domingo, 1 de mayo de 2016

La montaña rusa de Kimmy

TSPOILERS DE LA 2ª TEMPORADA DE UNBREAKABLE KIMMY SCHMIDT

Sometimes it feels good to feel feelings, Kimmy. 

En su segunda temporada, Unbreakable Kimmy Schmidt ha logrado encontrar el equilibrio entre la comedia y el drama, combinando ambos géneros con acierto y permitiendo a los personajes secundarios hacerse un hueco en una serie que durante su primera temporada estuvo demasiado centrado en Kimmy. Aunque Elli Kemper sigue siendo el eje central de la serie y el pegamento que mantiene unido el conjunto, el resto de personajes han tenido oportunidad de crecer y evolucionar durante estos trece capítulos. 

La primera temporada desbordaba optimismo y vitalidad, la que Kimmy tenía recién salida del búnker. Tras encontrar su lugar en el mundo, un trabajo, amigos y aprender a usar un teléfono móvil; esta temporada Kimmy tiene que hacer algo mucho más complicado: librarse de las ataduras emocionales y mentales que aún la mantienen dentro del búnker. Nuestra pelirroja nunca llegó a abandonar del todo el búnker y las barreras emocionales que levantó para sobrellevar esa experiencia siguen en pie (ese happy place al que acude cuando se enoja), esas barreras evitaron que llorase durante el cautiverio pero ahora, en el mundo exterior, ya no son necesarias. A esa incapacidad para lidiar con las propias emociones hay que añadir un trastorno de estrés pos-traumático de manual que le impide intimar con hombres, que le provoca eructos y pérdida del control. Desde que escapó de su cautiverio Kimmy no ha dejado de sentirse triste o asustada en lo más profundo de su ser y su viaje emocional pasa, necesariamente, por aprender a lidiar con todas esas emociones reprimidas. Para lograr un cierto equilibrio, para sentirnos bien y a gusto en nuestra propia piel, tenemos que aprender a reconocer nuestras emociones, incluso aquellas que duelen, que nos debilitan, que nos entristecen, que nos agitan, que nos enfadan... convivir con ellas, aceptarlas, nos convierte en adultos y en personas más sanas. 

La recta final de la temporada se centra en el trastorno de estrés pos-traumático de Kimmy y en cómo la joven se enfrenta a sus miedos (el búnker, el reverendo), descubre su ira (focalizada en su madre) y aprende a perdonar y perdonarse para aprender a vivir plenamente. El tema de la madre ya se había tratado, de refilón, en la primera temporada, así que ya era hora de que madre e hija se reencontraran. Lisa Kudrow se pone en la piel de Lori-Ann Schmidt, la madre ausente y despreocupada a la que Kimmy culpa de su secuestro. Kudrow es perfecta para interpretar al personaje, su naturalidad, humanidad y ese punto de locura nos acercan a Lori-Ann, una mujer excéntrica que no es capaz de ser, si es que alguna vez pudo, la madre que Kimmy necesita. 

La escena en la que nuestra tenaz pelirroja es capaz de atarse los cordones de sus zapatillas es la culminación de un proceso que la lleva a cerrar esa etapa de su vida y poder empezar otra sin la carga de “la mujer topo”. 

Los secundarios ganan tiempo

La serie mantiene su consistencia en la segunda temporada, rebosa ingenio y humor, sigue siendo mordaz y absurda y, como regalo, hay más canciones que el año pasado pero lo mejor de esta segunda temporada es comprobar que los personajes crecen y que sus relaciones se vuelven más complejas y sofisticadas. Esto es posible gracias a que la duración de los capítulos es mayor esta temporada. Recordemos que la primera temporada fue desarrollada para la NBC como una comedia, por lo tanto aquellos trece capítulos mantenían el ritmo y los tempos de edición de una network. Sin embargo, la segunda temporada fue desarrollada para Netflix, así que no tiene en cuenta esos tempos y los capítulos se han alargado hasta casi los 30 minutos de duración. Ese tiempo extra se ha dejado sentir en el desarrollo de la historia, por esto Titus, Jacqueline y Lillian tienen más peso en el resultado final y por eso los guionistas han podido tratar mejor sus tramas. 

Este año Jacqueline se ha convertido en una mejor persona, capaz de anteponer las necesidades de otros a las suyas propias y de luchar por causas que cree justas. Su desarrollo ha sido uno de los más orgánicos y coherentes de la temporada, redimiéndola de su imagen de frívola mujer trofeo de la primera temporada. Jacqueline ha ganado entidad, es más que la caricatura de una clase social, ahora es una persona real que ha encontrado el amor y que tiene un objetivo. 

Gracias a ella, la serie introdujo en el reparto a Anna Camp. La Camp interpreta a Deirdre, una joven rica que se mueve en los mismos círculos que Jacqueline solía frecuentar antes de su divorcio y que se convierte en la némesis de la señora White. Anna Camp está fantástica en la piel de una aburrida reina de la alta sociedad que necesita un reto a la altura de su intelecto para entretenerse y que por eso pasa el tiempo urdiendo planes para superar y humillar a Jacqueline. Las escenas entre Krakowski y Camp son divertidas y ambas actrices están fantásticas intercambiando one liners y manteniendo una extraña y sugerente tensión sexual no resuelta. 

Titus ha seguido siendo esa persona egoísta, superficial y atolondrada pero ha tenido tiempo y ganas de crecer y mejorar. Su relación con Mike ha sido muy dulce y divertida, enfocada más allá del choque de personalidades. Y es que Titus tiene muchas capas, bajo su fabulosa ropa y estupenda voz hay una persona con miedo al fracaso y al abandono pero también alguien con sueños y que, por primera vez en mucho tiempo, se va a atrever a llevar a cabo acciones para convertir esos sueños en realidad. 

Por otra parte reconozco que los esfuerzos de Lillian, siempre genial Carol Kane, contra la gentrificación de su barrio son conmovedores y que la energía y rabia que destila esta mujer son insuperables. No obstante, más allá de sus accesos de ira, su entusiasmo por la autenticidad de su hogar y sus extrañas relaciones amorosas, el personaje ha quedado un poco descolgado aunque sale mejor parado que la temporada pasada. 

Espero que la tercera temporada siga explorando los traumas de Kimmy y que traiga de vuelta a Lisa Kudrow. Mientras espero me quedo escuchando la canción de la serie. 

martes, 19 de abril de 2016

Cuatro motivos para no perderse iZombie

El pasado 12 de abril, iZombie despidió su segunda temporada con un estupendo capítulo doble confirmando lo que los fans de la serie ya sabemos desde hace un tiempo, iZombie es una de las series más amena, divertida y autoconsciente de la televisión actual. Muchos seriéfilos no le dan una oportunidad y es una lástima que no sepan lo que se está fraguando en Seattle y lo buena cocinera de cerebros que es Liv Moore. 

Motivos para ver la serie hay muchos, por ejemplo: 

Los creadores

Los responsables de Veronica Mars, Rob Thomas, creador de la mítica serie, y Diane Ruggiero-Wright, coguionista de la película, son las mentes pensantes detrás de esta adaptación comiquera a la pequeña pantalla. 

iZombie tiene el mismo sentido del humor y la misma querencia por los diálogos plagados de referencias a la cultura popular que Veronica Mars. Es, igualmente, una serie inteligente, muy entretenida de ver y con una protagonista femenina perfectamente definida y en constante evolución. Pero iZombie es también un drama que sabe introducir los elementos sensibles y las tramas más serias cuando es necesario, y lo hace con elegancia, con acierto y equilibrando la intensidad narrativa con dosis de humor negro, sarcasmo y gore. 

Podemos encontrar muchas similitudes entre iZombie y Veronica Mars pero la historia de Liv Moore tiene la suficiente personalidad como para resultar atractiva por méritos propios. Sin embargo, para los fans acérrimos de la Vero, esta serie puede ayudarles a mitigar la nostalgia porque muchos de los rostros de Neptune la visitan con regularidad: Percy Daggs III, Daran Norris, Ryan Hansen, Enrico Colantoni, Ken Marino, Adam Rose y Kristen Bell, ya han aparecido en la serie y, personalmente, tengo muchas ganas de ver a Jason Dohring o Tina Majorino midiéndose con Rose McIver.

Ravi Chakrabati

La relación entre Liv y su compañero en la morgue, Ravi -estupendo Rahul Kohli-, es una de las más entretenidas de la televisión actual. Cierto que el reparto de la serie es fantástico y está muy cohesionado pero Kohli se ha ganado un lugar destacado en el corazoncito de los fans. Ravi es un personaje que funciona tanto a nivel cómico como dramático, su química con Liv es innegable pero es que su bromance con Major  también da mucho juego. Desde el piloto se estableció una gran complicidad entre Liv y Ravi, este forense británico ha sido un gran aliado para ella, siempre la ha apoyado y no ha parado de investigar su caso para poder ayudarla a recuperar su antigua vida. 

Ravi es una personaje tremendamente auténtico, divertido y entrañable. Sus reacciones ante las diferentes personalidades que Liv adopta cuando come un cerebro suelen ser los mejores momentos de los capítulos. También recordaré con cariño su troleo a Clive por Game of Thrones o su reacción al descubrir que Major era el serial killer de Seattle. 

Liv y los muertos

Cada vez que come un cerebro Liv adquiere rasgos de la personalidad del fallecido y también algunos de sus recuerdos; tan pronto es la alegre y positiva propietaria de una cafetería como un vigilante callejero o un anciano antipático o un sociópata. Rose McIver se transforma en cada capítulo pero sabe mantener la esencia de Liv y moldearla a su voluntad. Los pequeños detalles que delatan los nuevos rasgos de personalidad se hacen notar gracias a un adecuado trabajo físico y vocal por parte de la actriz. A ello hay que unir una estupenda caracterización, la Liv zombie destaca por su piel pálida y su pelo blanco, y una acertada selección de vestuario. Este año, en el capítulo He Blinded Me ... With Science (2x15), Liv se infiltra en un laboratorio usando su aspecto real, el de McIver sin maquillaje, y la diferencia es asombrosa. 

Buenas tramas, mejor narrativa

La segunda temporada de la serie ha sido muy dinámica, realmente interesante, con buenos giros argumentales y con nuevos personajes que han aportado emoción a la historia. Este año los guionistas abrieron diversas tramas (la búsqueda de la cura, el serial killer, el tráfico de drogas, Max Rager, la investigación del FBI) todas interconectadas por pequeños detalles y por los diferentes grados de relación de los secundarios con Liv. Todas estas ramificaciones empezaron a confluir hacia la mitad de la temporada para terminar en una apoteósica season finale que cerró, de manera muy apropiada, varios de los frentes abiertos. Sin embargo, los guionistas dejaron un par de detalles en el aire y aprovecharon la derrota de Vaughn para introducir una nueva vía a explorar durante la tercera temporada. El argumento que plantean es interesante: el apocalipsis zombie no es una horda desorganizada de harapientos trastabillando por las calles, se trata de un grupo de muertos vivientes organizado, con contactos y recursos, dispuesto a hacerse con el control de la sociedad y los cerebros. El futuro promete cambios interesantes y mayor acción en las calles de Seattle.


sábado, 16 de abril de 2016

Bloodline, secretos y mentiras del pasado

 CUIDADO HAY SPOILERS DE LA PRIMERA TEMPORADA

Bloodline es uno de los dramas más absorbente de los últimos años, una historia familiar trágica y circular que nos lleva a los Cayos de Florida, un paraíso de aguas azules repleto de secretos, mentiras y sufrimiento. 

Los perfecta vida de los Rayburn, familia que detenta desde hace casi 50 años un hotel en el lugar y con mucho peso dentro de la comunidad, se trastoca con el regreso del hermano mayor, Danny. La primera temporada se centró en el impacto que su presencia tiene sobre sus padres y sus tres hermanos: John (Kyle Chandler), Meg (Linda Cardellini) y Kevin (Norbert Leo Butz). Su inesperado regreso remueve recuerdos de un pasado marcado por la tragedia y por un secreto que pulsa por salir a la luz. 

El reparto de la serie es excepcional, todos los involucrados están a la altura de la historia y de un magnífico guión pero es el australiano Ben Mendelsohn quien atrae todas las miradas. Su Danny es un personaje ambiguo, dolorosamente natural, peligroso y sibilino. Un ser humano consumido por el rencor y el odio, marcado por un pasado que todos se esfuerzan por enterrar pero que él ha sufrido toda su existencia. Danny es el personaje más importante de la temporada y el catalizador de todas las tramas que se van presentando a medida que avanza la historia. Sin su figura, Bloodline pierde parte de su razón de ser y su mayor atractivo. Lo interesante de Bloodline era seguir sus pasos e ir, poco a poco, descubriendo su cara menos amable, su verdadera naturaleza. Sin él poco me importan la trama del narcotráfico y esos secundarios(Wayne Lowry, Marco, Eric) que sólo proporcionaban un marco contextual para Danny y para conectar sus acciones criminales con la investigación de su hermano y el negocio familiar. Ahora que está muerto, ¿por qué tiene que interesarme la investigación? Es más, ¿qué me ofrece la serie para continuar con su visionado?

Puede que la respuesta esté en el otro pilar interpretativo de la serie, Kyle Chandler. Este ganador de un Emmy se mete en la piel de John Rayburn, el hermano responsable con una vida perfecta. Puede que, a primera vista, su trabajo no sea tan destacable como el de Mendelsohn pero el viaje emocional de John desde el primer episodio es grandioso, en él se concentran la culpa y el remordimiento pero también la bondad y la comprensión. A pesar de todos las señales de alarma, confía en Danny y quiere hacer que su vida sea mejor pero todas sus buenas intenciones chocan contra la fría venganza de su hermano. 

El enfrentamiento entre Danny y John se fragua a fuego lento y estalla en los últimos capítulos precipitando la historia hacia esa escena con la que cerraba el primer episodio. John representa el orden que se enfrenta al caos, el buen hijo contra la oveja negra, el obediente contra el rebelde. Y desde el principio sabemos que aunque gane, va a perder. Danny no duda en presionar a su hermano hasta el límite y es entonces cuando, presa de la desesperación, John mata a Danny con sus propias manos en una escena cargada de simbolismo y potencia dramática. 

A partir de aquí tenemos una nueva senda a explorar, los tres hermanos encubren el crimen y siguen adelante con sus vidas procurando dejar a Danny en el pasado pero ¿cuánto tiempo pueden mantener esa fachada? ¿Cómo les afectará la muerte de su hermano? ¿Acabará la culpabilidad consumiendo sus almas? De cara a la segunda temporada, la serie debería mostrar las consecuencias de ese asesinato y seguir el previsible desmoronamiento de todos y cada uno de los miembros del clan Rayburn. 


La segunda temporada 

Comenzará el próximo 27 de mayo con la presentación de ese recién llegado que dice ser hijo de Danny y nos mostrará el proceso de degradación de los Rayburn como familia y como personas. La madre y los hermanos ya no confían los unos en los otros, hay miedo, paranoia, desconfianza y culpa. Mientras, la investigación sobre el asesinato del hijo pródigo continúa aumentando la presión sobre John, Meg, Kevin y la matriarca. 

La serie incorpora a John Leguizamo, actor que dará vida a un criminal del pasado de Danny en Miami al que el fallecido le debe dinero, y a la británica Andrea Riseborough, otra pieza del pasado de Danny Espero ver un poco más a Chole Sevigny porque su personaje, Chelsea O`Bannon fue uno de los que menos se desarrolló el primer año y creo que una actriz tan versátil y fiable como Sevigny podría aportar mucho más a la serie, si es que le dejan. Además, ¿cómo se tomará el personaje la muerte de Danny? ¿Culpará a los Rayburn? 

Mendelsohn regresará a Bloodline pero su presencia solo será posible a través de flashbacks o en forma de aparición. Puede que la idea de que Danny, como Sarah – bellísima Mia Kirshner– en la primera temporada, aparezca como fantasma para atormentar a sus hermanos sea una buena pero la participación de Mendelsohn en la serie se reducirá y es una lástima porque él, con sus camisetas sucias y sudadas y el cigarrillo colgando en los labios, era el epicentro del terremoto emocional e interpretativo de la serie. 

sábado, 9 de abril de 2016

El alma compasiva de Sidney Chambers

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA

Cuando finalizó la primera temporada de Grantchester dije que era “una serie sencilla, sin ambiciones, bien hecha y ambientada”; lo mismo puedo decir de la segunda temporada que se despidió el pasado 6 de abril. Grantchester se mantiene fiel a sí misma, sigue apostando por lo tradicional sin que eso se convierta en un problema a la hora de visionarla.

La serie es una adaptación de la saga The Grantchester Mysteries de James Runcie. La historia nos traslada hasta la década de los cincuenta, al condado de Cambridgeshire. Allí, en el idílico pueblo de Grantchester, vive el pastor Sidney Chambers (James Norton), un hombre encantador, educado y amable muy apreciado por sus feligreses. El asesinato de un vecino propicia su encuentro con el inspector Geordie Keating (Robson Green), un curtido detective con poco tacto y menos paciencia. Forjar la relación de amistad entre Sidney y Geordie fue la base que vertebró la primera temporada de la serie. Este año, la guionista Daisy Coulam apostó por una trama horizontal que afectó profundamente a los personajes y a sus relaciones personales, mostrando el lado más oscuro de Sidney y su desesperación ante una justicia que no sabe ser compasiva. 

Durante estos seis capítulos, la amistad de Sidney y Geordie, el auténtico motor de la serie, está a punto de romperse. Por primera vez, sus trabajos y sus diferentes formas de ver y entender el mundo les llevan a enfrentarse abiertamente. Geordie ha cambiado desde que recibió un disparo la temporada pasada; se ha vuelto más cínico, más desconfiado y menos paciente. Sidney también arrastra problemas propios que le empujan a beber demasiado y a perder el control. Y el caso principal de la temporada, la muerte de una adolescente de 15 años destapa todas las miserias del ser humano y todos los problemas subyacentes entre el cura y el inspector. 

Me hubiese gustado que la serie explorase un poco más la oscuridad del cura, verle fumar, beber demasiado e intentando aprovecharse de una camarera, está bien pero podrían haber jugado más tiempo con su particular descenso a los infiernos. Igualmente, sería interesante ver cómo Geordie recompone los pedazos rotos de su alma y dignidad tras engañar a su mujer. 

El resto de personajes han estado casi siempre al servicio de la trama principal y de los vaivenes entre la pareja protagonista. Esta temporada, he vuelto a disfrutar de los desplantes y one-liners de la ama de llaves del vicario, la señora Maguire. Una mujer que este año ha dejado ver su lado más humano y que parece haber encontrado el amor de una vez por todas. Leonard, por su parte, ha ganado más peso en la historia. Coulam ha desarrollado sus lazos con Sidney y la señora Maguire mientras le daba una trama propia que, aunque previsible, funcionaba bien y nos regaló un emotivo final. La introducción del personaje de Margaret, secretaria en el departamento de policía, fue un soplo de aire fresco. Era muy entretenido ver a esta joven descarada y sincera moverse en el ambiente tradicional y austero de Grantchester y picar, con comentarios subidos de tono, a la señora Maguire. Espero volver a verla en la tercera temporada. 

La que peor lo ha pasado este año ha sido Amanda, el gran amor de nuestro cura detective. Su viaje personal ha sido muy triste, atrapada en un matrimonio infeliz y perdiendo la alegría y el dinamismo que la caracterizaban. Tan desesperada estaba por sentir un poco de emoción, por acercarse a Sidney, que acabó robando en tiendas y conformándose con una vida anodina junto a un hombre al que no ama. 

La temporada acaba bien para nuestros héroes, con una celebración en familia y con Sidney abrazando a Amanda (Morven Christie), quien corre a sus brazos tras abandonar a su marido. De cara a la tercera temporada (ya confirmada) veremos como la puritana sociedad inglesa de mediados de los cincuenta sobrelleva que Sidney se comprometa con una divorciada embarazada. 

Grantchester sigue siendo un entretenimiento ligero y amable que no acaba de despegar. Como pasatiempo no está nada mal pero no aprovecha todo el potencial que tiene la historia y los personajes. Si podemos obviar esa falta de ambición, la serie merece una oportunidad.

lunes, 4 de abril de 2016

El hombre del bate

SPOILERS DEL FINAL DE TEMPORADA DE LA SERIE

Los seguidores de The Walking Dead llevan meses esperando la aparición de Negan, personaje que hizo acto de presencia en los últimos compases de Last Day On Earth. ¿Valió la pena la espera? Personalmente creo que no. La AMC ha cometido un error garrafal con ese cliffhanger final desmontando por completo la amenaza que supone Negan y negándole al espectador un cierre de temporada a la altura de aquel “We have to go back”. 

Hace meses que sabemos que AMC contrató a Jeffrey Dean Morgan para interpretar al nuevo monstruo de The Walking Dead. En teoría, Negan es la peor amenaza a la que se han tenido que enfrentar Rick y los suyos, y su incorporación prometía ser un revulsivo para un producto que durante su sexta temporada ha perdido buena parte de su credibilidad con absurdos giros de guión, amagos de muerte y cambios de personalidad sin sentido. Lo de Glenn aún colea, el giro radical de Carol no tiene ni pies ni cabeza y, para colmo, el haber construido toda la temporada entorno a la aparición de un personaje ha creado unas expectativas imposibles de cumplir. 

Jeffrey Dean Morgan es un actor querido, medianamente respetado, y todos estaremos de acuerdo en que era lo mejor de aquella nefasta adaptación de Watchmen que Snyder nos despachó hace unos años. Morgan, en racha en The Good Wife, representa lo peor de ese mundo apocalíptico en el que sobrevivir significa ir perdiendo, poco a poco, la cordura y la humanidad. En los cómics, la incorporación de Negan fue capaz de llevar la historia hacia lugares más terribles y oscuros; esperemos que la adaptación televisiva sea capaz de añadir esa fiereza porque ahora, más que nunca, la supervivencia se ha convertido en un enfrentamiento a muerte entre seres humanos. 

La llegada de Negan es un punto de inflexión en el cómic que llega acompañado de sangre, dolor y muerte. El juego de Eenie Meenie, termina con el asesinato de Glenn. El salvajismo de esa muerte es imposible de borrar, representa uno de los momentos más icónicos del cómic y la mejor introducción posible para un personaje complejo y fascinante. Negan es, con diferencia, uno de los seres más sádicos creados por Kirkman pero también uno de los más interesantes porque, a pesar de su salvajismo extremo, en algunos momentos deja entrever cierta humanidad recordándonos que, antes del apocalipsis zombie, fue una persona. Es el reverso más tenebroso de Rick y la evolución definitiva del Gobernador. 

Los escasos minutos de Negan en pantalla, tras un capítulo excesivamente largo que se regodea compilando todos los fallos que la serie ha ido acumulando a lo largo de su historia, nos dejan con un cliffhanger que parece decir “Qué se joda el seguidor de The Walking Dead”. La idea de que nadie esta a salvo con Negan suelto se diluye al no mostrarnos la brutalidad de sus acciones por mucho que Rick y los suyos sean capaces de transmitir el miedo de aquellos que saben que van a morir. El hype creado fue tan enorme que se tragó a Negan y su bate con pinchos. Lo malo de esta presentación del personaje es que no aprovecha toda su potencialidad y deja al espectador con una sensación de decepción difícil de superar. ¿Tanta expectación para esto? 

Faltan unos seis meses para que The Walking Dead regrese. La séptima temporada tendrá que mostrarnos los efectos devastadores de Lucille pero ¿quién será el sacrificado? Ya sabemos que el cómic no es canon y que la serie ha tomado sus propias decisiones creativas desde el principio. Así que es muy posible que Gleen no sea el elegido, hay personajes mucho más prescindibles -Rosita, Eugene, Aaron, Sasha- que pueden pasar a mejor vida sin que eso altere a los fans.

sábado, 2 de abril de 2016

El viaje de Barry a National City


Aunque no soy una seguidora fiel de Supergirl hay aspectos de la serie que me hacen seguir con interés su evolución a través de las redes sociales y de artículos en medios especializados. Las aventuras de Kara se me hacen demasiado “simples” a pesar de que la serie empieza a dar muestras de madurez con capítulos como Falling, donde la heroína de National City pierde el control al entrar en contacto con la kryptonita roja. Tengo que reconocer que el pequeño homenaje que le hacen a Superman III en este capítulo me gustó mucho. Y aunque la serie no se incluya entre mis favoritas, admito que Cat Grant – el hieratismo de Calista Flockhart es digno de estudio- es un personaje muy a tener en cuenta, que siempre sabe qué decir y cómo decirlo. 

Lo cierto es que me inclino más por las aventuras del velocista escarlata y el arquero esmeralda, por los juegos de espionaje de Agents of Shield o por las duras batallas -físicas y mentales- de Daredevil o Jessica Jones. Sin embargo, no iba a permitir que mis prejuicios contra Supergirl me impidiesen disfrutar de la reunión de Barry Allen y Kara Danvers. 

Aunque se emiten en cadenas diferentes, The Flash está en The CW y Supergirl en CBS, ambas series están producidas por Warner Brothers y comparten creador (Greg Berlanti), así que nunca existió ningún impedimento para el crossover y menos teniendo en cuenta el éxito que tienen los que reúnen al Team Arrow con el Team Flash. Además, después de ver lo bien que lucían juntos Grant Gustin y Melissa Benoist en los Golden Globes de este año, el fandom reclamaba una reunión de superhéroes con urgencia. 
Hi, I'm Barry Allen. I'm the fastest man alive. I also think I'm on the wrong Earth and I'm gonna need your help.
Hace unos días, el velocista escarlata llegó al universo de Kara y el resultado ha sido World Finest, un capítulo que reunió a 7,1 millones de espectadores y que sumó 1,7 en los demográficos. Un crossover que parece diseñado para que los espectadores de The Flash le den una oportunidad a Supergirl porque es posible ver el capítulo aunque nunca te hayas interesado por la serie. 

En su obsesión por aumentar su velocidad, Barry acaba saltando a otro universo, el de Kara, justo a tiempo de rescatar a una mujer que cae por la ventana de un rascacielos. Así se conocen los dos superhéroes, Flash cree que ha salvado a una persona normal pero acto seguido descubre que esa persona es capaz de volar y que en realidad es una extraterrestre con superpoderes de un planeta llamado Krypton. 

La trama del capítulo no es muy relevante, solo deciros que nuestros superhéroes tendrán que enfrentarse a Silver Banshee y a Livewire, en un dos contra dos que deja grandes momentos como este: 
What do you say we step away from the nice lady? Let's settlethis like women. ... There's more of you guys here, than me. 


Supergirl es una serie con una heroína bondadosa, empática, inspiradora y socialmente torpe; y The Flash basó el éxito de su primera temporada implementando esa noción de ligereza y diversión en sus tramas. Por lo tanto, es sencillo establecer un vínculo entre National City y Central City, aunque son universos diferentes comparten una misma esencia. Además, es interesante ver a Barry ejerciendo como mentor, se confirma así la madurez de un personaje que ha avanzado mucho desde el día en que fue alcanzado por un rayo. Barry es un héroe carismático y luminoso, que ya sabe lo que significa sufrir y perder por el bien mayor; pero Supergirl todavía está aprendiendo a ser una heroína y, durante ese proceso, siempre está bien que alguien con más experiencia te ofrezca dos o tres consejos. 

Además, Kara sigue intentando recuperar la confianza de los habitantes de National City tras su traspiés en Falling. En World Finest tiene la oportunidad de ganarse a la gente de nuevo. Tanto es así que están dispuestos a enfrentarse a Livewire para defender a Supergirl, en una esta escena que me recordó a aquel momento  de Spiderman (2002) en el que los neoyorquinos se enfrentan a Green Goblin.

Grant Gustin y Melissa Benoist son tan encantadores juntos que es imposible no ver todo el capítulo con una sonrisa en los labios. Barry tiene mucho más en común con Kara que con Oliver; ambos son personas optimistas, alegres, abiertas y que disfrutan con sus poderes a pesar de la enorme responsabilidad que tienen como defensores de sus respectivas ciudades. Sinceramente espero que estos dos estén destinados a compartir más aventuras porque la visita de Flash a Supergirl ha sido uno de los crossovers más amenos y entrañables de los últimos años. 


Continuidad o independencia 

Resulta muy interesante ver cómo DC y Marvel enfocan su expansión en cine y televisión. En el caso de Marvel, con Agents of Shield o Daredevil, se apuesta por dar cierta continuidad al universo cinematográfico en televisión aprovechando eventos mayores como la invasión extraterrestre (The Avengers) o el ascenso de Hydra en SHIELD (Capitán América: El Soldado de Invierno) como fuente de inspiración o para modelar tramas de largo alcance.

DC opta por separar el cine y la televisión, las películas son una cosa y las series otra distinta. No hay correlación ni cercanía entre la gran y la pequeña pantalla. Eso provoca que tengamos dos Flash en activo, el televisivo Grant Gustin y Ezra Miller, el cinematográfico. También sucede que los acontecimientos vistos en las películas de Zack Snyder no afectan a Kara, prima de Superman. 


martes, 29 de marzo de 2016

El apocalipsis zombie de Seattle

MUCHOS SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE IZOMBIE

Ahora que ya sabemos que iZombie tendrá una tercera temporada y que estamos a cuatro capítulos de terminar la segunda, podemos hablar un poco de los derroteros que ha tomado la serie de Rob Thomas durante su año sophomore.


En el último capítulo emitido, He Blinded Me... with Science, las tramas que se abrieron al principio de temporada empiezan a converger: la colaboración de Liv con la policía, la investigación de Clive y Bozzio, la búsqueda de una cura por parte de Ravi, el otro trabajo de Major, las malas relaciones de Blaine con Mr. Boss -mente criminal y personaje bastante truculento-, y las pruebas con zombies de Max Rager. Sí, pasaron un montón de cosas, había mucha información que procesar y mucho que contar al espectador pero la serie se las arregló para ofrecer un capítulo entretenido que, además, avanzaba significativamente en todos los frentes abiertos sentando las bases para un final de temporada que promete.

Desde su estreno la serie ha crecido y afinado sus puntos fuertes, se ha eliminado a la familia de Liv, le han dado un objetivo a Major manteniéndolo cerca de su ex y se han encargado de perfilar dos nuevos antagonistas que hacen que la vida en Seattle sea mucho más interesante (Mr. Boss y Vaughn). Sin embargo, el pilar más sólido de iZombie sigue siendo la relación entre Ravi y Liv. Cuando una pareja tiene química siempre es una buena idea mantenerla unida. Aunque algunos casos semanales son mejores que otros, los cambios de personalidad de nuestra zombie favorita dan mucho juego y es divertidísimo ver a Ravi emocionarse con las diferentes personalidades que adquiere su compañera como cuando se convirtió en justicieraen maga o en escritora de novelas eróticas. 

A pesar de esas mejoras, lo que más me ha gustado de esta segunda entrega, ha sido todo lo relacionado con Max Rager, Vaughn y Gilda. La empresa está empeñada en lanzar una bebida energética que puede crear zombies más rápidos y Vaughn, un egomaníaco de manual con tendencias homicidas, ha estado consumiendo la dichosa bebida volviéndose más irascible e inestable. Vamos, que el hombre se ha vuelto más peligroso. Tengo que decir que me gusta mucho lo que Steven Weber hace con el personaje, todos sabemos que es un ser despreciable pero es muy divertido verle interactuar con el resto del reparto y con su hija. En el último capítulo, hemos comprobado lo rastrero que puede llegar a ser cuando abandona a Gilda en el sótano con un zombie suelto. Él escapa por los pelos en el ascensor y regresa a su despacho donde se da cuenta de la magnitud de lo que ha hecho. Gilda se salva y aparece ensangrentada ante la puerta del despacho suplicándole. Vaughn no la ayuda y ella se va. Un momento muy impactante que potenciará la evolución de estos dos personajes y de sus relaciones futuras. ¿Acabará Gilda convertida en una zombie? ¿Se unirá a Liv y Major en su lucha contra Max Rager? ¿Hará buenas migas con Blaine? 


Y hablando de Blaine, espero que este personaje no desaparezca porque sería una gran pérdida para la serie. Fue nuestro primer malo y su estatus dentro de iZombie es equiparable al que tenía Spike en Buffy durante la cuarta y quinta temporada, sin el factor enamoramiento claro está. 

A falta de unos pocos capítulos para el final de temporada, las cosas en Seattle para la comunidad zombie se han puesto muy interesantes y también para Clive. ¿Ha llegado el momento de que el detective conozca la verdad sobre Liv? Creo que sí porque seguir manteniéndolo al margen no le hace ningún favor al personaje. 


lunes, 28 de marzo de 2016

Atrapados en Islandia

Trapped (Ófærð) es la serie de televisión más exitosa de la historia de Islandia y lo cierto es que este nordic noir tiene la suficiente calidad como para convertirse en la serie a descubrir durante 2016. La acción de Trapped nos sitúa en la aislada localidad de Siglufjörður, un lugar donde pocas veces pasa algo pero que bajo el manto de nieve blanca oculta un buen puñado de horrores cotidianos que comienzan a agitarse cuando en el fiordo aparece el torso de un hombre. 

El jefe de policía de Siglufjörður, Andri, y sus dos ayudantes tendrán que trabajar bajo circunstancias particularmente adversas para descubrir la identidad del cadáver, al culpable del asesinato y, de paso, ocuparse de un caso de trata de personas. Todo esto les llevará a reabrir un viejo caso directamente relacionado con la familia de Andri y a indagar en el mastodóntico proyecto del nuevo puerto en el fiordo. 

Andri, interpretado por Olafur Darri Ólafsson -quedémonos con ese nombre- es un corpulento y estoico policía de mediana edad, con dos hijas y una ex mujer. Gracias a este personaje, Ólafsson se ha convertido en “el hombre más caliente de Islandia” y la verdad es que ese título es bastante comprensible. Su personaje aúna todos los rasgos típicos del policía del nordic noir: obcecado, silencioso, profesional, superado por las circunstancias, con problemas familiares... pero nunca cae en lo fácil ni en el cliché porque la interpretación es tan intensa, tan humana y cercana, y el guión tan bueno, que el espectador no tiene la sensación de estar viendo a un actor inerpretando un papel. Ante ese físico imponente una tiene la sensación de estar contemplando un volcán a punto de entrar en erupción porque él, como todos los demás personajes, está atrapado. La sensación de agobio, de pesadumbre, de asfixia emocional que impregna las vidas en Siglufjörður tiene que buscar una vía de escape; algunos pegan a sus mujeres, otros beben o engañan a sus parejas, otros se drogan o espían a sus vecinos... Andri bebe leche en la soledad de la sala de estar o se lanza a caminar por la nieve para calmar su frustración con frío polar. 

Aunque Andri es el personaje central de la historia sería injusto no mencionar a Hinrika, agente de policía interpretada por Ilmur Kristjánsdóttir, y otra de las sorpresas que encierra Trapped. Su sólida interpretación y la complicidad evidente con Andri, basada en el respeto y la profesionalidad, hace de ellos una pareja muy entretenida de ver con una muy buena química. Espero que de cara a la segunda temporada se explore más esta relación o les dejen trabajar más juntos. 

La climatología es otro personaje a tener en cuenta en Trapped. El tiempo impide a los personajes abandonar el pueblo, nadie entra, nadie sale. Todos están atrapados por la nieve, una realidad con la que los islandeses conviven, es parte de su cotidianeidad y de su carácter, se han acostumbrado a esas condiciones meteorológicas adversas y han conseguido prosperar a pesar de las mismas. Aun así, el hombre no es capaz de controlar la naturaleza y puede jugar tanto a su favor (impidiendo que los criminales escapen del pueblo) como en su contra (dificultando las tareas de rastreo). Para Ólafsson, trabajar en un lugar tan remoto como Siglufjörður fue muy interesante. En una entrevista que leí hace poco explica que su madre se crió en ese pueblo y que sus abuelos también vivían allí. Es más, durante el rodaje vivió en el apartamento donde se crió su madre. 

Considero que Trapped es todo lo que Fortitude aspiraba a ser. En este caso, la propuesta islandesa supera con facilidad aquella fallida producción que nunca tuvo muy claro qué clase de serie quería ser. Trapped se coloca, por derecho propio, a la altura de otras series de corte similar como The Bridge, The Killing o Wallander

domingo, 20 de marzo de 2016

La valquiria del valle feliz



CUIDADO SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA

El inicio de la segunda temporada de Happy Valley, con una conversación tranquila entre dos hermanas tomando el té, es un punto de partida tan bien armado que no puedo menos que felicitar a Sally Wainwright, una vez más, por lo naturales y creíbles que resultan sus diálogos.

Este año, la serie apuesta por introducir tres tramas que acaban confluyendo en Catherine y que la obligan a lidiar con las consecuencias emocionales de su enfrentamiento con Royce, al final de la primera entrega. Los nuevos capítulos borran esa imagen bucólica de la Inglaterra rural de colinas verdes y cielos grises. El Happy Valley tiene sus sombras, sus monstruos, sus propias historias de terror. La agente Cawood lidia con la mafia de Halifax, un asesino en serie de mujeres, un hijo adulto que vuelve a casa, una hermana ex alcohólica, un nieto de nueve años que comienza a hacer preguntas y con sus propios miedos y frustraciones. La sombra de Royce, ahora en la cárcel, es alargada, una constante en la vida de los Cawood que consigue enturbiar sus escasos momentos de paz. 

En Happy Valley no hay concesiones al espectador, se muestra un mundo cruel y descarnado. La gente es, la mayoría de las veces, decepcionante y rastrera; las drogas y el alcohol mitigan el dolor y la agonía de estar vivos; la prostitución y la esclavitud laboral, también están en el menú. Parece que en el valle feliz no hay lugar para la esperanza.

En conjunto, la segunda temporada, al no tener un enemigo tan claro como en la primera, me pareció menos compacta e impactante pero es mucho más sutil y contundente a la hora de explorar la psique de sus personajes y de explicar las motivaciones de los criminales. Estos seis capítulos le han servido a Wainwright para explorar a sus personajes y permitir que evolucionen explorando sus relaciones y enfrentándoles a nuevos retos.


Las Cawood

Sarah Lancashire vuelve a dar una lección interpretativa como Catherine Cawood, la pragmática y aguerrida policía de Yorkshire. Catherine es una persona estoica, las pocas veces que la vemos ceder a las emociones, las pocas veces que las vemos estallar, están plenamente justificadas; incluso parece inconcebible que sea capaz de ayudar a los demás teniendo en cuenta su propio estado de fatiga emocional. Como dice Ann, la joven secuestrada en la primera temporada, Catherine es como un Dios bondadoso.

Dentro de la televisión actual hay pocos personajes femeninos tan complejos, realistas y fascinantes como Catherine Cawood. Cierto que el guión de Wainwright es consistente y certero pero sin una Lancashire totalmente entregada, el personaje se quedaría a medio gas. 

La relación entre las hermanas Cawood está muy lograda. La calidez y buena sintonía de sus conversaciones es uno de los pilares más sólidos de Happy Valley. Entre Lancashire y Finneran se establece una relación de complicidad, ironía y cariño que traspasa la pantalla. El personaje de Clare es una luz en medio de la oscuridad. Para mí, ella personifica la fe y el candor, por eso resulta tan duro verla sucumbir a sus propios demonios. Además, es muy interesante comprobar como la creadora introduce en el subtexto la codependencia entre las hermanas, algo que se explica cuando Catherine acude al psicólogo y rememora su infancia.

Grandes escenas

Hay muchos momentos para el recuerdo, la escena de inicio con las hermanas hablando antes mencionada, el desmoronamiento de Clare, el asesinato de Vicky, la confesión de Sean Balmforth – un Matthew Lewis que hace tiempo superó sus años en Hogwarts-, o la escena en la granja. No obstante, mis favoritas son dos escenas del último capítulo, en una Catherine visita a Frances en su casa para intentar comprender a esa mujer obnubilada por un asesino como Royce. 
If he looked like Ian Brady, Peter Sutcliffe or Jimmy Savile, would you believe a single word he said? Because on the inside, he looks exactly like them.
El monstruo que llevamos dentro no siempre es visible a simple vista. En el caso de Tommy Lee Royce, su belleza externa, un James Norton que tiene todas las papeletas para convertirse en el próximo Tom Hiddleston, no es un reflejo de la perversión de su alma. Sin embargo, gracias a esa bella envoltura consigue cegar a una mujer, luego descubriremos que no es la única, y convencerla de que los crímenes de Royce no son tan atroces como los pintan y de que, en el fondo, su alma puede ser pura. 

Una escena brillante, tensa pero contenida, en la que dos mujeres enfrentan sus creencias mientras una, la abuela dedicada y preocupada, intenta comprender los motivos de la otra, la mujer apocada que ha tomado el camino equivocado. 

La otra escena es la de la confesión de John Wadsworth (Kevin Doyle). El detective se ve atrapado en lo alto de un muro por Catherine. Ella le pide que no salte y le confiesa que nunca asistió a un curso de negociación con suicidas. El diálogo entre ellos es tristemente divertido y parece que John va a hacer lo correcto, que va a entregarse y afrontar las consecuencias de sus actos. El desenlace es muy diferente y Catherine, visiblemente afectada, se aferra a una idea: “You stuck a broken bottle inside Vicky Fleming and prayed to God someone else would get caught for it".

domingo, 13 de marzo de 2016

Una narrativa de combustión lenta

Una serie de corte clásico, un drama criminal noir absorbente con uno de los protagonistas más carismáticos de la actual parrilla televisiva. Eso es Bosch

Pocas series tienen tanta calidad y son tan sólidas como esta, sin embargo, dentro de su cadena nunca logrará despuntar por encima de Transparent ni acaparar premios como Mozart in the Jungle. Tampoco puede competir, ni quiere, con los dramas de HBO, AMC, FX o Netflix pero sería injusto ponerla al mismo nivel que los dramas procedimentales de NBC o CBS. Puede que por eso mucha gente no se decide a darle una oportunidad a la historia, tal vez piensan que el policía duro de L.A. es un cliché o que hay series en emisión mucho más interesantes. Craso error. 

La nueva temporada comienza con el regreso de Harry a su puesto en la policía angelina tras seis meses de suspensión. Al poco de reincorporarse, le asignan el asesinato de un productor de cine para adultos con conexiones con Las Vegas, ciudad donde viven su ex esposa y su hija adolescente. Así que este año veremos más a Sarah Clarke y Madison Lintz, algo que agradezco porque la complicada relación de Harry con su familia es un aspecto que merece ser explorado con detenimiento. 

Durante esta segunda temporada la serie madura expandiendo sus tramas y dando más cancha a los secundarios. Harry ya no tiene que cazar a un psicópata de manual sino que, esta vez, el guión apuesta por seguir varios hilos narrativos que, en un momento dado, acabarán -esto lo supongo porque aún voy por el cuarto capítulo- confluyendo. 

Titus sigue espléndido, consigue insuflar vida al personaje, Harry es una persona real, con aristas y emociones. Además, es un profesional dedicado y competente, un investigador nato, un policía de la vieja escuela con mucho instinto pero también inteligente y paciente. En manos de un actor tan ducho en personajes turbios, Harry Bosch respira, crece, aprende, evoluciona y se rebela. Resumiendo, Titus lo borda  pero, en esta segunda tanda de capítulos, los secundarios que tan bien le arroparon durante el primer año desenvuelven sus propias tramas y encuentran su propio espacio en ese Los Ángeles de cielos azules y alma noir. Lance Reddick, Amy Aquino y Jamie Hector, el compañero elegante de Harry, aportan mucho más al conjunto. La trama del capitán interpretado por Reddick tiene varios puntos con miga, por un lado el juego político con el alcaldable y por otro, el trabajo como infiltrado de su hijo dentro de un grupo de policías corruptos.

Entre las incorporaciones de este temporada destacar a una Jeri Ryan que me recuerda a la Lynn Bracken de Kim Basinger en L.A Confidential. También aparece Matthew Lillard como mafioso armenio encargado de un club de stripteasse. Se me hace raro ver a Lillard en la piel de un explotador sexual porque recientemente estuvo en The Good Wife cantando canciones infantiles y seduciendo a Lucca Quinn. Y por último, Brent Sexton se pone en la piel del vigilante de seguridad de la lujosa área residencial donde vive el personaje de Ryan. 

Aunque la temporada ya está a nuestra disposición, Bosch es una serie que es mejor disfrutarla con calma, adaptándose a su tempo narrativo, dejando que la historia se asiente entre capítulo y capítulo. Hay series a las que el binge watching no sienta nada bien, Bosch es una de ellas. Además, como somos cuatro gatos las que la seguimos no hay peligros a comerse spoilers al entrar en Twitter.

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