martes, 14 de octubre de 2014

Chasing Shadows, otro detective con autismo


Tenía dos motivos para ver Chasing Shadows: Reece Shearsmith y Alex Kingston. En este nuevo drama policial de la ITV, Shearsmith (Psychoville, Inside 9) interpreta a un detective solitario y obsesivo que padece un trastorno del espectro autista. En este caso parece que se trata del síndrome de Asperger aunque nunca se habla abiertamente del tema a lo largo de los cuatro capítulos que componen la primera temporada de la serie.

Su detective Sean Stone es un hombre arisco, silencioso y poco dado a la interacción social que trabaja en la unidad de personas desaparecidas tras ser expulsado de homicidios tras una intervención demasiado sincera ante la prensa. Allí se dedicará a ignorar a Ruth (Alex Kingston), su compañera, a clasificar cientos y cientos de expedientes, a reorganizar el sistema de la oficina y a meterse en problemas debido a su incapacidad para comunicarse y seguir las directrices internas de la organización.

El personaje de Shearsmith, actor que siempre da lo mejor de sí mismo en sus trabajos junto a Steve Pemberton, es plano. Su enfermedad y su personalidad están desdibujadas. Plantean su enfermedad pero de una manera tan vaga que no llega a interesar ni a resultar espectacular (como en el caso de Sherlock). Durante la primera temporada apenas vemos resquicios de humanidad en el detective Stone y por eso resulta harto complicado establecer una conexión con el personaje y su problemática.

Los cuatro capítulos de la temporada presentan dos casos diferentes -cada caso abarca dos episodios- en el primero investigan la desaparición de una adolescente y en el segundo, la de un abogado de cincuenta años que lleva más de un año sin dar señales de vida.

Chasing Shadows es una serie gris, anodina. No hay nada que destaque; ni la originalidad de los casos, ni los diálogos, ni las interpretaciones ni el supuesto cliffhanger con el que pretenden conseguir una segunda temporada. La serie no aporta nada nuevo al género ni sirve como ejemplo brillante del canon procedimental. La construcción de personajes es perezosa, aportando un par de detalles que, sin ser demasiado sutiles, dibujan con brocha gorda a un detective problemático, a una madre soltera trabajadora (Alex Kingston) y a un policía eficiente (Noel Clarke) cuya única función parece ser la de poner cara de enfadado.

Resumiento, ahorraros el tiempo y dedicaros a ver otras cosas más interesantes. No siempre lo que viene de la Gran Bretaña es digno de alabanza. Olvidemos la existencia de Chasing Shadows.

De un tiempo a esta parte los trastornos del espectro autista parecen haberse convertido en un valioso añadido a la creación de personajes. Hemos visto muchos casos de policías y detectives que carecen de habilidades sociales y y de de empatía, que viven encerrados en su mundo y que son, en lo suyo, increíblemente buenos: Adrian Monk, Saga Norén, Sherlock Holmes, Temperance Brennan, son algunos ejemplos. También la comedia se ha aprovechado del autismo para componer personajes tan memorables como Moss de The It Crow, Sheldon Cooper de The Big Bang Theory o Abed de Community.

PD: La conexión Doctor Who de la serie recae en la presencia de Alex Kingston, nuestra River Song; Noel Clarke, el Mickey de Rose; y Adjoa Andoh, la madre de Martha Jones.

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