Los mejores capítulos de Psych

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Tras ocho temporadas, la serie creada por Steve Franks, que se convirtió en una de las abanderadas del posicionamiento de USA Network en la mirilla de los seriéfilos se despidió de sus fans con un capítulo que deconstruía parcela a parcela las existencias de Shawn y Gus en Santa Bárbara y acababa con el traslado a San Francisco de los personajes, con guiño a Monk incluido.

Durante años disfruté con Psych, me hicieron reír. Siempre fue una serie que conseguía arrancarme una sonrisa, incluso cuando mi vida pasaba por momentos oscuros; y eso es algo que tengo que agradecerles. Mas allá del típico procedimental, la obra de Franks -y con el tiempo de James Roday- se convirtió en un juguete que les proporcionó la oportunidad de homenajear a la cultura popular, y en especial al cine. Puede que esta serie no sea recordada como un gran producto televisivo pero varios de sus capítulos pasarán a la historia por su excepcional fusión de elementos sacados del cine, la televisión y los cómics; por la gran química entre James Roday y Dulé Hill (Shawn y Gus) y por una intro juguetona y maleable acorde con el espíritu gamberro y festivo de Psych.

Ya hace meses que la serie terminó pero hasta el momento no he tenido tiempo para honrar su recuerdo. Lo primero es hacer un recopilatorio con los mejores capítulos. Allá vamos.

Indiana Shawn and the Temple of the Kinda CrappyReaparece Desperaux (Cary Elwes), un personaje recurrente que aportó intriga y glamour a varios capítulos de la serie. El título del episodio creo que es bastante explícito. Aquí tenemos a Shawn jugando a su particular versión del templo maldito y vistiendo cazadora y sombrero. 


Heeeeere's LassieHomenaje a The Shining con Carlton Lassiter en el papel de hombre que, poco a poco, va perdiendo la cabeza al mudarse a un nuevo apartamento. Sus vecinos y el entorno son tan inquietantes que acaba convencido de la presencia de fantasmas en el inmueble y requiriendo, por ello, la ayuda de Shawn y Gus. Hay un momento a lo cazafantasmas que no tiene desperdicio y Gus gritando perseguido por un demente Lassiter es oro puro. Sorprende que Dulé Hill participase en una serie tan seria como The West Wing  para acabar en una comedia donde su personaje es totalmente diferente al que interpretaba al servicio del presidente Bartlet.

American Duos: Primer capítulo temático de la serie, una genial parodia del programa American Idol con un invitado de lujo: Tim Curry. Además, una loquísima Gina Gershon (amo a esta mujer) se pone en la piel de un trasunto todo drogas y alcohol de Paula Abdul.


100 Clues Capítulo cien. Para celebrarlo se hizo un homenaje a la película Clue (fan declarada) y se contó con parte del reparto original. La curiosidad es que durante la emisión del capítulo la audiencia podía votar que final -había tres diferentes- quería ver. 


Mr. Yin Presents...El gran enemigo de Shawn es Yin, psicópata que apareció en repetidas ocasiones poniendo en jaque las habilidades de nuestro vidente y el temple de la policía de Santa Bárbara. En esta ocasión, y contando con mi querido Jimmy Simpson como actor invitado, la trama gira alrededor de las películas de Alfred Hitchcock puesto que el asesino en serie recrea escenas de sus películas para cometer sus crímenes. El capítulo tiene el plus añadido de introducir elementos dramáticos, algo a lo que los fans de la serie no estaban acostumbrados, y que sirvió para dar mayor profundidad a los personajes, afianzar sus relaciones e impregnar de tristeza la atmósfera siempre jocosa y despreocupada de Psych.


Dual SpiresGran capítulo homenaje a Twin Peaks. Espectacular en todos los sentidos, con un montón de referencias a la serie original y con la presencia de varios de los actores de la obra de David Lynch como Sherily Feen, Sheryl Lee, Dana Ashbrook, Robyn Lively o la mujer de leño. También aparece Ray Wise, un actor que debió disfrutar mucho de su paso por Psych porque apareció en un total de 3 capítulos. El capítulo fue escrito por James Roday y Bill Callahan. Roday llegó a escribir 16 capítulos de la serie y dirigir ocho de los 121 episodios que conforman las ocho temporadas de Psych. 


Lights, Camera... HomicidioTributo a los telenovelas sudamericanas. Shawn y Gus deben investigar un asesinato en el set de rodaje de una telenovela muy popular. Para poder investigar sin restricciones, Shawn se une al reparto de la telenovela y aprovecha para practicar su dominio del español. 


Santabarbaratown: Un asesinato conecta el caso de Shawn con uno de hace más de veinte años investigado por su padre, Henry. Ambos tendrán que trabajar juntos en la resolución de un misterio que los llevará a dudar de la integridad de los viejos compañeros de Henry en el cuerpo de policía. Un capítulo que sigue la tradición del cine negro concretamente haciendo un homenaje a Chinatown (1974). Este capítulo sirve para tratar la extraña y difícil dinámica familiar de Shawn y Henry acercándolos un poco más a pesar de las reticencias de ambos. 


This Episode Sucks: Kristy Swanson, Corey Feldman, Tom Lenk, Gus y Shawn disfrazados de vampiros, estacas, crucifijos y referencia a Buffy, The Vampire Slayer y prácticamente a todas las películas de vampiros que conozco. ¿Cómo no iba a estar este episodio en la lista? Una de las cosas más inesperadas del capítulo es que Carlton por fin encuentra el amor y esa relación se mantendrá en la serie hasta el final de la misma. 


Psych: The Musical: Un especial de 88 minutos que es todo un goce para los seguidores de Psych. Un capítulo musical con números muy trabajados, un Dulé Hill explotando sus habilidades como bailarín y una trama que se desarrolla entre las bambalinas de un musical sobre Jack El Destripador. El episodio recupera a dos personajes clásicos como Yin y Mary Lightly, además de dar la oportunidad a todo el reparto de lucirse cantando. Emitido en diciembre de 2013, fue una pre-despedida de la serie de lo más sentida y necesaria. 



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Robin Williams (1951 - 2014)

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Es tan triste despedirse de uno de los actores más carismáticos, polifacéticos y divertidos de la historia. Un actor que ha estado ahí desde que tengo memoria. Robin Williams participó en dramas, comedias y series de televisión. Me ha hecho reír y llorar. Le he querido con y sin barba, y siempre me ha gustado su trabajo. 

Lo vi por primera vez en El Mundo Según Garp, película que me hizo descubrir a uno de mis escritores favoritos, John Irving. Desde entonces, ha estado presente en la gran y pequeña pantalla de mi vida. Siempre recordaré películas como Good Morning Vietnam, El Club de los Poetas Muertos, Despertares, El Rey Pescador, Jumanji, El Indomable Will Hunting o El Mejor Padre del  Mundo.

El ganador de seis Globos de Oro, un Oscar y un montón de premios más poseía una voz prodigiosa que en España, por culpa del doblaje, no pudimos disfrutar. 


Williams empezó en la televisión y gracias al personaje de Mork pasó de ser un secundario en Happy Days a tener su propio programa entre 1978-1982. De ahí al cine y al estrellato. Premios, reconocimiento, películas y más películas. El año pasado regresó a la televisión con The Crazy Ones, una comedia de la CBS que se canceló tras una brillante primera temporada.  Hagamos un repaso por sus aportaciones televisivas durante las últimas cuatro décadas. 

Mork & Mindy

The Crazy Ones

Louie (Episodio: “Barney/Never”)


Wilfred (Episodio: "Progress")

Friends (Episodio: “The One with the Ultimate Fighting Champion”)


Homicide: Life on the Street (Episodio: “Bop Gun”)


The Larry Sanders Show (Episodio: “Hank’s Contract” / "Montana")


Happy Days (Episodio: “Mork Returns”)


Law & Order: SVU (Episodio: “Authority”)


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Recorriendo las montañas de la locura

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"No tienes ni idea de lo que es saber la verdad y que nadie te crea" - Branch Connally

A falta de un capítulo para cerrar su tercera temporada, Longmire -serie que no me canso de recomendar- ha ofrecido a sus seguidores una serie de tramas que han avivado la tensión en el condado de Absaroka. Una de las más trabajadas ha sido  el progresivo descenso a los infiernos de Branch tras ser tiroteado al final de la segunda temporada. El ayudante del sheriff ha pasado la mayor parte del tiempo recuperándose de sus heridas e intentando convencer al mundo de que David Ridges seguía con vida. Todo parecía indicar que Branch había sucumbido a la locura porque Ridges estaba muerto, o al menos eso parecía. El sentirse solo e incomprendido hizo que Branch se volvierse arisco e impredecible. Sus acciones, erráticas al principio, se hicieron más y más arriesgadas llegando a secuestrar y drogar a un indio de la reserva. 

El viaje del personaje hacia el otro lado del abismo se reflejaba, ya no solo en sus acciones, sino tmbién en un deterioro físico evidente y en arranques de ira hacia sus conocidos (Caddy, Vic). El futuro de Branch no pinta nada bien y falta saber qué piensa hacer Walt con su descarriado ayudante.

Cuando un personaje inicia su particular descenso a los infiernos se agradece que se haga un buen tratamiento de  ese viaje mental hacia la locura y la perdición. Recordemos otros casos similares a los de Branch. 

Laurel, segunda temporada de Arrow

El sentimiento de culpa por la muerte de Tommy lleva a Laurel a la bebida. La joven abogada pierde el norte debido al alcohol y poco después empieza a tomar pastillas para sobrellevar el día a día. Mala combinación. Aunque Laurel es la primera en sospechar que Sebastian Blood no es trigo limpio pero nadie la cree porque, tras perder su trabajo en la fiscalía, se deja llevar. Durante esta fase Laurel está insoportable y muchas veces recé para que Oliver la atravesara con una flecha. 

Los coqueteos de Laurel con las drogas y el alcohol podrían haberla hundido pero tras admitir su problema, reconciliarse con su padre y su hermana, y asistir a unas cuantas sesiones de alcohólicos anónimos es capaz de reconducir su vida y de recuperar peso. 

Gordon, primera temporada de Halt and Catch Fire

Desde el principio de la serie se nos dice que Gordon no sabe lidiar con la presión. En el pasado, su mujer soportó la locura obsesiva de su marido cuando intentó construir su ordenador y fracasó; por eso no quería que se embarcara en un nuevo proyecto con Joe MacMillan. En el séptimo capítulo, Giant, entendemos hasta que punto puede llegar Gordon cuando se mete de lleno en un proyecto y lo mal que puede llegar a reaccionar cuando se siente contra las cuerdas.  El capítulo nos abre una ventana a  la mente de Gordon y nos deja participar de su paranoia, su miedo, su inseguridad y, en parte, también de su genialidad. 

El ingeniero sufre una crisis nerviosa ante las presiones de Joe, el trabajo con Cameron y el cuidado del hogar y las niñas (Donna está fuera de la ciudad). Tras ver un cadáver la noche de la gran tormenta, Gordon se despierta gritando, sudoroso. Sin Donna, no está centrado. Se obsesiona con el goteo del grifo, deja la casa desordenada y se desentiende del cuidado de las niñas para cavar un agujero en el jardín. 

Sheldon, séptima temporada de The Big Bang Theory

“Mi plan es detenerme en centros comerciales y comprar lo que necesite. Se llama vivir de la tierra" 

Todos sabemos que el doctor Cooper es un ser bastante particular con manías y costumbres muy arraigadas. El final de la última temporada de la serie lleva a Sheldon al extremo de abandonar su apartamento y desaparecer un tiempo. ¿Por qué? Lo cierto es que los cambios que se suceden a su alrededor son demasiado para él. Incapaz de adaptarse y aceptar todo lo que está pasando decide romper con todo y evadirse. 

Los cambios que afectan a Sheldon son: la inminente boda de Penny y Leonard con posible cambio de vivienda. El hecho de que en la universidad no le dejen dejar su campo de trabajo para dedicarse a otro con más posibilidades. El incendio de la tienda de cómics de Stuart. Al borde de una crisis de ansiedad, la única vía para Sheldon es distanciarse de todos y todo. Una solución un tanto cobarde pero que podría resultar efectiva.


Will Graham, primera temporada de Hannibal

El pobre Will sufrió lo indecible durante la primera temporada. Enfermo e inestable, en manos de Hannibal no era más que un pedazo de plastilina maleable con la que el caníbal se entretenía. Visiones, sueños, asesinatos, pérdidas de tiempo, sudores... ¿nadie era capaz de ver que Will se estaba desmoronando? ¿Nadie vio las señales? El único que disfrutaba con ello era Hannibal. Desde su posición de amigo/psiquiatra de Will provocó la crisis final del profesor, le hizo creer que había matado a Abigail Hobbs y lo puso entre rejas. 

Will Graham fue capaz, a pesar de su enfermedad y de su frágil equilibrio mental, de ver al monstruo que Hannibal llevaba dentro. Sin embargo, llegó a dudar de si mismo, de su capacidad y de su mente porque fue llevado al límite. Hannibal jugó con su juguete solo por el placer de ver qué pasaba. El mal trago por el que pasó el analista del FBI durante la primera temporada fue particularmente duro, largo e intenso; pocos personajes podrían soportar toda esa presión sin desmoronarse. 


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The Strain, pelucas, penes y detalles que sobran

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Me acerqué a la nueva serie del canal FX con cierto escepticismo. A pesar de que la obra cinematográfica de Guillermo del Toro me parece sobresaliente puesto que está plagada de creatividad, diversión, tensión y mucho frikismo; su trilogía de la oscuridad (Nocturna, Oscura y Eterna), escrita a cuatro manos con Chuck Hogan, nunca acabó de convencerme y fui incapaz de terminar la primera novela.

La serie comienza con la llegada al aeropuerto de Nueva York, el JFK, de un Boeing 777 que, tras tomar tierra, aparece parado, cerrado, silencioso y oscuro en mitad de una pista de aterrizaje. El CDC se hace cargo de la situación ya que parece que un virus desconocido y mortal ha matado a todos los pasajeros del vuelo, solo cuatro siguen con vida. 

El piloto, firmado por el propio Del Toro, nos presenta a los diferentes personajes y plantea el misterio sobre el virus. Pronto descubrimos que el CDC no podrá controlar la situación porque su visión está limitada por la racionalidad y lo tangible. El mal al que deberán enfrentarse es antiguo, inteligente, letal y posee aliados en las altas esferas que dificultarán la investigación del entregado equipo del Centro de Control de Enfermedades. Un vampiro ha llegado a la ciudad, la oscuridad envolverá el mundo si nadie consigue frenarle. Los pasajeros del avión propagarán la "enfermedad" por toda la ciudad desde Brooklyn a Manhattan, desde los barrios residenciales hasta los hospitales. Nadie parece poder detenerles porque nadie es capaz de creer que algo así pueda suceder.

El misterio es bastante simple. Un ser maligno está reclamando su lugar en el mundo y busca, como siempre, controlar a la humanidad y erigirse como nuevo líder. Pura serie B que disfruta de su condición de producto de consumo rápido y entretenido. La serie de Del Toro es consciente de lo que es y por ello sabe muy bien cómo presentarse, cómo enganchar y cómo, dejando sitio a una rancia pero efectiva colección de clichés, conformar un grupo de seguidores que permanecerá fiel hasta que al personaje de Corey Stoll se le caiga el maldito peluquín. 

Cuando hablo de clichés rancios me refiero a cosas como la presentación del personaje del doctor Ephraim Goodweather (Stoll) al que vemos luchando por la custodia compartida de su hijo al que apeas no ve. Goodweather es un hombre dedicado a su trabajo, con un pasado regado de alcohol -sí, tenemos reunión de Alcohólicos Anónimos- que proclama a los cuatro vientos que adora a su retoño pero que nunca saca más de diez minutos para estar a su lado. Además, su ex mujer tiene una relación con alguien que parece bastante buen tipo y que tiene tiempo para hacer cosas con el niño como construir una habitación para juegos. Goodweather, aferrado a ese cliché de padre despechado, se siente desplazado y no entiende por qué su mujer y su hijo parecen preferir a ese desconocido. Mención aparte ese terrible peluquín que le han encasquetado el bueno de Stoll. Creo que pasará a la historia de la pequeña pantalla como uno de lo más ridículos e innecesarios que se han utilizado.

Más clichés, los pandilleros, uno rehabilitado por amor a su madre y otro, Crispin (Fran Capra, ¿qué te ha pasado?) que se dedica a robar, estafar y drogarse. Otro cliché, la abogada superviviente del vuelo interpretada por Leslie Hope que va por la vida en plan "mírame mal y te demando". Y por supuesto, la imagen de la estrella de rock, Gabriel Bolívar, con su maquillaje, su peluca, su gusto por las drogas recreativas y por el sexo con groupies. El tercer capítulo deja a Bolívar, convertido ya en un vampiro, sin su apéndice favorito en una escena que sobra y que solo busca, para bien o para mal, provocar al espectador.

Es precisamente esa ristra de clichés, de lugares comunes de la serie B, de tópicos, los que me chirrían en el conjunto. El perro que le ladra a su amo porque sabe que ya no es el que era; las ratas que huyen en tropel de la ciudad; la transformación de los infectados con caída de pelo incluida; la ceguera gubernamental; el viejo que guarda más de un as en la manga , cierto que la escena en el juzgado está genial pero se debe al buen saber hacer de David Bradley.  Esperaba más riesgo de alguien como Del Toro y de una cadena como FX que tiene en su parrilla de programación una joya del terror moderno como American Horror Story.

El resto del reparto se completa con Mia Maestro como una bioquímica del equipo de Goodweather; con Sean Astin como Jim Kent, un personaje que movido por el amor a su esposa navega entre dos aguas y pone su fidelidad al servicio del mal. También nos encontramos con Kevin Durand dando vida a un exterminador de ratas llamado Vasily Fet y a David Bradley como Abraham Setrakian, el único que parece saber lo que sucede en la ciudad y como enfrentarse a ello.

Hasta ahora, el personaje más inquietante, más allá del propio vampiro jefe, es Thomas Eichorst (Richard Sammel). Este ser, cuyo pasado está relacionado con el de Setrakian, aparece siempre impecable, con una sonrisa en sus labios que no presagia nada bueno y una mirada vacía carente de emoción. 

Tras un potente piloto, The Strain ha empezado a tejer su mitología y a dejar crecer a sus personajes. Sin embargo, hay que decir que los dramas personales de los personajes lastran un poco la historia y poco me importa a mí que Eph tenga problemas con su ex y con su hijo. La serie debería centrarse más en lo que nos interesa a los que la vemos, los vampiros, la expansión de la infección, Setrakian y, si tiras de la lengua, incluso Vasily. 

FX le ha dado trece capítulos para desarrollar la primera temporada. Por ahora vamos bien pero ya veremos en qué queda esta moderna historia de vampiros.  
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El velocista escarlata llega a The CW

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Una de las series más esperadas de cara a la temporada 2014-2015 es The Flash, adaptación televisiva de las aventuras del hombre más rápido sobre la tierra. A Barry Allen le conocimos gracias a dos capítulos de la muy recomendable segunda temporada de Arrow, serie con la que comparte cadena y con la que es muy probable que cruce personajes. Es más, durante el piloto de The Flash, tenemos una escena que afianza la relación entre el relámpago humano y el arquero esmeralda.

El piloto es un bueno ya que sirve para presentar el entorno de Allen - a él ya le conocíamos y sabíamos algo de su traumático pasado-; establecer sus relaciones personales previas al incidente del rayo y dar a conocer a las personas que le apoyarán en esta nueva etapa de su vida: los jóvenes científicos Caitlin Snow y Cisco Ramírez; y el multimillonario, y también científico, Harrison Wells. Ellos ayudarán al nuevo superhéroe de Central City. 

Durante los cuarenta minutos del capítulo, se abre una puerta al pasado de Barry mostrando la traumática muerte de su madre y presentado a su padre, que está en prisión desde que Allen tenía once años. Esta trama promete ser el gran misterio a resolver dado que es evidente que alguien estaba en la habitación la noche del asesinato y que ese alguien tenía un don similar al de Barry. Debo decir que la escena en la que visita a su padre, interpretado por el otro Flash - el de los noventa-, me pareció muy lograda a nivel emocional y sirve para explicar perfectamente qué es lo que impulsa a Barry. 

El accidente que transformó al joven en Flash también creó otros metahumanos con capacidades increíbles. Gente que usará sus poderes, algunos para el bien y otros para el mal. Barry, convertido ahora en protector de su ciudad y moralmente comprometido con su cruzada, se dedicará a perseguir a estos poderosos adversarios mientras busca respuestas a su propia singularidad y al asesinato de su madre. 

Hay guiños que los fans del cómic agradecerán como Grodd, y las identidades de Caitlin y Cisco. Mucho se está especulando sobre la verdadera identidad de Harrison Wells, y hay dos grandes teorías hasta el momento. Ya veremos los derroteros por los que llevan la historia los guionistas pero hay que dejar claro desde el primer momento que jugar con viajes en el tiempo siempre es un asunto peliagudo. 

The Flash es más juvenil, desenfadada y luminosa que Arrow, al menos eso es lo que parece indicar su piloto. Sin embargo, conforme vaya evolucionando la serie puede que adquiera un tono más oscuro, algo que a Arrow le ha funcionado muy bien. Aún así, creo que The Flash busca ser menos seria y más optimista. El futuro de Barry en la cadena parece prometedor y esperamos grandes cosas de The Flash viendo la buena evolución y el crecimiento narrativo que ha tenido Arrow. 

Barry es ahora un chico con poderes que deberá lidiar con la responsabilidad de los mismos y que, en algún punto, se enfrentará a dilemas similares a los que afrontó Oliver Queen. Barry terminará convertido en un gran héroe, un proceso que se forjará capítulo a capítulo, batalla a batalla. Por ahora, Barry corre convencido de que podrá enfrentarse a lo imposible, veremos que pruebas le tiene reservado el destino. 

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El valle de los disparates

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HBO y Mike Judge, el creador de los irreverentes Beavis & Butt-head y responsable Office Space -una de mis películas favoritas- unieron fuerzas en una curiosa comedia que acaba de finalizar su primera temporada. Los ocho capítulos que hemos podido ver hasta el momento dejan muy claro qué clase de serie es Silicon Valley y qué clase de humor utiliza. No hace falta esforzarse mucho para captar la sátira que Judge hace de los nuevos millonarios que pueblan este enclave californiano y de todo el mundo que rodea a estos genios, por lo general inadaptados sociales, que esperan convertirse en el nuevo Steve Jobs gracias a una aplicación novedosa o a un programa portentoso. 

La historia se centra en Richard, un programador de 26 años inseguro y enfermizo, que desarrolla un algoritmo de compresión de archivos revolucionario. El joven tendrá que elegir entre vender por diez millones de dólares su creación a su jefe, Gavin Belson (CEO de Hooli), o aceptar los doscientos mil dólares que le ofrece el gurú tecnológico Peter Gregory para montar su propia empresa y crear su producto: Pied Piper. Richard opta por arriesgarse, y con la ayuda de sus compañeros de casa (Erlich, Bertram y Dinesh) y del ex-ejecutivo de Hooli, Jared, comienza a trabajar en el desarrollo de su producto y de su empresa. Algo nada sencillo.

Las partes más técnicas de la historia como los problemas con la nube o con los algoritmos son lo menos interesante de Silicon Valley. No obstante, son necesarias para el desarrollo de la trama pues siendo fuente de conflicto para los personajes les obliga a actuar y salir de su zona de confort. De fondo está la pugna contra Hooli para ver quién hace el mejor producto y los constantes problemas económicos que todo proyecto en ciernes debe afrontar. Richard pronto descubrirá que cosas como registrar el nombre de la compañía o conseguir un logo son tan complicadas como el desarrollo de algoritmos. 

El grupo de inadaptados sociales que convive con Richard y que trabaja en Pied Piper ofrece un amplio abanico de personalidades que dan mucho juego a la hora de interactuar entre sí. No niego que la hipergestualidad y los tics del protagonista lleguen a ser cansinos o que las peleas entre Bertram y Dinesh no sean algo trilladas pero tenemos a Jared y Erlich para equilibrar el lote. El primero es todo candor, dulzura y eficiencia, será por ello que es tratado como un cero a la izquierda, como un accesorio prescindible. Claro que sin él, Pied Piper nunca hubiese llegado a convertirse en una realidad. Son sus esfuerzos y sus sacrificios los que permiten que el proyecto funcione. Jared ha tenido momentos realmente geniales esta temporada como cuando acaba en un contenedor de carga por culpa de un coche inteligente o cuando decide que Pied Piper debe pivotar hacia otra cosa. 

Erlich es el típico personaje totalmente impredecible, aunque siempre sabes que va a hacer algo inapropiado o alocado nunca sabes hasta donde está dispuesto a llegar. Sus grandes aportaciones a la primera tanda de capítulos incluyen un viaje con setas alucinógenas, amenazas a un menor o racismo. Además, debajo de esos rizos, esa barba y esa panza cervecera se encuentra un tipo dispuesto a hacer cualquier cosa por sus amigos. 

Y luego está Peter Gregory, un personaje secundario tan bien definido, perfilado e interpretado que es imposible no sentir cierto desasosiego cuando aparece en escena. Gregory, multimillonario excéntrico y gurú tecnológico, apoya a Richard en su aventura empresarial. Lo vemos pocas veces pero cada segundo en pantalla es único. En su primera aparición despotrica contra las universidades en una charla TED, también da un incómodo discurso vestido de romano en una fiesta organizada por él pero lo mejor es su momento Burger King (tenéis que ver la serie). Por desgracia, el actor Christopher Evan Welch falleció tras rodar cinco capítulos pero su personaje es tan fundamental para la serie que los guionistas seguirán haciendo referencias a Gregory aunque no volvamos a verle aparecer. 

Humor tecnológico que en nada se parece a The Big Bang Theory, situaciones humillantes, escenas que provocan vergüenza ajena, excentricidades millonarias, amistad, droga, vómito, alguna que otra fiesta y ordenadores. Silicon Valley parecía una serie demasiado nicho para mi gusto pero me ha sorprendido su capacidad de conectar emocionalmente con el espectador y de situar a sus personajes en un punto intermedio entre la parodia y el realismo. 

De cara a la segunda temporada las bases están asentadas (los dos últimos minutos de Optimal Tip-to-Tip Efficiency se encargan de hacerlo) y esperamos que la serie mantenga el nivel mostrado durante estos ocho capítulos que me he ventilado en dos días. 

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Las estrellas no son, ni deberían ser, lo más importante de True Detective

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En las últimas semanas se ha especulado mucho sobre quienes serán los protagonistas de la segunda temporada de True Detective. El impacto mediático de la obra de Nick Pizzolatto ha sido abrumador. Personalmente, me declaro una fan de la serie, de los personajes, de la historia, de Carcosa y del rey amarillo. Admiro, aprecio y valoro, de manera muy positiva, el trabajo de los protagonistas: Woody Harrelson y Matthew McConaughey están inmensos.

Tras la tempestad llega la calma, al menos eso es lo que se dice. Sin embargo, tras el éxito de la primera temporada, no hay día que no aparezca una nueva "noticia" sobre el posible reparto de la segunda temporada de True Detective. La gente hace cábalas, apuesta por sus favoritos, sueña con un reparto hecho a la medida de sus preferencias. Se rumorea que Brad Pitt podría sumarse al proyecto, luego se nombra a la pelirroja de moda: Jessica Chastain. Nada en firme, nada cerrado, nada cierto. Lo realmente importante es que Pizzolatto escriba otra historia envolvente, tóxica, laberíntica. Lo importante es encontrar a otro director con un pulso tan firme y personal como el de Cary Fukunaga. Lo importante es volver a sorprender y atrapar al público. Deben superar expectativas, redefinir parámetros, presentar personajes, ampliar horizontes, abrir nuevas rutas argumentales.... pero todo el mundo se empeña en centrarse en hablar del casting. ¿Es eso importante? NO. 


Admitámoslo, tanto Woody Harrelson como Matthew McConaughey eran actores de segunda regional en Hollywod antes del éxito de True Detective. Ambos actores habían coincidido previamente en EdTv (1999) y Surfer, Dude (2008). El que acabasen protagonizando la serie de la HBO no creo que tuviese nada que ver con el hecho de que fueran estrellas de Hollywood porque no lo eran. Ambos estaban disponibles, interesados y eran lo suficientemente económicos como para que la cadena valorase su participación en la serie. Es posible que alguno de ellos, o los dos, rebajase su caché ante el valor del guión, la insistencia de sus agentes o su propio buen criterio. 

Harrelson es recordado por ser el tontito de Cheers, el único de la serie que tuvo suerte en la gran pantalla.  Ha tenido sus más y sus menos en el cine, su mejor papel fue el de Larry Flynt en el biopic sobre el controvertido director de Hustler que dirigió Milos Forman. Sin embargo, Harrelson nunca fue una estrella de Hollywood. Estamos ante un intérprete que despierta cierta simpatía entre los cinéfilos veteranos por sus años de trabajo acumulado y, entre los mas jóvenes, por sus papeles en Zombieland y The Hunger Games. 


Matthew McConaughey es harina de otro costal. Recuerdo cuando, en sus inicios, se le llamaba "el nuevo Paul Newman". Cierto que, a mediados de los noventa,  hizo un par de buenas interpretaciones que fueron recibidas pero, el bueno de Matthew,  pronto descubrió que le cundía más cuidar su cuerpo que su arte. Durante años fue el objeto de deseo de incontables comedias románticas. Compartió plano con Kate Hudson, Sarah Jessica Parker, Jennifer Lopez, Penelope Cruz... Sin embargo, hace unos años, su filmografía empezó a empatar papeles más serios, con mayor relevancia, con interés, con vida. Su carrera empezó a desligarse de esa imagen cultivada a golpe de abdominales de chico de comedia romántica. 

McConaughey está viviendo un momento profesional de lo más dulce, a su gran interpretación en True Detective hay que sumarle la avalancha de premios por Dallas Buyers Club.

No reniego de su participación en LA SERIE del año ni del buen saber hacer que ambos despliegan en cada episodio, cada secuencia, cada plano, cada silencio, cada mirada. No obstante, lo importante de True Detective no es quién interpreta el papel; de ahí que todas las cábalas y noticias que surgen sobre el reparto de la segunda temporada me importen bien poco.

Cualquier actor o actriz con un poco de recorrido y de tablas es capaz de componer un buen personaje si tiene un buen material con el que trabajar y si tiene un buen texto en el que apoyarse. Tanto Pitt como Chastain son buenos profesionales pero creo que su fama es contraproducente para historias como las que plantea Pizzolatto. Lo ideal sería apostar por "estrellas" de segunda, incluso de tercera; o recuperar algunas viejas promesas que se perdieron por el camino. No tengo favoritos. 

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La Florrick, zorra egoísta

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A estas alturas, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue siendo de lo mejor que se emite en televisión. La calidad de sus guiones, el nivel de sus intérpretes, la sutileza del relato, el desarrollo de sus tramas y esos puntos de excentricidad representados por algunas de sus estrellas invitadas, la convierten en un sólido y fecundo drama, con toques de comedia, que habla - y bien y con soltura y con argumentos - de muchas cosas. Aunque para mí, el discurso más importante de la serie es el que se refiere a la mujer, al poder de las mujeres, a las relaciones con EL PODER, a la imagen que tenemos de ellas. Un discurso que recorre los miedos, las dudas, las incertidumbres y los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres; pero que también habla de sus virtudes, de sus logros, de su fuerza, de su sacrificio y de su amor. Todo esto confluye en una imagen, la de Alicia Florrick; una mujer que ha madurado y aprendido, que ha sufrido y reído, que ha luchado y perdido, que ha ganado y claudicado. Una mujer que ya no se parece a aquella Alicia del piloto cuando aún decíamos "la serie de la Margulies".

Ahora soy consciente de que Julianna no existe, que solo existe Alicia y la última temporada de la serie sirve para confirmar la grandeza de una intérprete que ha desaparecido tras los inteligentes, tristes y cansados ojos de su personaje. La imagen de la actriz estará, por siempre, unida a este personaje; de igual modo, me cuesta imaginar a cualquier otra mujer en los zapatos de la Florrick. 

Alicia es, al fin y al cabo, el centro de todo, y su proceso de maduración hacia la persona que quiere ser (algo que no tiene muy claro) es, sin duda, lo más interesante de esta ficción.  Durante la primera tanda de capítulos de la temporada, su poder, su progreso y su valentía se han visto impulsados. Es la mujer del gobernador de Illinois y es la socia fundadora de un bufete. Dejar atrás Lockhart&Gardner fue una propuesta arriesgada por parte de los creadores pero funcionó y aportó dinamismo a una serie que, aunque no parecía correr el riesgo de estancarse, si podría haber caído en el mal de la reiteración. 

Durante la segunda parte de la temporada, vimos a una Alicia perdida, de luto, triste y superada por los acontecimientos. La muerte de Will Gardner fue un trago difícil de digerir. Una muerte que le llevó a plantearse su papel como esposa, como abogada y como persona. La desaparición de Will precipitó el final de su relación con Peter, una pequeña depresión y, a la larga, un enfrentamiento con Cary sobre el futuro del recién fundado bufete. 

¿Quién soy? ¿Qué quiero ser? parece que se pregunta Alicia mientras se mira en un espejo o cuando bebe una gran copa de vino en la soledad de su cocina. Peter le recriminó el ser una zorra egoísta, y razón no le falta. En muchas ocasiones Alicia ha actuado como tal, está en su derecho, todos nos merecemos ser egoístas y buscar nuestra propia felicidad. Sin embargo, Alicia siempre antepondrá la felicidad de sus hijos a sus propios intereses y siempre se escudará en ellos para justificar algunas de sus elecciones más discutibles. 


Alicia Florrick es poderosa pero tiene debilidades, fallos, carencias e imperfecciones. Esos detalles son los que le confieren humanidad, interés y profundidad al personaje. Esos detalles son la que hacen que Alicia sea real, creíble. Sus dilemas, sus dudas y su sentido de la moralidad se han vuelto más complejos año tras año; pero cuando creíamos que estábamos ante una mujer capaz de manejar prácticamente cualquier situación la vimos ocultarse debajo de las blancas sábanas de su cama durante varios días. El dolor hizo mella en su armadura y en su esquema del mundo. Alicia cambió con la muerte de Will pues abrió los ojos y tomó aliento. Estaba tan centrada en levantar su firma, en colaborar con Peter, en demostrar su poder que no se paró a ver lo que estaba pasando ni a meditar si realmente quería que esas cosas pasasen. 

La sexta temporada le propondrá nuevos retos a esta mujer que debe aprender a quererse un poco más a ella misma. Creo que la mayor lección que Alicia debe aprender es que es posible ser feliz y que no está mal serlo. 



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The Crazy Ones, nos quedamos sin Zandrew

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Me ha vuelto ha pasar. Si es que no aprendo. Con lo difícil que resulta encontrar una comedia entretenida y resultona. Con lo difícil que es empatizar y llegar a querer a ciertos personajes. Con lo duro que es seguir, semana a semana, una ascendente de humor y buena comedia que sobresale, con facilidad, entre las demás propuestas cómicas -ya sean de network o cable-. Y sabes que no durará, que acabará cancelada porque es la CBS, porque los datos de audiencia son pobres para una cadena acostumbrada a cifras astronómicas, porque los sueldos de Robin Williams y Sarah Michelle Gellar no deben ser bajos, porque hay que dejar sitio en la parrilla para nuevos proyectos, porque las comedias -en los últimos años- no funcionan y pocas son las que se salvan de la quema. 

Y así sucede que la CBS cancela la serie, echa el cierre a la agencia de publicidad de Robin y Sarah, padre e hija en The Crazy Ones. Esta ficción creada por David E. Kelly, un hombre que hace años convertía en oro todo lo que tocaba y que está de capa caída, se centra en la agencia de publicidad de Simon Roberts (Williams) y su hija Sydney (Gellar). No es difícil entender que fuese una de las series que más llamó la atención cuando se presentó: Kelly tiene en su currículum Boston Legal o Ally McBeal; Sarah Michelle Gellar quería olvidar el mal trago de Ringer y dejar atrás su imagen de aguerrida cazavampiros; y Williams regresaba a la pequeña pantalla tras Mork y Mindy.

A priori podría parecer que ambos actores no encajan y que no iban a funcionar juntos. Sin embargo, entre ambos hay bastante química. Los excesos de Williams se contrarrestan con la habitual inexpresividad de Gellar, y aunque pueda resultar increíble, la otrora Buffy se descubre como una buena actriz de comedia física. Nada del otro mundo, nada al nivel de Alyson Hannigan o Amy Acker -por nombrar a algunas de sus compañeras en el whedonverso-, pero si lo suficientemente efectiva como para no desentonar y quedar como la pata coja de The Crazy Ones. La relación padre-hija está bastante trabajada. Simon fue un hombre de excesos, consumió todas las drogas posibles, bebió todo el whisky de Chicago, salió con hombres y mujeres, vivió al límite y eso le permitió ser uno de los creativos de publicidad más versátiles y fecundos de su tiempo. Sydney vivió las consecuencias de todo aquel exceso. Siendo niña era frecuente que se sintiese sola, abandonada y enfrentada a terribles situaciones por parte de un padre que se pasaba más tiempo cazando unicornios imaginarios que centrado en salvaguardar el bienestar de su pequeña. Aún así, las cosas no fueron del todo mal para Sydney pero, como todos, tiene ciertos problemas de autoestima, de control y de relaciones personales. Su padre, una vez limpio, intenta compensarla por todo. Y de ahí nace una bonita continuidad donde el padre cuida a la hija que cuidó (y cuida) del padre, en un círculo infinito de cariño y mutua comprensión. 

El reparto se completa con la presencia de Hamish Linklater, James Wolk y Amanda Setton; y en los últimos capítulos se refuerza dando más cancha al personaje de Brad Garrett, Gordon Lewis, el socio de Simon en la agencia. Gordon es todo lo contrario a Simon, es organizado, cabal, predecible y se encarga de la división económica de la empresa. 

Setton es Lauren, una secretaria un tanto excéntrica y alocada, con un pasado de lo más rocambolesco pero cuyas intervenciones están bien medidas sin que llegue a saturar ni resultar demasiado extravagante para el conjunto. Encontrar ese sutil equilibrio es difícil. Sin embargo, nos quedamos con las ganas de saber un poco más de esta mujer capaz de copiar una firma con solo verla una vez. 

Y los chicos. Que conste que nunca me gustaron ni Linklater ni Wolk pero aquí estamos hablando de Zandrew, la fusión de Andrew y Zach. Un bromance que estoy convencida que hubiese llegado a estar en mi top five (Deny-Alan, Chandler-Joey, Gus-Shawn, House-Wilson, Troy-Abed). Andrew (Linklater) es uno de los directores artísticos de la agencia. Es culto, pardillo, inseguro y el menor de siete hermanas. Es la voz de la razón pero siempre busca la aprobación de sus compañeros y, especialmente, de Simon. 

Zach es mono, tontorrón, carismático y un mujeriego empedernido. Amigo de Andrew y camarada de Simon, con el cual encaja maravillosamente. Wolk se hace con el personaje y desprende un encanto y una cercanía casi magnéticas. No es de extrañar que, a pesar de sus abusos y su egoísmo, Andrew sea su mejor amigo. Puede que al principio fuese una relación un tanto descompensada, un error que los guionistas corrigieron rápidamente, haciendo que tanto Zach como Andrew se necesitasen mutuamente, no solo a nivel laboral sino también emocional. 


Muchos creyeron que la serie sería Robin Williams, y si bien es cierto que el oscarizado actor rebosa vitalidad debemos ser objetivos y ver The Crazy Ones como una obra coral donde todos y cada uno de los actores del reparto aportan su  granito de arena al resultado final. Williams entregado a lo suyo, el gag, las voces, la gestualidad, está magnífico (para quien le guste este tipo de cosas y este actor) pero no desatado. Wolk, que tiene química con todo el reparto, funciona a su lado, y Sarah, en menor medida, también. No hay más que ver las tomas falsas al final de los capítulos para ver que bien estaban juntos todos y que bien se lo pasaban. 

Disfruté de los 22 capítulos de la primera, y única, temporada de The Crazy Ones. Voy a extrañar a este alocado grupo y el vozarrón de Garrett. 


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Personajes a la sombra

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Ahora que empiezan a aparecer imágenes de la segunda temporada de Orange Is The New Black me planteo cuántos personajes de mis series de televisión han pasado un tiempo entre rejas. No hablo de personajes que participen de series con la cárcel como trasfondo como Oz, Prison Break o Breakout Kings (maldita cancelación); pienso en personajes de otro tipo de series que acaban -por el motivo que sea- en prisión.

En Justified, una gran cantidad de personajes han estado en la cárcel, empezando por Boyd y siguiendo por Arlo, incluso Ava está entre rejas. Ya sabemos que se lo merece pero la pobre lo está pasando realmente mal. Sabiendo que la serie termina la próxima temporada es seguro que veremos a más personajes ante semejante tesitura.

Los hermanos Winchester visitaron la cárcel durante la segunda temporada de Supernatural, fue en el capítulo Folsom Prison Blues.


El patriarca de la familia Bluth termina entre rejas, así da comienzo una de las comedias más divertidas, transgresoras y definitorias de los últimos 20 años: Arrested Development. Con George Bluth padre fuera de juego, o eso parece, Michael (Jason Bateman) coge la batuta de la empresa familiar. La vida en prisión nunca fue tan divertida, George (Jeffrey Tambor) no tiene ni un momento de descanso y terminará fugándose gracias a que tiene un hermano gemelo. 


Durante la sexta temporada de True Blood, nuestros vampiros acabaron recluidos en un centro donde experimentaban con ellos. Allí sufrieron humillaciones, dolor, hambre y terribles quemaduras. Muchos fueron usados como conejillos de indias para elaborar un virus capaz de terminar con su especie. 


La tercera temporada de My Name is Earl nos mostró como Earl se adaptaba a la vida en prisión y continuaba con sus buenas acciones. Su hermano Randy, para poder estar cerca de él, se hace guardia de seguridad. Joy casi pasa por el mal trago de una condena pero consigue librarse de estar a la sombra gracias al sacrificio de Earl. Aún así, su breve paso por la cárcel, nos dejó imágenes para el recuerdo. 


El viaje personal de la cazadora más interesante, Faith, la llevó a purgar sus pecados entrando en la cárcel. La joven necesita redimirse de sus malas decisiones y de su pasado. Además, busca la manera de perdonarse por la muerte de un ser humano inocente, el ayudante del alcalde de Sunnydale. Durante la cuarta temporada de Angel, huirá de la cárcel para ayudar a Wesley a capturar a Angelus. Para alguien con sus habilidades salir de prisión no es más que un juego.


Peter Florrick también tuvo su ración de cárcel. En su periplo carcelario reconectó con su fe, se arrepintió de sus pecadillos y descubrió la fuerza de su esposa. Su redención llego poco después. Tras pasar por prisión regresó a la vida política, recuperó su anterior puesto y acabó (con artimañas) como senador de su estado. 


Sawyer (Lost) era un pillo, Ned (Pushing Daisies) fue acusado injustamente, House (House M.D) estrelló un coche contra la casa de su ex y a Will (Hannibal) le consideran un peligroso asesino en serie. Crews fue acusado de un triple homicidio que no cometió y pasó muchos años entre rejas (Life aún te echamos de menos). John Bates fue acusado de asesinar a su esposa, o ex, ahora no lo recuerdo. Fiona, en Burn Notice, se sacrificó por Michael y pasó unos días entre rejas demostrando por qué era uno de los personajes femeninos más fuertes de la pequeña pantalla. Y Olivia se infiltró en una prisión donde sufrió abusos físicos por parte de un celador que se aprovechaba de las reclusas. 


 Conspirar para acabar con una zona de la ciudad hizo que la matriarca de los Queen pasase una temporada, relativamente corta, entre rejas. Más de quinientas personas murieron por sus acciones y su silencio pero logró zafarse de la cárcel y de una condena a muerte. Moira es como los gatos, siempre cae de pie. 

Un clásico que no podía faltar. Los personajes de Seinfeld acaban en prisión por su falta de civismo, por ser unos cínicos narcisistas y por su crueldad hacia los demás. Una de las mejores formas posibles de cerrar la comedia que iba sobre nada.



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