El velocista escarlata llega a The CW

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Una de las series más esperadas de cara a la temporada 2014-2015 es The Flash, adaptación televisiva de las aventuras del hombre más rápido sobre la tierra. A Barry Allen le conocimos gracias a dos capítulos de la muy recomendable segunda temporada de Arrow, serie con la que comparte cadena y con la que es muy probable que cruce personajes. Es más, durante el piloto de The Flash, tenemos una escena que afianza la relación entre el relámpago humano y el arquero esmeralda.

El piloto es un bueno ya que sirve para presentar el entorno de Allen - a él ya le conocíamos y sabíamos algo de su traumático pasado-; establecer sus relaciones personales previas al incidente del rayo y dar a conocer a las personas que le apoyarán en esta nueva etapa de su vida: los jóvenes científicos Caitlin Snow y Cisco Ramírez; y el multimillonario, y también científico, Harrison Wells. Ellos ayudarán al nuevo superhéroe de Central City. 

Durante los cuarenta minutos del capítulo, se abre una puerta al pasado de Barry mostrando la traumática muerte de su madre y presentado a su padre, que está en prisión desde que Allen tenía once años. Esta trama promete ser el gran misterio a resolver dado que es evidente que alguien estaba en la habitación la noche del asesinato y que ese alguien tenía un don similar al de Barry. Debo decir que la escena en la que visita a su padre, interpretado por el otro Flash - el de los noventa-, me pareció muy lograda a nivel emocional y sirve para explicar perfectamente qué es lo que impulsa a Barry. 

El accidente que transformó al joven en Flash también creó otros metahumanos con capacidades increíbles. Gente que usará sus poderes, algunos para el bien y otros para el mal. Barry, convertido ahora en protector de su ciudad y moralmente comprometido con su cruzada, se dedicará a perseguir a estos poderosos adversarios mientras busca respuestas a su propia singularidad y al asesinato de su madre. 

Hay guiños que los fans del cómic agradecerán como Grodd, y las identidades de Caitlin y Cisco. Mucho se está especulando sobre la verdadera identidad de Harrison Wells, y hay dos grandes teorías hasta el momento. Ya veremos los derroteros por los que llevan la historia los guionistas pero hay que dejar claro desde el primer momento que jugar con viajes en el tiempo siempre es un asunto peliagudo. 

The Flash es más juvenil, desenfadada y luminosa que Arrow, al menos eso es lo que parece indicar su piloto. Sin embargo, conforme vaya evolucionando la serie puede que adquiera un tono más oscuro, algo que a Arrow le ha funcionado muy bien. Aún así, creo que The Flash busca ser menos seria y más optimista. El futuro de Barry en la cadena parece prometedor y esperamos grandes cosas de The Flash viendo la buena evolución y el crecimiento narrativo que ha tenido Arrow. 

Barry es ahora un chico con poderes que deberá lidiar con la responsabilidad de los mismos y que, en algún punto, se enfrentará a dilemas similares a los que afrontó Oliver Queen. Barry terminará convertido en un gran héroe, un proceso que se forjará capítulo a capítulo, batalla a batalla. Por ahora, Barry corre convencido de que podrá enfrentarse a lo imposible, veremos que pruebas le tiene reservado el destino. 

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El valle de los disparates

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HBO y Mike Judge, el creador de los irreverentes Beavis & Butt-head y responsable Office Space -una de mis películas favoritas- unieron fuerzas en una curiosa comedia que acaba de finalizar su primera temporada. Los ocho capítulos que hemos podido ver hasta el momento dejan muy claro qué clase de serie es Silicon Valley y qué clase de humor utiliza. No hace falta esforzarse mucho para captar la sátira que Judge hace de los nuevos millonarios que pueblan este enclave californiano y de todo el mundo que rodea a estos genios, por lo general inadaptados sociales, que esperan convertirse en el nuevo Steve Jobs gracias a una aplicación novedosa o a un programa portentoso. 

La historia se centra en Richard, un programador de 26 años inseguro y enfermizo, que desarrolla un algoritmo de compresión de archivos revolucionario. El joven tendrá que elegir entre vender por diez millones de dólares su creación a su jefe, Gavin Belson (CEO de Hooli), o aceptar los doscientos mil dólares que le ofrece el gurú tecnológico Peter Gregory para montar su propia empresa y crear su producto: Pied Piper. Richard opta por arriesgarse, y con la ayuda de sus compañeros de casa (Erlich, Bertram y Dinesh) y del ex-ejecutivo de Hooli, Jared, comienza a trabajar en el desarrollo de su producto y de su empresa. Algo nada sencillo.

Las partes más técnicas de la historia como los problemas con la nube o con los algoritmos son lo menos interesante de Silicon Valley. No obstante, son necesarias para el desarrollo de la trama pues siendo fuente de conflicto para los personajes les obliga a actuar y salir de su zona de confort. De fondo está la pugna contra Hooli para ver quién hace el mejor producto y los constantes problemas económicos que todo proyecto en ciernes debe afrontar. Richard pronto descubrirá que cosas como registrar el nombre de la compañía o conseguir un logo son tan complicadas como el desarrollo de algoritmos. 

El grupo de inadaptados sociales que convive con Richard y que trabaja en Pied Piper ofrece un amplio abanico de personalidades que dan mucho juego a la hora de interactuar entre sí. No niego que la hipergestualidad y los tics del protagonista lleguen a ser cansinos o que las peleas entre Bertram y Dinesh no sean algo trilladas pero tenemos a Jared y Erlich para equilibrar el lote. El primero es todo candor, dulzura y eficiencia, será por ello que es tratado como un cero a la izquierda, como un accesorio prescindible. Claro que sin él, Pied Piper nunca hubiese llegado a convertirse en una realidad. Son sus esfuerzos y sus sacrificios los que permiten que el proyecto funcione. Jared ha tenido momentos realmente geniales esta temporada como cuando acaba en un contenedor de carga por culpa de un coche inteligente o cuando decide que Pied Piper debe pivotar hacia otra cosa. 

Erlich es el típico personaje totalmente impredecible, aunque siempre sabes que va a hacer algo inapropiado o alocado nunca sabes hasta donde está dispuesto a llegar. Sus grandes aportaciones a la primera tanda de capítulos incluyen un viaje con setas alucinógenas, amenazas a un menor o racismo. Además, debajo de esos rizos, esa barba y esa panza cervecera se encuentra un tipo dispuesto a hacer cualquier cosa por sus amigos. 

Y luego está Peter Gregory, un personaje secundario tan bien definido, perfilado e interpretado que es imposible no sentir cierto desasosiego cuando aparece en escena. Gregory, multimillonario excéntrico y gurú tecnológico, apoya a Richard en su aventura empresarial. Lo vemos pocas veces pero cada segundo en pantalla es único. En su primera aparición despotrica contra las universidades en una charla TED, también da un incómodo discurso vestido de romano en una fiesta organizada por él pero lo mejor es su momento Burger King (tenéis que ver la serie). Por desgracia, el actor Christopher Evan Welch falleció tras rodar cinco capítulos pero su personaje es tan fundamental para la serie que los guionistas seguirán haciendo referencias a Gregory aunque no volvamos a verle aparecer. 

Humor tecnológico que en nada se parece a The Big Bang Theory, situaciones humillantes, escenas que provocan vergüenza ajena, excentricidades millonarias, amistad, droga, vómito, alguna que otra fiesta y ordenadores. Silicon Valley parecía una serie demasiado nicho para mi gusto pero me ha sorprendido su capacidad de conectar emocionalmente con el espectador y de situar a sus personajes en un punto intermedio entre la parodia y el realismo. 

De cara a la segunda temporada las bases están asentadas (los dos últimos minutos de Optimal Tip-to-Tip Efficiency se encargan de hacerlo) y esperamos que la serie mantenga el nivel mostrado durante estos ocho capítulos que me he ventilado en dos días. 

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Las estrellas no son, ni deberían ser, lo más importante de True Detective

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En las últimas semanas se ha especulado mucho sobre quienes serán los protagonistas de la segunda temporada de True Detective. El impacto mediático de la obra de Nick Pizzolatto ha sido abrumador. Personalmente, me declaro una fan de la serie, de los personajes, de la historia, de Carcosa y del rey amarillo. Admiro, aprecio y valoro, de manera muy positiva, el trabajo de los protagonistas: Woody Harrelson y Matthew McConaughey están inmensos.

Tras la tempestad llega la calma, al menos eso es lo que se dice. Sin embargo, tras el éxito de la primera temporada, no hay día que no aparezca una nueva "noticia" sobre el posible reparto de la segunda temporada de True Detective. La gente hace cábalas, apuesta por sus favoritos, sueña con un reparto hecho a la medida de sus preferencias. Se rumorea que Brad Pitt podría sumarse al proyecto, luego se nombra a la pelirroja de moda: Jessica Chastain. Nada en firme, nada cerrado, nada cierto. Lo realmente importante es que Pizzolatto escriba otra historia envolvente, tóxica, laberíntica. Lo importante es encontrar a otro director con un pulso tan firme y personal como el de Cary Fukunaga. Lo importante es volver a sorprender y atrapar al público. Deben superar expectativas, redefinir parámetros, presentar personajes, ampliar horizontes, abrir nuevas rutas argumentales.... pero todo el mundo se empeña en centrarse en hablar del casting. ¿Es eso importante? NO. 


Admitámoslo, tanto Woody Harrelson como Matthew McConaughey eran actores de segunda regional en Hollywod antes del éxito de True Detective. Ambos actores habían coincidido previamente en EdTv (1999) y Surfer, Dude (2008). El que acabasen protagonizando la serie de la HBO no creo que tuviese nada que ver con el hecho de que fueran estrellas de Hollywood porque no lo eran. Ambos estaban disponibles, interesados y eran lo suficientemente económicos como para que la cadena valorase su participación en la serie. Es posible que alguno de ellos, o los dos, rebajase su caché ante el valor del guión, la insistencia de sus agentes o su propio buen criterio. 

Harrelson es recordado por ser el tontito de Cheers, el único de la serie que tuvo suerte en la gran pantalla.  Ha tenido sus más y sus menos en el cine, su mejor papel fue el de Larry Flynt en el biopic sobre el controvertido director de Hustler que dirigió Milos Forman. Sin embargo, Harrelson nunca fue una estrella de Hollywood. Estamos ante un intérprete que despierta cierta simpatía entre los cinéfilos veteranos por sus años de trabajo acumulado y, entre los mas jóvenes, por sus papeles en Zombieland y The Hunger Games. 


Matthew McConaughey es harina de otro costal. Recuerdo cuando, en sus inicios, se le llamaba "el nuevo Paul Newman". Cierto que, a mediados de los noventa,  hizo un par de buenas interpretaciones que fueron recibidas pero, el bueno de Matthew,  pronto descubrió que le cundía más cuidar su cuerpo que su arte. Durante años fue el objeto de deseo de incontables comedias románticas. Compartió plano con Kate Hudson, Sarah Jessica Parker, Jennifer Lopez, Penelope Cruz... Sin embargo, hace unos años, su filmografía empezó a empatar papeles más serios, con mayor relevancia, con interés, con vida. Su carrera empezó a desligarse de esa imagen cultivada a golpe de abdominales de chico de comedia romántica. 

McConaughey está viviendo un momento profesional de lo más dulce, a su gran interpretación en True Detective hay que sumarle la avalancha de premios por Dallas Buyers Club.

No reniego de su participación en LA SERIE del año ni del buen saber hacer que ambos despliegan en cada episodio, cada secuencia, cada plano, cada silencio, cada mirada. No obstante, lo importante de True Detective no es quién interpreta el papel; de ahí que todas las cábalas y noticias que surgen sobre el reparto de la segunda temporada me importen bien poco.

Cualquier actor o actriz con un poco de recorrido y de tablas es capaz de componer un buen personaje si tiene un buen material con el que trabajar y si tiene un buen texto en el que apoyarse. Tanto Pitt como Chastain son buenos profesionales pero creo que su fama es contraproducente para historias como las que plantea Pizzolatto. Lo ideal sería apostar por "estrellas" de segunda, incluso de tercera; o recuperar algunas viejas promesas que se perdieron por el camino. No tengo favoritos. 

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La Florrick, zorra egoísta

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A estas alturas, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue siendo de lo mejor que se emite en televisión. La calidad de sus guiones, el nivel de sus intérpretes, la sutileza del relato, el desarrollo de sus tramas y esos puntos de excentricidad representados por algunas de sus estrellas invitadas, la convierten en un sólido y fecundo drama, con toques de comedia, que habla - y bien y con soltura y con argumentos - de muchas cosas. Aunque para mí, el discurso más importante de la serie es el que se refiere a la mujer, al poder de las mujeres, a las relaciones con EL PODER, a la imagen que tenemos de ellas. Un discurso que recorre los miedos, las dudas, las incertidumbres y los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres; pero que también habla de sus virtudes, de sus logros, de su fuerza, de su sacrificio y de su amor. Todo esto confluye en una imagen, la de Alicia Florrick; una mujer que ha madurado y aprendido, que ha sufrido y reído, que ha luchado y perdido, que ha ganado y claudicado. Una mujer que ya no se parece a aquella Alicia del piloto cuando aún decíamos "la serie de la Margulies".

Ahora soy consciente de que Julianna no existe, que solo existe Alicia y la última temporada de la serie sirve para confirmar la grandeza de una intérprete que ha desaparecido tras los inteligentes, tristes y cansados ojos de su personaje. La imagen de la actriz estará, por siempre, unida a este personaje; de igual modo, me cuesta imaginar a cualquier otra mujer en los zapatos de la Florrick. 

Alicia es, al fin y al cabo, el centro de todo, y su proceso de maduración hacia la persona que quiere ser (algo que no tiene muy claro) es, sin duda, lo más interesante de esta ficción.  Durante la primera tanda de capítulos de la temporada, su poder, su progreso y su valentía se han visto impulsados. Es la mujer del gobernador de Illinois y es la socia fundadora de un bufete. Dejar atrás Lockhart&Gardner fue una propuesta arriesgada por parte de los creadores pero funcionó y aportó dinamismo a una serie que, aunque no parecía correr el riesgo de estancarse, si podría haber caído en el mal de la reiteración. 

Durante la segunda parte de la temporada, vimos a una Alicia perdida, de luto, triste y superada por los acontecimientos. La muerte de Will Gardner fue un trago difícil de digerir. Una muerte que le llevó a plantearse su papel como esposa, como abogada y como persona. La desaparición de Will precipitó el final de su relación con Peter, una pequeña depresión y, a la larga, un enfrentamiento con Cary sobre el futuro del recién fundado bufete. 

¿Quién soy? ¿Qué quiero ser? parece que se pregunta Alicia mientras se mira en un espejo o cuando bebe una gran copa de vino en la soledad de su cocina. Peter le recriminó el ser una zorra egoísta, y razón no le falta. En muchas ocasiones Alicia ha actuado como tal, está en su derecho, todos nos merecemos ser egoístas y buscar nuestra propia felicidad. Sin embargo, Alicia siempre antepondrá la felicidad de sus hijos a sus propios intereses y siempre se escudará en ellos para justificar algunas de sus elecciones más discutibles. 


Alicia Florrick es poderosa pero tiene debilidades, fallos, carencias e imperfecciones. Esos detalles son los que le confieren humanidad, interés y profundidad al personaje. Esos detalles son la que hacen que Alicia sea real, creíble. Sus dilemas, sus dudas y su sentido de la moralidad se han vuelto más complejos año tras año; pero cuando creíamos que estábamos ante una mujer capaz de manejar prácticamente cualquier situación la vimos ocultarse debajo de las blancas sábanas de su cama durante varios días. El dolor hizo mella en su armadura y en su esquema del mundo. Alicia cambió con la muerte de Will pues abrió los ojos y tomó aliento. Estaba tan centrada en levantar su firma, en colaborar con Peter, en demostrar su poder que no se paró a ver lo que estaba pasando ni a meditar si realmente quería que esas cosas pasasen. 

La sexta temporada le propondrá nuevos retos a esta mujer que debe aprender a quererse un poco más a ella misma. Creo que la mayor lección que Alicia debe aprender es que es posible ser feliz y que no está mal serlo. 



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The Crazy Ones, nos quedamos sin Zandrew

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Me ha vuelto ha pasar. Si es que no aprendo. Con lo difícil que resulta encontrar una comedia entretenida y resultona. Con lo difícil que es empatizar y llegar a querer a ciertos personajes. Con lo duro que es seguir, semana a semana, una ascendente de humor y buena comedia que sobresale, con facilidad, entre las demás propuestas cómicas -ya sean de network o cable-. Y sabes que no durará, que acabará cancelada porque es la CBS, porque los datos de audiencia son pobres para una cadena acostumbrada a cifras astronómicas, porque los sueldos de Robin Williams y Sarah Michelle Gellar no deben ser bajos, porque hay que dejar sitio en la parrilla para nuevos proyectos, porque las comedias -en los últimos años- no funcionan y pocas son las que se salvan de la quema. 

Y así sucede que la CBS cancela la serie, echa el cierre a la agencia de publicidad de Robin y Sarah, padre e hija en The Crazy Ones. Esta ficción creada por David E. Kelly, un hombre que hace años convertía en oro todo lo que tocaba y que está de capa caída, se centra en la agencia de publicidad de Simon Roberts (Williams) y su hija Sydney (Gellar). No es difícil entender que fuese una de las series que más llamó la atención cuando se presentó: Kelly tiene en su currículum Boston Legal o Ally McBeal; Sarah Michelle Gellar quería olvidar el mal trago de Ringer y dejar atrás su imagen de aguerrida cazavampiros; y Williams regresaba a la pequeña pantalla tras Mork y Mindy.

A priori podría parecer que ambos actores no encajan y que no iban a funcionar juntos. Sin embargo, entre ambos hay bastante química. Los excesos de Williams se contrarrestan con la habitual inexpresividad de Gellar, y aunque pueda resultar increíble, la otrora Buffy se descubre como una buena actriz de comedia física. Nada del otro mundo, nada al nivel de Alyson Hannigan o Amy Acker -por nombrar a algunas de sus compañeras en el whedonverso-, pero si lo suficientemente efectiva como para no desentonar y quedar como la pata coja de The Crazy Ones. La relación padre-hija está bastante trabajada. Simon fue un hombre de excesos, consumió todas las drogas posibles, bebió todo el whisky de Chicago, salió con hombres y mujeres, vivió al límite y eso le permitió ser uno de los creativos de publicidad más versátiles y fecundos de su tiempo. Sydney vivió las consecuencias de todo aquel exceso. Siendo niña era frecuente que se sintiese sola, abandonada y enfrentada a terribles situaciones por parte de un padre que se pasaba más tiempo cazando unicornios imaginarios que centrado en salvaguardar el bienestar de su pequeña. Aún así, las cosas no fueron del todo mal para Sydney pero, como todos, tiene ciertos problemas de autoestima, de control y de relaciones personales. Su padre, una vez limpio, intenta compensarla por todo. Y de ahí nace una bonita continuidad donde el padre cuida a la hija que cuidó (y cuida) del padre, en un círculo infinito de cariño y mutua comprensión. 

El reparto se completa con la presencia de Hamish Linklater, James Wolk y Amanda Setton; y en los últimos capítulos se refuerza dando más cancha al personaje de Brad Garrett, Gordon Lewis, el socio de Simon en la agencia. Gordon es todo lo contrario a Simon, es organizado, cabal, predecible y se encarga de la división económica de la empresa. 

Setton es Lauren, una secretaria un tanto excéntrica y alocada, con un pasado de lo más rocambolesco pero cuyas intervenciones están bien medidas sin que llegue a saturar ni resultar demasiado extravagante para el conjunto. Encontrar ese sutil equilibrio es difícil. Sin embargo, nos quedamos con las ganas de saber un poco más de esta mujer capaz de copiar una firma con solo verla una vez. 

Y los chicos. Que conste que nunca me gustaron ni Linklater ni Wolk pero aquí estamos hablando de Zandrew, la fusión de Andrew y Zach. Un bromance que estoy convencida que hubiese llegado a estar en mi top five (Deny-Alan, Chandler-Joey, Gus-Shawn, House-Wilson, Troy-Abed). Andrew (Linklater) es uno de los directores artísticos de la agencia. Es culto, pardillo, inseguro y el menor de siete hermanas. Es la voz de la razón pero siempre busca la aprobación de sus compañeros y, especialmente, de Simon. 

Zach es mono, tontorrón, carismático y un mujeriego empedernido. Amigo de Andrew y camarada de Simon, con el cual encaja maravillosamente. Wolk se hace con el personaje y desprende un encanto y una cercanía casi magnéticas. No es de extrañar que, a pesar de sus abusos y su egoísmo, Andrew sea su mejor amigo. Puede que al principio fuese una relación un tanto descompensada, un error que los guionistas corrigieron rápidamente, haciendo que tanto Zach como Andrew se necesitasen mutuamente, no solo a nivel laboral sino también emocional. 


Muchos creyeron que la serie sería Robin Williams, y si bien es cierto que el oscarizado actor rebosa vitalidad debemos ser objetivos y ver The Crazy Ones como una obra coral donde todos y cada uno de los actores del reparto aportan su  granito de arena al resultado final. Williams entregado a lo suyo, el gag, las voces, la gestualidad, está magnífico (para quien le guste este tipo de cosas y este actor) pero no desatado. Wolk, que tiene química con todo el reparto, funciona a su lado, y Sarah, en menor medida, también. No hay más que ver las tomas falsas al final de los capítulos para ver que bien estaban juntos todos y que bien se lo pasaban. 

Disfruté de los 22 capítulos de la primera, y única, temporada de The Crazy Ones. Voy a extrañar a este alocado grupo y el vozarrón de Garrett. 


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Personajes a la sombra

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Ahora que empiezan a aparecer imágenes de la segunda temporada de Orange Is The New Black me planteo cuántos personajes de mis series de televisión han pasado un tiempo entre rejas. No hablo de personajes que participen de series con la cárcel como trasfondo como Oz, Prison Break o Breakout Kings (maldita cancelación); pienso en personajes de otro tipo de series que acaban -por el motivo que sea- en prisión.

En Justified, una gran cantidad de personajes han estado en la cárcel, empezando por Boyd y siguiendo por Arlo, incluso Ava está entre rejas. Ya sabemos que se lo merece pero la pobre lo está pasando realmente mal. Sabiendo que la serie termina la próxima temporada es seguro que veremos a más personajes ante semejante tesitura.

Los hermanos Winchester visitaron la cárcel durante la segunda temporada de Supernatural, fue en el capítulo Folsom Prison Blues.


El patriarca de la familia Bluth termina entre rejas, así da comienzo una de las comedias más divertidas, transgresoras y definitorias de los últimos 20 años: Arrested Development. Con George Bluth padre fuera de juego, o eso parece, Michael (Jason Bateman) coge la batuta de la empresa familiar. La vida en prisión nunca fue tan divertida, George (Jeffrey Tambor) no tiene ni un momento de descanso y terminará fugándose gracias a que tiene un hermano gemelo. 


Durante la sexta temporada de True Blood, nuestros vampiros acabaron recluidos en un centro donde experimentaban con ellos. Allí sufrieron humillaciones, dolor, hambre y terribles quemaduras. Muchos fueron usados como conejillos de indias para elaborar un virus capaz de terminar con su especie. 


La tercera temporada de My Name is Earl nos mostró como Earl se adaptaba a la vida en prisión y continuaba con sus buenas acciones. Su hermano Randy, para poder estar cerca de él, se hace guardia de seguridad. Joy casi pasa por el mal trago de una condena pero consigue librarse de estar a la sombra gracias al sacrificio de Earl. Aún así, su breve paso por la cárcel, nos dejó imágenes para el recuerdo. 


El viaje personal de la cazadora más interesante, Faith, la llevó a purgar sus pecados entrando en la cárcel. La joven necesita redimirse de sus malas decisiones y de su pasado. Además, busca la manera de perdonarse por la muerte de un ser humano inocente, el ayudante del alcalde de Sunnydale. Durante la cuarta temporada de Angel, huirá de la cárcel para ayudar a Wesley a capturar a Angelus. Para alguien con sus habilidades salir de prisión no es más que un juego.


Peter Florrick también tuvo su ración de cárcel. En su periplo carcelario reconectó con su fe, se arrepintió de sus pecadillos y descubrió la fuerza de su esposa. Su redención llego poco después. Tras pasar por prisión regresó a la vida política, recuperó su anterior puesto y acabó (con artimañas) como senador de su estado. 


Sawyer (Lost) era un pillo, Ned (Pushing Daisies) fue acusado injustamente, House (House M.D) estrelló un coche contra la casa de su ex y a Will (Hannibal) le consideran un peligroso asesino en serie. Crews fue acusado de un triple homicidio que no cometió y pasó muchos años entre rejas (Life aún te echamos de menos). John Bates fue acusado de asesinar a su esposa, o ex, ahora no lo recuerdo. Fiona, en Burn Notice, se sacrificó por Michael y pasó unos días entre rejas demostrando por qué era uno de los personajes femeninos más fuertes de la pequeña pantalla. Y Olivia se infiltró en una prisión donde sufrió abusos físicos por parte de un celador que se aprovechaba de las reclusas. 


 Conspirar para acabar con una zona de la ciudad hizo que la matriarca de los Queen pasase una temporada, relativamente corta, entre rejas. Más de quinientas personas murieron por sus acciones y su silencio pero logró zafarse de la cárcel y de una condena a muerte. Moira es como los gatos, siempre cae de pie. 

Un clásico que no podía faltar. Los personajes de Seinfeld acaban en prisión por su falta de civismo, por ser unos cínicos narcisistas y por su crueldad hacia los demás. Una de las mejores formas posibles de cerrar la comedia que iba sobre nada.



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El sheriff de Absaroka

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Hay series que por diversos motivos como la época de emisión, la temática, el número de capítulos, los actores; pasan bastante desapercibidas para el seriéfilo. Series que a primera vista engañan pero que lentamente crecen, apuntalando una personalidad propia a golpe de tesón y buen hacer, convirtiendo su visionado en un pequeño placer. Series que recomendamos activamente porque somos conscientes de su calidad y potencial. Longmire es una de ellas.

La primera cosa que leí sobre Longmire era que Katee Sackhoff se incorporaba al reparto. Me llamó la atención que la actriz eligiese un proyecto a priori tan poco apetecible teniendo en cuenta que su popularidad se encontraba en su punto más álgido gracias a Battlestar Galactica. 

El piloto no es nada memorable. Un piloto sin personalidad que tanteaba el terreno de Absaroka, donde se desarrolla la acción, y daba pinceladas sobre el carácter de Walt y Vic. Poco más. Como los veranos seriéfilos son largos acabé descargando los cinco primeros capítulos de la temporada y me enganché sin remedio. 

Lo primero que me llamó la atención fueron los paisajes abiertos de Absaroka, con esas carreteras interminables y esas montañas nevadas. Los planos del hombre (Walt) en medio del viejo salvaje oeste evocan soledad, fuerza y una extraña calma. El protagonista, el sheriff Walt Longmire, es un vaquero parco en palabras de rostro impenetrable. Es como los paisajes de Wyoming, duro y difícil, pero también paciente y sorprendente. El físico de Robert Taylor encaja perfectamente con este sheriff cincuentón y viudo. No logro imaginar a otro actor con el abrigo marrón y el sombrero de vaquero mirando al infinito desde la puerta de su cabaña. 

La cadena A&E ha aprovechado bien la obra literaria de Craig Johnson en la que se basa la serie confiriéndole brío, credibilidad y emoción a las historias del sheriff del condado de Absaroka, Wyoming. La primera temporada fue una agradable sorpresa, la segunda fue la confirmación de que Longmire merecía más atención por parte de los seriéfilos. Estamos ante un procedimental con una trama horizontal que avanza sin precipitarse y que asienta su mayor atractivo en el perfil de sus personajes y en la dinámica que se establece entre los mismos. Walt es una roca, Vic un volcán, Branch un lago aparentemente tranquilo pero con aguas turbulentas, Cady es la dulzura y Henry un indio misterioso que esconde numerosos secretos, tanto propios como ajenos. 

La segunda temporada abordó varios frentes temáticos sin abandonar nunca su carácter procedimental: la investigación del detective Fales de Denver, la paranoia de Vic con un antiguo compañareo de trabajo, la deteriorada relación de Walt y Cady, las elecciones a sheriff y la relación entre Walt y Lizzie. Cuatreros, vascos, espíritus, ganado, casinos, reservas indias, asesinatos, atropellos... Walt no ha tenido ni un segundo de descanso durante los diez capítulos que conforman la segunda temporada. Este verano regresaré a Absaroka, hay muchos misterios que resolver. 

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The Bletchley Circle, destacable drama histórico

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A la actriz británica Anna Maxwell Martin la tengo en el punto de mira desde que la vi compartiendo plano con David Morrissey en South Riding, aquel papel le valió un Bafta a la mejor actriz allá por 2011. Desde entonces he seguido su carrera con interés y actualmente estoy visionando la miniserie Death Comes to Pemberly donde interpreta a Elizabeth Darcy.

Martin fue el principal reclamo que me llevó hasta The Bletchley Circle, serie ambientada en la Inglaterra de 1952 que combina drama y misterio. En ella, cuatro mujeres que durante la II Guerra Mundial trabajaron como decodificadoras en Bletchley Park se reúnen años, nueve años después, para perseguir a un peligroso asesino en serie.

La primera temporada de la serie, de tres capítulos, se emitió en 2012 y trata un único caso, el del estrangulador de Londres. Tras casi una década, Susan reclama la ayuda de sus antiguas compañeras para desentrañar el patrón de ataques de un asesino. Así da comienzo su aventura, un camino que las llevará a enfrentarse a su presente y a su pasado. Algunas saldrán fortalecidas de la experiencia, otras muy debilitadas. Susan es una experta en puzzles, en resolución de enigmas. Lucy tiene memoria fotográfica, Jean tiene acceso a la información ya que sigue trabajando para el estado y Millie es capaz de dar forma a datos aleatorios y sacar conclusiones de los mismos.

La segunda temporada, de cuatro episodios, pudo verse a principios de 2014. Esta vez se trataron dos casos diferenciados y hubo un cambio significativo en el reparto, Maxwell Martin dejó la serie y la actriz Hattie Morahan se incorporó interpretando a Alice Merren, otra trabajadora de Bletchley Park que recibe la ayuda del grupo cuando es acusada de asesinato.

Una de las cosas que más me gustan de esta serie es el retrato que hace de estas cuatro mujeres. A pesar de tener personalidades diferentes funcionan muy bien como grupo y no solo buscan ayudar a los demás con lo que hacen sino que también, aunque no todas son conscientes de ello, se ayudan a si mismas. Durante la guerra fueron mujeres libres y autónomas, eran trabajadoras esenciales y desarrollaron un trabajo de vital importancia en la retaguardia, un trabajo que podía salvar vidas, que marcaba la diferencia. Se sentían valoradas y realizadas como personas, se sabían útiles, se sabían importantes y eran conscientes de que estaban ayudando a ganar una guerra cruenta. Susan (Anna Maxwell Martin), Millie (Rachael Stirling), Lucy (Sophie Rundle) y Jean (Julie Graham) fueron tan decisivas para la victoria como los hombres que luchaban en las trincheras. Tras la guerra, perdieron todo eso: la libertad, el reconocimiento, el trabajo... Se convirtieron en sombras, en mujeres que debían someterse de nuevo a los convencionalismos sociales, en amas de casa, en esposas, en fantasmas. Por ley tenían prohibo hablar de su trabajo en Bletchley Park, sus familiares y amigos no sabían lo que habían hecho, no eran conscientes de que estaban conviviendo con mujeres inteligentes, disciplinadas y curiosas, y eso, a algunas de ellas, las comía por dentro.

Un drama histórico que no solo se preocupa por el estilo, la ambientación y la fotografía, sino que también por las tramas, el desarrollo de personajes y los diálogos. Una cosa que me llama mucho la atención es la vestimenta de los personajes que sirve para reforzar su personalidad y estados de animo. Aunque la actriz que me llevó a descubrir la serie ya no está espero impaciente una trecera temporada de The Bletchley Circle.

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#BigCuloDay2014

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En el Blog de Jotace, en tu blog, en tu facebook, en tu twitter, en el Congreso de los Diputados... El gran día del culo comiquero (o no, aunque la idea es que sí). Un dia para colgar dibujos de culos por todas partes. Un homenaje, humilde pero sentido, a la exhuberante redondez traseril, tal y como decenas de artistas la han plasmado a través de los tiempos.

Y yo me sumo, un año más, al Big Culo Day con dos aportaciones. 

Primeramente presento el culo de Evan Peters  que pudimos disfrutar en American Horror Story: Coven.  El personaje de Peters aparece en esta escena teniendo sexo con Madison, una joven bruja egoísta y superficial, interpretada por Emma Roberts, su pareja en la vida real. 


El segundo culo que os traigo ha dado mucho de que hablar, no solo el culo sino el resto del cuerpo de la bellísima Alexandra Daddario. La joven actriz sale así en el segundo capítulo de True Detective.



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Amazon acierta con Bosch y The After

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El año pasado, Amazon presentó una batería de pilotos que fueron valorados por sus usuarios con el propósito de dilucidar cuales terminarían convirtiéndose en series de televisión. De aquella experiencia nos quedamos con el chasco que supuso Zombieland, fallido intento de trasladar a la pequeña pantalla la película de 2009 protagonizada por Woody Harrelson y Emma Stone; y con las comedias Alpha House y Betas que recibieron críticas favorables aunque son productos más bien mediocres.   


Este año se repite este democrático proceso de selección. Los usuarios volverán a votar sus pilotos favoritos, este año hay diez, y algunos de ellos terminarán convirtiéndose en series. Lo que nos importa es saber cuáles recibirán luz verde por parte de Amazon. De los diez proyectos, cinco de temática infantil y otros cinco de temática adulta (dos dramas y tres dramedias) he visionado dos: Bosch y The After. En ambos casos la primera impresión ha sido muy positiva. 

BOSCH

Adaptación de las novelas de Michael Connelly protagonizadas por el detective Harry Bosch del departamento de Los Ángeles. Bosch, interpretado por Titus Welliver (Lost, The Good Wife), está pasando por un momento profesional delicado puesto que está siendo juzgado por matar a un sospechoso. Sin embargo, eso no le impide iniciar la investigación del asesinato de un niño de trece años cuyo cadáver aparece en un bosque. El tono oscuro de la trama y del personaje están bien perfilados. Welliver promete en la piel de un hombre atormentado por el pasado, eficiente y efectivo investigador que conoce la ciudad y que ha visto la peor cara de la misma. Connelly  y Eric Overmyer, colaborador habitual de David Simon, se encargaron de la adaptación a la pequeña pantalla de esta saga literaria. 


THE AFTER

 Chris Carter es el creador de la propuesta que ha hecho más ruido en las redes sociales. Este drama de ciencia ficción tiene mucho potencial y es más que posible que Amazon apueste por ella. El interesante punto de partida reúne a ocho personajes que deberán unir fuerzas si quieren sobrevivir en un mundo que parece haberse vuelto loco. Una historia post-apocalítpica con tintes sobrenaturales que podría desarrollar una sugestiva mitología, recordemos lo que hizo Carter en Expediente X. El piloto se desarrolla de forma irregular pero acaba con un cliffhunger que nos deja con ganas de más. La calidad del reparto es desigual aunque no chirría y varias caras son viejas conocidas como las de Aldis Hodge, Jamie Kennedy o Adrian Pasdar.

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