lunes, 20 de febrero de 2017

Goliath se desmorona sin Thornton

Goliath es una serie hija de los tiempos seriéfilos en los que vivimos (Peak TV). Las nuevas plataformas desean tener dramas de peso con nombres de prestigio que las sitúen en el mapa y Amazon, que tiene un par de series de los más golosas (Transparent, Bosch), quería ampliar su catálogo con producto repleto de grandes nombres. Goliath es, sobre todo eso, un compendio de nombres que quitan el hipo. El responsable de este drama legal es David E. Kelley, cuya carrera está plagada de exitos como Ally McBeal, The Practice o Boston Legal. El protagonista absoluto de la función es un Billy Bob Thornton haciendo lo que mejor sabe hacer, demostrar que es uno de los actores más completos e inclasificables del panorama actual. Thornton interpreta a un antihéroe de manual, un otrora prestigioso abogado caído en desgracia, un alcohólico encantador y cínico que vive en un motel y pasa las horas sentado en el bar. Sin embargo, un día un caso reaviva instintos que creía muertos y se embarca en un complejo y peligroso proceso legal que le lleva a enfrentarse a su antiguo bufete. 

El reparto se completa con la presencia de William Hurt, Maria Bello, Olivia Thirlby, Tania Raymonde, Molly Parker, Nina Arianda y Harold Perrineau

Reconozco que los tres primeros capítulos me gustaron mucho, lo bastante como para ver los ocho que componen la primera temporada del tirón pero, a medida que la serie avanza, es más evidente la falta de ambición de la historia. Todo transita por lugares demasiado comunes y obvios. No hay sorpresa, ni tensión en la lucha de Billy  McBride (Thornton) y el final no hace más que acentuar esa sensación de vacío en el espectador. 

El uso de lugares comunes y clichés de las series de abogados no tiene porque ser algo necesariamente malo. En los últimos años, varias series han sabido trabajar dentro de estructuras narrativas llenas de ellos con acierto y estilo; creando propuestas atrayentes a pesar de jugar en un terreno de sobra conocido por el espectador. Goliath intenta pero no batea, por desgracia no logra elevarse por encima de la media. La reiteración de la fórmula, entonces, se hace más evidente y el espectador acaba cansado de esta amalgamas de clichés. 

Cierto que Billy Bob Thornton está estupendo en la piel de un perdedor sin armas que se enfrenta a una poderosa corporación y, por extensión, a todo su gabinete jurídico. Un personaje intenso que es la espina dorsal sobre la que se asienta la serie y que en la última edición de los Golden Globe Awards le valió un Globo de Oro al mejor actor en una serie de televisión. Sin Thornton y su capacidad de transmitir y expresar con un gesto o una mirada toda la rabia del mundo, toda la desolación del alma de McBride, estaríamos ante un producto prescindible. Solo por él merece darle una oportunidad a la serie pero ya os aviso que poco más puede salvarse. 


Secundarios de cartón piedra

Siguiendo con grandes actores, es una pena que William Hurt tenga que interpretar a una caricatura, es imperdonable desperdiciar el talento de este hombre en un personaje tan mal escrito y construido. Su Donald Cooperman, viejo amigo del protagonista y socio fundador del poderoso bufete, es repulsivo hasta la nausea y nunca, en ningún momento, se ve ese genio que todos veneran. Es imposible entender por qué sus subordinados soportan su tiranía y excentricidad sin rebelarse. Y más extraña aún es la vendetta personal que Cooperman emprende contra McBride. Cooperman es peor que el malo más obvio de Bond, se pasa las horas sentado a oscuras en su despacho observando a sus empleados mediante cámaras de vigilancia. Lo vemos, con su rostro medio quemado, reírse y murmurar incoherencias que él considera muy inteligentes. Cuando interactúa con sus empleados utiliza uno de esos clickers para entrenar perros. Todo lo que envuelve a este personaje es malsano y, por desgracia, está tan mal desarrollado que su presencia estropea el conjunto. Creo que todo ese artificio alrededor de Cooperman es innecesario y que la serie sería mejor si Hurt hubiese podido interpretar a un personaje más en la línea del David Lee de The Good Wife. 

Maria Bello también está desaprovechada y es un error porque Bello ha demostrado que es una actriz con talento y recursos, relegarla a mera comparsa es un movimiento poco inteligente. Menos mal que Molly Parker si que tiene un personaje jugoso entre manos, su Callie es uno de esos personajes diseñados para odiar y admirar. 

Goliath no destaca por nada, es un drama legal de lo más convencional. Muchos capítulos de The Good Wife condensaban más emoción y giros de guión en 40 minutos que Goliath en sus 8 episodios. Entre lo poco destacable deciros que tiene una buena ambientación y que apuesta por lo noir. Los Ángeles es una ciudad que, pese a su modernidad, acepta muy bien este género de corte tan clásico. 

En resumen, una serie inconsistente con un buen protagonista y una buena ambientación pero que no logra cohesionar del todo su trama y que ofrece un viaje poco gratificante para el espectador.

martes, 14 de febrero de 2017

Legion, locura y superpoderes



Actualmente la pequeña pantalla está repleta de superhéroes, Daredevil, Jessica Jones, Iron Fist y Luke Cage copan Netflix, mientras que los héroes de DC han sido acogidos en The CW, allí The Flash, Arrow, Supergirl y Legends of Tomorrow se marcan espectaculares crossovers a cuatro bandas que marcan tendencia. ABC, por su parte, apostó por Agent Carter y Agents of SHIELD, solo la segunda se mantiene activa tras cuatro temporadas pero sus números nunca han sido para tirar cohetes y eso que la serie ha mejorado muchísimo desde sus titubeantes inicios. A todos estos títulos tenemos que añadir Legion, la apuesta de FX por los superhéroes. 

Legion se basa en el personaje creado por Chris Claremont y Bill Sienkiewicz en 1985, un mutante que hizo su primera aparición en New Mutants. Legion, también conocido como David Haller, fue presentado como un mutante poderoso y peligroso, un ser mentalmente inestable que intenta aprender a controlar unas habilidades tan extraordinarias como letales. 

La adaptación corre a cargo de Noah Hawley, responsable de trasladar -con notable acierto- el universo de Fargo a la pequeña pantalla, mientras que Bryan Singer (Sospechosos Habituales) ejerce como productor ejecutivo. 

El espectador que se acerque a Legion puede sentirse un tanto desconcertado por la propuesta de Hawley. La serie de FX no es una historia al uso, está concebida como un ejercicio de estilo que desafía las convenciones establecidas para llevar al espectador de viaje al interior de un cerebro alucinado, fascinante y confundido. 

Lo que cuenta el piloto

Los primeros minutos son un montaje de la infancia y adolescencia de David. Una secuencia que comienza cuando es un bebé y que nos lleva hasta su intento de suicidio en la madurez; de ahí, llegamos al psiquiátrico donde está recluido diagnosticado como esquizofrénico paranoico.

A pesar de su diagnóstico, David siente que hay algo más. Cuando se enfada todo estalla, las cosas salen volando a su alrededor y cuando tiene pesadillas, los muebles tiemblan y levitan. Sin embargo, pasa el tiempo tranquilo y medicado. Un día Syd (Rachel Keller), el interés romántico del protagonista, llega al psiquiátrico. Ella parece estar bien pero no le gusta que nadie la toque. A pesar de esa barrera física, ella y David se enamoran, y su relación es un oasis de esperanza y ternura entre tanta locura. El plano de ellos dos besándose en la ventana es precioso. 

Pero algo pasa en el psiquiátrico y David es interrogado por un hombre (Hamish Linklater) sobre el incidente en cuestión. La tensión va en aumento y pronto descubrimos que el gobierno está detrás de ese interrogatorio y que David podría ser el mutante más poderoso del planeta. 

Un narrador poco fiable

El creador apuesta por mostrar el mundo desde el punto de vista de David, un narrador no fiable, un personaje trastornado, con una visión de la “realidad” fracturada, incompleta y, a veces, incoherente. 

La realidad vista desde su perspectiva es desconcertante, aterradora a veces, otras veces encantadora. Todo es extremo y el espectador tiene que aceptar que ese es el universo en el que se moverán los personajes. Pero es difícil confiar en un narrador como David, un personaje que oye voces, que tiene lagunas de tiempo, que habla con fantasmas, que ve cosas... Estamos ante el paradigma de narrador poco fiable que, además, posee capacidades telepáticas y telequinéticas. Con todo este peso en su mochila no es de extrañar que encontremos a David recluido en una institución mental. 

¿Esto es real? ¿Eres real? ¿Esto está pasando? ¿Estoy soñando? David se hace estas preguntas una y otra vez porque todo lo que le sucede durante el piloto lo confunde. Su mente recuerda a la del Elliot de Mr. Robot, otra serie de estética sofisticada y personal, con un narrador no fiable como protagonista. 

Con solo un capítulo visionado es difícil saber si Hawley va a apostar por hacer un retrato de la enfermedad mental del protagonista o si optará por darle más cancha a los lugares comunes de las historias de superhéroes. Evidentemente, Legion aglutina elementos definitorios de las historias de los X-Men como los siniestros agentes del gobierno, el grupo de mutantes que hace lo posible por sobrevivir, el líder que los guía para que acepten y aprendan a controlar sus habilidades, etc. Pero creo que sería interesante navegar a través de la locura de David para conocer el origen de sus problemas, las repercusiones de su enfermedad en su entorno y los mecanismos que tendrá que poner en marcha para hacer frente a su locura. 

Deciros que Dan Stevens, el recordado Matthew Crawley de Downton Abbey, hace un trabajo notable transmitiendo toda la paranoia, frustración y confusión de un personaje que siempre está a un latido de desatar una locura destructiva a su alrededor. 


La elegancia visual 

El nivel de complejidad creativa es extraordinario, en el piloto encontramos inspiraciones del arte pop de los 60, del cine de Kubrick y de Wes Anderson, del cine de Bollywood... Y es que Legion es una serie con una personalidad claramente definida desde el primer minuto. El establecer la serie en un tiempo inexacto hace imposible establecer un año de referencia, la combinación de trajes y vestidos antiguos (la hermana de David parece recién salida de Mad Men) con un estilo arquitectónico muy años setenta y una tecnología de corte actual despista al espectador. Y eso es bueno porque sin esa referencia no estamos atados ni restringidos por la época. Si la hermana de David hubiese sacado un iPad en el piloto no me hubiese extrañado, aunque ella pareciesa la gemela morena de Betty Draper. 

La serie alterna presente y pasado, realidad y fantasía; y para que el espectador entre en la misma dinámica mental que David, Hawley apuesta por una iluminación fantástica, una amplia gama de colores, simetrías, cambios de perspectiva, movimientos de cámara, efectos de sonido disonantes, largas secuencias de acción (esa huida final), planos en los que ningún detalle está fuera de lugar y que deberíamos disfrutar en una pantalla lo más grande posible. La locura del narrador se nos transmite escena a escena, compartimos su miedo, su ansiedad, su duda. ¿Es esto real? 

Legion está concebida para deslumbrar visualmente y se nota, es inteligente e inventiva. La estética atrapa al espectador, y es que imposible no quedar impresionado por la vibrante experiencia visual concebida por Hawley quien, por citar sólo un ejemplo, hace un uso inteligente del color, utilizando una amplia paleta para transmitir los diferentes estados emocionales de David. 

Hay varios momentos del capítulo que permanecerán en la retina del espectador durante días: la explosión en la cocina, el beso en el reflejo de la ventana, el rescate de David, el baile (escena demasiado similar a la de AHS Asylum) o el arrebato en la sala de interrogatorios.

Tras un espectacular piloto seguiré con interés los pasos de David, solo espero que la historia no se desinfle a medida que avance. Ese es el mayor peligro y el mayor reto al que se enfrenta Legion, ser un espectacular envoltorio para la nada. 

domingo, 12 de febrero de 2017

Too many Wells on the dance floor


Que Tom Cavanagh es un actor estupendo ya lo sabíamos desde hace años, su trabajo en series como Scrubs, Ed, Eli Stone o Trust me evidencia su versatilidad y capacidad para pasar de la comedia al drama sin perder ni un ápice de credibilidad. Desde hace tres temporadas participa en The Flash, exitosa adaptación a la pequeña pantalla de las aventuras del velocista escarlata, donde interpreta a Harrison Wells, un científico que forma parte del equipo del superhéroe. Los que seguimos la serie sabemos que Wells es un personaje de esencial en la génesis y desarrollo de Barry Allen, sin Harrison Wells no existiría Flash y sin él, Barry no se convertiría en la clase de héroe que ahora es. 

Hasta este momento hemos visto cuatro encarnaciones diferentes de Wells. El personaje no ha parado de renovarse, tanto es así que hemos tenido un Harrison Wells distinto cada año. Esto supone todo un reto para Cavanagh, cada temporada su personaje se redefine porque, en un mundo donde los viajes en el tiempo son posibles y donde los saltos entre dimensiones son el pan nuestro de cada día, no es de extrañar que encontremos doppelgangers por doquier. 

Aunque he hablado de cuatro Harrison Wells, los realmente importantes son tres:

El de Tierra 1 que en realidad era la tapadera del Eobard Thawne, el Reverse Flash que vino del futuro para matar a Nora Allen. Al quedarse atrapado en nuestro tiempo, mata al Wells original y se apropia de su aspecto y de su vida. Él dispone las piezas para que Barry Allen se convierta en Flash, él lo entrena, lo apoya y se convierte en su mentor. Claro que todo formaba parte de su plan para regresar a su tiempo pero sin sus enseñanzas, sin su guía, sin su traición, Barry Allen no sería el velocista que es. 

El Wells de Tierra 2 es un brillante científico que llega a nuestro mundo en busca de ayuda para derrotar a Zoom, un temible velocista que asola su ciudad y que ha secuestrado a su hija, Jesse Quick. Este Harry trabajará con el equipo ayudando a Barry a aumentar su velocidad y acabará convirtiéndose en un pieza valiosa del equipo. Su temperamento y su sentimiento de culpa lo hacen un personaje más atormentado y complejo de lo que a priori parecía. 

HR o el Wells de Tierra 19, el último en llegar y el más diferente a sus predecesores. H.R llega a Tierra 1 para sustituir al Harry de Tierra 2. Esta versión de Wells no es un genio como sus predecesores, es un novelista, imagen de los laboratorios STAR de su mundo y, en sus propias palabras, un pensador y potenciador del talento. 

Cada versión de Wells es diferente a la anterior, la primera era un hombre pausado y calculador que, para más inri, resultó ser el villano de la historia. En la segunda temporada era un personaje torturado por la culpa, por todo el daño causado y por no poder proteger a su hija. Y este año tenemos a una especie de hipster de mediana edad que no para de hablar, beber café y meter la pata.

El primer Wells se relacionaba con sus compañeros, hablaba, les inspiraba y se preocupaba por ellos. Esta escena de muestra que, a pesar de ser un villano, Eobarn también tenía sentimientos y que llegó a apreciar a Caitlin y Cisco. 

El segundo Wells era un hombre encerrado en sí mismo, poco hablador. Este Harry era una persona solitaria, malhumorada y sarcástica. En definitiva, no era un personaje agradable. Llegó a Tierra 1 con su propia hoja de ruta y sus intereses prevalecían sobre los del equipo. Aún así, se convirtió en un importante aliado del equipo.

Y la tercera versión de Wells es un hombre alegre, parlanchín y entusiasta. Un alivio cómico para una serie que ha visto a sus personajes madurar y perder esa inocencia e inconsciencia con la que se iniciaron en esto de ser héroes. Cisco ha sufrido demasiado, Caitlin está a punto de convertirse en Killer Frost y Barry, bueno lo suyo es un tour del sufrimiento con paradas obligatorias. 

Cavanagh interpreta versiones ligeramente diferentes del mismo personaje y logra que cada una de ellas se sienta única y auténtica. Por ejemplo, el primer Harrison Wells era aterrador y fantástico en su maldad. Fue uno de los mejores villanos de la serie y un personaje que siempre merece la pena rescatar como hicieron en este episodio de la segunda temporada (Flash Back) donde Barry viaja al pasado para buscar su ayuda. Esta es una de las mejores escenas de la serie y demuestra lo bien dominado que Cavanagh tiene al personaje. 

¿Vale la pena el esfuerzo?

Crear y desarrollar un personaje totalmente nuevo, aunque con una base preestablecida, es un esfuerzo enorme que obliga a la audiencia a reajustarse al cambio. A algunos les gustará el cambio, otros lo odiarán. Puedo entender estos cambios de personajes, hasta cierto punto tienen su lógica pero, a otro nivel, el cambio continuo interfiere en el desarrollo narrativo de la historia porque parece que los Wells son temporales en un juego de largo recorrido. ¿Sería mala idea encariñarse con HR porque al final de temporada nos lo van a cambiar? Es posible. 

El Harry de Tierra 2 era un personaje muy bien construido y desarrollado y ahora ya no está. Me hubiese gustado que continuase en laboratorios STAR porque era un miembro valioso del grupo y porque funcionaba estupendamente con todos los demás personajes. Personalmente, de todos los Wells que ha tenido la serie, era mi favorito. Cierto que pueden recuperarlo en cualquier momento pero es una lástima perderse sus duelos con Cisco y sus charlas con Joe.

Este año, en la porra de personajes prescindibles, H.R y Julian tienen todas las papeletas para salir mal parados. Harry siempre puede regresar de Tierra 2 y Julian, bueno, podría ser el Eddie Thawne de este año. Y por si fuera poco, quieren emparejarlo con Caitlin, la mujer más gafe de la historia.

miércoles, 8 de febrero de 2017

La mitología de los 12 monos

Jennifer Goines: Daughters of Earth. I am Jennifer Goines. As we speak, an army of death awaits our friends in Titan. But we, we can face that death head-on, and save them. I see in your eyes the same fear that would take the heart of me. A day may come when the courage of women fails, and we forsake our friends and break all bonds of fellowship, but it is not this day. This is our chance, our one chance, to tell our enemies that they can take our lives, but they'll never take our freedom! Today, we celebrate our Independence Day! 


Acabo de terminar la segunda temporada de 12 Monkeys y siento la imperiosa necesidad de explicar por qué se ha convertido en uno de mis entretenimientos televisivos favoritos. Durante su segundo año, esta producción de Syfy no ha parado de mejorar. Siempre es buena señal ver a una serie explorar nuevas vías más allá de su premisa original y más, si como 12 Monkeys, lo hace creando una mitología sugestiva y amena. 

Sé que la serie no aguantaría un análisis pormenorizado de sus tramas ni de sus idas y venidas por el tiempo pero, en conjunto y abrazando la suspensión de la incredulidad, estamos ante un entretenimiento más que digno que, durante su segundo año en antena, ha sabido armar una fascinante mitología en torno a su idea base: la plaga que mina a la población mundial. 12 Monkeys ha ido más allá de la premisa de la película de 1995 (si no sabes de lo que hablo deja de leer en este punto y búscate una vida) explotando su mejor baza, los viajes en el tiempo. Este tropo recurrente de la ciencia ficción le permite, no solo explorar diferentes épocas a través de unos personajes que, en su mayoría, solo conocen una realidad apocalíptica, sino también seguir la evolución de unas relaciones personales sometidas a los caprichos de las paradojas temporales. Es en estos dos apartados donde es más evidente la mejora de la serie, la ampliación de las épocas visitadas (1961, 1957, 1959, 1975, 1944) y la profundidad y complejidad que han adquirido las relaciones personales durante estos 13 capítulos. 

El amplio abanico temporal sirve de trasfondo para una trama cada vez más intrincada y adictiva que se despliega con dinamismo y velocidad ante el espectador. Con 2044 como base de operaciones, una época que este año ha tenido más protagonismo, el grupo se ha dedicado a visitar diferentes períodos intentado evitar las paradojas temporales que amenazan 2044 y buscando al Testigo que lidera al ejército de los 12 monos. En su camino han encontrado nuevos enemigos, viejos conocidos, mucha violencia y pocos motivos para conservar la esperanza. 


Personajes en constante evolución

La frenética carrera para salvar su época y al tiempo en sí mismo ha creado fracturas en un grupo que, ya desde el final de la primera temporada, evidenciaba profundas fisuras. Cassie no confía en Cole, Ramse es persona non grata en 2044, la doctora Jones se encuentra con un aliado inesperado y la West 7 de Deacon campa a sus anchas por las instalaciones donde opera el grupo en un delicado equilibrio que nadie parece capaz de mantener. 

Por fin, James Cole, indiscutible protagonista de la historia, asume su condición de líder y pasa de ser una mera herramienta para un fin a eje cohesionador del grupo. Sin él, sin su guía, sin su sentido de la responsabilidad y del sacrificio, 2044 no existiría y todos estarían muertos. Cole perdona a Ramse, Cole protege a Jessica y a Cassie, Cole comprende a Jones ... y su crecimiento se completa gracias a la guía de la Jennifer Goines de 2044. 

Sigue siendo muy interesante la exploración de la relación de amistad entre Cole y Ramse, dos personajes cuyo vínculo parece capaz de soportar cualquier cosa. Parece que, pase lo que pase, siempre confiarán el uno en el otro, aunque a veces tengan opiniones muy diferentes y se encuentren en bandos enfrentados. Además, tanto Aaron Stanford como Kirk Acevedo están fantásticos en sus escenas juntos, sus diálogos y encuentros tienden a ser entretenidos de ver porque, siendo como son dos personalidades muy diferentes, se complementan perfectamente pese a aplicar metodologías dispares para la resolución de problemas y conflictos. 

La evolución de Jennifer Goines (Emily Hampshire) no soportaría un análisis minucioso, su ciclo vital es el que más incongruencias acumula pero, dejando eso a un lado, este año ha destacado por ser el personaje más divertido y sorprendente de la serie. Su locura - muy Harley Quinn pero con mística temporal de por medio - ha dejado los mejores diálogos y momentos de la temporada. De secundario prescindible ha pasado a pieza fundamental del rompecabezas temporal que los guionistas nos tenían reservado y gracias a ella, que sirve tanto de alivio cómico como de apoyo dramático, la serie ha sido mucho más interesante.

A una serie como 12 Monkeys lo único que le pido es ser entretenida. Agradezco, ya no solo que semanalmente cumpla con creces esa demanda, sino también el que sea lo bastante ambiciosa como para soltarse de la correa argumental que la ataba a la película de Gilliam con el fin de explorar territorios temáticos tan sugerentes como la consciencia del tiempo o el síndrome de Cassandra. Después de todo, el que piense que la doctora Railly se llama Cassandra por casualidades de la vida es que no ha entendido nada de nada. 

sábado, 21 de enero de 2017

La investigadora millennial

La primera temporada de Search Party serie creada por Sarah-Violet Bliss, Charles Rogers y Michael Showalter ha sido toda una sorpresa. Tras una sinopsis peculiar el espectador encontrará una serie que explora con sensibilidad y detallismo los vacíos de la vida moderna.

A finales de noviembre TBS se desmarcó de su línea habitual con este noir millenial que combina comedia y misterio. En muchos aspectos Search Party me recuerda a Bored to Death (añoro esta serie) pero es mucho más diversa y ambiciosa que la serie de Jonathan Ames. Además, esta rareza televisiva confirma a Alia Shawkat como una de las mejores actrices de su generación y demuestra que en la era del Peak TV todo es posible en la pequeña pantalla. 

Lo que cuenta Search Party

Un día, la protagonista de esta historia, Dory (Shawkat), se entera de que una antigua conocida ha desaparecido. La desaparición de Chantal Witherbottom sacude algo en el interior de Dory, "Would anyone even care if something bad happened to me?”, se pregunta sotto voce temiendo la respuesta. Y es por esto que se obsesiona con la desaparición de Chantal, una chica a la que apenas recuerda y con la que sólo cruzó un par de palabras en la universidad. 

Conforme avanza la historia, nos damos cuenta de que la fijación de Dory por Chantal proviene de su aburrimiento, de su sentimiento de inutilidad, de su falta de objetivos y metas. Su ex novio, Julian, se lo dice muy claro: "I think you've decided this matters to you because you have nothing else." Y no le falta razón, el personaje de Shawkat se sumerge en la búsqueda de Chantal porque es algo que la llena, que le da un sentido a su existencia, algo en lo que puede volcar su pasión e inteligencia, su fuerza y curiosidad, algo que la mueve a salir de su zona de confort y tomar riesgos, algo que la impulsa a actuar en vez de ser una simple espectadora. 

El caso va tomando forma cuando Dory se topa con una conspiranoica que afirma conocer a Chantal (Rosie Perez), un investigador privado (Ron Linvingston) y un extraño culto obsesionado con las embarazadas en el que encontramos a una deliciosa Parker Posey. 

La trama se complica y avanza de manera convincente. La serie se vuelve más sombría, compleja y dramática a medida que se acerca a su final. El último tramo es tan desquiciado como aterrador, tan hilarante como devastador. Search Party es la sátira mordaz que necesitas para reconciliarte con los millennials. El vacío existencial no lo inventaron los hipsters pero nadie va a negarme que Brooklyn es el escenario ideal para buscarle sentido a la vida. 

Dory y sus amigos

Aunque el misterio es adictivo, lo que verdaderamente me atrapó de la serie fueron Dory y sus amigos. Este grupo de millenials egoístas e insatisfechos, envueltos en apariencia e inseguridad, es demasiado original como para privar al espectador de una nueva aventura. 

La desaparición de Chantal no es más que una excusa para conocerlos mejor. La investigación de Dory, que acaba afectando a todas las personas que la rodean, nos permite seguirla por Nueva York y descubrir lo que quiere, lo que teme, lo que desea, lo que añora. Dory está perdida en su mundo, en su relación, en su trabajo. Este “hobby” la obligará a mirarse al espejo y verá cosas, sobre sí misma, sus amigos, su vida, que no son nada agradables. Shawkat lo borda demostrando una madurez interpretativa y un saber hacer que el espectador agradece. Su mirada refleja la confusión, el miedo, la duda, la curiosidad y el vacío que empuja a toda una generación. Elliot, Portia y Drew son los compañeros perfectos, unos Sancho Panza del siglo XXI que se suman a la búsqueda pivotando entre el escepticismo y el entusiasmo. La primera temporada hace un retrato minucioso y detallista de todos ellos.

Portia es una actriz que intenta hacerse un nombre en el mundillo y que sorprende porque es más que una sonrisa bonita; Elliot es un narcisista y mentiroso compulsivo que presume de haber superado un cáncer como vía recaudatoria para su proyecto de agua embotellada para África y Drew, pareja de Dory, es un hombre inseguro que no destaca por nada y que permite que tanto su pareja como su jefe lo traten como a una bolsa de basura. 

Tal vez el mayor logro de la serie es dotar de profundidad a sus personajes, criaturas no tan superficiales y anodinas como aparentan. Este grupo de urbanitas aburridos (no saben de qué), son personas egoístas y mezquinas, volubles y mentirosas. Personas terribles con las que quedaríamos a tomar un café, que viven en un mundo acomodado con brunchs y vino, con fiestas en azoteas y tiendas increíbles. Search Party es un acertado y mordaz retrato de los millennials, de un sector de nuestra sociedad más preocupado por construir una imagen y venderla que por ser mejores personas, una generación obsesionada con el ahora y el consumismo. 
El humor de Search Party reside en lo irónico de las situaciones, en lo absurdo y/o patético de algunos momentos, en lo ridículo que pueden ser los comportamientos de las personas, en lo inesperado de lo cotidiano. Hay cierta magia y surrelismo en la serie y eso hace que la propuesta sea mucho más interesante si cabe. Search Party no es lo que parece, merece la pena darle una oportunidad y su brevedad juega a su favor.

domingo, 15 de enero de 2017

La sitcom clásica aún puede sorprender

Una comedia de situación multicámara con público en directo. Puede que al oír esas palabras desechéis la idea de darle una oportunidad a One Day At a Time y haréis mal porque, si dejamos nuestros prejuicios seriéfilos a un lado, encontraremos una comedia tan divertida como necesaria que no tiene miedo de hablar, y muy claro, sobre los problemas reales (millenials a mí) de nuestro tiempo. 

One Day At a Time es un remake de la serie la serie homónima de 1975 de Norman Lear, responsable de algunas de las series de mayor audiencia de la televisión, en su currículo encontramos títulos como All in the Family, Maude, The Jeffersons, Good Times... Lear es una leyenda viva de la televisión, un hombre que en los 70 introdujo las cuestiones sociales en las comedias de situación creando productos cuya influencia se ha dejado sentir durante las últimas cuatro décadas. Sus comedias son conocidas por tratar temas de actualidad desde el diálogo, el ingenio y la naturalidad. One Day at a Time recoge el testigo con valentía y se atreve a hablar abiertamente de temas como el machismo, la situación de los veteranos, el racismo, la integración cultural en Estados Unidos, la religión, la brecha generacional, las deportaciones y la sexualidad. Y los diálogos son ingeniosos, ricos y diversos, están tan repletos de recursos y sinceridad que es inevitable no sentirse arrastrada dentro de la dinámica familiar de los Álvarez. 

One Day At a Time se centra en una familia cubanoamericana encabezada por una enfermera recientemente separada, Penélope (Justina Machado), una mujer luchadora, veterana de la guerra (algo que le ha dejado secuela físicas y psicológicas), madre de dos hijos, vital, trabajadora y fan de Toni Braxton. Su madre, Lydia – interpretada por Rita Moreno – una suerte de Sofía Petrillo cubana, es un terremoto de 73 años, pasional, religiosa y con un carácter tan fuerte como el de su hija. 

La temporada se articula alrededor de la planificación de la quinceañera de Elena, la hija mayor de Penélope, una joven inteligente, fiel a sus principios y que se aleja del prototipo de adolescente odiosa tan extendido en los últimos años.

Las actrices lo son todo

Penélope es un personaje complejo y real, una mujer que trata de sacar adelante a su familia, que lidia con un exigente trabajo como enfermera, que sufre por sus experiencias en la guerra y que perdió a su marido debido a aquel infierno. Víctor, el ex, es un fantasma que planea sobre la familia durante toda la temporada hasta que aparece en los últimos capítulos para desestabilizar la rutina y felicidad de Penélope. Sin embargo, Víctor no es más que una víctima de un sistema que manda a personas a la guerra pero que no les ofrece un apoyo real cuando regresan. Hace poco escribía sobre el personaje de Edgar Quintero, un veterano que sufre de síndrome de estrés postraumático tal y como le sucede a Víctor, un hombre que se refugió en la bebida y las pastillas para aliviar su dolor, sus pesadillas. La historia de Penélope y Víctor es una mazazo emocional porque aunque el amor entre ambos es evidente, la negativa de él a buscar ayuda, su resistencia a asistir a terapia -tal y como hace ella- es un abismo insalvable que los separa para siempre. 

Por su parte, Lydia es un personaje que, aunque pueda parecerlo, no es un cliché ni un estereotipo, estamos ante un personaje tridimensional con claroscuros, sueños, dudas, pasiones y un pasado al que los guionistas saben sacarle partido. La historia del programa Pedro Pan por el cual salió de Cuba con 15 años, dejando atrás mucho más de lo que pensamos, transmite una tristeza insondable. Moreno, actriz versátil que todo lo puede, llena cada escena en la que aparece con una energía que ya quisieran para sí repartos completos de otras series.

La enorme química entre dos actrices tan experimentadas como Justina Machado y Rita Moreno (esta mujer tiene un EGOT, un respeto) las convierte en uno de los mejores exponentes de relación madre-hija de la pequeña pantalla. ¡Ríete tú de las Gilmore!. Los mejores momentos de la serie suceden cuando las mujeres Álvarez entran en conflicto ya sea por la quinceañera de Elena, por la búsqueda de respeto y comprensión en el seno de la familia o por la situación de la amiga de Elena, la gótica Carmen. Tambin es muy divertido verlas metiéndose con Schneider, el casero hipster que es como un quinto miembro de la familia. 

Los orígenes cubanos de las Álvarez están muy presentes. Los personajes suelen intercalan frases en español cuando hablan, escuchan a Celia Cruz, bailan, montan en cólera ante la camiseta del Che de su vecino.... Lydia es historia viva cuando recuerda su pasado en la isla y cómo llegó a los Estados Unidos sin saber inglés ni saber si podría regresar algún día a su hogar. La perspectiva de la inmigración está muy presente durante la temporada aportando un trasfondo político y social que pocas sitcom suelen tener. 

La reinvención de lo clásico

Puede que One Day At a Time no invente nada nuevo, que no revolucione la forma de hacer televisión pero si que resulta revolucionaria por darle voz a colectivos que suelen estar estigmatizados abriendo, aún más, el abanico de la diversidad televisiva y por, desde el clasicismo, hacer una obra que nada tiene que envidiar a formatos más arriesgados o novedosos. Y es que, a pesar de que se basa en parámetros muy clásicos, la serie sobresale por la calidad de su guión y por un reparto excepcional con menciones especiales para Justina Machado y Rita Moreno. Contra lo que muchos esperaban, estamos ante un producto con encanto, con personalidad, con interés que refugiándose en terreno conocido establece la base para una comedia familiar realista. 

Los 13 capítulos que componen esta primera temporada producida por Mike Royce, Gloria Calderón Kellett, Michael García, y Norman Lear, son un soplo de aire fresco en lo que a sitcoms se refiere. Pocas comedias de situación actuales tienen tanto corazón, humor y profundidad como One Day At a Time. Aplaudir a los responsables porque coger un producto televisivo de hace 40 años y adaptarlo a nuestros tiempos, a nuestro estado de ánimo, a nuestra realidad con frescura y acierto no es tarea fácil pero esta vez han dado en el clavo.

Netflix tiene entre manos una serie que, bien manejada, puede darle muchas alegrías. ¿Quién se resiste a no nominar a Rita Moreno a algo? Seguro que el año que viene la vemos en la temporada de premios. 

lunes, 9 de enero de 2017

La scooby gang del cazador de trolls

Estos días he estado devorando Trollhunters, la serie animada de Guillermo del Toro,  una propuesta divertida con personajes entrañables y con un universo rico y extenso que invita al espectador a quedarse. La primera temporada de 26 capítulos está disponible al completo en Netflix.

La historia nos presenta a Jim Lake Jr, un quinceañero de lo más normal que es elegido por un amuleto mágico para ser el trollhunter que da título a la serie. La misión del cazador de trolls es proteger el Mercado de los Trolls (su ciudad) y a sus habitantes, y mantener el equilibrio entre el mundo de los humanos y de los trolls. Lo curioso es que durante generaciones el amuleto en cuestión había elegido a trolls para la tarea, Jim es el primer humano que porta la armadura y la espada del Trollhunter, un honor y una responsabilidad que le viene grande al chaval. Jim tendrá que aprender a ser un héroe, una tarea nada sencilla. 

El viaje del héroe, por lo general, no es un viaje solitario. Siempre hay un grupo de seguidores que le ayudan en su titánica tarea, un grupo versátil conformado por personajes con diferentes habilidades y cualidades, vitales para el funcionamiento del equipo que trabaja con/para/junto al héroe. La scooby-gang de Buffy The Vampire Slayer podría considerarse el paradigma de lo que el grupo de apoyo del héroe, heroína en este caso, es. En la scooby gang cada personaje tiene un rol y una relación única con el héroe; sus acciones y reacciones están siempre encaminadas a conseguir que el protagonista logre su objetivo y a facilitarle el camino hacia el éxito. Sin embargo, entre los miembros también se establecen relaciones que enriquecen al conjunto y que ayudan a la evolución de los personajes. Volviendo a Buffy (siempre podemos confiar en la obra de Whedon), podemos tomar como ejemplo el capítulo The Yoko Factor, la presencia de Spike en el grupo afecta a su dinámica rompiendo su armonía, el vampiro actúa como elemento desestabilizador. Por separado, la scooby gang fracasa pero unida, vence. Las relaciones dentro del grupo deben cuidarse o terminan rompiéndose con dramáticas consecuencias. 

En Trollhunters, el héroe no está sólo, Jim cuenta con la inestimable ayuda de una scooby gang encabezada por Tobias 'Toby' Domzalski, amigo de la infancia y divertido Sancho Panza de esta historia. Toby es el Xander de la serie, un personaje divertido, amable y bastante torpón que sorprende por su valentía y bravura, por su sensibilidad y empatía. Un personaje pequeño y regordete que es mucho más de lo que parece. Tobías no duda en acompañar a Jim a las misiones más peligrosas sin preocuparse nunca por su propia seguridad, tan enfrascado está en la magia del viaje que nunca piensa en las consecuencias.

Claire Núñez, interés romántico del protagonista, pasa la primera parte de la temporada en la ignorancia. Sin embargo, su incorporación a la scooby gang es un soplo de aire fresco para el funcionamiento del grupo y la salva de pasar toda una temporada sufriendo el efecto Iris o Laurel (la CW maltrató a estes personajes durante demasiado tiempo). 

La parte troll de la scooby gang la forman Aaarrrgghh y Blinky. El primero es un enorme troll pacifista, parco en palabras, todo bondad y buenas maneras. Un personaje del que es imposible no enamorarse y que en seguida hace buenas migas con Toby, su compinche, dando lugar a una de las relaciones más tiernas de la serie. Blinky, por su parte, es el entrenador y guía del Trollhunter en su misión. Un troll erudito y educado capaz de ver todo el potencial de Jim como persona y trollhunter. Un Giles con forma de troll que incluso vive una trama similar a la que el vigilante de Buffy sufrió en A New Man, si en aquella ocasión Giles se convertía en un monstruo, aquí es Blinky el que se convierte en un hombre durante varios episodios. El arquetipo del mentor juega un importante rol en todas las scooby gang, Buffy no podría entenderse sin Giles, vigilante de Buffy y mentor de todos los jóvenes del grupo que, con el tiempo, se erigió en figura paterna de Buffy, papel que el bibliotecario asumió con reticencias al principio pero que consolidó su relación con su cazadora y con el resto del grupo. 

Trollhunters se desarrolla sin grandes sorpresas siguiendo el predecible camino del héroe. Jim se enfrentará a los típicos problemas de la adolescencia, a una madre que comienza a sospechar de su comportamiento, a la traición de alguien cercano, al típico matón de instituto y al amor por una chica popular que, gracias a Dios, no es la típica damisela en apuros. A pesar del uso y abuso de lugares comunes, Trollhunter consigue entusiasmar por su visión del mundo troll, los adorables gnomo Chompsky y cambiaformas NoEnrique, una imaginaría visual riquísima y un reparto de voces (en su versión original) efectivo. La serie fue uno de los útimos trabajos de Anton Yelchin, antes de su muerte  puso voz al protagonista de esta historia en la que también encontramos a Kelsey Grammer (Blinky), Tom Hiddleston (Knajigar), Steven Yeun (Steve), Ron Perlman (Bular) o Clancy Brown (Gunmar). 

Disfruté mucho con la primera parte de la serie hasta el enfrentamiento con Bular en The Battle of Two Bridges (1x13), el segundo tramo de la temporada, con Angor Rot y la búsqueda de las tres gemas, no me resultó tan entretenido de ver y, por momentos, la serie acusó cierto estancamiento y repetición de esquemas e ideas. Aún así, es una primera entrega muy disfrutable que encantará a los más pequeños de la casa y a aquellos adultos que sepan disfrutar de la ligereza y la acción que marcan el patrón de Trollhunters desde su piloto. 

Sin llegar a las cotas de complejidad argumental de Legend of Korra o al derroche de imaginación de la magnífica Gravity Falls, Trollhunters es una serie que pese a sus fallos consigue entretener al espectador. Sin embargo, de cara a una segunda entrega estaría bien arriesgar temáticamente y alejarse de los lugares comunes para explorar nuevas facetas del héroe y su scooby gang. La serie necesita crecer y explorar cuestiones y lugares más complejos, más oscuros, más adultos.

domingo, 8 de enero de 2017

El capítulo de Edgar Quintero

The Zeppo es uno de los capítulos de Buffy The Vampire Slayer más entrañables, divertidos y sorprendentes de la serie. Por primera vez, la trama se centra en Xander, personaje secundario que vive su propia aventura repleta de emoción, sexo y humor. Gracias a este acercamiento a Xander se nos muestra la serie desde una perspectiva totalmente diferente y fresca. Muchas series han hecho lo mismo a lo largo de los años, centrar un episodio en un personaje no principal no sólo para dar más cancha a los secundarios sino también para ampliar y explorar su propio universo. 

You’re The Worst, una de las comedias más salvajemente divertidas e irreverentes en emisión, hizo lo mismo en el quinto capítulo de su tercera temporada, Twenty-Two fue uno de los episodios más redondos del año pasado, un capítulo tan necesario como inesperado que me persiguió durante días. Un capítulo arriesgado que me hizo reír y llorar. 

El capítulo se centra en Edgar Quintero, veterano de la guerra de Iraq que sufre de trastorno de estrés postraumático. Durante tres años hemos visto a los demás personajes (lo peor) burlarse de él por su pasado militar, por sus problemas emocionales y por su necesidad de medicación para sobrellevar el día a día. Por primera vez, la serie pone el foco sobre Edgar y nos hace ver el mundo a través de su mirada, de su trauma, de su miedo. El título del capítulo es toda una declaración de intenciones, 22 es el número de veteranos que cada día se suicidan en los Estados Unidos. Cifra macabra, trágico destino que ronda a Edgar a lo largo de los mejores 25 minutos que ha dado la serie de Stephen Falk. 

El trastorno de estrés postraumático es un problema complejo que pocas veces se ha tratado correctamente en la pequeña pantalla pero vivimos en una época donde las pequeñas series – y digo pequeñas por la duración de sus capítulos- están haciendo un excelente trabajo a la hora de tratar temas complejos, situaciones difíciles y/o problemas sociales. Tenemos un buen puñado de ejemplos: Fleabag, Bojack Horseman, One Mississippi, Better Things, Transparent.... Estas series aciertan a la hora de hablar sobre experiencias personales dolorosas e intensas, no caen en el cliché o en el amarillismo, no recurren a la lágrima fácil; golpean emocionalmente al espectador dejándole noqueado durante un tiempo para que asimile lo que acaba de ver, de experimentar. 

Twenty-Two se adentra en cuestiones importantes como las enfermedades mentales, el trauma de los veteranos y los derechos de esas personas cuando regresan a unas vidas en las que ya no encajan. ¿Qué hacemos con ellos? 

La mirada de Edgar

La espiral descendente de Edgar ya se adivinaba desde los primeros compases de la temporada cuando el personaje decide prescindir de la medicación, sólo era cuestión de tiempo que tuviese una crisis. Hay que reconocer que Falk, guionista y director del capítulo, supo captar con admirable precisión los problemas psicológicos que afronta Edgar. Por primera vez la serie explora su enfermedad con detalle y cuidado. El capítulo sigue a un hombre al borde del colapso mental, un hombre con dificultades serias para desenvolverse en el día a día, para conectar con las personas, para tener una relación, para transitar por las bulliciosas calles de una gran ciudad. Un hombre que se encoge ante los ruidos, que se siente perseguido y observado, que pierde – de cuando en cuando – la conexión con la realidad, que vive un sufrimiento constante y desmoralizador que nadie comprende

Ver a Edgar en un rincón de su habitación, acurrucado y aterrorizado, es doloroso. Es imposible no sentir empatía por un personaje tan amable y conmovedor. Es desgarrador verle perder los papeles en la oficina de las asociación de veteranos. Y por un momento temí que acabara debajo de un camión en la autopista cuando, totalmente hundido, se deja llevar por los pensamientos más oscuros. Edgar sopesa el suicidio, su situación es tan precaria que parece a punto de darse por vencido pero entonces algo capta su atención, un pequeño barco de papel que, durante un momento, le recuerda que la vida, por muy jodida que sea, está llena de belleza. Esta escena me recordó a American Beauty y su "Sometimes there's so much beauty in the world, I feel like I can't take it, and my heart is just going to cave in."

El final del capítulo reúne a Edgar con un conductor que también combatió en la guerra, un veterano que le entiende y que se compadece de su situación. La conversación que mantienen en el camión abre los ojos del personaje a la esperanza, tiene que averiguar qué funciona con él, a unos les funciona el yoga, la caza, tener un perro, apuñalar un armario... cada uno tiene que encontrar la manera de navegar por la vida, no pueden esperar a que alguien venga a ayudarles, nadie va a hacerlo. 
"I know you don’t want to hear this, but the minute you stop looking for someone else to cure you maybe you start living again."
Es imposible no querer a Edgar, es adorable, leal y valiente. Y por eso el final, con un Edgar sonriendo, sabiendo que hay esperanza, sabiendo que no está solo, es tan luminoso, vibrante y necesario.

No sabíamos que necesitábamos un capítulo centrado en Edgar hasta que nos lo dieron. Desmin Borges está fantástico transmitiendo el amplio abanico de emociones del personaje: miedo, rabia, desesperación, esperanza, paranoia, vulnerabilidad. 

Tenemos que alabar también el sonido del capítulo pues para entender parte del trauma de Edgar el sonido juega un importante papel, durante parte del capítulo se escucha un zumbido desestabilizador que dispara la ansiedad del personaje, hay momentos en los que el sonido se acerca y se aleja para dar cuenta del estado de aislamiento de Edgar, los estallidos le ponen alerta buscando con mirada preocupada la fuente de los disparos... sencillo pero fantástico. 

Tengo que admitir que durante los cuatro primeros capítulos de esta tercera temporada me preocupó, y mucho, el camino que estaba tomando la serie. Todos parecían mucho peores y las tramas no acababan de engancharme. Además, en el cuarto episodio, Gretchen y Jimmy tratan tan mal a Edgar que a punto estuve de abandonar You’re The Worst. Sin embargo, el quinto capítulo me hizo recuperar la esperanza en la serie y los demás capítulos confirmaron que Twenty-Two no era un espejismo. Salvo por la trama de Lindsey (la peor de este año) el resto de tramas comenzaron a crecer a partir del 3x06 para llevarnos a un final de temporada con fuegos artificiales que deja a los personajes en nuevas casillas emocionales y vitales.

lunes, 2 de enero de 2017

Ash, Kelly y el productor entrometido

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE ASH VS EVIL DEAD

¿Qué os ha parecido el final de la segunda temporada de Ash vs Evil Dead? ¿Tuvisteis la sensación de que faltaban cosas y de que había otras que no encajaban? Yo sí. No entendía por qué el tramo final de la serie no casaba bien con todo lo visto hasta el genial Ashy Slashy (2x08). En la season finale sentí que todo estaba desconectado y lo cierto es que lo estaba como descubrí cuando leí la entrevista a Craig DiGregorio en The A.V. Club. 

DiGregorio, showrunner de Ash vs Evil Dead, guionista y director de varios capítulos explicaba que abandonó el proyecto debido a diferencias creativas y explicaba que SU final era mucho mejor, más lógico y más en consonancia con la historia, que el que pudimos ver los seguidores en pantalla. Según DiGregorio, en su final se descubre que, viaje en el tiempo mediante, Ash es el padre de Kelly. Así que esa sensación de desconexión entre la temporada y la season finale no era cosa mía sino fruto de las diferencias creativas en el set de rodaje. DiGregorio argumenta en la entrevista que las diferencias con el productor Robert Tapert interferían en su trabajo ya que, creativamente hablando, no se compenetraban. Tapert es dueño de una parte de la propiedad de Evil Dead y, llegado un momento, sus interferencias sobre cómo tenía que ser la serie fueron un obstáculo demasiado grande para DiGregorio que optó por marcharse. 

Según la entrevista, el final de temporada que vimos no era lo que DiGregorio quería y admite que ahí fue la primera vez que pensó que el tira y afloja creativo había afectado negativamente al producto final. Robarnos la bomba de que Ash es el padre de Kelly es algo indigno para los creativos y más si tenemos en cuenta que no era un giro loco sino una trama pensada y desarrollada a lo largo de toda la temporada. Tal y como dice DiGregorio en la entrevista “la realidad es que, a veces, los fans pierden debido a las luchas de poder y esto es lo que ha pasado en este caso”. 


Así que un productor entrometido nos fastidió una buena historia. La épica temporada que llega a su mejor momento en Ashy Slashy se derrumba con un final carente de fuerza, sin la energía de aquel estupendo The Dark One (1x10), y apostando por devolver la historia a un cauce de sobra conocido. En resumen, nos han devuelto al mismo punto y nos han robado un final que prometía ser épico.

Hasta esa season finale espuria, la serie había demostrado que lo del primer año no fue un espejismo, este año Ash vs Evil Dead destacó como una entretenidísima combinación de gore, vísceras, humor grueso, personajes alocados y deadites. Jugaron a ganar trayéndonos ciudades oscuras, relaciones familiares rotas, psiquiátricos abandonados, cabañas infernales, amores del pasado y nostalgia, raudales de nostalgia que van desde la aparición de Cheryl (la hermana muerta de Ash) hasta ese viaje a los ochenta pasando por la siempre necesaria presencia de Ted Raimi.

El ritmo vertiginoso y las muertes creativas han estado a la orden del día, quemar trama y dar al público lo que quiere (Campbell en estado puro y sangre a borbotones) está bien para mantener una temporada pero ir más allá dando entidad y sentido a Pablo y Kelly, adentrándose en la mitología de Evil Dead con descaro y sin pudor pero siempre desde el respeto a una institución cinematográfica no es fácil y todo se fastidia al final por culpa de Second Coming (2x10), un capítulo que dinamita el alma de la serie. Sin DiGregorio no sé que esperar de la tercera entrega de la serie. Si él fue el responsable de esa maravillosa locura y de la pelea Campbell-colon ¿qué pasará ahora que su genialidad se va a otra parte? La pelota está en el tejado de Mark Verheiden, productor de Battlestar Galactica y Daredevil. En una entrevista explicó que no quería repetirse y que están explorando diferentes maneras de hacer interactuar a los personajes. Tal vez introduzcan nuevas caras pero nada se sabe por ahora.

Lo peor es saber que la trama de Kelly no avanza. Durante varios capítulos parecía que su arco nos iba a llevar hacia algo grande (así era) pero la pobre sigue siendo la sidekick de Ash. Una lástima porque el personaje ha crecido, madurado, se ha hecho fuerte, y su valía supera a la del propio Ash, cosa que Ruby le recuerda en más de una ocasión. Por cierto, que poco juego le han dado a la exdemonio esta temporada, explorar su nueva situación como mortal hubiese sido interesante de ver. Las escenas que comparte con Kelly valen su peso en oro, la relación mentora-pupila que se establece entre ambas a lo largo de la temporada las hace más interesantes para el espectador. Creo que sería maravilloso un spin-off con estas dos mujeres pateando deadites y compartiendo chupitos de tequila.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Las aventuras de Dirk y Todd

Dirk Gently, agencia de investigaciones holísticas, producción de BBC America, podría definirse como Doctor Who conoce a Sherlock Holmes. La historia se centra en las andanzas de Dirk Gently, estupendo Samuel Barnett, un detective holístico que resuelve casos sin investigar, simplemente dejándose llevar por sus impulsos y corazonadas ya que, según él, todo el universo está conectado. Le acompaña en sus andanzas una suerte de Watson/companion interpretado por Elijah Wood quien, a estas alturas de su carrera, parece especializado en personajes anodinos a los que las circunstancias empujan a delirantes y fantásticas aventuras. 

Estamos ante el segundo intento de trasladar la obra literaria de Douglas Adams, escritor imprevisible e irreverente, amante de la ciencia ficción y el humor, a la pequeña pantalla. Max Landis es el responsable de este proyecto y el resultado es muy superior a la anterior intentona británica. Dirk Gently, agencia de investigaciones holísticas, logra trasladar a la pantalla la inspirada mezcla de ciencia ficción y humor presente en la obra de Adams. Y aunque Landis haga una reinterpretación de la obra que puede espantar a los puristas de Adams, lo cierto es que logra componer un producto televisivo que, para bien o para mal, no deja a nadie indiferente. 

Dirk Gently es la explosión colorista y sangrienta que necesitaba para finiquitar el año seriéfilo, una serie acelerada, amena y singular que despliega un encanto especial a lo largo de sus ocho episodios. 

El caso que investiga Dirk desafía la lógica y la razón; a veces, incluso el tiempo y el espacio. Y es que la técnica de dejar que sea el universo el que guíe la investigación se antoja demasiado exótica. Sin embargo, la primera temporada ha sabido recrear la locura intrínseca del libro sin perder ritmo ni resultar demasiado enrevesada. Difícil tarea, por cierto, ya que las aventuras de Dirk y su Sancho (Todd) pueden resultar demasiado complejas para el espectador menos atento. Además, si la ciencia ficción no es lo tuyo, si no disfrutas con las rarezas, la locura, los bucles narrativos, las vueltas de tuerca, las sorpresas y los personajes más bien raritos, Dirk Gently no es para ti. Huye. Pero si todo lo anteriormente mencionado te gusta, añádele un Corgi, un gatito negro, una secta de intercambiadores de almas, dos policías que no tienen muy claro qué está pasando, una vieja gloria del rock desaparecida, una cazadora color mostaza y un militar no muy espabilado que abre nuevas vías argumentales de cara a la segunda temporada. ¿Quieres más?

Pues bien, una de las cosas que más me sorprendió de esta serie fue su violencia, no esperaba tal orgía de disparos y sangre en una serie con un tono tan humorístico. Esa violencia, extrema en algunos momentos, le resta ligereza al conjunto y propone al espectador una redefinición constante del producto. Dirk Gently es una comedia muy negra con dosis de ciencia ficción y parte de buddy movie. El refrito de generos no empacha, están bien combinados. Puede que los consumidores de ciencia ficción televisiva encuentren muchas similitudes entre esta serie y Doctor Who (la era Smith), Red Dwarf, Sherlock; pero a pesar de esas similitudes, Dirk Gently es un producto con una identidad muy definida y disfrutable, que conoce las reglas del juego y las deforma, lo justo y necesario, como para amoldarlas a los requerimientos de su trama y al desarrollo de sus personajes; personajes que, por otro lado, resultan tremendamente entretenidos en su locura y creíbles en sus motivaciones. 

La conexión con Doctor Who va más allá de la apariencia y el comportamiento de Gently y es que a finales de la década de los 70, Adams trabajó como guionista en la mítica serie de la BBC. De aquellos trabajos para el Doctah surgió el germen de este personaje.

Un buen reparto bien aprovechado

Samuel Barnett, a quien recordaba por su papel de Renfield en la tercera entrega de Penny Dreadful, derrocha energía y optimismo en la piel de Dirk Gently. Un peculiar detective que nunca para de hablar ni de acercarse demasiado al peligro y que, detrás de esa sonrisa alucinada, esconde un alma solitaria necesitada de cariño. Barnett compone un Gently perfecto en su delirio holístico y entrañable en su vulnerabilidad. 

Elijah Wood hace años que dejó la Tierra Media y se metió de lleno en proyectos extraños, recordemos Wilfred donde hablaba con un hombre vestido de perro (esto es simplificar mucho una serie muy recomendable) o su paso por películas como Everything Is Illuminated u Open Windows. Aquí interpreta a Todd, un botones que acaba siendo el sidekick, muy a su pesar, de Dirk. Y aunque al principio se resiste, esa locura constante que es la compañía de Dirk, es el revulsivo que necesita para poner en orden su vida, aunque para eso tenga que hacer frente a verdades dolorosas. 

Entre los secundarios, el siempre solvente Richard Schiff como uno de los policías que investiga la desaparición de una joven millonaria o Miguel Sandoval (Medium) en la piel de un militar que forma parte del pasado de Dirk. Especial mención para Fiona Dourif como Bart, una asesina holística que es, de lejos, uno de los personajes más salvajemente divertidos de la serie y de toda la temporada televisiva. 

La primera entrega de la serie es un rompecabezas narrativo desconcertante que mantiene el interés del espectador de principio a fin. Una montaña rusa a la que subirse con emoción y una sonrisa, con una mirada iluminada por un ápice de locura. Sin eso, no disfrutarás ni entrarás en el mundo de Dirk y Todd.

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