Alicia in red

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Me gusta Alicia cuando viste de rojo. Me gusta cuando te mira serena alzando una ceja. Me gusta cuando junta las manos mientras hace un alegato ante un juez, cualquier juez pues en The Good Wife cada un es un universo en continuo desarrollo. Me gusta la señora Florrick cuando sujeta su carpeta contra el pecho a modo de armadura; una armadura a  medida con la que pasea por los pasillos y salas de juntas del bufete Lockhart&Gardner.

Me gusta Alicia cuando viste de rojo. Me gusta cuando sonríe, esa sonrisa que deja ver pocas veces pero que ilumina la pantalla cuando aparece. Me gusta Alicia cuando se sirve una copa de vino en la cocina de su apartamento, una copa que es a la vez bálsamo y recompensa, una copa que le permite disfrutar de unos escasos minutos para si misma. Me gusta Alicia cuando, desde su despacho, recorre con la mirada el bufete como una leona defendiendo su territorio. 

Me gusta la Alicia que viste de rojo y defiende a sus hijos, Zack y Grace, con uñas y dientes y palabras. Me gusta Alicia cuando llora y se derrumba porque sé que necesita esos momentos de tregua, de debilidad para volver a alzarse silenciosa y confiada dispuesta a aplastar con su tacón de aguja a cualquiera que se cruce en su camino.

Me gusta Santa Alicia, y la Alicia que conspira con Cary para presionar al bufete, y la Alicia que asciende a socia de Lockhart&Gardner, y la que duda sobre la moralidad de los tejemanejes que su bufete se trae entre manos. La Alicia de rojo juega con lo legal y lo político. Se mueve con soltura en la corte y en la campaña de Peter, su marido; ese hombre poderoso (gobernador de Illinois), adúltero y atractivo al que ama. 

No obstante la Alicia de rojo duda, el amor no es algo sencillo pues carece de reglas y no se rige por precedentes, no hay lógica en asuntos del corazón y Alicia no es capaz de manejar sus emociones vista, o no, de rojo. Will, su compañero de universidad, su jefe, su amigo, su amante; es la tentación personificada y la pasión estalla en el interior de un ascensor. 

Me gusta la Alicia de rojo porque es capaz de someter a Louis Canning (Michael J. Fox), porque hace sudar a Mike Kresteva (Matthew Perry), porque se mide de igual a igual con Elsbeth Tascioni (Carry Preston) y porque logró conquistar el respeto de Eli Gold. 

Me gusta Alicia de rojo, sin embargo me he rendido a sus pies vistiendo de azul. Al final del capítulo What's in the box?, cierre de la trepidante y magnífica cuarta temporada de la serie, la señora Florrick, con un impecable traje azul espera nerviosa a alguien en su casa. Mientras espera se sirve una copa de vine, hace la colada, se mira en el espejo y cuando suena el timbre abre la puerta. "I'm in" dice la Alicia de azul. Salto al vacío. 

Cary y Alicia abren su propio bufete: Florrick, Agos & Associates. No solo ellos abandonan  Lockhart&Gardner, algunos abogados de cuarto año que quedaron descontentos con sus jefes tras la retirada de la opción de convertirse en socios se irán con los nuevos Will y Diane. También se une a la aventura Robin, la pizpireta y espabilida segunda investigadora del bufete. ¿Algún cliente? Seguro que Colin Sweeney estará más que dispuesto a seguir los pasos de Alicia vista de rojo, de azul o de verde lima.  Este audaz movimiento en la trama de The Good Wife promete una quinta temporada llena de enfrentamientos, problemas, traiciones y alianzas, además se multiplicaran el número de escenarios. 

Alicia, vestida de rojo, será la nueva Diane; y Cary será el nuevo Will. Robin la nueva Kalinda. Aún así todo seguirá igual hasta que Alicia y Will tengans esa conversación largamente postergada.

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La piña número cien

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Que una serie, Psych, alcance la cifra de los 100 episodios es todo un logro, que además tenga asegurada la próxima temporada- la octava- también es una proeza si tenemos en cuenta los malos tiempos seriéfilos que corren. Para algunos - entre los que me incluyo- que Psych se haya mantenido en antena desde el 2006 es motivo de alegría suprema y cada nueva temporada es recibida con sonrisas y piñas. 

El canal USA Network estrenó, el pasado 27 de febrero, la séptima temporada de la serie; un producto creado por Steve Franks y protagonizado por James Roday y Dulé Hill. El 27 de marzo se emitió el capítulo número cien de Psych con el título100 Clues. Se trata del quinto episodio de la temporada y con él se cruza la frontera de los tres dígitos. Tan señalada ocasión fue aprovechada por los guionistas para homenajear, algo que la serie hace mucho y bien, a un clásico del cine whodunit, la divertidísima y siempre recomendable Clue. En 1985, Jonathan Lynn, dirigió una película inspirada en el Cluedo, el popular juego de mesa, para ello contó con un reparto excepcional encabezado por el siempre camaleónico y excesivo Tim Curry acompañado de Madeline Kahn, Christopher Lloyd, Lesley Ann Warren, Martin Mull y Eileen Brenan.

Desde sus inicios,Psych, ha jugado con las referencias y los homenajes a la cultura popular. Sin duda sus mejores capítulos son aquellos que se dedican por completo a ello como el Mr. Yin Presents... dedicado a Hitchcock; el Indiana Shawn and the Temple of the Kinda Crappy, Rusty Old Dagger de la sexta temporada; Dual Spires que es toda una declaración de amor a Twin Peaks; el homenaje a El Exorcista de la cuarta temporada The Devil is in the Details... and the Upstairs Bedroom... Shawn (Roday) y Gus (Dulé) sazonan sus intervenciones con citas de películas de los ochenta/noventa, canciones varias, pullas a The Mentalist y comentarios sobre televisión cómics o programas como Jersey Shore.  Esta temporada no pude evitar reirme con su guiño a Don't Trust the Bitch in Apartment 23, comedia de la ABC que echo en falta ¿vosotros no?.

100 Clues recoge el espíritu de la película de 1985 y lo traslada al universo particular de Shawn y Gus. El bromance entre estos dos personajes ha funcionado desde el piloto, y aunque ahora ambos estén embarcados en relaciones estables siguen teniendo una química increíble, el momento del baile del chocolate es un buen ejemplo de ello. No hay que olvidar que para el episodio en cuestión contaron con actores del reparto de Clue; Christopher Lloyd, Lesley Ann Warren y Martin Mull  se prestaron para la ocasión, todo un lujo solo mejorable con la presencia de Tim Curry, por desgracia el británico no apareció en esta nostálgica reunión.

Un capítulo que sirvió a la cadena jugar e interactuar con los seguidores a través de la redes sociales con esto:


A través de Twitter los fans podían votar quién sería el asesino haciendo uso del hastag #psychwhoddit. No es la primera vez que una cadena usa el poder de la red para influir en el devenir de una historia. Hace bien poco la CBS llevó a cabo el mismo experimento con un capítulo de Hawaii Five-0.

Homenaje, interactividad e intro modificada para la ocasión. La divertida intro de esta comedia detectivesca ha sabido, desde siempre, sorprender e innovar su cabecera si la ocasión así lo merecía. En este enlace hacen un repaso a algunas de esas transformaciones. 

Por cierto ¿encontrasteis la piña? Un detalle de lo más original.



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Zero a la izquierda

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¿Soy yo o las dos últimas temporadas han sido un espanto? Son pocas las series que han logrado captar mi interés, y por desgracia varias han sido canceladas como Awake, The River o Pan Am. La presente temporada no se presenta mucho mejor, por ahora me he quedado con Go On, Arrow y por inercia y un sentido masoquista que no sé de donde me sale veo religiosamente Elementary. Poco más y con desgana. Ni siquiera los productos de calidad me atraen; ahí tengo aparcados los trece episodios de House of Cards mientras dudo si empezar The Americans. Desgana seriéfila, agotamiento tras múltiples fracasos sonoros y cancelaciones dolorosas. Lo peor no es eso, no es esa desgana, lo peor es que cuando me decido a empezar algo me encuentro con cosas como Zero Hour. Imaginad que metemos en una coctelera la siguiente lista de ingredientes: 

- nazis
- iglesia católica
- los rosacruces
- los doce apóstoles
- mapas del tesoro
- experimentos genéticos
- secuestros
- el Polo Norte
- el FBI
- marido enamorado con mujer recientemente secuestrada
- relojes
- Si le añades un dragón entonces tienes que rendirte a los pies de los creadores por tener los bemoles de presentar semejante mejunje 

Con todo esto la ABC ha creado otro juguete roto, otra serie cancelada tras la emisión de tres capítulos con míseras audiencias y críticas brutales.

Paul Scheurin, el creador de este despropósito, logró que Anthony Edwards - el recordado y querido Mark Greene de ER - regresase a la pequeña pantalla para dar vida a Hank, el protagonista. El tiempo no ha sido amable con este actor que tocó techo recorriendo los pasillos del hospital County General de Chicago y cuyo personaje - el doctor Greene - siempre aparece en las listas de mejores muertes en series. A sus cincuenta años se dejó envolver en un proyecto que hace aguas por todas partes. Edwards, siempre efectivo en ER, es totalmente inverosímil como Hank, un desesperado marido que tras el secuestro de su esposa se encuentra en medio de una conspiración que podría cambiar el rumbo de la historia. El papel, además de increíble, es plano, absurdo y carente de atractivo. Mejor hubiera sido para él quedarse en casa haciendo maquetas, así los fans mantendríamos el buen recuerdo de Mark Greene y no lo asociaríamos con esta bazofia conspiranoica sin pies ni cabeza. 

Edwards está arropado por un pequeño grupo de secundarios, personajes estereotipados y odiosos desde el minuto uno. Tenemos a la pareja chupi-guay de reporteros guapos, jóvenes y, se supone, que inteligentes. Hay, como no, una hermosa agente del FBI marcada por una tragedia personal que se pega al protagonista y demuestra ser una mujer de armas tomar. Hay un cura.... en fin, que hay cosas, muchas cosas, demasiadas cosas. 

El piloto de Zero Hour (menos mal que la han cancelado) no tiene lógica ni tensión, los diálogos son previsibles, atroces y vergonzosos. Las actuaciones no llegan al mínimo aceptable para ser risibles como las de mi adorada Sarah Michelle Gellar en Ringer, eso sí es saber darle al público lo que quiere. 

La idea tal vez funcionase como miniserie, una mala miniserie pero algo con un principio y un final que se quedaría en el cajón del olvido. La ABC no necesitaba meterse en semejante berenjenal con un producto tan lamentable como Zero Hour, aún no entiendo cómo llegó a convertirse en serie tal pastiche de clichés. En los tres episodios emitidos nada tiene sentido, todo está lleno de giros alocados, de personajes surgidos de la nada, de decisiones absurdas, de viajes que se organizan en un segundo, de agujeros en el guión, de inexplicables reacciones de los personajes, de traiciones... todo es excesivo y redundante. 

Bendita sea su cancelación. 

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La sonrisa de Joe Carroll y el vodka de Ryan Hardy

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A estas alturas, tras cuatro capítulos visionados, ya me siento con fuerzas para hablar sobre The Following. El piloto, emitido el 21 de enero, no me entusiasmó aunque varios blogueros que sigo hicieron comentarios entusiastas sobre el arranque de esta historia sobre agentes del FBI, malos de cartón piedra y un zumbado obsesionado con Edgar Allan Poe. 

El segundo capítulo, donde la trama se va asentando, sufrió un leve cambio de reparto ya que Jeannane Goossen desapareció para dejar sitio a Annie Parisse, la primera no encajaba con su mirada furibunda y cara de mala hostia, la segunda se incorporó para dar vida a una experta en cultos del FBI. Este capítulo mejoró mi opinión sobre The Following, un producto al que la FOX se agarra con uñas y dientes sabiendo que tras los estrepitosos fracasos de Terra Nova y Alcatraz, y con Bones dando sus últimos coletazos, necesitan un procedimental de éxito. 

The Poet's Fire, el tercer episodio, fue de vergüenza ajena, un compendio mal apañado de clichés y giros inesperados tan evidentes como innecesarios: muere un miembro del equipo del FBI; una de las víctimas se descubre como parte del culto de Joe Carroll; el suicidio de Jordy fue patético y me provocó un ataque de risa; el vicioso triángulo formado por Emma, Jacob y Paul empieza a resquebrajarse a ojos vista; y se constata que Ryan Hardy (Kevin Bacon) se dejó seducir por Joe (James Purefoy), un hombre con un enorme poder de convocatoria y con un atractivo que me resulta incomprensible.

Kevin Williamson, padre de la criatura, sabe moverse en televisión, suyas son tanto Dawson`s Creek como The Vampire Diaries; y es responsable de una de las sagas cinematográficas más rentables y conocidas de las últimas dos décadas: Scream. Williamson sabe de sustos, de intrigas y su especialidad es rizar el rizo pero en The Following el rizo es demasiado enrevesado y roza, con excesiva facilidad,  lo ridículo, lo improbable y lo patético. 

A este sin sentido tenemos que añadir una relación amorosa fallida entre Ryan y Claire (Natalie Zea), la ex-mujer de Joe. ¿Alguien apostaba por el triunfo del amor en una relación tan viciada como complicada?

Sigamos. Los seguidores de Carroll parecen estar por todas partes, apuesto lo que sea a que con el tiempo se revelará la presencia de un topo en el FBI. Supongo que con el tiempo es posible que uno de los acólitos de Joe se pase al otro bando pero admitamos que todos están como para que los encierren empezando por Emma (Valorie Curry), una mujer cuya mirada no querría encontrarme en un callejón una fría noche de invierno. El control de Carroll sobre sus seguidores es más frágil de lo que él cree y las pasiones humanas parecen interferir en su plan maestro. 

Si empezamos a destripar la serie punto por punto nos damos de bruces con un procedimental con ínfulas de grandeza y que pretende - maldita vanidad- ser más listo que el espectador. Tenemos al serial killer carismático, con acento inglés y sonrisa socarrona. ¿Alguien se cree que en torno al profesor Joe Carroll se pueda organizar un culto con gente dispuesta a clavarse un cuchillo en el ojo por él? No niego que Joe sea un manipulador pero sus métodos son propios de un niño de siete años, su obsesión por Poe es aburrida y si veo otro Nevermore escrito en una pared me quito los ojos yo misma. Joe, como buen serial killer, está emperrado en joderle la vida al hombre que lo encerró, el pobre Ryan Hardy tuvo suerte cuando en 2003 capturó a este sangriento asesino. La vida del agente quedó marcada para siempre y la experiencia fue tan traumática para él que ahora bebe vodka a todas horas. ¿Un agente de la ley ahogando las penas y la frustración en alcohol? Increíble.

Kevin Bacon se mueve por la serie como si no supiese muy bien que hacer, creo que es consciente de que había más calidad y verosimilitud en un minuto de The Closer, la serie de su señora esposa, que en un capítulo de The Following. Su personaje delgado en extremo, siempre bien peinado, con la mirada perdida y el rictus crispado, se supone que es un experto en Carroll y es el epicentro de todo el entramado creado por el asesino. Creo que Joe no puede soportar la idea de que ese insulso lo atrapase y se beneficiase a su espectacular esposa. Si yo fuera el FBI apartaría a Ryan del caso para porque no aporta nada a la investigación, además su mera presencia espolea a los seguidores de Carroll a cumplir las sangrientas directrices de su ídolo. 

Si Poe levantara la cabeza demandaría a la FOX y a todos los perpetradores de The Following. Para ver asesinos en serie me quedo con Dexter, es mucho más carismático y creíble. Lo nuevo de Williamson no me convence, me entretiene un poco, me hace reír pero no puedo ser fiel a una serie tan absurda y predecible como esta. Pobre Edgar Allan Poe, nevermore. 

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Louie es ...

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PEREZOSO,  porque prefiere estar tumbado en su sofá a salir a la calle.

GLOTON, porque le puede la comida basura: helados, gofres, chocolates, pizzas, hamburguesas...

DIVERTIDO aunque no lo pretenda. Su humor grueso es fino y doloroso, no hace humor para todo el mundo, eso es sencillo, eso lo hace cualquiera, el hace un humor con trasfondo, del que te deja pensando, del que te desgarra por dentro, un humor con el que te identificas y que puede resultar ofensivo pero no por ello menos cierto.

TRAGICO porque a pesar de sus esfuerzos y de su sincera declaración de amor no logra que el personaje de Pamela Adlon le ame; y porque cuando se reencuentra con Liz (Parker Posey) es simplemente para verla morir.

DESPISTADO porque un día pierde a su hija mayor, arma un gran revuelo, llama a la policía y no se percata de que la niña estaba escondida en el armario. 

ENAMORADIZO porque entra en una librería y se queda colgado de Liz (Parker Posey), algo que le puede pasar a cualquiera, todo sea dicho, pero tras una noche de locura al lado de esa inestable mujer no se la puede sacar de la cabeza. Esa incapacidad para olvidar le lleva de nuevo a la librería donde conoce al personaje de Chloe Sevigny, una mujer más loca, si cabe, que la Liz. 

SEXUALMENTE TORPE, una de sus compañeras de stand-up le espeta en la cara que folla mal; Delores, la madre loca del colegio, con la que pretende acostarse acaba catatónica en la cama;  Laurie (Melissa Leo) ataca su hombría -que grandísimo momento- para lograr sexo oral; en Miami traba amistad con un salvavidas pero todo acaba con un embarazoso y torpe equívoco sobre la sexualidad de Louie; en Atlantic City acaba acostándose con una vieja gloria de la comedia... Louie y el sexo, un capítulo aparte. 

COBARDE, porque no es capaz de romper de manera honesta y sincera con su novia al inicio de la tercera temporada. Otro ejemplo es la incapacidad para enfrentarse a su padre, ejemplificada mediante una huida por tierra y mar de varios minutos de duración. 

BUEN PADRE, se desvive por sus pequeñas y sueñas con comprarles una enorme casa paradigma de la felicidad familiar. Veamos lo que es capaz de hacer para proporcionarles el regalo de Navidad que sus niñas desean. 

SINCERO, en algunas ocasiones se sincera con sus amigos o con completos desconocidos; por ejemplo con un amigo con el que hace años que no se habla, llega tarde para disculparse- es la segunda vez que lo hace-  pero se sincera y se siente mejor. Cuando conoce a Robin Williams en el entierro de un antiguo jefe acaba confesando su desprecio por el muerto. Y cuando sale Sarah Silverman, su vieja amiga, siempre mantiene conversaciones a corazón abierto con ella. 

TIERNO. El capítulo en Afganistán es todo sensibilidad y ternura en un ambiente hostil y extremo. Ver a este hombretón con un pequeño pato a cuestas en medio de una zona de guerra es casi mágico. 

Estas son algunas cualidades de este gordo pelirrojo, un hombre de mediana edad consciente de que ya ha pasado la mitad de su vida pero que se resiste pasiva y activamente al compás rítmico que le marca la sociedad que le rodea. Louie es una buena persona llena de inseguridades, miedos y dudas como todos los demás pero él usa el escenario y la serie como catarsis liberadora para plasmas todas esas emociones, contradicciones y pensamientos. No es que quiera compartir sus ideas con nosotros es que busca la liberación personal a través de la verbalización - o plantamiento visual - de esos pensamientos, emociones y sensaciones.

Louis CK no es actor, es un ser humano que mira atónito, perplejo, expectante, ansioso, temeroso, maravillado, extasiado, angustiado, cansado y asqueado el mundo que le rodea, la vida que se ha  labrado. Su visión  se adapta a las experiencias vividas y su realidad es únicamente suya, única e intransferible. Nosotros, meros espectadores curiosos, con nuestras propias vidas y experiencias, nos asomamos cada semana a la pantalla de nuestros televisores para cotillear en el patio - mental y emocional - del vecino gordo y pelirrojo. 

En verano me acerco de puntillas al patio de Louie, siempre me arranca una sonrisa, una lágrima, un suspiro de comprensión. Suelo quedarme con una sensación agridulce, a veces demasiado incómoda, tanto que tardo en volver - siempre de puntillas - a asomarme al patio. 

Tras tres exitosas temporadas, Louie se tomará un pequeño descanso y no estrenará su cuarta entrega hasta principios de 2014. Este verano no podré ver el mundo a través de los ojos cansados de este cuarentón afincado en Nueva York, será el momento perfecto para revisitar la tres anteriores temporadas y aquella pequeña joya titulada Lucky Louie que la HBO canceló hace ya seis años. 

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Moone Boy, Chris O'Dowd regresa a su infancia

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La Irlanda de principios de la década de los noventa es el marco histórico en el que se desarrolla Moone Boy, sitcom creada por Chris O'Dowd, uno de mis actores favoritos. O'Dowd fue uno de los protagonistas de la siempre añorada The IT Crowd, sorprendió como William Rackham en The Crimson Petal and the White, y apareció en dos películas que recomiendo encarecidamente: The Boat That Rocked y Frequently Asked Questions About Time Travel. Moone Boy es el vehículo del que se sirve para descomponer sus recuerdos infantiles creando así una comedia amable con toques costumbristas y surrealistas, la serie combina con pasmosa facilidad, y sin que resulte extraño, lo cotidiano y lo extraordinario. El pequeño protagonista, Martin Moone - trasunto del propio O'Dowd - habla y recibe consejos de su amigo imaginario -interpretado por O'Dowd - pero es tal la naturalidad de la relación que sonreímos ante la inocencia del pequeño Martin y las peregrinas ideas de su barbudo amigo. La serie, que ya ha sido renovada para una segunda temporada de seis capítulos, se emite por Sky1. 

Martin Moone (David Rawle) vive en el seno de una familia católica de clase media; Debra (Deirdre O'Kane) es la madre y Liam (Peter McDonald) el padre. Martin es el pequeño y vive acosado, hostigado, y sobrepasado por sus tres hermanas mayores: Trisha (Aoife Duffin), Fidelma (Clare Monnelly) y Sinead (Sarah White); todos ellos personajes muy secundarios dibujados con apenas dos o tres pinceladas. Es el pequeño Martin y su amigo imaginario, Sean Murphy, los que llevan todo el peso de la historia; aún así los padres se lucen como saboteadores de sus vástagos en el último capítulo de la temporada. 

En conjunto Moone Boy es una serie tierna con toques humorístico, unos más marcados que otros, que nos muestra como era la Irlanda de aquellos tiempos a través de los ojos de un impresionable e imaginativo niños de 12 años. 1990 queda muy atrás en el tiempo, ese mundo ha desaparecido pero O'Dowd mira con nostalgia y cariño esa época aunque también magnifica hechos y distorsiona acontecimientos porque la vivencia infantil no es igual a la adulta y porque el tiempo - si hay cariño de por medio - endulza y transforma cualquier recuerdo. Las hermanas son crueles, los padres se ven superados por las circunstancias y se mueven entre dos polos opuestos desde la sobreprotección a la desidia, y Martin, con sus grandes ojos claros y sus preguntas, descubre el mundo con decisión y voluntad, sin perder nunca el buen humor y sin saciar del todo su infinita curiosidad. 

La ciudad de Boyle es un microcosmos con particularidades únicas como los padres que no pueden controlar a los hooligans que tienen por hijos, la campaña que montan las madres por Mary Robinson o el rico, lascivo y extraño hombre rico del pueblo. 

Yo me crié en un pequeño pueblo y reconozco muchas de las historias y retos infantiles a los que se hacen referencia en la serie. Por desgracia yo no tenía un amigo imaginario cantarín y barbudo que me sirviese de consejero, apoyo y válvula de escape. Boyle, Irlanda, es uno de esos pueblos que sin llegar a la categoría de Cicely, Alaska, tiene el suficiente encanto y mala hostia como para hacer un alto en el camino y disfrutar de las vistas. 




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El blog de Jenna Hamilton

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Jenna Hamilton mucho ha mareado la perdiz este verano desde la MTV. La segunda temporada de Awkward. ha servido para que la serie asiente sus bases narrativas y permita evolucionar a sus secundarios, en especial a los adultos, dando un pequeño salgo de calidad hacia adelante pero trazando círculos concéntricos tendentes a la repetición alrededor del triángulo amoroso formado por Jenna, Matty y Jake. 

Tras desvelarse el misterio de quien escribió la carta, revelación nada sorprendente pero con unas consecuencias muy logradas, Jenna decide tomar las riendas de su propia vida empezando por su blog, siguiendo con Jake, su madre y Matty. El epicentro amoroso de la serie, que se ha regodeado durante 12 capítulos en el si pero no no pero si de Jenna, ha tenido algún momento de puro genio como esa parodia de Twilight o la retahíla de piropos que Matty y Jake se prodigan desde el respeto y la amistad con el fin de convencer a la "Bella" de que elija a uno. 

En la lucha por el corazón de la bloguera los chicos salen perdiendo. Jake es dibujado como un pelele incapaz de controlar sus emociones y una persona muy rencorosa. Matty como un perro del hortelano incapaz de aceptar sus sentimientos. Es Jenna la que crece durante esta temporada como personaje, mujer, escritora, amiga e hija. Por desgracia toda su autonomía se viene abajo cuando repite la historia materna anteponiendo su relación con Matty a sus propios sueños y deseos. ¿Se librará Jenna del huele sobacos para volar libre?

Volviendo a los secundarios, empecemos con las amigas: Tamara y Min. La alocada, pizpireta e hiperactiva Tamara ha tenido sus más y sus menos en el amor. Su relación con Ricky la ha llevado por la calle de al amargura hasta el punto de mearse encima en público, se obsesionó con ser acosada por Kyle y acabó encerrada en un coche con el único chico que parece entender lo maravillosa que es esta chica: Jake. 

Min despegó gracias a su trama con la mafia china, que hallazgo esa Rebeca capaz de helarte la sangre con una mirada,  y a su relación de amor con Wu. 

Sadie además de peso ha perdido protagonismo, no ha estado tan presente en los capítulos pero sus You're Welcome y su idilio con Ricky la han mantenido a flote como contrapunto de los dilemas morales y personales de Jenna. 

El mundo adulto, poco visto y mal introducido en la primera temporada, se ha asentado este verano. Valerie, la madre, el padre e incluso la novia borracha - muy parecida por momentos a Belén Esteban - han brillado con luz propia, siendo la madre la que mejor parada ha salido y destacando a varios niveles porque además de madres es esposa, amiga, dama de honor, ex-novia y mujer soltera, por un breve período de tiempo. 

Valerie, ascendida laboralmente por obra y gracia de la mafia china, cumple su función cómica a la perfección pero ofrece una visión madura de algunos aspectos de las relaciones interpersonales. A su particular manera ayuda a Jenna con sus dilemas. Como personaje Valerie se ganó todo mi respeto con aquella conversación con la madre de Jenna en el coche. No creí que pudiera ser tan valiente y honesta, bien por ella. 

Puede que las indecisiones de Jenna lastraran parte de la temporada y que, tras la sorpresa que fue su primera temporada, esperase demasiado de este segundo año pero Awkward es, in my opinion, uno de los productos televisivos más disfrutables del verano resultando una comedia de adolescentes no hostiables con buenos diálogos y una omnipresente voz en off que no cansa ni aburre. 

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Colaborando en Alt1040: los Pond, el asilo y mucho Fringe

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En Alt1040 he escrito algunos post que tienen relación con el cine y las series de televisión. Por si alguno de ellos os interesa, aquí os dejo los enlaces: 

  1. Doctor Who se queda sin los Pond
  2. Cuatro webisodios de The Walking Dead
  3. The Walking Dead estrena con éxito su tercera temporada
  4. Robert Kirkman defiende los cambios de la serie The Walking Dead
  5. Arrow, cicatrices y flechas
  6. American Horror Story: Asylum no tiene punto medio
  7. Fringe, el futuro final
  8. Fringe - In Absentia (5x02)
  9. Fringe - The Recordist (5x03)
  10. Movie 43, una comedia plagada de estrellas
  11. Lilo & Stitch, una escena eliminada habla sobre el racismo



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¿Quién soy?

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 Casi me olvido este mes de preparar esta sección. Ya sabéis como funciona, actor, serie y personaje. Allá vamos.  



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