunque ella pareciesa la gemela morena de Betty Draper. 

La serie alterna presente y pasado, realidad y fantasía; y para que el espectador entre en la misma dinámica mental que David, Hawley apuesta por una iluminación fantástica, una amplia gama de colores, simetrías, cambios de perspectiva, movimientos de cámara, efectos de sonido disonantes, largas secuencias de acción (esa huida final), planos en los que ningún detalle está fuera de lugar y que deberíamos disfrutar en una pantalla lo más grande posible. La locura del narrador se nos transmite escena a escena, compartimos su miedo, su ansiedad, su duda. ¿Es esto real? 

Legion está concebida para deslumbrar visualmente y se nota, es inteligente e inventiva. La estética atrapa al espectador, y es que imposible no quedar impresionado por la vibrante experiencia visual concebida por Hawley quien, por citar sólo un ejemplo, hace un uso inteligente del color, utilizando una amplia paleta para transmitir los diferentes estados emocionales de David. 

Hay varios momentos del capítulo que permanecerán en la retina del espectador durante días: la explosión en la cocina, el beso en el reflejo de la ventana, el rescate de David, el baile (escena demasiado similar a la de AHS Asylum) o el arrebato en la sala de interrogatorios.

Tras un espectacular piloto seguiré con interés los pasos de David, solo espero que la historia no se desinfle a medida que avance. Ese es el mayor peligro y el mayor reto al que se enfrenta Legion, ser un espectacular envoltorio para la nada. 

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails