viernes, 14 de abril de 2017

La honorable Phryne Fisher

Solo me queda una temporada de Miss Fisher’s Murder Mysteries. Eso es sinónimo de tristeza. La serie australiana que cuenta las aventuras de la honorable (este detalle siempre me ha encantado) Phryne Fisher es una de esas pequeñas sorpresas que se ocultan en el cada vez más abultado catalogo de Netflix. 

La historia nos sitúa en el Melbourne de los años 20 y nos introduce en el primer capítulo a la señorita Phryne (Essie Davis) una mujer rica, sofisticada y aventurera que regresa al país tras varios años en el extranjero. Pronto se instala en la ciudad, contrata a una asistente, Dorothy Williams, y comienza a investigar un asesinato. ¿Un asesinato? Sí, y es que Phryne es una aguda y observadora detective que puntualmente colabora con el inspector Jack Robinson (Nathan Page), pese a las reticencias iniciales del policía. 

Este procedimental llegado de las antípodas entronca con la tradición de series como Se ha escrito un crimen o Miss Marple pero se distancia de ellas gracias a una protagonista subversiva y el tratamiento de temas y problemáticas sociales complejas -y muy actuales- equilibrando drama y humor. 

La serie está basada en las novelas de Kerry Greenwood y tras tres temporadas, dos de trece capítulos y una tercera de ocho, se habla de la posibilidad de una película que espero que llegue a materializarse. Reconozco que hay un salto de calidad importante entre la primera y la segunda entrega, más que nada porque los guionistas (en su inmensa mayoría mujeres) trabajan mucho mejor las relaciones entre los personajes y en especial el toma y daca entre Phryne y Jack. 

Miss Fisher’s Murder Mysteries tiene una factura casi perfecta, es imposible no trasladarse a aquella época feliz y despreocupada gracias a la ambientación, los decorados, la música y el espectacular vestuario. Phryne luce durante la serie espectaculares vestidos siempre con llamativos accesorios, que la convierten en el centro de todas las miradas. El vestuario de la señorita Fisher es un reflejo de su personalidad, elegante y sorprendente, extravagante e impredecible. El resto del reparto también puede definirse a través de sus vestimenta: Dorothy es recatada y tímida, no quiere destacar. Jack viste traje, siempre perfecto, siempre pulcro y a Hugh, el ayudante de Jack, pocas veces le veremos sin su uniforme de oficial. 


Como buen procedimental cada crimen se resuelve en su respectivo episodio y la continuidad de la serie se basa en las relaciones entre los protagonistas principales y la TSNR entre Phryne y Jack y el romance más clásico de Dorothy y Hugh. 

La honorable Miss Fisher

Phryne es un personaje fascinante y seductor, una mujer muy avanzada para su época que goza de mucha libertad y mucho capital. Gracias a eso puede dedicarse a sus pasiones y hacer, básicamente, lo que le plazca para desconcierto de Dorothy y el inspector Robinson. Sin embargo, su espíritu libre, su pasión, su vitalidad e inteligencia acaban sirviendo de revulsivo para que sus más allegados sean capaces de ver más allá, de abrirse al mundo y verlo con otros ojos. Phryne predica con el ejemplo, empatía y comprensión. 

Pero Phryne no siempre fue una mujer rica y acomodada, su infancia fue pobre hasta que su familia acabó heredando un título nobiliario en virtud de una ley de sucesión británica. En su juventud, sus padres la mandan a Europa a un internado pero cuando estalla la Gran Guerra decide ir a Francia para ayudar como enfermera en el frente. Tras la guerra y con una pensión vitalicia en el bolsillo, Phryne se queda viviendo la postguerra y el inicio de los años 20 en París. Años más tarde se traslada a Melbourne para visitar a su tía Prudence y es aquí donde comienza la serie. 

Es refrescante encontrar una serie con una protagonista tan vibrante, descarada y autosuficiente. Phryne es una mujer audaz para su tiempo, y para el nuestro, que conduce un Hispano Suiza, habla varios idiomas, siempre va armada y sabe pilotar un avión. Tiene una hija adoptiva, Jane, a la que acogió al poco de llegar a Melbourne y vive con la preocupación de no ser un buen modelo a seguir para ella.

El carisma de Phryne, su feminismo militante, sus diálogos cargados de intención, su carácter y hasta su fortaleza física la convierten en un personaje deslumbrante que acapara toda la atención. Aún así, el resto de personajes no acaban ignorados o desdibujados por el empuje de la señorita Fisher sino que se van construyendo lentamente a lo largo de los capítulos, convirtiéndose en seres más complejos y menos planos de lo que podríamos imaginar en un principio. 

La relación entre Phryne y Jack evoluciona mucho en la segunda temporada y ese uno de los motivos por los que la serie mejora sustancialmente en su segundo año. Jack (Nathan Page) es un hombre íntegro y capaz, también es noble e inteligente. Estuvo en la Gran Guerra, experiencia que le hizo cambiar provocando el derrumbe de su matrimonio y posterior divorcio. Essie Davis y Nathan Page no sólo interpretan a la perfección sus personajes sino que también tienen una química que traspasa la pantalla. Los enfrentamientos dialécticos entre ellos son muy divertidos de ver, funcionan perfectamente y aligeran algo la tensión cuando la serie se pone demasiado dramático y oscura. 

Hay muchos motivos para darle una oportunidad a esta producción australiana: feminismo, protagonista carismática, misterio, humor y puesta en escena. Seguro que os engancha.

lunes, 27 de marzo de 2017

Cuando los secundarios toman el control


Hace unas semanas volví a revisionar House M.D pero lo hice empezando por la sexta temporada, que por cierto tiene un gran arranque porque traslada a su protagonista a un espacio totalmente nuevo en el que lejos de todo lo que conoce y controla Gregory intenta solucionar sus problemas, que son muchos y muy variados. 

La sexta temporada de House es una buena temporada y me gusta especialmente por los capítulos Wilson y 5 to 9, episodios centrados en dos secundarios de la serie: James Wilson y Lisa Cuddy. En Wilson, por ejemplo, vemos como el oncólogo del Princenton Plainsboro tiene muy buena relación con el personal de enfermería, somos testigos de las reuniones de control a las que asiste y de sus visitas a los pacientes. Wilson es un médico capaz que se preocupa por sus pacientes hasta el punto de dejarse un poco de sí mismo en cada caso. En 5 to 9 seguimos los pasos de Lisa Cuddy desde que se despierta hasta que vuelve a casa. Su día a día es particularmente ajetreado: yoga, ducha, ocuparse del bebé, prepararse para el trabajo, lidiar con House y dirigir un hospital con mil y un problemas que solo ella parece ser quien de gestionar. Cuddy tiene dudas, momentos de debilidad pero la vemos ser una gestora decidida, justa, analítica y precisa. Y luego llega a casa con su pequeña y descansa. 

Me gusta cuando una serie decide alejarse del esquema habitual y centrar su mirada en uno de sus secundarios. Estos capítulos dan un respiro al espectador y a las tramas principales de la serie y, al alejarnos del protagonista, nos dan la oportunidad de ver esa realidad a través de otros ojos. Cuando los secundarios toman el control de un capítulo llegamos a conocerlos mucho mejor y, en series como House M.D con un protagonista tan carismático y arrollador, es bueno desviar el foco y dejar que los demás personajes tengan ocasión de brillar. Estos capítulos también permiten explorar nuevas fórmulas narrativas y amplían el universo en el que se desenvuelve el espectáculo al explorar otros espacios, otras dinámicas, otras relaciones... El personal de enfermería de House M.D sale más en estos dos capítulos que en toda la serie.

Hay muchos capítulos centrados en secundarios que me gustan y que, además, se han convertido por derecho propio en referentes dentro del universo seriéfilo. Veamos algunos ejemplos, empezando por el más clásico. 

The Zeppo es el prototipo de capítulo centrado en un secundario, en este caso Xander de Buffy The Vampire Slayer. Mientras Buffy y el resto del equipo intentan evitar algún apocalipsis, Xander pasa la noche más alocada de su vida: pierde su virginidad con Faith, se enfrenta a un grupo particularmente violento y evita que vuelen el instituto. Xander se convierte en el protagonista de un capítulo muy divertido que se desmarca de la dinámica habitual de la serie y que aprovecha para tomarse un poco a la ligera los finales del mundo a los que se enfrenta la cazadora. Además, descubrimos al Xander más valiente y comprendemos mejor por qué actúa como lo hace al sentirse el menos útil y valorado de la scooby-gang. 

Esta fórmula se repite en A New Man, un episodio centrado en Giles, y en Superstar, el capítulo de Jonathan. Hay más ejemplos en Buffy pero también encontramos ejemplos en su spin off, Angel, como Life of the Party episodio centrado en Lorne o el  Harm's Way dedicado a esa chorlito maravillosa que era Harmony,

En The X-Files se hizo varias veces, el director adjunto Skinner tuvo su capítulo (Zero Sum) y el trío de los The Lone Gunmen se convirtió en el centro de varios episodios como Unusual Suspects o Three of a Kind. Sin embargo mi favorito es el que nos cuenta la historia del gran antagonista de la serie, el Fumador (Musings of a Cigarette-Smoking Man). Este personaje es la figura más importante de la gran conspiración gubernamental, un hombre misterioso y aterrador con una vida tan sorprendente como miserable. Gracias a varios flashbacks conocemos como llegó a ser el hombre que es, que actos y decisiones le convirtieron en esa siniestra figura que parece controlarlo todo pero también descubrimos su carrera frustrada como escritor de novelas de misterio. El final con esa frase a media voz "I can kill you whenever I please, but not today", te deja helada. 

La última temporada de You’re the Worst nos regaló, porque ese capítulo es un regalo para los seguidores, un episodio centrado en Edgar. La historia es contada desde su punto de vista y siguiendo sus pasos por la ciudad de Los Ángeles. Gracias a Twenty-Two comprendemos mejor los demonios que acechan a Edgar desde su regreso de la guerra.

En su tercera temporada, Agents of SHIELD sorprendió a todos con 4.772 Hours, un capítulo centrado en Simmons y en los cuatro meses que pasó atrapada en un planeta alienígena. Fuera de su entorno habitual y separada, tal vez para siempre, de sus amigos, Simmons tiene que sobrevivir por sus propios medios en un ambiente particularmente hostil. Gracias a este capítulo, en el que durante la mayor parte del tiempo solo aparece ella, descubrimos la auténtica fuerza y carácter de la joven científica. 

Scrubs dedicó capítulos a prácticamente todos sus personajes secundarios:

His Story estaba narrado desde el punto de vista del doctor Cox. His Story II estaba narrado por Turk. Her Story desde la perspectiva de Elliot y Her Story II desde la de Carla. En His Story IV conocíamos el punto de vista del Doctor Kelso mientras que el capítulo Their Story ponía el foco en las andanzas de Ted, Todd y Jordan, personajes secundarios de las historias del Sacred Heart. Para finalizar tenemos Their Story II narrado desde la perspectiva de los nuevos internos del hospital. De todos ellos me quedo con His Story IV, el que se centra en el doctor Kelso, en la relación que establece con un paciente que ha perdido la memoria debido a una herida de guerra y en su particular estilo de mando como jefe de medicina del hospital. 

Avatar tiene un maravilloso capítulo centrado en Apa (Appa's Lost Days), el bisonte volador de Aang. Durante todo el episodio acompañamos a Apa en un viaje lleno de penurias: es secuestrado y vendido, maltratado en un circo, sufre el ataque de un feroz animal... hasta que finalmente encuentra a Aang. El que la serie dedicase todo un capítulo a Apa demuestra el cariño y la sensibilidad con la que trataban a todos su personajes.

domingo, 26 de marzo de 2017

12 años de Rose


Rose supuso el regreso de Doctor Who a la pequeña pantalla después de un largo paréntesis sin contar la película de 1996 con Paul McGann. Puede que no sea el mejor capítulo de Doctor Who y puede que no sea la mejor carta de presentación, conozco gente que no terminó el episodio porque no lograron entrar en el universo que proponía Russell T. Davies. Pobrecillos. 

El capítulo invierte los primero minutos en presentar a una joven londinense. La vemos en su dormitorio, en su casa y sabemos que vive con su madre, que trabaja en una tienda y que tiene pareja. Es una chica normal a la que, por casualidad, le sucede algo extraordinario. Un día cualquiera, estando en el sótano de la tienda buscando a un compañero de trabajo, los maniquíes cobran vida y lo que en principio le parece una broma resulta ser algo mucho más peligroso. Entonces un hombre aparece y le dice: ¡Corre!. La vida de Rose Tyler, que así se llama esta chica, cambia para siempre. 

Lo que Russell T. Davies inició aquel 26 de marzo de 2005 fue algo imparable, rescató una serie clásica, la revitalizó, la convirtió (de nuevo) en un referente de la ciencia ficción (del drama también), eligió a dos grandes actores para encarnar a Nueve (Eccleston) y Diez (Tennant), creó tres grandes companions, cada una de ellas con personalidad, con fuerza, con carisma y con entidad propia más allá de la alargada sombra del Doctor. Rose introduce a Rose Tyler (Billie Piper), luego vendrían Martha Jones y Donna Noble. Reconozco que la era Davies es mi favorita, lo que vino después no estuvo mal pero nunca llegó a la altura de las temporadas con este hombre como cabeza pensante. 

Esta nueva etapa tenía la difícil tarea de ganarse a un público acostumbrado a grandes producciones con espectaculares efectos especiales y que desconocía el legado de Doctor Who, por eso Rose es un capítulo que, aún introduciendo guiños y referencias a la mitología de la serie, sirve como preámbulo para un nuevo comienzo que introduce a las nuevas generaciones en el universo de Doctor Who. Rose logra que tengamos ganas de viajar al futuro para ver el final de la Tierra tras luchar con un puñado de maniquíes en el Londres actual. Es un episodio para reunir y conciliar las expectativas de los nuevos espectadores con las de los viejos seguidores. 

El título hace referencia a la nueva companion del Doctor, ella es un trasunto del espectador que se maravilla con el peligro, los misterios y las posibilidades de recorrer el tiempo y el espacio junto al Señor del Tiempo. De la mano de este personaje nos introducimos de lleno en una nueva época de la serie en la que Doctor Who crece, se muestra con orgullo como un producto inteligente, elegante, bien hecho y mejor interpretado. La mezcla de géneros la convierte en una pieza dinámica y sorprendente que pasa de la comedia al drama combinando la acción, el terror y las disquisiciones filosóficas. Hay una melancolía que lo impregna todo y que funciona elevando el espectáculo por encima de la media, hay muertes y dolor, hay un Doctor alegre y uno triste. Hay equilibrio y desolación y una nave que es más grande por dentro que por fuera. 

La revitalización de la serie y su éxito es directamente proporcional a la química y el buen trabajo de Christopher Eccleston y Billie Piper, el Doctor y Rose Tyler. Eccleston está sencillamente genial, sin él no se entendería el éxito de la nueva era de Doctor Who y hay que darle más crédito a su trabajo. Su personaje es un excéntrico y alocado Señor del Tiempo, hay algo de ligero y de payaso en su forma de moverse, de hablar, de enfrentarse a los problemas pero debajo de esa sonrisa chispeante y esa chupa de cuero se esconde la rabia, la ira y la tristeza del último de los Señores del Tiempo. Aún lamento que no apareciese en el episodio del cincuenta aniversario de la serie. 

Y Billie Piper, la primera companion de la nueva era, Rose Tyler, es un soplo de aire fresco. No es mi companion favorita (Donna Noble es la mejor) pero fue la primera y eso la convierte en el espejo en el que se miran todas las demás. Me encanta cuando el Doctor la salva en el sótano de la tienda. El “Nice to meet you Rose, run for your life” forma parte de la historia televisiva.

El capítulo termina con el Doctor ofreciéndole a Rose un paseo en la TARDIS. ¿Quién no aceptaría? ¿Quién no correría sonriente hacia la nave? Hace doce años de ese encuentro y desde entonces la serie nos ha dado tanto que merece la pena echarle un vistazo a aquel primer encuentro y recordar por qué nos decidimos a viajar con ellos. 


domingo, 5 de marzo de 2017

Las mujeres de SHIELD toman el control


Desde los últimos compases de su primera temporada, la mejora constante de Marvel’s Agents of SHIELD es una realidad incontestable. En su cuarta temporada, actualmente en emisión, el nivel está muy alto. Esta entrega, diseñada en tres actos, acaba de despedir el segundo con uno de los capítulos -y creo que no exagero al decir esto- más sobresalientes de 2017, Self Control

Durante el primer tramo de temporada se presentó a un Ghost Rider que no se olvidará en mucho tiempo, Robbie Reyes es un personaje que me cautivó desde la primera escena; y también se  introdujo al espectador al mundo místico y fantástico del Darkhold, libro sin el que no se puede entender a AIDA y los LMD (Life Model Decoy). 

El segundo tramo de temporada puso en primer plano la trama de los LMD de Radcliffe y la lucha contra el movimiento Watchdogs. Self Control, marca el final del nudo narrativo de este tramo y enfila hacia el desenlace abriendo las puertas de un nuevo mundo lleno de posibilidades, el Framework

Self Control es uno de los mejores capítulos de Marvel’s Agents of SHIELD, un episodio que funciona a todos los niveles y que partiendo de una premisa clásica de la ciencia ficción, humanos reemplazados por androides (ecos de Battlestar Galáctica, Westworld, La invasión de los ultracuerpos), crea un estado de tensión, angustia y paranoia en los personajes que se traslada al espectador. Jed Whedon consigue no pecar de ingenuo, evita los lugares comunes y dosifica muy bien la acción, el drama y el suspense.  

Mujeres que no necesitan ser salvadas

Daisy y Simmons tienen que enfrentarse a una serie de androides con la apariencia de Mack, Mace, Coulson y Fitz; por supuesto no podemos olvidar el LMD (Life Model Decoy) de May que, sin un objetivo que cumplir, se debate en un mar de dudas existenciales que recuerda a las que padecían algunos cylon en Battlestar Galactica

Este capítulo está lleno de momentos que permanecen con el espectador durante un tiempo. Empecemos con los ejes emocionales de la serie, los agente Fitz y Simmons.  Esta pareja que ha pasado mil infortunios para estar junta, que ha recorrido un universo para amarse, se encuentra enfrentada sabiendo que uno de ellos es un LMD. ¿Pero quién? Esta es una escena tensa muy bien actuada por Elisabeth Henstridge e Iain de Caestecker. Verlos a los dos encerrados en una habitación intentado averiguar quién es el LMD es puro masoquismo. 

Cuando Fitz se descubre como el androide, Simmons tiene que luchar por su vida y, por extensión, por la del auténtico Fitz. Herida y debilitada, la joven científica logra inmovilizar al LMD y apuñalarlo hasta inutilizarlo. La carga emocional de esa escena es enorme porque es Fitz a quien apuñala en el pecho, un Fitz tan real y auténtico que es imposible no sentir el horror de Simmons recorrer su cuerpo con cada puñalada. La dinámica entre estos dos personajes ha sido clave para el desarrollo de la serie y han sido, con diferencia, la pareja más consistente y más romántica de Agents of SHIELD, por eso resulta tan brutal ver a Jemma matar a Leo. 

Daisy tampoco es un LMD y descubre la infiltración topándose, literalmente, con un puñado de réplicas de ella. Cuando Quake y Simmons unen fuerzas para escapar de la base, deshacerse de los androides y buscar a su equipo, la acción se dispara. 

La lucha por la supervivencia que emprenden Simmons y Daisy en solitario primero, unidas después, ofrece interesantes aspectos de estos dos personajes. Al ver la pelea entre Daisy y Mace es imposible no aplaudir la evolución de aquella hacker tocanarices de la primera temporada a una heroína por derecho propio que, además, se marca uno de los discursos motivacionales más poderoso de la serie.

Otra gran escena, que demuestra lo mucho que han crecido las actrices que interpretan a Simmons y Daisy, es ese abrazo con el que Quake y la científica confirman que son humanas. 

Self Control demuestra que Agents of SHIELD tiene algunos de los personajes femeninos más fuertes y mejor construidos de la televisión. No solo Jemma demuestra un fuerza y valentía extraordinarias al lidiar con el falso Fitz, sino que Daisy es capaz de tumbar a Mace, Mack y Coulson sabiendo que será capaz de hacerlo. 

La tragedia queda reservada para el personaje de Melinda May, el LMD de May es tan leal y fiel a sus compañeros como la auténtica y eso es, en última instancia, lo que salva a Daisy y Simmons. Ming-Na Wen ha estado fantástica mostrando la ambigüedad y la lucha de un personaje que es más que su programación y que siente, ama y teme como lo haría un ser humano. Incluso como androide, May es nuestra May, capaz de sacrificarse por el equipo y por el hombre que ama.

Aida y el Framework

El final de Radcliffe parecía claro desde hacía algún tiempo, Aida encuentra una paradoja entre sus dos directivas principales: proteger a Radcliffe y proteger al Framework. Tras un apasionado soliloquio en el que su creador exalta las maravillas de ese mundo virtual restando importancia a nuestro envoltorio de carne y hueso, Aida le corta las venas y lo introduce en el Framework para que pueda vivir una vida larga y feliz. 

Aida es, a partir de ahora, el principal antoganista del grupo de agentes. Hasta ahora los guionistas habían explorado varias posibilidades: Radcliffe, la senadora Nadeer, el Superior, el movimiento Watchdogs.... pero finalmente la androide se posiciona como la gran adversaria de la temporada. 

El Framework es un lugar donde ser feliz, un lugar donde nuestros errores o nuestro sufrimiento no nos alcanza, donde podemos ser lo que queramos, donde nuestra vida puede ser perfecta sin la carga emocional que la realidad nos impone. 

Lo que pudimos entrever del Framework es tan interesante como audaz, un mundo donde Hydra no solo sigue en activo sino que parece estar al mando, donde Coulson es un profesor que predica el odio a los inhumanos, donde Simmons parece estar muerta, donde Mack es padre y donde Daisy tiene una vida junto a Ward (que regresa del más allá). Si en ese mundo virtual tu mayor arrepentimiento es eliminado, si ese algo que te hace ser tú nunca ha sucedido, ¿quién eres?.

Me gustaría ver a Bobbie y Hunter en ese mundo virtual, fue una lástima que la serie prescindiese de ellos y hace tiempo que exijo su regreso triunfal. 

Self Control demuestra la habilidad de Jed Whedon como guionista y director. Se trata de uno de los capítulos más electrizantes y mejor ejecutados de la serie. Jugaron muy bien con las expectativas del espectador de manera inteligente sorprendiendo con la identidad de los LMD. Buenos efectos, actuaciones sólidas, giros imprevistos, acción a raudales, excelentes peleas, one liners para el recuerdo y un cliffhanger al nivel de este o este otro

La serie regresa en abril para mostrarnos un poco más de ese mundo y estoy impaciente por descubrir lo que Daisy y Simmons encontrarán. 



sábado, 25 de febrero de 2017

Unforgotten se confirma como un gran drama policial


La primera tempora de Unforgotten, pese a sus fallos, me gustó mucho y esperaba con ganas la segunda entrega de este drama policial de ITV para ver si esos pequeños problemas se corregían. La espera ha merecido la pena y tengo que decir que ha sido un gustazo sumergirse en la nueva investigación de Cassie y su equipo.

Este año Unforgotten arranca con un cuerpo encontrado dentro de una maleta en el fondo de un río. La investigadora Cassie Stuart (Nicola Walker) y su equipo se enfrentan a la difícil tarea de averiguar quién era la víctima, cómo murió y quién es responsable de su muerte. La trama se despliega poco a poco, con ritmo y coherencia, presentando potenciales sospechosos. El caso se va complicando y ampliando a medida que aparecen nuevas pruebas y testimonios. Y, como en la primera temporada, parece que el pasado siempre vuelve para rendir cuentas afectando, irremediablemente, a las vidas de los sospechosos y sus familiares. 

Unforgotten se toma su tiempo para abordar y exponer las consecuencias que el crímen tiene sobre las personas y lo hace de manera pausada, concienzuda y reflexiva. Este año, el creador y guionista Chris Lang, presenta  a un grupo de sospechosos de lo más interesante, personajes a los que en los seis capítulos que dura la temporada acabas amando y odiando, a los que entiendes y por los que te preocupas. Todos ellos parecen tener un motivo pero también tienen coartadas sólidas. ¿Quién será el asesino? Tenemos a la esposa del fallecido, a Colin (Mark Bonnar), a Marion (Rosie Cavaliero) y a Sara (Badria Timimi); los tres últimos merecerían su propia serie. 

¿El pasado define tu futuro? ¿Eres capaz de vivir con lo que hiciste años atrás? ¿De conciliar lo hecho por aquella persona que una vez fuiste con los valores que ahora defiendes? ¿Es posible compensar una mala acción con una vida dedicada a los demás? Unforgotten sigue planteando interesantes cuestiones al espectador a través de la investigación de un asesinato cometido hace casi treinta años. Lang disecciona las vidas y elecciones de las personas relacionadas con el caso con precisión quirúrgica, dejando al descubierto los aspectos más oscuros y más recónditos del alma humana. 

Y aunque aparecen personajes nuevos, todos ellos estupendos, la serie no descuida a su mejor personaje y sigue profundizando en la maravillosa y efectiva Cassie, interpretada por ese portento actoral que es Nicola Walker, una actriz que lo transmite todo y más con una mirada o una media sonrisa. Cassie es dura pero también vulnerable -solo hay que verla interactuar con su padre-, es tenaz y contundente, minuciosa también. Además es una buena líder, justa, compasiva y empática. Este año Sunny (Sanjeev Bhaskar) tiene más protagonismo y peso en la trama, se explora más la magnífica relación que le une a Cassie, una amistad basada en el respeto, la admiración y el compañerismo. 

En su segunda temporada este drama policial se consagra como una de las mejores propuestas televisivas llegadas de Inglaterra. La laberíntica trama construída durante cinco capítulos nos lleva a un osado desenlace en el sexto que, personalmente, me pareció lo más honesto que podía hacer Unforgotten por sus personajes. Ese encuentro en el bar entre dos actores tan versátiles como Walker y Bonnar es fantástico por su dureza y contundencia. Bonnar resulta tan creíble en esta escena que es imposible pensar en otro final, cualquier otra alternativa hubiese sido injusta dejando a Cassie en la difícil posición de hacer algo que, a todas luces, va en contra de sus principios. 

Unforgotten está escrita sin caer en la exageración ni el morbo, lo hacen desde el respeto hacia los personajes y el espectador, con una narración sólida plagada de pequeños detalles que acrecentan la sensación de cercanía, de realidad. De nuevo me remito a la escena que comparten Walker y Bonnar al final, una escena en la que el personaje de Bonnar cuenta una historia que comienza con cenas de domingo y juegos; y termina con intentos de suicidio e internamiento en un psiquiátrico. Los detalles que componen su narración, tan humanos como dramáticos, también los encontramos en las vivencias de Marion y en el silencio estoico de Sara. 

Espero que Cassie vuelva el año que viene con un nuevo caso. Siempre está bien tener una serie como Unforgotten a mano para las tardes de sábado.

lunes, 20 de febrero de 2017

Goliath se desmorona sin Thornton

Goliath es una serie hija de los tiempos seriéfilos en los que vivimos (Peak TV). Las nuevas plataformas desean tener dramas de peso con nombres de prestigio que las sitúen en el mapa y Amazon, que tiene un par de series de los más golosas (Transparent, Bosch), quería ampliar su catálogo con producto repleto de grandes nombres. Goliath es, sobre todo eso, un compendio de nombres que quitan el hipo. El responsable de este drama legal es David E. Kelley, cuya carrera está plagada de exitos como Ally McBeal, The Practice o Boston Legal. El protagonista absoluto de la función es un Billy Bob Thornton haciendo lo que mejor sabe hacer, demostrar que es uno de los actores más completos e inclasificables del panorama actual. Thornton interpreta a un antihéroe de manual, un otrora prestigioso abogado caído en desgracia, un alcohólico encantador y cínico que vive en un motel y pasa las horas sentado en el bar. Sin embargo, un día un caso reaviva instintos que creía muertos y se embarca en un complejo y peligroso proceso legal que le lleva a enfrentarse a su antiguo bufete. 

El reparto se completa con la presencia de William Hurt, Maria Bello, Olivia Thirlby, Tania Raymonde, Molly Parker, Nina Arianda y Harold Perrineau

Reconozco que los tres primeros capítulos me gustaron mucho, lo bastante como para ver los ocho que componen la primera temporada del tirón pero, a medida que la serie avanza, es más evidente la falta de ambición de la historia. Todo transita por lugares demasiado comunes y obvios. No hay sorpresa, ni tensión en la lucha de Billy  McBride (Thornton) y el final no hace más que acentuar esa sensación de vacío en el espectador. 

El uso de lugares comunes y clichés de las series de abogados no tiene porque ser algo necesariamente malo. En los últimos años, varias series han sabido trabajar dentro de estructuras narrativas llenas de ellos con acierto y estilo; creando propuestas atrayentes a pesar de jugar en un terreno de sobra conocido por el espectador. Goliath intenta pero no batea, por desgracia no logra elevarse por encima de la media. La reiteración de la fórmula, entonces, se hace más evidente y el espectador acaba cansado de esta amalgamas de clichés. 

Cierto que Billy Bob Thornton está estupendo en la piel de un perdedor sin armas que se enfrenta a una poderosa corporación y, por extensión, a todo su gabinete jurídico. Un personaje intenso que es la espina dorsal sobre la que se asienta la serie y que en la última edición de los Golden Globe Awards le valió un Globo de Oro al mejor actor en una serie de televisión. Sin Thornton y su capacidad de transmitir y expresar con un gesto o una mirada toda la rabia del mundo, toda la desolación del alma de McBride, estaríamos ante un producto prescindible. Solo por él merece darle una oportunidad a la serie pero ya os aviso que poco más puede salvarse. 


Secundarios de cartón piedra

Siguiendo con grandes actores, es una pena que William Hurt tenga que interpretar a una caricatura, es imperdonable desperdiciar el talento de este hombre en un personaje tan mal escrito y construido. Su Donald Cooperman, viejo amigo del protagonista y socio fundador del poderoso bufete, es repulsivo hasta la nausea y nunca, en ningún momento, se ve ese genio que todos veneran. Es imposible entender por qué sus subordinados soportan su tiranía y excentricidad sin rebelarse. Y más extraña aún es la vendetta personal que Cooperman emprende contra McBride. Cooperman es peor que el malo más obvio de Bond, se pasa las horas sentado a oscuras en su despacho observando a sus empleados mediante cámaras de vigilancia. Lo vemos, con su rostro medio quemado, reírse y murmurar incoherencias que él considera muy inteligentes. Cuando interactúa con sus empleados utiliza uno de esos clickers para entrenar perros. Todo lo que envuelve a este personaje es malsano y, por desgracia, está tan mal desarrollado que su presencia estropea el conjunto. Creo que todo ese artificio alrededor de Cooperman es innecesario y que la serie sería mejor si Hurt hubiese podido interpretar a un personaje más en la línea del David Lee de The Good Wife. 

Maria Bello también está desaprovechada y es un error porque Bello ha demostrado que es una actriz con talento y recursos, relegarla a mera comparsa es un movimiento poco inteligente. Menos mal que Molly Parker si que tiene un personaje jugoso entre manos, su Callie es uno de esos personajes diseñados para odiar y admirar. 

Goliath no destaca por nada, es un drama legal de lo más convencional. Muchos capítulos de The Good Wife condensaban más emoción y giros de guión en 40 minutos que Goliath en sus 8 episodios. Entre lo poco destacable deciros que tiene una buena ambientación y que apuesta por lo noir. Los Ángeles es una ciudad que, pese a su modernidad, acepta muy bien este género de corte tan clásico. 

En resumen, una serie inconsistente con un buen protagonista y una buena ambientación pero que no logra cohesionar del todo su trama y que ofrece un viaje poco gratificante para el espectador.

martes, 14 de febrero de 2017

Legion, locura y superpoderes



Actualmente la pequeña pantalla está repleta de superhéroes, Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Luke Cage copan Netflix, mientras que los héroes de DC han sido acogidos en The CW, allí The Flash, Arrow, Supergirl y Legends of Tomorrow se marcan espectaculares crossovers a cuatro bandas que marcan tendencia. ABC, por su parte, apostó por Agent Carter y Agents of SHIELD, solo la segunda se mantiene activa tras cuatro temporadas pero sus números nunca han sido para tirar cohetes y eso que la serie ha mejorado muchísimo desde sus titubeantes inicios. A todos estos títulos tenemos que añadir Legion, la apuesta de FX por los superhéroes. 

Legion se basa en el personaje creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz en 1985, un mutante que hizo su primera aparición en New Mutants. Legion, también conocido como David Haller, fue presentado como un mutante poderoso y peligroso, un ser mentalmente inestable que intenta aprender a controlar unas habilidades tan extraordinarias como letales. 

La adaptación corre a cargo de Noah Hawley, responsable de trasladar -con notable acierto- el universo de Fargo a la pequeña pantalla, mientras que Bryan Singer (Sospechosos Habituales) ejerce como productor ejecutivo. 

El espectador que se acerque a Legion puede sentirse un tanto desconcertado por la propuesta de Hawley. La serie de FX no es una historia al uso, está concebida como un ejercicio de estilo que desafía las convenciones establecidas para llevar al espectador de viaje al interior de un cerebro alucinado, fascinante y confundido. 

Lo que cuenta el piloto

Los primeros minutos son un montaje de la infancia y adolescencia de David. Una secuencia que comienza cuando es un bebé y que nos lleva hasta su intento de suicidio en la madurez; de ahí, llegamos al psiquiátrico donde está recluido diagnosticado como esquizofrénico paranoico.

A pesar de su diagnóstico, David siente que hay algo más. Cuando se enfada todo estalla, las cosas salen volando a su alrededor y cuando tiene pesadillas, los muebles tiemblan y levitan. Sin embargo, pasa el tiempo tranquilo y medicado. Un día Syd (Rachel Keller), el interés romántico del protagonista, llega al psiquiátrico. Ella parece estar bien pero no le gusta que nadie la toque. A pesar de esa barrera física, ella y David se enamoran, y su relación es un oasis de esperanza y ternura entre tanta locura. El plano de ellos dos besándose en la ventana es precioso. 

Pero algo pasa en el psiquiátrico y David es interrogado por un hombre (Hamish Linklater) sobre el incidente en cuestión. La tensión va en aumento y pronto descubrimos que el gobierno está detrás de ese interrogatorio y que David podría ser el mutante más poderoso del planeta. 

Un narrador poco fiable

El creador apuesta por mostrar el mundo desde el punto de vista de David, un narrador no fiable, un personaje trastornado, con una visión de la “realidad” fracturada, incompleta y, a veces, incoherente. 

La realidad vista desde su perspectiva es desconcertante, aterradora a veces, otras veces encantadora. Todo es extremo y el espectador tiene que aceptar que ese es el universo en el que se moverán los personajes. Pero es difícil confiar en un narrador como David, un personaje que oye voces, que tiene lagunas de tiempo, que habla con fantasmas, que ve cosas... Estamos ante el paradigma de narrador poco fiable que, además, posee capacidades telepáticas y telequinéticas. Con todo este peso en su mochila no es de extrañar que encontremos a David recluido en una institución mental. 

¿Esto es real? ¿Eres real? ¿Esto está pasando? ¿Estoy soñando? David se hace estas preguntas una y otra vez porque todo lo que le sucede durante el piloto lo confunde. Su mente recuerda a la del Elliot de Mr. Robot, otra serie de estética sofisticada y personal, con un narrador no fiable como protagonista. 

Con solo un capítulo visionado es difícil saber si Hawley va a apostar por hacer un retrato de la enfermedad mental del protagonista o si optará por darle más cancha a los lugares comunes de las historias de superhéroes. Evidentemente, Legion aglutina elementos definitorios de las historias de los X-Men como los siniestros agentes del gobierno, el grupo de mutantes que hace lo posible por sobrevivir, el líder que los guía para que acepten y aprendan a controlar sus habilidades, etc. Pero creo que sería interesante navegar a través de la locura de David para conocer el origen de sus problemas, las repercusiones de su enfermedad en su entorno y los mecanismos que tendrá que poner en marcha para hacer frente a su locura. 

Deciros que Dan Stevens, el recordado Matthew Crawley de Downton Abbey, hace un trabajo notable transmitiendo toda la paranoia, frustración y confusión de un personaje que siempre está a un latido de desatar una locura destructiva a su alrededor. 


La elegancia visual 

El nivel de complejidad creativa es extraordinario, en el piloto encontramos inspiraciones del arte pop de los 60, del cine de Kubrick y de Wes Anderson, del cine de Bollywood... Y es que Legion es una serie con una personalidad claramente definida desde el primer minuto. El establecer la serie en un tiempo inexacto hace imposible establecer un año de referencia, la combinación de trajes y vestidos antiguos (la hermana de David parece recién salida de Mad Men) con un estilo arquitectónico muy años setenta y una tecnología de corte actual despista al espectador. Y eso es bueno porque sin esa referencia no estamos atados ni restringidos por la época. Si la hermana de David hubiese sacado un iPad en el piloto no me hubiese extrañado, aunque ella pareciesa la gemela morena de Betty Draper. 

La serie alterna presente y pasado, realidad y fantasía; y para que el espectador entre en la misma dinámica mental que David, Hawley apuesta por una iluminación fantástica, una amplia gama de colores, simetrías, cambios de perspectiva, movimientos de cámara, efectos de sonido disonantes, largas secuencias de acción (esa huida final), planos en los que ningún detalle está fuera de lugar y que deberíamos disfrutar en una pantalla lo más grande posible. La locura del narrador se nos transmite escena a escena, compartimos su miedo, su ansiedad, su duda. ¿Es esto real? 

Legion está concebida para deslumbrar visualmente y se nota, es inteligente e inventiva. La estética atrapa al espectador, y es que imposible no quedar impresionado por la vibrante experiencia visual concebida por Hawley quien, por citar sólo un ejemplo, hace un uso inteligente del color, utilizando una amplia paleta para transmitir los diferentes estados emocionales de David. 

Hay varios momentos del capítulo que permanecerán en la retina del espectador durante días: la explosión en la cocina, el beso en el reflejo de la ventana, el rescate de David, el baile (escena demasiado similar a la de AHS Asylum) o el arrebato en la sala de interrogatorios.

Tras un espectacular piloto seguiré con interés los pasos de David, solo espero que la historia no se desinfle a medida que avance. Ese es el mayor peligro y el mayor reto al que se enfrenta Legion, ser un espectacular envoltorio para la nada. 

domingo, 12 de febrero de 2017

Too many Wells on the dance floor


Que Tom Cavanagh es un actor estupendo ya lo sabíamos desde hace años, su trabajo en series como Scrubs, Ed, Eli Stone o Trust me evidencia su versatilidad y capacidad para pasar de la comedia al drama sin perder ni un ápice de credibilidad. Desde hace tres temporadas participa en The Flash, exitosa adaptación a la pequeña pantalla de las aventuras del velocista escarlata, donde interpreta a Harrison Wells, un científico que forma parte del equipo del superhéroe. Los que seguimos la serie sabemos que Wells es un personaje de esencial en la génesis y desarrollo de Barry Allen, sin Harrison Wells no existiría Flash y sin él, Barry no se convertiría en la clase de héroe que ahora es. 

Hasta este momento hemos visto cuatro encarnaciones diferentes de Wells. El personaje no ha parado de renovarse, tanto es así que hemos tenido un Harrison Wells distinto cada año. Esto supone todo un reto para Cavanagh, cada temporada su personaje se redefine porque, en un mundo donde los viajes en el tiempo son posibles y donde los saltos entre dimensiones son el pan nuestro de cada día, no es de extrañar que encontremos doppelgangers por doquier. 

Aunque he hablado de cuatro Harrison Wells, los realmente importantes son tres:

El de Tierra 1 que en realidad era la tapadera del Eobard Thawne, el Reverse Flash que vino del futuro para matar a Nora Allen. Al quedarse atrapado en nuestro tiempo, mata al Wells original y se apropia de su aspecto y de su vida. Él dispone las piezas para que Barry Allen se convierta en Flash, él lo entrena, lo apoya y se convierte en su mentor. Claro que todo formaba parte de su plan para regresar a su tiempo pero sin sus enseñanzas, sin su guía, sin su traición, Barry Allen no sería el velocista que es. 

El Wells de Tierra 2 es un brillante científico que llega a nuestro mundo en busca de ayuda para derrotar a Zoom, un temible velocista que asola su ciudad y que ha secuestrado a su hija, Jesse Quick. Este Harry trabajará con el equipo ayudando a Barry a aumentar su velocidad y acabará convirtiéndose en un pieza valiosa del equipo. Su temperamento y su sentimiento de culpa lo hacen un personaje más atormentado y complejo de lo que a priori parecía. 

HR o el Wells de Tierra 19, el último en llegar y el más diferente a sus predecesores. H.R llega a Tierra 1 para sustituir al Harry de Tierra 2. Esta versión de Wells no es un genio como sus predecesores, es un novelista, imagen de los laboratorios STAR de su mundo y, en sus propias palabras, un pensador y potenciador del talento. 

Cada versión de Wells es diferente a la anterior, la primera era un hombre pausado y calculador que, para más inri, resultó ser el villano de la historia. En la segunda temporada era un personaje torturado por la culpa, por todo el daño causado y por no poder proteger a su hija. Y este año tenemos a una especie de hipster de mediana edad que no para de hablar, beber café y meter la pata.

El primer Wells se relacionaba con sus compañeros, hablaba, les inspiraba y se preocupaba por ellos. Esta escena de muestra que, a pesar de ser un villano, Eobarn también tenía sentimientos y que llegó a apreciar a Caitlin y Cisco. 

El segundo Wells era un hombre encerrado en sí mismo, poco hablador. Este Harry era una persona solitaria, malhumorada y sarcástica. En definitiva, no era un personaje agradable. Llegó a Tierra 1 con su propia hoja de ruta y sus intereses prevalecían sobre los del equipo. Aún así, se convirtió en un importante aliado del equipo.

Y la tercera versión de Wells es un hombre alegre, parlanchín y entusiasta. Un alivio cómico para una serie que ha visto a sus personajes madurar y perder esa inocencia e inconsciencia con la que se iniciaron en esto de ser héroes. Cisco ha sufrido demasiado, Caitlin está a punto de convertirse en Killer Frost y Barry, bueno lo suyo es un tour del sufrimiento con paradas obligatorias. 

Cavanagh interpreta versiones ligeramente diferentes del mismo personaje y logra que cada una de ellas se sienta única y auténtica. Por ejemplo, el primer Harrison Wells era aterrador y fantástico en su maldad. Fue uno de los mejores villanos de la serie y un personaje que siempre merece la pena rescatar como hicieron en este episodio de la segunda temporada (Flash Back) donde Barry viaja al pasado para buscar su ayuda. Esta es una de las mejores escenas de la serie y demuestra lo bien dominado que Cavanagh tiene al personaje. 

¿Vale la pena el esfuerzo?

Crear y desarrollar un personaje totalmente nuevo, aunque con una base preestablecida, es un esfuerzo enorme que obliga a la audiencia a reajustarse al cambio. A algunos les gustará el cambio, otros lo odiarán. Puedo entender estos cambios de personajes, hasta cierto punto tienen su lógica pero, a otro nivel, el cambio continuo interfiere en el desarrollo narrativo de la historia porque parece que los Wells son temporales en un juego de largo recorrido. ¿Sería mala idea encariñarse con HR porque al final de temporada nos lo van a cambiar? Es posible. 

El Harry de Tierra 2 era un personaje muy bien construido y desarrollado y ahora ya no está. Me hubiese gustado que continuase en laboratorios STAR porque era un miembro valioso del grupo y porque funcionaba estupendamente con todos los demás personajes. Personalmente, de todos los Wells que ha tenido la serie, era mi favorito. Cierto que pueden recuperarlo en cualquier momento pero es una lástima perderse sus duelos con Cisco y sus charlas con Joe.

Este año, en la porra de personajes prescindibles, H.R y Julian tienen todas las papeletas para salir mal parados. Harry siempre puede regresar de Tierra 2 y Julian, bueno, podría ser el Eddie Thawne de este año. Y por si fuera poco, quieren emparejarlo con Caitlin, la mujer más gafe de la historia.

miércoles, 8 de febrero de 2017

La mitología de los 12 monos

Jennifer Goines: Daughters of Earth. I am Jennifer Goines. As we speak, an army of death awaits our friends in Titan. But we, we can face that death head-on, and save them. I see in your eyes the same fear that would take the heart of me. A day may come when the courage of women fails, and we forsake our friends and break all bonds of fellowship, but it is not this day. This is our chance, our one chance, to tell our enemies that they can take our lives, but they'll never take our freedom! Today, we celebrate our Independence Day! 


Acabo de terminar la segunda temporada de 12 Monkeys y siento la imperiosa necesidad de explicar por qué se ha convertido en uno de mis entretenimientos televisivos favoritos. Durante su segundo año, esta producción de Syfy no ha parado de mejorar. Siempre es buena señal ver a una serie explorar nuevas vías más allá de su premisa original y más, si como 12 Monkeys, lo hace creando una mitología sugestiva y amena. 

Sé que la serie no aguantaría un análisis pormenorizado de sus tramas ni de sus idas y venidas por el tiempo pero, en conjunto y abrazando la suspensión de la incredulidad, estamos ante un entretenimiento más que digno que, durante su segundo año en antena, ha sabido armar una fascinante mitología en torno a su idea base: la plaga que mina a la población mundial. 12 Monkeys ha ido más allá de la premisa de la película de 1995 (si no sabes de lo que hablo deja de leer en este punto y búscate una vida) explotando su mejor baza, los viajes en el tiempo. Este tropo recurrente de la ciencia ficción le permite, no solo explorar diferentes épocas a través de unos personajes que, en su mayoría, solo conocen una realidad apocalíptica, sino también seguir la evolución de unas relaciones personales sometidas a los caprichos de las paradojas temporales. Es en estos dos apartados donde es más evidente la mejora de la serie, la ampliación de las épocas visitadas (1961, 1957, 1959, 1975, 1944) y la profundidad y complejidad que han adquirido las relaciones personales durante estos 13 capítulos. 

El amplio abanico temporal sirve de trasfondo para una trama cada vez más intrincada y adictiva que se despliega con dinamismo y velocidad ante el espectador. Con 2044 como base de operaciones, una época que este año ha tenido más protagonismo, el grupo se ha dedicado a visitar diferentes períodos intentado evitar las paradojas temporales que amenazan 2044 y buscando al Testigo que lidera al ejército de los 12 monos. En su camino han encontrado nuevos enemigos, viejos conocidos, mucha violencia y pocos motivos para conservar la esperanza. 


Personajes en constante evolución

La frenética carrera para salvar su época y al tiempo en sí mismo ha creado fracturas en un grupo que, ya desde el final de la primera temporada, evidenciaba profundas fisuras. Cassie no confía en Cole, Ramse es persona non grata en 2044, la doctora Jones se encuentra con un aliado inesperado y la West 7 de Deacon campa a sus anchas por las instalaciones donde opera el grupo en un delicado equilibrio que nadie parece capaz de mantener. 

Por fin, James Cole, indiscutible protagonista de la historia, asume su condición de líder y pasa de ser una mera herramienta para un fin a eje cohesionador del grupo. Sin él, sin su guía, sin su sentido de la responsabilidad y del sacrificio, 2044 no existiría y todos estarían muertos. Cole perdona a Ramse, Cole protege a Jessica y a Cassie, Cole comprende a Jones ... y su crecimiento se completa gracias a la guía de la Jennifer Goines de 2044. 

Sigue siendo muy interesante la exploración de la relación de amistad entre Cole y Ramse, dos personajes cuyo vínculo parece capaz de soportar cualquier cosa. Parece que, pase lo que pase, siempre confiarán el uno en el otro, aunque a veces tengan opiniones muy diferentes y se encuentren en bandos enfrentados. Además, tanto Aaron Stanford como Kirk Acevedo están fantásticos en sus escenas juntos, sus diálogos y encuentros tienden a ser entretenidos de ver porque, siendo como son dos personalidades muy diferentes, se complementan perfectamente pese a aplicar metodologías dispares para la resolución de problemas y conflictos. 

La evolución de Jennifer Goines (Emily Hampshire) no soportaría un análisis minucioso, su ciclo vital es el que más incongruencias acumula pero, dejando eso a un lado, este año ha destacado por ser el personaje más divertido y sorprendente de la serie. Su locura - muy Harley Quinn pero con mística temporal de por medio - ha dejado los mejores diálogos y momentos de la temporada. De secundario prescindible ha pasado a pieza fundamental del rompecabezas temporal que los guionistas nos tenían reservado y gracias a ella, que sirve tanto de alivio cómico como de apoyo dramático, la serie ha sido mucho más interesante.

A una serie como 12 Monkeys lo único que le pido es ser entretenida. Agradezco, ya no solo que semanalmente cumpla con creces esa demanda, sino también el que sea lo bastante ambiciosa como para soltarse de la correa argumental que la ataba a la película de Gilliam con el fin de explorar territorios temáticos tan sugerentes como la consciencia del tiempo o el síndrome de Cassandra. Después de todo, el que piense que la doctora Railly se llama Cassandra por casualidades de la vida es que no ha entendido nada de nada. 

sábado, 21 de enero de 2017

La investigadora millennial

La primera temporada de Search Party serie creada por Sarah-Violet Bliss, Charles Rogers y Michael Showalter ha sido toda una sorpresa. Tras una sinopsis peculiar el espectador encontrará una serie que explora con sensibilidad y detallismo los vacíos de la vida moderna.

A finales de noviembre TBS se desmarcó de su línea habitual con este noir millenial que combina comedia y misterio. En muchos aspectos Search Party me recuerda a Bored to Death (añoro esta serie) pero es mucho más diversa y ambiciosa que la serie de Jonathan Ames. Además, esta rareza televisiva confirma a Alia Shawkat como una de las mejores actrices de su generación y demuestra que en la era del Peak TV todo es posible en la pequeña pantalla. 

Lo que cuenta Search Party

Un día, la protagonista de esta historia, Dory (Shawkat), se entera de que una antigua conocida ha desaparecido. La desaparición de Chantal Witherbottom sacude algo en el interior de Dory, "Would anyone even care if something bad happened to me?”, se pregunta sotto voce temiendo la respuesta. Y es por esto que se obsesiona con la desaparición de Chantal, una chica a la que apenas recuerda y con la que sólo cruzó un par de palabras en la universidad. 

Conforme avanza la historia, nos damos cuenta de que la fijación de Dory por Chantal proviene de su aburrimiento, de su sentimiento de inutilidad, de su falta de objetivos y metas. Su ex novio, Julian, se lo dice muy claro: "I think you've decided this matters to you because you have nothing else." Y no le falta razón, el personaje de Shawkat se sumerge en la búsqueda de Chantal porque es algo que la llena, que le da un sentido a su existencia, algo en lo que puede volcar su pasión e inteligencia, su fuerza y curiosidad, algo que la mueve a salir de su zona de confort y tomar riesgos, algo que la impulsa a actuar en vez de ser una simple espectadora. 

El caso va tomando forma cuando Dory se topa con una conspiranoica que afirma conocer a Chantal (Rosie Perez), un investigador privado (Ron Linvingston) y un extraño culto obsesionado con las embarazadas en el que encontramos a una deliciosa Parker Posey. 

La trama se complica y avanza de manera convincente. La serie se vuelve más sombría, compleja y dramática a medida que se acerca a su final. El último tramo es tan desquiciado como aterrador, tan hilarante como devastador. Search Party es la sátira mordaz que necesitas para reconciliarte con los millennials. El vacío existencial no lo inventaron los hipsters pero nadie va a negarme que Brooklyn es el escenario ideal para buscarle sentido a la vida. 

Dory y sus amigos

Aunque el misterio es adictivo, lo que verdaderamente me atrapó de la serie fueron Dory y sus amigos. Este grupo de millenials egoístas e insatisfechos, envueltos en apariencia e inseguridad, es demasiado original como para privar al espectador de una nueva aventura. 

La desaparición de Chantal no es más que una excusa para conocerlos mejor. La investigación de Dory, que acaba afectando a todas las personas que la rodean, nos permite seguirla por Nueva York y descubrir lo que quiere, lo que teme, lo que desea, lo que añora. Dory está perdida en su mundo, en su relación, en su trabajo. Este “hobby” la obligará a mirarse al espejo y verá cosas, sobre sí misma, sus amigos, su vida, que no son nada agradables. Shawkat lo borda demostrando una madurez interpretativa y un saber hacer que el espectador agradece. Su mirada refleja la confusión, el miedo, la duda, la curiosidad y el vacío que empuja a toda una generación. Elliot, Portia y Drew son los compañeros perfectos, unos Sancho Panza del siglo XXI que se suman a la búsqueda pivotando entre el escepticismo y el entusiasmo. La primera temporada hace un retrato minucioso y detallista de todos ellos.

Portia es una actriz que intenta hacerse un nombre en el mundillo y que sorprende porque es más que una sonrisa bonita; Elliot es un narcisista y mentiroso compulsivo que presume de haber superado un cáncer como vía recaudatoria para su proyecto de agua embotellada para África y Drew, pareja de Dory, es un hombre inseguro que no destaca por nada y que permite que tanto su pareja como su jefe lo traten como a una bolsa de basura. 

Tal vez el mayor logro de la serie es dotar de profundidad a sus personajes, criaturas no tan superficiales y anodinas como aparentan. Este grupo de urbanitas aburridos (no saben de qué), son personas egoístas y mezquinas, volubles y mentirosas. Personas terribles con las que quedaríamos a tomar un café, que viven en un mundo acomodado con brunchs y vino, con fiestas en azoteas y tiendas increíbles. Search Party es un acertado y mordaz retrato de los millennials, de un sector de nuestra sociedad más preocupado por construir una imagen y venderla que por ser mejores personas, una generación obsesionada con el ahora y el consumismo. 
El humor de Search Party reside en lo irónico de las situaciones, en lo absurdo y/o patético de algunos momentos, en lo ridículo que pueden ser los comportamientos de las personas, en lo inesperado de lo cotidiano. Hay cierta magia y surrelismo en la serie y eso hace que la propuesta sea mucho más interesante si cabe. Search Party no es lo que parece, merece la pena darle una oportunidad y su brevedad juega a su favor.

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