viernes, 17 de octubre de 2008

Ya no os echo de menos

Cuando Friends terminó, hace ya cuatro años, creí que nunca volvería a encontrarme con una serie que me gustase tanto como aquella, juré que no volvería a engancharme a nada que durara más de cinco temporadas. Durante 10 años viví para ver un nuevo episodio de la serie, para reirme con las desventuras de este grupo endogámico de amigos, hasta me vi la primera temporada de aquel intento de seguir la estela del éxito que fue Joey.

Claro que cuando Friends terminó yo no sabía que el pequeño mundo televisivo estaba a punto de cambiar las reglas de las comedias para siempre y que nada, nada volvería a ser lo mismo. La fórmula Friends había funcionado con precisión suiza durante diez largos años pero tras el fin de la serie madre de todas las sitcoms esa fórmula ya no funcionaba. Algo tenía que cambiar.

El año 2004 marcó el final de la era Friends y de otras muchas sitcoms como Becker que nos dejó tras seis temporadas o Frasier tras once. Pero poco a poco fueron apareciendo nuevas sitcoms, nuevas en toda la dimensión de la palabra: Me llamo Earl, The Office, Como conocí a vuestra madre, Padre Made in USA (ya teníamos gracias a Seth MacFarlane a Padre de familia), Extras, Todo el mundo odia a Chris... y gracias a todas ella pero en especial a las tres primeras ya no añoro las excentricidades de Phoebe ni el pijerío de Rachel ni las obsesiones de Mónica, puedo sobrevivir sin los chistes malos de Chandler, la pedantería de Ross y las tontería de Joey. Lo he superado. En realidad, Friends ha sido superada, sigo valorando mucho la serie pero los tiempos han cambiado y aunque sólo han pasado cuatro años la fórmula que la convirtió en un éxito está muerta. Cuando veo las reposiciones (me sé la serie de memoria) aún me río y añoro los tiempos en los que Friends brillaba con luz propia. Hubo momentos en los que la serie perdió mucha de su originalidad y frescura, a partir sobretodo de la relación entre Chandler y Mónica, pero supo mantenerse siempre con un nivel muy alto y con unas actuaciones de calidad.

Dentro de diez años cuando vuelva a ver algún episodio suelto en las tardes de Cuatro pensaré en cómo ha cambiado la TV en todo este tiempo, en cómo una gran serie como Friends no ha sabido envejecer con dignidad. La comedia está cambiando mucho y a un ritmo feroz. Aún así los seis amigos de New York siempre me harán sonreir.

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