The Booth at the End, cápsulas de maestría actoral

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Varios personajes se citan con un hombre en una cafetería: una monja católica que hace tiempo que no escucha la voz de Dios, una anciana cuyo marido padece Alzheimer, un hombre con un hijo con leucemia, un fracasado que quiere salir con una modelo, una joven que aspira a ser más hermosa y otra que necesita conseguir dinero para su padre. Todos ellos visitan la cafetería para hacer un trato con el hombre sin nombre. Si llevan a cabo la tarea que el hombre les encomienda verán cumplidos sus deseos. 

Este es el punto de partida para The Booth at the End, una webserie producida por el canal FX compuesta de diez capítulos de 20 minutos de duración. La serie se divide en dos temporadas (5 capítulos cada una) que se desarrollan íntegramente en el interior de una cafetería. Las únicas constantes a lo largo de las dos temporadas son la presencia de Xander Berkeley interpretando al misterioso hombre y el uso de un estilo narrativo fragmentado que avanza y se mantiene cohesionado gracias a los buenos diálogos y las estupendas interpretaciones. 

Cada personaje quiere algo diferente y cada personaje tiene una tarea diferente. El hombre habla con ellos a lo largo de todo el proceso pues siente curiosidad por sus pensamientos, sus emociones, sus dudas, sus miedos, sus alegrías. Recoge toda esta información en un libro donde, meticulosamente, registra todo lo que le dicen. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para salvar la vida de tu hijo? ¿Hasta dónde llegarías para verte guapa? ¿Cuál es el límite? ¿Realmente queremos lo que queremos? Las tareas que el hombre les encomienda pueden entrar en conflicto las unas con las otras o pueden complementarse. Las piezas que componen la trama van encajando a medida que los personajes avanzan en la realización de sus tareas y, al final, todo parece tener un sentido aunque puede que no nos guste el resultado. 

Las conversaciones entre el hombre y el resto de personajes fluyen repletas de vida, de dolor, de muerte, de felicidad, de incomprensión, de recelo, de esperanza. Los personajes se ven enfrentados consigo mismos y, al igual que el espectador, son obligados a plantearse ciertas cuestiones morales que no resultan cómodas. 

El hombre está interpretado por un increíble Xander Berkeley, quien da toda una lección interpretativa perfilando un personaje que a base de miradas, gestos y silencios es capaz de cargar con todo el peso de la trama. Un personaje tan fascinante como complejo del que poco o nada sabemos y que Berkeley compone con aparente sencillez. Hay momentos en los que despliega ternura hacia los demás, otros en los que se muestra duro y tajante. Momentos en los que parece dudar y sufrir con su “trabajo”, momentos en los que sonríe y se le nota contento. Todo esto es capaz de transmitir el actor haciendo gala de un exquisito minimalismo y usando ese instrumento maravilloso que es la voz. A su lado, en la mesa de la cafetería, se sientan actores y actrices como Jack Conley, Sarah Clarke (pareja en la vida real de Berkeley), Timothy Omundson, Noel Fisher, Danny Nucci o Abby Miller.

The Booth at the End es la demostración de que puede hacerse algo brillante con muy poco dinero. Aquí lo que importa son los diálogos, la sencillez de la puesta en escena y el trabajo interpretativo de los actores y actrices implicados en el proyecto. Estamos ante un drama que mantiene al espectador en suspense hasta el final porque las preguntas que nos hacemos son muchas. ¿Quién es ese hombre? ¿Es Dios o el Diablo? ¿Qué harán los personajes? ¿Quién es esa camarera? ¿Qué escribe en el libro? 

Un ensayo visual que explora la condición humana y los principios por los que nos regimos, dejándonos en evidencia la fragilidad de nuestras convicciones a través de unos personajes que dejan de lado su moral y su ética para conseguir aquello que más desean.

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El nuevo Doctor Who

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Nueva temporada, nuevos títulos de crédito, nuevo diseño de la TARDIS, nueva ropa. Deep Breath es un capítulo presentación en toda regla que abusa de la presencia de viejos conocidos (Strax, Vastra, Jenny) para que la transición sea más llevadera y que, a base de pequeños guiños al espectador, nos introduce a este Doctor de cejas enfadadas, de ceño fruncido, que no sabe por qué a elegido ese rostro y que no sabe, a ciencia cierta, si es un buen hombre. 

Estaba convencida de que Capaldi sería algo bueno para Doctor Who y los dos capítulos que he visto hasta ahora confirman que no me equivocaba. Peter Capaldi apareció en el Londres victoriano con Deep Breath, primer episodio de la octava temporada, para traernos un Doctor mucho menos amable y juguetón que Matt Smith y mucho más arisco, sobrio y oscuro, recuperando la línea de las dos primeras encarnaciones de la nueva era. 

El nuevo Doctor se ve afectado por el cambio, la regeneración deja sus recuerdos bloqueados o revueltos. El Doctor llega confundido, sin tener muy claro quien es él y quienes son los que lo rodean. Clara, por su parte, se resiste a aceptar el cambio de imagen de su “novio”. Una vez resuelto el misterio de la chica imposible, es hora de ver si esta compañera de viaje puede, por méritos propios, hacerse un hueco en la TARDIS. 

Por lo que hemos visto hasta ahora, el Doctor de Capaldi es mucho más brusco con las personas, mucho más directo y, por momentos, incluso cruel. Esta nueva versión tiene que hacer frente a los demonios de su pasado, unos demonios que siempre están presente, que siempre le perseguirán y que le obligarán, una y otra vez, a tomar decisiones difíciles que marcarán aún más su ya malgastada alma. El detalle del rostro, al que hace referencia en el primer capítulo, parece ser importante y cabe recordar que Peter Capaldi ya apareció en el universo Doctor Who: la primera vez dando vida a un comerciante de Pompeya en The Fires of Pompeii, la segunda vez en Torchwood. Entiendo que quieran justificar la elección de Capaldi de alguna forma, hicieron algo parecido con la Gwen Cooper de Torchwood cuando visitó Doctor Who en The Stolen Earth y Journey's End.

Sigamos con la companion, Clara es una compañera más bien resolutiva y autoritaria que no siempre está en la TARDIS sino que mantiene su vida en la tierra operativa: familia, trabajo, relaciones. Esto le permite tener independencia del Doctor y no vivir pendiente de la caja azul y su extraño propietario. El hecho de que no dependa del Señor del Tiempo y de que quiera hacer su propia vida, ya vimos que podría iniciar una relación con otro de los profesores del colegio, nos dice que si quisiera dejar de visitar la TARDIS en un futuro lo tendría mucho más sencillo. 

Esta nueva temporada introduce a Missy, una mujer extravagante que parece ir recolectando seres que mueren al cruzarse con el Doctor. Hasta ahora hemos visto  Missy dos veces y siempre en un lugar cálido, lleno de luz, una especie de paraíso donde van a parar los muertos.  Hay muchas teorías recorriendo internet sobre la identidad de este personaje y sobre sus intenciones pero yo prefiero no especular porque no es la primera vez que Moffat nos da gato por liebre. 

Espero que esta vez Moffat deje de lado sus juegos, sus rompecabezas y sus grandes planes para volver a lo básico; a un Doctor que viaja por el espacio y el tiempo junto a sus compañeros. Una serie entretenida, una aventura con toques dramáticos y cómicos, con un gran personaje principal y algunos secundarios realmente geniales. 

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Happy Valley, una protagonista con fuerza

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ESTA ENTRADA CONTIENE SPOILERS

Puede que la historia de Happy Valley suene a más de lo mismo, un drama policial en un pueblo inglés donde las vidas y acciones de varios personajes se van entrecruzando debido al secuestro de la hija de un exitoso empresario local. Es una historia que ya hemos visto varias veces pero que en manos de una guionista tan experimentada como Sally Wainwright adquiere un poderoso discurso dramático entremezclando la historia personal de la protagonista, Catherine Cawood (Sarah Lancashire), con su trabajo en la policía, el tráfico de drogas, la investigación del secuestro, los recuerdos del pasado y la política. 

Wainwright escritora de dos series tan recomendables y necesarias para entender la calidad televisiva que disfrutan en el Reino Unido como Scott & Bailey y Last tango in Halifax describe un fresco actual y emocional que funciona gracias a la protagonista de la historia, Catherine, una sargento de policía de casi cincuenta años, divorciada, que vive con una hermana ex adicta junto a la que cría a su nieto. La hija de Catherine, madre del pequeño, se suicidó poco después de dar a luz y su otro hijo mantiene una tensa relación con ella por culpa del pequeño. 

Un drama intenso, con un personaje femenino tan fuerte y tan arrollador que en tan solo dos minutos consigue cautivar al espectador. La interpretación de Sarah Lancashire está llena de matices, de capas y sutileza; Catherine Cawood es un personaje fascinante que no vacila, que no recula, que a pesar de las adversidades sigue adelante y que sabe, porque la vida se lo ha enseñado, que no hay que permitir que nadie te pise, que nadie te hunda. Y sin embargo, no pierde la esperanza, no pierde la dulzura, no pierde su humanidad. Es profesional cuando tiene que serlo y maternal cuando es necesario, es una roca cuando las circunstancias así lo requieren pero se hunde cuando la situación la supera. Sufre, llora y se enfada. El hecho de que Catherine sea un personaje tan completo es lo que la hace tan fascinante. En los últimos años, estábamos acostumbrándonos a ver personajes femeninos muy fuertes como la Stella Gibson de Gillian Anderson a los que les faltaba algo de calidez, de candor, de humanidad. Catherine lo tiene todo y más. 

Por otro lado, hay varias escenas a lo largo de los seis capítulos de la serie repletas de violencia hacia las mujeres: violaciones, palizas, agresiones. La prensa británica se quejó de ciertas escenas pero si nos fijamos bien, también son las mujeres las que solucionan los problemas, las que se salvan a si mismas y a los demás. Por ejemplo, Catherine consigue encontrar a la joven secuestrada. En ese momento, el secuestrador le propina una brutal paliza y es la víctima quien salva a Catherine de la muerte. Más adelante será la protagonista la que aprese al secuestrador/violador y se tome la revancha a base de golpes. 

Entre los secundarios destaca la presencia de Steve Pemberton, visto en Whitechappel y Psychoville, responsable del secuestro de la hija de su jefe. Su limitada visión de las cosas, su mezquindad y cobardía, acaban destrozando las vidas de todas las personas involucradas en el crimen. Siobhan Finneran, la maquiavélica O'Brien de Downton Abbey, es Clare la hermana de Catherine, en un personaje muy diferente al que interpretó en el drama histórico de la ITV. Aquí es una mujer dulce, preocupada por el bienestar de su hermana y del pequeño. Ella es, en cierta medida, el ancla moral de Catherine y le aporta cierta estabilidad familiar. 

Seis capítulos conforman la primera tanda de capítulos de esta serie que ya tiene confirmada una segunda temporada. El último capitulo reunió a un total de 6.18 millones de espectadores ante la pantalla,  y acumuló un 28% de share, unas buenas cifras para la BBC, aunque algo más bajas que su estreno que fue visto por 7,64 millones de personas. 

Una historia muy humana que no dulcifica la realidad permitiéndonos conocer las debilidades de los personajes,  sus miserias, sus miedos. Comprendemos el por qué de sus actos y aunque no compartamos sus decisiones y no nos gusten no podemos apartar la mirada de la pantalla. El entramado narrativo es tan fuerte que te arrastra hasta el último minuto. En resumen, gran calidad, buenas tramas, excelente guión e interpretaciones de alto nivel. Magistral. 

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Los mejores capítulos de Psych

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Tras ocho temporadas, la serie creada por Steve Franks, que se convirtió en una de las abanderadas del posicionamiento de USA Network en la mirilla de los seriéfilos se despidió de sus fans con un capítulo que deconstruía parcela a parcela las existencias de Shawn y Gus en Santa Bárbara y acababa con el traslado a San Francisco de los personajes, con guiño a Monk incluido.

Durante años disfruté con Psych, me hicieron reír. Siempre fue una serie que conseguía arrancarme una sonrisa, incluso cuando mi vida pasaba por momentos oscuros; y eso es algo que tengo que agradecerles. Mas allá del típico procedimental, la obra de Franks -y con el tiempo de James Roday- se convirtió en un juguete que les proporcionó la oportunidad de homenajear a la cultura popular, y en especial al cine. Puede que esta serie no sea recordada como un gran producto televisivo pero varios de sus capítulos pasarán a la historia por su excepcional fusión de elementos sacados del cine, la televisión y los cómics; por la gran química entre James Roday y Dulé Hill (Shawn y Gus) y por una intro juguetona y maleable acorde con el espíritu gamberro y festivo de Psych.

Ya hace meses que la serie terminó pero hasta el momento no he tenido tiempo para honrar su recuerdo. Lo primero es hacer un recopilatorio con los mejores capítulos. Allá vamos.

Indiana Shawn and the Temple of the Kinda CrappyReaparece Desperaux (Cary Elwes), un personaje recurrente que aportó intriga y glamour a varios capítulos de la serie. El título del episodio creo que es bastante explícito. Aquí tenemos a Shawn jugando a su particular versión del templo maldito y vistiendo cazadora y sombrero. 


Heeeeere's LassieHomenaje a The Shining con Carlton Lassiter en el papel de hombre que, poco a poco, va perdiendo la cabeza al mudarse a un nuevo apartamento. Sus vecinos y el entorno son tan inquietantes que acaba convencido de la presencia de fantasmas en el inmueble y requiriendo, por ello, la ayuda de Shawn y Gus. Hay un momento a lo cazafantasmas que no tiene desperdicio y Gus gritando perseguido por un demente Lassiter es oro puro. Sorprende que Dulé Hill participase en una serie tan seria como The West Wing  para acabar en una comedia donde su personaje es totalmente diferente al que interpretaba al servicio del presidente Bartlet.

American Duos: Primer capítulo temático de la serie, una genial parodia del programa American Idol con un invitado de lujo: Tim Curry. Además, una loquísima Gina Gershon (amo a esta mujer) se pone en la piel de un trasunto todo drogas y alcohol de Paula Abdul.


100 Clues Capítulo cien. Para celebrarlo se hizo un homenaje a la película Clue (fan declarada) y se contó con parte del reparto original. La curiosidad es que durante la emisión del capítulo la audiencia podía votar que final -había tres diferentes- quería ver. 


Mr. Yin Presents...El gran enemigo de Shawn es Yin, psicópata que apareció en repetidas ocasiones poniendo en jaque las habilidades de nuestro vidente y el temple de la policía de Santa Bárbara. En esta ocasión, y contando con mi querido Jimmy Simpson como actor invitado, la trama gira alrededor de las películas de Alfred Hitchcock puesto que el asesino en serie recrea escenas de sus películas para cometer sus crímenes. El capítulo tiene el plus añadido de introducir elementos dramáticos, algo a lo que los fans de la serie no estaban acostumbrados, y que sirvió para dar mayor profundidad a los personajes, afianzar sus relaciones e impregnar de tristeza la atmósfera siempre jocosa y despreocupada de Psych.


Dual SpiresGran capítulo homenaje a Twin Peaks. Espectacular en todos los sentidos, con un montón de referencias a la serie original y con la presencia de varios de los actores de la obra de David Lynch como Sherily Feen, Sheryl Lee, Dana Ashbrook, Robyn Lively o la mujer de leño. También aparece Ray Wise, un actor que debió disfrutar mucho de su paso por Psych porque apareció en un total de 3 capítulos. El capítulo fue escrito por James Roday y Bill Callahan. Roday llegó a escribir 16 capítulos de la serie y dirigir ocho de los 121 episodios que conforman las ocho temporadas de Psych. 


Lights, Camera... HomicidioTributo a los telenovelas sudamericanas. Shawn y Gus deben investigar un asesinato en el set de rodaje de una telenovela muy popular. Para poder investigar sin restricciones, Shawn se une al reparto de la telenovela y aprovecha para practicar su dominio del español. 


Santabarbaratown: Un asesinato conecta el caso de Shawn con uno de hace más de veinte años investigado por su padre, Henry. Ambos tendrán que trabajar juntos en la resolución de un misterio que los llevará a dudar de la integridad de los viejos compañeros de Henry en el cuerpo de policía. Un capítulo que sigue la tradición del cine negro concretamente haciendo un homenaje a Chinatown (1974). Este capítulo sirve para tratar la extraña y difícil dinámica familiar de Shawn y Henry acercándolos un poco más a pesar de las reticencias de ambos. 


This Episode Sucks: Kristy Swanson, Corey Feldman, Tom Lenk, Gus y Shawn disfrazados de vampiros, estacas, crucifijos y referencia a Buffy, The Vampire Slayer y prácticamente a todas las películas de vampiros que conozco. ¿Cómo no iba a estar este episodio en la lista? Una de las cosas más inesperadas del capítulo es que Carlton por fin encuentra el amor y esa relación se mantendrá en la serie hasta el final de la misma. 


Psych: The Musical: Un especial de 88 minutos que es todo un goce para los seguidores de Psych. Un capítulo musical con números muy trabajados, un Dulé Hill explotando sus habilidades como bailarín y una trama que se desarrolla entre las bambalinas de un musical sobre Jack El Destripador. El episodio recupera a dos personajes clásicos como Yin y Mary Lightly, además de dar la oportunidad a todo el reparto de lucirse cantando. Emitido en diciembre de 2013, fue una pre-despedida de la serie de lo más sentida y necesaria. 



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Robin Williams (1951 - 2014)

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Es tan triste despedirse de uno de los actores más carismáticos, polifacéticos y divertidos de la historia. Un actor que ha estado ahí desde que tengo memoria. Robin Williams participó en dramas, comedias y series de televisión. Me ha hecho reír y llorar. Le he querido con y sin barba, y siempre me ha gustado su trabajo. 

Lo vi por primera vez en El Mundo Según Garp, película que me hizo descubrir a uno de mis escritores favoritos, John Irving. Desde entonces, ha estado presente en la gran y pequeña pantalla de mi vida. Siempre recordaré películas como Good Morning Vietnam, El Club de los Poetas Muertos, Despertares, El Rey Pescador, Jumanji, El Indomable Will Hunting o El Mejor Padre del  Mundo.

El ganador de seis Globos de Oro, un Oscar y un montón de premios más poseía una voz prodigiosa que en España, por culpa del doblaje, no pudimos disfrutar. 


Williams empezó en la televisión y gracias al personaje de Mork pasó de ser un secundario en Happy Days a tener su propio programa entre 1978-1982. De ahí al cine y al estrellato. Premios, reconocimiento, películas y más películas. El año pasado regresó a la televisión con The Crazy Ones, una comedia de la CBS que se canceló tras una brillante primera temporada.  Hagamos un repaso por sus aportaciones televisivas durante las últimas cuatro décadas. 

Mork & Mindy

The Crazy Ones

Louie (Episodio: “Barney/Never”)


Wilfred (Episodio: "Progress")

Friends (Episodio: “The One with the Ultimate Fighting Champion”)


Homicide: Life on the Street (Episodio: “Bop Gun”)


The Larry Sanders Show (Episodio: “Hank’s Contract” / "Montana")


Happy Days (Episodio: “Mork Returns”)


Law & Order: SVU (Episodio: “Authority”)


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Recorriendo las montañas de la locura

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"No tienes ni idea de lo que es saber la verdad y que nadie te crea" - Branch Connally

A falta de un capítulo para cerrar su tercera temporada, Longmire -serie que no me canso de recomendar- ha ofrecido a sus seguidores una serie de tramas que han avivado la tensión en el condado de Absaroka. Una de las más trabajadas ha sido  el progresivo descenso a los infiernos de Branch tras ser tiroteado al final de la segunda temporada. El ayudante del sheriff ha pasado la mayor parte del tiempo recuperándose de sus heridas e intentando convencer al mundo de que David Ridges seguía con vida. Todo parecía indicar que Branch había sucumbido a la locura porque Ridges estaba muerto, o al menos eso parecía. El sentirse solo e incomprendido hizo que Branch se volvierse arisco e impredecible. Sus acciones, erráticas al principio, se hicieron más y más arriesgadas llegando a secuestrar y drogar a un indio de la reserva. 

El viaje del personaje hacia el otro lado del abismo se reflejaba, ya no solo en sus acciones, sino tmbién en un deterioro físico evidente y en arranques de ira hacia sus conocidos (Caddy, Vic). El futuro de Branch no pinta nada bien y falta saber qué piensa hacer Walt con su descarriado ayudante.

Cuando un personaje inicia su particular descenso a los infiernos se agradece que se haga un buen tratamiento de  ese viaje mental hacia la locura y la perdición. Recordemos otros casos similares a los de Branch. 

Laurel, segunda temporada de Arrow

El sentimiento de culpa por la muerte de Tommy lleva a Laurel a la bebida. La joven abogada pierde el norte debido al alcohol y poco después empieza a tomar pastillas para sobrellevar el día a día. Mala combinación. Aunque Laurel es la primera en sospechar que Sebastian Blood no es trigo limpio pero nadie la cree porque, tras perder su trabajo en la fiscalía, se deja llevar. Durante esta fase Laurel está insoportable y muchas veces recé para que Oliver la atravesara con una flecha. 

Los coqueteos de Laurel con las drogas y el alcohol podrían haberla hundido pero tras admitir su problema, reconciliarse con su padre y su hermana, y asistir a unas cuantas sesiones de alcohólicos anónimos es capaz de reconducir su vida y de recuperar peso. 

Gordon, primera temporada de Halt and Catch Fire

Desde el principio de la serie se nos dice que Gordon no sabe lidiar con la presión. En el pasado, su mujer soportó la locura obsesiva de su marido cuando intentó construir su ordenador y fracasó; por eso no quería que se embarcara en un nuevo proyecto con Joe MacMillan. En el séptimo capítulo, Giant, entendemos hasta que punto puede llegar Gordon cuando se mete de lleno en un proyecto y lo mal que puede llegar a reaccionar cuando se siente contra las cuerdas.  El capítulo nos abre una ventana a  la mente de Gordon y nos deja participar de su paranoia, su miedo, su inseguridad y, en parte, también de su genialidad. 

El ingeniero sufre una crisis nerviosa ante las presiones de Joe, el trabajo con Cameron y el cuidado del hogar y las niñas (Donna está fuera de la ciudad). Tras ver un cadáver la noche de la gran tormenta, Gordon se despierta gritando, sudoroso. Sin Donna, no está centrado. Se obsesiona con el goteo del grifo, deja la casa desordenada y se desentiende del cuidado de las niñas para cavar un agujero en el jardín. 

Sheldon, séptima temporada de The Big Bang Theory

“Mi plan es detenerme en centros comerciales y comprar lo que necesite. Se llama vivir de la tierra" 

Todos sabemos que el doctor Cooper es un ser bastante particular con manías y costumbres muy arraigadas. El final de la última temporada de la serie lleva a Sheldon al extremo de abandonar su apartamento y desaparecer un tiempo. ¿Por qué? Lo cierto es que los cambios que se suceden a su alrededor son demasiado para él. Incapaz de adaptarse y aceptar todo lo que está pasando decide romper con todo y evadirse. 

Los cambios que afectan a Sheldon son: la inminente boda de Penny y Leonard con posible cambio de vivienda. El hecho de que en la universidad no le dejen dejar su campo de trabajo para dedicarse a otro con más posibilidades. El incendio de la tienda de cómics de Stuart. Al borde de una crisis de ansiedad, la única vía para Sheldon es distanciarse de todos y todo. Una solución un tanto cobarde pero que podría resultar efectiva.


Will Graham, primera temporada de Hannibal

El pobre Will sufrió lo indecible durante la primera temporada. Enfermo e inestable, en manos de Hannibal no era más que un pedazo de plastilina maleable con la que el caníbal se entretenía. Visiones, sueños, asesinatos, pérdidas de tiempo, sudores... ¿nadie era capaz de ver que Will se estaba desmoronando? ¿Nadie vio las señales? El único que disfrutaba con ello era Hannibal. Desde su posición de amigo/psiquiatra de Will provocó la crisis final del profesor, le hizo creer que había matado a Abigail Hobbs y lo puso entre rejas. 

Will Graham fue capaz, a pesar de su enfermedad y de su frágil equilibrio mental, de ver al monstruo que Hannibal llevaba dentro. Sin embargo, llegó a dudar de si mismo, de su capacidad y de su mente porque fue llevado al límite. Hannibal jugó con su juguete solo por el placer de ver qué pasaba. El mal trago por el que pasó el analista del FBI durante la primera temporada fue particularmente duro, largo e intenso; pocos personajes podrían soportar toda esa presión sin desmoronarse. 


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The Strain, pelucas, penes y detalles que sobran

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Me acerqué a la nueva serie del canal FX con cierto escepticismo. A pesar de que la obra cinematográfica de Guillermo del Toro me parece sobresaliente puesto que está plagada de creatividad, diversión, tensión y mucho frikismo; su trilogía de la oscuridad (Nocturna, Oscura y Eterna), escrita a cuatro manos con Chuck Hogan, nunca acabó de convencerme y fui incapaz de terminar la primera novela.

La serie comienza con la llegada al aeropuerto de Nueva York, el JFK, de un Boeing 777 que, tras tomar tierra, aparece parado, cerrado, silencioso y oscuro en mitad de una pista de aterrizaje. El CDC se hace cargo de la situación ya que parece que un virus desconocido y mortal ha matado a todos los pasajeros del vuelo, solo cuatro siguen con vida. 

El piloto, firmado por el propio Del Toro, nos presenta a los diferentes personajes y plantea el misterio sobre el virus. Pronto descubrimos que el CDC no podrá controlar la situación porque su visión está limitada por la racionalidad y lo tangible. El mal al que deberán enfrentarse es antiguo, inteligente, letal y posee aliados en las altas esferas que dificultarán la investigación del entregado equipo del Centro de Control de Enfermedades. Un vampiro ha llegado a la ciudad, la oscuridad envolverá el mundo si nadie consigue frenarle. Los pasajeros del avión propagarán la "enfermedad" por toda la ciudad desde Brooklyn a Manhattan, desde los barrios residenciales hasta los hospitales. Nadie parece poder detenerles porque nadie es capaz de creer que algo así pueda suceder.

El misterio es bastante simple. Un ser maligno está reclamando su lugar en el mundo y busca, como siempre, controlar a la humanidad y erigirse como nuevo líder. Pura serie B que disfruta de su condición de producto de consumo rápido y entretenido. La serie de Del Toro es consciente de lo que es y por ello sabe muy bien cómo presentarse, cómo enganchar y cómo, dejando sitio a una rancia pero efectiva colección de clichés, conformar un grupo de seguidores que permanecerá fiel hasta que al personaje de Corey Stoll se le caiga el maldito peluquín. 

Cuando hablo de clichés rancios me refiero a cosas como la presentación del personaje del doctor Ephraim Goodweather (Stoll) al que vemos luchando por la custodia compartida de su hijo al que apeas no ve. Goodweather es un hombre dedicado a su trabajo, con un pasado regado de alcohol -sí, tenemos reunión de Alcohólicos Anónimos- que proclama a los cuatro vientos que adora a su retoño pero que nunca saca más de diez minutos para estar a su lado. Además, su ex mujer tiene una relación con alguien que parece bastante buen tipo y que tiene tiempo para hacer cosas con el niño como construir una habitación para juegos. Goodweather, aferrado a ese cliché de padre despechado, se siente desplazado y no entiende por qué su mujer y su hijo parecen preferir a ese desconocido. Mención aparte ese terrible peluquín que le han encasquetado el bueno de Stoll. Creo que pasará a la historia de la pequeña pantalla como uno de lo más ridículos e innecesarios que se han utilizado.

Más clichés, los pandilleros, uno rehabilitado por amor a su madre y otro, Crispin (Fran Capra, ¿qué te ha pasado?) que se dedica a robar, estafar y drogarse. Otro cliché, la abogada superviviente del vuelo interpretada por Leslie Hope que va por la vida en plan "mírame mal y te demando". Y por supuesto, la imagen de la estrella de rock, Gabriel Bolívar, con su maquillaje, su peluca, su gusto por las drogas recreativas y por el sexo con groupies. El tercer capítulo deja a Bolívar, convertido ya en un vampiro, sin su apéndice favorito en una escena que sobra y que solo busca, para bien o para mal, provocar al espectador.

Es precisamente esa ristra de clichés, de lugares comunes de la serie B, de tópicos, los que me chirrían en el conjunto. El perro que le ladra a su amo porque sabe que ya no es el que era; las ratas que huyen en tropel de la ciudad; la transformación de los infectados con caída de pelo incluida; la ceguera gubernamental; el viejo que guarda más de un as en la manga , cierto que la escena en el juzgado está genial pero se debe al buen saber hacer de David Bradley.  Esperaba más riesgo de alguien como Del Toro y de una cadena como FX que tiene en su parrilla de programación una joya del terror moderno como American Horror Story.

El resto del reparto se completa con Mia Maestro como una bioquímica del equipo de Goodweather; con Sean Astin como Jim Kent, un personaje que movido por el amor a su esposa navega entre dos aguas y pone su fidelidad al servicio del mal. También nos encontramos con Kevin Durand dando vida a un exterminador de ratas llamado Vasily Fet y a David Bradley como Abraham Setrakian, el único que parece saber lo que sucede en la ciudad y como enfrentarse a ello.

Hasta ahora, el personaje más inquietante, más allá del propio vampiro jefe, es Thomas Eichorst (Richard Sammel). Este ser, cuyo pasado está relacionado con el de Setrakian, aparece siempre impecable, con una sonrisa en sus labios que no presagia nada bueno y una mirada vacía carente de emoción. 

Tras un potente piloto, The Strain ha empezado a tejer su mitología y a dejar crecer a sus personajes. Sin embargo, hay que decir que los dramas personales de los personajes lastran un poco la historia y poco me importa a mí que Eph tenga problemas con su ex y con su hijo. La serie debería centrarse más en lo que nos interesa a los que la vemos, los vampiros, la expansión de la infección, Setrakian y, si tiras de la lengua, incluso Vasily. 

FX le ha dado trece capítulos para desarrollar la primera temporada. Por ahora vamos bien pero ya veremos en qué queda esta moderna historia de vampiros.  
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El velocista escarlata llega a The CW

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Una de las series más esperadas de cara a la temporada 2014-2015 es The Flash, adaptación televisiva de las aventuras del hombre más rápido sobre la tierra. A Barry Allen le conocimos gracias a dos capítulos de la muy recomendable segunda temporada de Arrow, serie con la que comparte cadena y con la que es muy probable que cruce personajes. Es más, durante el piloto de The Flash, tenemos una escena que afianza la relación entre el relámpago humano y el arquero esmeralda.

El piloto es un bueno ya que sirve para presentar el entorno de Allen - a él ya le conocíamos y sabíamos algo de su traumático pasado-; establecer sus relaciones personales previas al incidente del rayo y dar a conocer a las personas que le apoyarán en esta nueva etapa de su vida: los jóvenes científicos Caitlin Snow y Cisco Ramírez; y el multimillonario, y también científico, Harrison Wells. Ellos ayudarán al nuevo superhéroe de Central City. 

Durante los cuarenta minutos del capítulo, se abre una puerta al pasado de Barry mostrando la traumática muerte de su madre y presentado a su padre, que está en prisión desde que Allen tenía once años. Esta trama promete ser el gran misterio a resolver dado que es evidente que alguien estaba en la habitación la noche del asesinato y que ese alguien tenía un don similar al de Barry. Debo decir que la escena en la que visita a su padre, interpretado por el otro Flash - el de los noventa-, me pareció muy lograda a nivel emocional y sirve para explicar perfectamente qué es lo que impulsa a Barry. 

El accidente que transformó al joven en Flash también creó otros metahumanos con capacidades increíbles. Gente que usará sus poderes, algunos para el bien y otros para el mal. Barry, convertido ahora en protector de su ciudad y moralmente comprometido con su cruzada, se dedicará a perseguir a estos poderosos adversarios mientras busca respuestas a su propia singularidad y al asesinato de su madre. 

Hay guiños que los fans del cómic agradecerán como Grodd, y las identidades de Caitlin y Cisco. Mucho se está especulando sobre la verdadera identidad de Harrison Wells, y hay dos grandes teorías hasta el momento. Ya veremos los derroteros por los que llevan la historia los guionistas pero hay que dejar claro desde el primer momento que jugar con viajes en el tiempo siempre es un asunto peliagudo. 

The Flash es más juvenil, desenfadada y luminosa que Arrow, al menos eso es lo que parece indicar su piloto. Sin embargo, conforme vaya evolucionando la serie puede que adquiera un tono más oscuro, algo que a Arrow le ha funcionado muy bien. Aún así, creo que The Flash busca ser menos seria y más optimista. El futuro de Barry en la cadena parece prometedor y esperamos grandes cosas de The Flash viendo la buena evolución y el crecimiento narrativo que ha tenido Arrow. 

Barry es ahora un chico con poderes que deberá lidiar con la responsabilidad de los mismos y que, en algún punto, se enfrentará a dilemas similares a los que afrontó Oliver Queen. Barry terminará convertido en un gran héroe, un proceso que se forjará capítulo a capítulo, batalla a batalla. Por ahora, Barry corre convencido de que podrá enfrentarse a lo imposible, veremos que pruebas le tiene reservado el destino. 

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El valle de los disparates

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HBO y Mike Judge, el creador de los irreverentes Beavis & Butt-head y responsable Office Space -una de mis películas favoritas- unieron fuerzas en una curiosa comedia que acaba de finalizar su primera temporada. Los ocho capítulos que hemos podido ver hasta el momento dejan muy claro qué clase de serie es Silicon Valley y qué clase de humor utiliza. No hace falta esforzarse mucho para captar la sátira que Judge hace de los nuevos millonarios que pueblan este enclave californiano y de todo el mundo que rodea a estos genios, por lo general inadaptados sociales, que esperan convertirse en el nuevo Steve Jobs gracias a una aplicación novedosa o a un programa portentoso. 

La historia se centra en Richard, un programador de 26 años inseguro y enfermizo, que desarrolla un algoritmo de compresión de archivos revolucionario. El joven tendrá que elegir entre vender por diez millones de dólares su creación a su jefe, Gavin Belson (CEO de Hooli), o aceptar los doscientos mil dólares que le ofrece el gurú tecnológico Peter Gregory para montar su propia empresa y crear su producto: Pied Piper. Richard opta por arriesgarse, y con la ayuda de sus compañeros de casa (Erlich, Bertram y Dinesh) y del ex-ejecutivo de Hooli, Jared, comienza a trabajar en el desarrollo de su producto y de su empresa. Algo nada sencillo.

Las partes más técnicas de la historia como los problemas con la nube o con los algoritmos son lo menos interesante de Silicon Valley. No obstante, son necesarias para el desarrollo de la trama pues siendo fuente de conflicto para los personajes les obliga a actuar y salir de su zona de confort. De fondo está la pugna contra Hooli para ver quién hace el mejor producto y los constantes problemas económicos que todo proyecto en ciernes debe afrontar. Richard pronto descubrirá que cosas como registrar el nombre de la compañía o conseguir un logo son tan complicadas como el desarrollo de algoritmos. 

El grupo de inadaptados sociales que convive con Richard y que trabaja en Pied Piper ofrece un amplio abanico de personalidades que dan mucho juego a la hora de interactuar entre sí. No niego que la hipergestualidad y los tics del protagonista lleguen a ser cansinos o que las peleas entre Bertram y Dinesh no sean algo trilladas pero tenemos a Jared y Erlich para equilibrar el lote. El primero es todo candor, dulzura y eficiencia, será por ello que es tratado como un cero a la izquierda, como un accesorio prescindible. Claro que sin él, Pied Piper nunca hubiese llegado a convertirse en una realidad. Son sus esfuerzos y sus sacrificios los que permiten que el proyecto funcione. Jared ha tenido momentos realmente geniales esta temporada como cuando acaba en un contenedor de carga por culpa de un coche inteligente o cuando decide que Pied Piper debe pivotar hacia otra cosa. 

Erlich es el típico personaje totalmente impredecible, aunque siempre sabes que va a hacer algo inapropiado o alocado nunca sabes hasta donde está dispuesto a llegar. Sus grandes aportaciones a la primera tanda de capítulos incluyen un viaje con setas alucinógenas, amenazas a un menor o racismo. Además, debajo de esos rizos, esa barba y esa panza cervecera se encuentra un tipo dispuesto a hacer cualquier cosa por sus amigos. 

Y luego está Peter Gregory, un personaje secundario tan bien definido, perfilado e interpretado que es imposible no sentir cierto desasosiego cuando aparece en escena. Gregory, multimillonario excéntrico y gurú tecnológico, apoya a Richard en su aventura empresarial. Lo vemos pocas veces pero cada segundo en pantalla es único. En su primera aparición despotrica contra las universidades en una charla TED, también da un incómodo discurso vestido de romano en una fiesta organizada por él pero lo mejor es su momento Burger King (tenéis que ver la serie). Por desgracia, el actor Christopher Evan Welch falleció tras rodar cinco capítulos pero su personaje es tan fundamental para la serie que los guionistas seguirán haciendo referencias a Gregory aunque no volvamos a verle aparecer. 

Humor tecnológico que en nada se parece a The Big Bang Theory, situaciones humillantes, escenas que provocan vergüenza ajena, excentricidades millonarias, amistad, droga, vómito, alguna que otra fiesta y ordenadores. Silicon Valley parecía una serie demasiado nicho para mi gusto pero me ha sorprendido su capacidad de conectar emocionalmente con el espectador y de situar a sus personajes en un punto intermedio entre la parodia y el realismo. 

De cara a la segunda temporada las bases están asentadas (los dos últimos minutos de Optimal Tip-to-Tip Efficiency se encargan de hacerlo) y esperamos que la serie mantenga el nivel mostrado durante estos ocho capítulos que me he ventilado en dos días. 

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Las estrellas no son, ni deberían ser, lo más importante de True Detective

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En las últimas semanas se ha especulado mucho sobre quienes serán los protagonistas de la segunda temporada de True Detective. El impacto mediático de la obra de Nick Pizzolatto ha sido abrumador. Personalmente, me declaro una fan de la serie, de los personajes, de la historia, de Carcosa y del rey amarillo. Admiro, aprecio y valoro, de manera muy positiva, el trabajo de los protagonistas: Woody Harrelson y Matthew McConaughey están inmensos.

Tras la tempestad llega la calma, al menos eso es lo que se dice. Sin embargo, tras el éxito de la primera temporada, no hay día que no aparezca una nueva "noticia" sobre el posible reparto de la segunda temporada de True Detective. La gente hace cábalas, apuesta por sus favoritos, sueña con un reparto hecho a la medida de sus preferencias. Se rumorea que Brad Pitt podría sumarse al proyecto, luego se nombra a la pelirroja de moda: Jessica Chastain. Nada en firme, nada cerrado, nada cierto. Lo realmente importante es que Pizzolatto escriba otra historia envolvente, tóxica, laberíntica. Lo importante es encontrar a otro director con un pulso tan firme y personal como el de Cary Fukunaga. Lo importante es volver a sorprender y atrapar al público. Deben superar expectativas, redefinir parámetros, presentar personajes, ampliar horizontes, abrir nuevas rutas argumentales.... pero todo el mundo se empeña en centrarse en hablar del casting. ¿Es eso importante? NO. 


Admitámoslo, tanto Woody Harrelson como Matthew McConaughey eran actores de segunda regional en Hollywod antes del éxito de True Detective. Ambos actores habían coincidido previamente en EdTv (1999) y Surfer, Dude (2008). El que acabasen protagonizando la serie de la HBO no creo que tuviese nada que ver con el hecho de que fueran estrellas de Hollywood porque no lo eran. Ambos estaban disponibles, interesados y eran lo suficientemente económicos como para que la cadena valorase su participación en la serie. Es posible que alguno de ellos, o los dos, rebajase su caché ante el valor del guión, la insistencia de sus agentes o su propio buen criterio. 

Harrelson es recordado por ser el tontito de Cheers, el único de la serie que tuvo suerte en la gran pantalla.  Ha tenido sus más y sus menos en el cine, su mejor papel fue el de Larry Flynt en el biopic sobre el controvertido director de Hustler que dirigió Milos Forman. Sin embargo, Harrelson nunca fue una estrella de Hollywood. Estamos ante un intérprete que despierta cierta simpatía entre los cinéfilos veteranos por sus años de trabajo acumulado y, entre los mas jóvenes, por sus papeles en Zombieland y The Hunger Games. 


Matthew McConaughey es harina de otro costal. Recuerdo cuando, en sus inicios, se le llamaba "el nuevo Paul Newman". Cierto que, a mediados de los noventa,  hizo un par de buenas interpretaciones que fueron recibidas pero, el bueno de Matthew,  pronto descubrió que le cundía más cuidar su cuerpo que su arte. Durante años fue el objeto de deseo de incontables comedias románticas. Compartió plano con Kate Hudson, Sarah Jessica Parker, Jennifer Lopez, Penelope Cruz... Sin embargo, hace unos años, su filmografía empezó a empatar papeles más serios, con mayor relevancia, con interés, con vida. Su carrera empezó a desligarse de esa imagen cultivada a golpe de abdominales de chico de comedia romántica. 

McConaughey está viviendo un momento profesional de lo más dulce, a su gran interpretación en True Detective hay que sumarle la avalancha de premios por Dallas Buyers Club.

No reniego de su participación en LA SERIE del año ni del buen saber hacer que ambos despliegan en cada episodio, cada secuencia, cada plano, cada silencio, cada mirada. No obstante, lo importante de True Detective no es quién interpreta el papel; de ahí que todas las cábalas y noticias que surgen sobre el reparto de la segunda temporada me importen bien poco.

Cualquier actor o actriz con un poco de recorrido y de tablas es capaz de componer un buen personaje si tiene un buen material con el que trabajar y si tiene un buen texto en el que apoyarse. Tanto Pitt como Chastain son buenos profesionales pero creo que su fama es contraproducente para historias como las que plantea Pizzolatto. Lo ideal sería apostar por "estrellas" de segunda, incluso de tercera; o recuperar algunas viejas promesas que se perdieron por el camino. No tengo favoritos. 

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