Cinco parejas de 2014

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Recojo la idea del post de El Diario de Mr. MacGuffin y elijo mis cinco parejas favoritas de este año. Allá vamos. 

El Doctor y Clara (Doctor Who)

Lo más interesante de la octava temporada de Doctor Who ha sido el descubrimiento de Clara Oswald. El personaje dejó atrás su condición de puzzle sin contenido para convertirse en una joven decidida, testaruda, controladora y manipuladora que conectó, no sin dificultades en los primeros compases, con la nueva encarnación del Doctor. Capaldi y Coleman están estupendos, lástima que las tramas pocas veces estuvieran a la altura de su talento. El Doctor encontró una compañera capaz de hacerle dudar, de ponerle en entredicho, de gritarle cuatro verdades y de extorsinarle. Clara es tan fuerte y decidida como el Doctor, y él necesitaba una compañera de viaje que destacase por su carácter, una nueva Donna Noble en la TARDIS. Añadir que ambos actores están muy dotados para la comedia física y que Moffat ha sabido explotar esa habilidad para regalarnos momentos muy divertidos. 


Henry Morgan y Abe (Forever)

Desde el piloto comprobamos que la dinámica existente Henry y Abe, ese impagable Judd Hirsh, es fluida, natural y fresca. Este dúo entona la nota más cómica y emocional de Forever. Pronto descubrimos que Abe fue adoptado por Henry durante la Segunda Guerra Mundial y aunque él lo crió, con el tiempo se ha producido un curioso intercambio de roles. La relación padre e hijo resulta enternecedora y muy creíble. Los momentos en los que comparten pantalla son lo mejor de este procedimental resultón que recuerda demasiado a la fallida New Amsterdam.


Gretchen y Lindsay (You're the Worst)

Esta fue una de las series revelación del año y una de las comedias más efectivas y sinceras de los últimos tiempos. Gretchen y Lindsay son dos cuasi treintañeras insatisfechas y superficiales con unos principios tan esquivos como el insoportable correcaminos de Chuck Jones. Sus años locos fueron muy locos y aunque Lindsay parece haber sentado la cabeza al casarse añora y envidia la libertad de la que disfrutan Gretchen. Sus charlas y apreciaciones sobre las relaciones en la actualidad no tienen desperdicio. Resulta curioso que ninguna de las dos es feliz haciendo lo que creen que se espera de ellas, ni Gretchen viviendo la vida loca ni Lindsay jugando a las casitas en los suburbios. Además, me encantan sus pequeños rituales como ir a probar montones de sabores de helado y no llegar a comprar ninguno. 


Kalinda y Diane (The Good Wife)

Aún no estoy al día con la sexta temporada pero añado a estas dos mujeres a la lista porque durante el tramo final de la quinta nos regalaron grandes momentos. Desde el momento en el que Will desapareció de la serie, Diane tuvo que lidiar con una jauría de hienas dentro de su propio bufete. Kalinda se mantuvo a su lado para ayudarla, para asesorarla, para facilitarle las cosas. La fidelidad y el compromiso de Kalinda para con Diane fue absoluto durante esos capítulos. Tras el fatídico Dramatics, Your Honor; los guionistas apostaron por un Thelma y Louise en Lockhart&Gardnert protagonizado por la investigadora amante de las chaquetas de cuero y la mejor risa de la pequeña pantalla. 


Pam y Eric (True Blood)

La séptima temporada de la serie vampírica de la HBO no tiene pies ni cabeza pero durante los 10 capítulos que sirvieron para despedir Bon Temps se desarrolló un curioso spin-off interno: el show de Pam y Eric alrededor del mundo. Ambos personajes, viven su propia aventura paralela en busca de venganza y acaban convertidos en empresarios de éxitos. Puede que su particular odisea pecase de repetitiv, ¿cuántas veces los vimos encadenados y a punto de morir? Perdí la cuenta en Texas pero los one-lines de Pam, el encanto de Eric, el humor que destilaban sus interacciones y la indudable química de ambos personajes hicieron más llevadero el epílogo de True Blood. Ah, y no olvidemos ese flashback a los ochenta cuando ambos regentan un videoclub y conocen a Ginger.



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Opinando sobre What We Do in the Shadows para Rúas Magazine

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What We Do in the Shadows llega a Cineuropa avalada por su éxito en los festivales de Toronto y Sitges. Rara vez el cine neozelandés consigue traspasar sus fronteras pero este film escrito y dirigido por Jemaine Clement (Flight of the Conchords, Men in Black III) y Taika Waititi, ha logrado atraer la atención del público gracias a su hábil combinación de humor y terror.


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Hablando de Transparent para Rúas Magazine

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Transparent es una obra sorprendente que logra trascender su condición de producto audiovisual para -a través de un guión y unas interpretaciones sólidas- convertirse en un fresco sobre la aceptación, la diversidad, la familia y la madurez. Sin trucos ni artificios, la propuesta de Jill Soloway, afronta cuestiones filosóficas de primer orden conectadas con la sociedad y la época en la que vivimos sin dejar de abordar cuestiones de carácter intemporal relacionadas con el concepto de individuo, del sentido del cambio y de la esencia del ser.


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La ascensión de Felicity Smoak

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Los seguidores de Arrow saben que parte del éxito que la CW tiene entre manos se debe a Felicity Smoak (Emily Bett Rickards). La serie, consolidada como una de las propuestas más frescas de la actual parrilla televisiva, decidió explotar todo el potencial de un personaje que pasó de episódico a regular gracias a su encanto, gracia y eficacia. Felicity llenó un espacio que pedía a gritos ser cubierto, la nerd que ayuda al héroe. Gracias a los fans, que vieron la chispa, y a unos hábiles guionistas que no dudaron en avivarla, se desarrolló una simpática tensión sexual no resuelta entre Felicity y Oliver. Los shippers de Ollicity vieron cristalizar esa tensión en el primer capítulo de la tercera temporada con una cita desastre y un beso. La química entre Ollie y Felicity es natural y espontánea; rasgos básicos del carácter de esta informática de colorida vestimenta. Además, ambos personajes juntos resultan más creíbles y divertidos, ya sea como pareja o como compañeros de aventuras, que Ollie y Laurel. 

Tras comprobar que los sentimientos de ella son correspondidos por el arquero esmeralda nos quedamos con la miel en los labios ante la imposibilidad de verlos juntos. Aunque ambos reconocen su amor, él se siente incapaz de tener una relación con Felicity porque el riesgo y la pérdida son una constante en su vida. Oliver es un héroe y ese camino está condenado a la soledad. 

Después de ese varapalo emocional, Felicity decide hacer unos cuantos cambios en su vida porque todo su mundo no puede girar en torno a un carcaj cargado de flechas. Por eso acepta el puesto que le ofrece Ray Palmer y, por eso, visita a Barry en Central City. La conversación que sostiene con el hombre más rápido del mundo al final de Going Rogue nos hace entender que se resigna a no estar con Oliver pero, que aún así, le sigue queriendo.

El futuro del personaje en la serie pasa por asumir plenamente su meteórico ascenso laboral, por acercarse a Ray Palmar para ayudarnos a conocerlo mejor y por gestionar con tacto su relación con Ollie y el equipo. Mantenerla como nexo de unión con The Flash, la otra serie de superhéroes de la cadena, es un movimiento muy hábil y espero Felicity regrese a Central City para seguir aconsejando a Barry o simplemente para charlar. 

El ascenso de Felicity Smoak de episódica a interés romántico del protagonista es trepidante, de estar sentada tras una mesa ha pasado a seguir los movimientos del arquero desde un espectacular despacho con vistas. Desde su primera aparición ha ido ganando en profundidad y complejidad. Su eso en la trama se hizo mayor a medida que el grupo del justiciero se asentaba, eso ayudó a que la dinámica entre Ollie, Diggle y Felicity fuese más efectiva y orgánica. Esa relación de equipo sirvió para que los tres ganasen credibilidad y fuerza como personajes, ayudando a pulir aquellos aspectos de los mismos que no llegaban a encajar. Curiosamente, esa interacción ha hecho mucho más por Felicity que por Oliver o Diggle. Tanto es así, que hay momentos en los que llega a eclipsar al resto del reparto con su mera presencia.

El meteórico ascenso de Felicity dentro de la serie no es un caso único. Podríamos elaborar una curiosa lista con personajes que acabaron formando parte del reparto regular aunque en su origen estaban pensados para aparecer en uno o dos capítulos. Personajes que gracias a su encanto, atractivo y carisma acaban haciéndose un hueco en el corazón de los seguidores. En esa lista aparecerían el Dean Pelton de Community, Andy Dwyer de Parks and Recreation, Boyd Crowder de Justified, Benjamin Linus de Lost y, por supuesto, Spike de Buffy The Vampire Slayer.  

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Grantchester, el sacerdote que resuelve crímenes

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La ITV tiene un nuevo drama en antena, se trata de Grantchester, un drama ambientado en 1953 centrado las aventuras de Sidney Chambers (James Norton), un joven sacerdote anglicano que además de encargarse de la pequeña iglesia de la localidad ayuda al inspector Geordie Keating (Robson Green) a resolver crímenes. La serie está basada en las novelas de James Runcie, hijo del antiguo arzobispo de Canterbury, y consta de seis capítulos.

Sidney (James Morton) fue soldado de la Guardia Escocesa en la Segunda Guerra Mundial, bebe whiskey y cerveza, fuma, le gusta el jazz y es demasiado guapo como para ser sacerdote. Además, está enamorado de Amanda Kendall, una amiga de la infancia que le corresponde pero que va a casarse con otro hombre. La trama amorosa se desarrolla poco a poco a medida que va avanzando la temporada. A pesar de la evidente atracción que existe entre Sidney y Amanda su amor parece que nunca podrá convertirse en algo real y tangible.

James Norton se pone en la piel de un personaje diametralmente opuesto al que interpretó en Happy Valley. Ahora es un hombre angustiado por los recuerdos del pasado y preocupado por el bienestar de sus feligreses. Aunque eligió ser sacerdote parece que esa vida no le llena plenamente y por eso acaba resolviendo crímenes junto al inspector Keating. La relación que se establece a lo largo de la serie entre Chambers y Keating discurre de manera natural y creíble, aunque sus vidas son muy distintas comparten rasgos y experiencias que acaban por unirlos: ambos estuvieron en la guerra y conocen el horror, ambos beben para intentar acallar los recuerdos de aquella época, ambos creen en la justicia y en el trabajo bien hecho; y ambos tienen buen olfato para la investigación. Keating es más brusco y directo, Chambers más observador e intuitivo. Cada capítulo enfrenta a este dúo con un nuevo misterio. El hecho de que Sidney sea sacerdote, unido a su carisma y encanto natural, le permite llegar con facilidad a los sospechosos y los testigos, puede preguntar sin levantar sospechas ni suspicacias y tiene acceso a lugares donde la policía nunca es bien vista.

Entre los secundarios de Grantchester se encuentra la señora Maguire, la severa y malhumorada ama de llamas de Chambers. Una mujer que conoce la Biblia y que siempre no se muerde la lengua a la hora de opinar. Cuida la casa, hace la comida y se preocupa de la salud, la moral y la vida amorosa del protagonista. Leonard Finch, interpretado por Al Weaver, es un sacerdote novato que se instala con Sidney en Grantchester para aprender el oficio y que tiene serias dudas morales sobre “el otro trabajo” de su compañero. También tenemos que mencionar a Dickens, el precioso labrador negro que acompaña a Sidney en sus paseos en bici por los preciosos paisajes de Grantchester.

Una serie sencilla, sin ambiciones, bien hecha y ambientada. Un producto de misterio con un protagonista carismático y magnético que se desenvuelve con soltura fuera de su elemento. El personaje de Sidney es sólido y complejo, la construcción del mismo está muy lograda pero, en contraposición, el personaje de Keating apenas está esbozado. Sabemos muy poco de este policía con familia numerosa y problemas con la bebida. Esperemos que profundicen más en su pasado, en su carácter y en su relación con Sidney.

Tras ver tres de los seis capítulos de la primera temporada constato que Grantchester tiene potencial para convertirse en una gran serie pero por ahora se conforma con ser un producto bien hecho y mejor filmado que no acaba de explotar totalmente el buen material con el que cuenta. 

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Razones para amar a Ron Swanson

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Sin ningún orden en particular voy a enumerar las razones por las que amo a Ron Swanson de Parks and Recreation. 

Es todo un manitas capaz de arreglar prácticamente cualquier cosa. Él solito acondicionó toda la tercera planta del ayuntamiento de Pawnee. 

Es Duke Silver, un exitoso saxofonista.

Sabe como desconcertar a la gente y evitar que se tomen demasiadas confianzas. 

Tiene varias cabañas.


Es generoso. Recordemos que le pagó los estudios a Andy, ayudó a Tom y le vendió una de sus cabañas a April por nada más y nada menos que el contenido de su bolso. 

Lo tiene todo muy claro.


Es un trabajador nato. Sin embargo, su puesto en el ayuntamiento le importa bien poco. 



Posee una increíble resistencia al alcohol pero cuando se emborracha de verdad tiene pinta de ser tremendamente divertido. 


Da muy buenos consejos.


Ha encontrado el lugar más feliz de la tierra.


Tiene un macabro sentido del humor.



Su escala de valores es firme y clara.

Es previsor, siempre tiene un plan de escape.


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Chasing Shadows, otro detective con autismo

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Tenía dos motivos para ver Chasing Shadows: Reece Shearsmith y Alex Kingston. En este nuevo drama policial de la ITV, Shearsmith (Psychoville, Inside 9) interpreta a un detective solitario y obsesivo que padece un trastorno del espectro autista. En este caso parece que se trata del síndrome de Asperger aunque nunca se habla abiertamente del tema a lo largo de los cuatro capítulos que componen la primera temporada de la serie.

Su detective Sean Stone es un hombre arisco, silencioso y poco dado a la interacción social que trabaja en la unidad de personas desaparecidas tras ser expulsado de homicidios tras una intervención demasiado sincera ante la prensa. Allí se dedicará a ignorar a Ruth (Alex Kingston), su compañera, a clasificar cientos y cientos de expedientes, a reorganizar el sistema de la oficina y a meterse en problemas debido a su incapacidad para comunicarse y seguir las directrices internas de la organización.

El personaje de Shearsmith, actor que siempre da lo mejor de sí mismo en sus trabajos junto a Steve Pemberton, es plano. Su enfermedad y su personalidad están desdibujadas. Plantean su enfermedad pero de una manera tan vaga que no llega a interesar ni a resultar espectacular (como en el caso de Sherlock). Durante la primera temporada apenas vemos resquicios de humanidad en el detective Stone y por eso resulta harto complicado establecer una conexión con el personaje y su problemática.

Los cuatro capítulos de la temporada presentan dos casos diferentes -cada caso abarca dos episodios- en el primero investigan la desaparición de una adolescente y en el segundo, la de un abogado de cincuenta años que lleva más de un año sin dar señales de vida.

Chasing Shadows es una serie gris, anodina. No hay nada que destaque; ni la originalidad de los casos, ni los diálogos, ni las interpretaciones ni el supuesto cliffhanger con el que pretenden conseguir una segunda temporada. La serie no aporta nada nuevo al género ni sirve como ejemplo brillante del canon procedimental. La construcción de personajes es perezosa, aportando un par de detalles que, sin ser demasiado sutiles, dibujan con brocha gorda a un detective problemático, a una madre soltera trabajadora (Alex Kingston) y a un policía eficiente (Noel Clarke) cuya única función parece ser la de poner cara de enfadado.

Resumiento, ahorraros el tiempo y dedicaros a ver otras cosas más interesantes. No siempre lo que viene de la Gran Bretaña es digno de alabanza. Olvidemos la existencia de Chasing Shadows.

De un tiempo a esta parte los trastornos del espectro autista parecen haberse convertido en un valioso añadido a la creación de personajes. Hemos visto muchos casos de policías y detectives que carecen de habilidades sociales y y de de empatía, que viven encerrados en su mundo y que son, en lo suyo, increíblemente buenos: Adrian Monk, Saga Norén, Sherlock Holmes, Temperance Brennan, son algunos ejemplos. También la comedia se ha aprovechado del autismo para componer personajes tan memorables como Moss de The It Crow, Sheldon Cooper de The Big Bang Theory o Abed de Community.

PD: La conexión Doctor Who de la serie recae en la presencia de Alex Kingston, nuestra River Song; Noel Clarke, el Mickey de Rose; y Adjoa Andoh, la madre de Martha Jones.

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Un monstruo llamado Lily Tucker-Pritchett

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Hace unos días leí en una web un artículo que se centraba en la pequeña Lily de Modern Family, el texto expone que la hija de Cam y Mith es uno de los peores niños creados por la pequeña pantalla. La terrible niña es el fruto de una paternidad mal entendida. Cam y Mitch la quieren mucho pero nunca le han puesto ningún límite o restricción. Lily ha crecido consentida y sobreprotegida. Sus padres han proyectado sobre ella un mal entendido ideal de paternidad en el cual no existe la palabra no. 

Lo cierto es que Aubrey Anderson-Emmons ha ido ganando protagonismo y espacio en la serie desde su llegada en la tercera temporada. Los guionistas descubrieron un filón en Lily y convirtieron a la niña en un ser egoísta, cínico y directo digno de enfrentarse al mismísimo Gregory House en un duelo dialéctico. Hay que ser claros, los desplantes de la niña son demasiado adultos, ahí radica su humor y su fuerza. No te los esperas. 

Lily es un ser taimado, admitámoslo. Sabe sacar tajada de las debilidades e inseguridades de sus padres. Ha aprendido a jugar con ellos para lograr todo aquello que se propone y su influencia no termina en la puerta del hogar Tucker-Pritchett sino que es capaz de intimidar, insultar y mangonear a los demás miembros de la familia. 

Alguien debería decirles a Cam y a Mitch que son unos padres terribles. Si nos fijamos en las otras familias de la serie: los Dunphy y los Pritchett-Delgado; vemos modelos de crianza mucho más enérgicos y saludables. No niego que tengan defectos y fallos, ser padre no es sencillo, pero el caso de Cam y Mitch es mucho más sangrante porque los efectos perversos de su inutilidad parental ya son evidentes. ¿Qué clase de adolescente será Lily? 

Los guionistas le han otorgado un carácter horrible a una niña tan pequeña. Lily no solo es egoista. respondona y manipuladora, también es elitista y materialista. ¿Un reflejo de sus padres? Sabemos que Cam y Mitch tienen defectos pero parece que eso es lo único que han sido capaces de transmitir a su hija. ¿Cómo es eso posible? 

Recién empezada la sexta temporada de Modern Family recuerdo aquel vídeo de los Emmy en el que el reparto de la serie admitía que vivía atemorizado porque "LILY ES UN MONSTRUO". 


La niña llegó a la serie en 2011 cuando las gemelas Ella y Jaden Hiller, que interpretaban a Lily de pequeña, fueron despedidas porque necesitaban una actriz más mayor para el papel. Aubrey fue seleccionada con cuatro años, desde entonces hemos visto como crecía su protagonismo y como les robaba a Manny y a Luke el puesto de "estrella infantil". 

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You're the worst, la sorpresa de FX

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Es agradable que una serie te sorprenda, muy agradable. You're The Worst, comedia creada por Stephen Falk para FX, es una de esas series de las que no esperas nada, de la que poco sabes, que no mucha gente ve y que, sin saber muy bien cómo, se vuelve una de las indispensables de tu lista. 

La historia se centra en dos personajes desagradables e irritantes: Jimmy y Gretchen. Ambos son conscientes de que son dos personas intratables, insufribles, egoístas y manipuladoras. Son, en definitiva, mala gente. Gente que roba en las bodas, que secuestra gatos, que se aprovecha de las inseguridades y debilidades de los demás para conseguir sus objetivos, que bebe a cualquier hora del día, que solo se preocupa por ella misma. Estos dos se conocen en la boda de la ex de Jimmy y pasan la noche juntos. A priori, parece que nada les une. Sus respectivas trayectorias vitales y amorosas les han convertido en seres reacios a las relaciones y ajenos al concepto de amor pero la química que existe entre ellos es innegable y lo que no debería haber sido más que una noche de sexo desenfrenado y confesiones se convierte, poco a poco, en una relación que avanza a trompicones bajo el implacable sol de Los Ángeles y la incrédula mirada de los conocidos de la improbable pareja. 

La serie de Stephen Falk rompe con los convencionalismos de las comedias románticas gracias a un punto de partida poco o nada habitual, poniendo el foco de atención en dos seres por los que no deberíamos sentir simpatía pero que acaban conquistando al espectador gracias a la buena química entre Chris Geere y Aya Cash, los actores que se ponen en la piel del insufrible Jimmy, un escritor inglés afincado en Los Ángeles, y de la arrolladora Gretchen, una  publicista caótica y autodestructiva. 

You're The Worst, con una primera temporada recién finalizada de diez capítulos, es una serie genuinamente divertida que no fuerza las situaciones cómicas sino que deja fluir el humor a través de unos personajes muy bien dibujados; unas situaciones que, sin llegar a ser delirantes, tienen siempre un componente grotesco y unos diálogos ágiles, agresivos y certeros que evidencian muchas de las dudas, tribulaciones y problemas de los treintañeros de hoy en día. Además, la serie consigue evitar el desastre que podría suponer que sus dos protagonistas fuesen demasiado “malvados” intercalando  momentos dulces e íntimos en lo que vemos lo mejor de estos dos.  Parecía improbable que Gretchen y Jimmy funcionasen pero se complementan. Son capaces de aguantarse y retarse mutuamente espoleando hacia adelante una relación por la que pocos apostaban.

Un detalle que me gusta de la serie es la honestidad con el que abordan el tema sexual. La primera noche que Jimmy y Gretchen pasan juntos es un catálogo de posturas, intimidad y realismo. Ya quisieran otras series y películas tratar de manera tan natural el sexo entre adultos. 

Otro punto que ayuda a dotar de conistencia la serie son los secundarios, personajes que sirven de alivio cómico sin renunciar nunca a su potencial dramático. Lindsay (Kether Donohue), la mejor amiga de Gretchen, es una mujer casada, insatisfecha, superficial e infeliz que no encaja en el rol de perfecta ama de casa de los suburbios pero que no quiere renunciar a esa ideal de vida. Edgar Quintero, interpretado por Desmin Borges, es un veterano de guerra con estrés post-traumático que vive con Jimmy. Suele ser la voz de la razón dentro del grupo y resulta enternecedor la forma en la que se preocupa por la relación de su compañero y Gretchen. 

Resumientdo, You're the Worst es un nuevo enfoque a un género que parecía desgastado y repetitivo, una inspirada vuelta de tuerca al chico conoce chica de toda la vida.  Lo más maravilloso de la serie es que te implicas en ella: quieres saber qué sucede con Jimmy y con Gretchen, sufres por Lindsey, te preocupas por Edgar, incluso por Kieran. Parecía difícil que una serie centrada en dos seres odiosos acabese haciéndose un lugar en mi corazoncito seriéfilo pero ha pasado. Y me alegro.

Podéis encontrar imágenes de la serie aquí.

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The Booth at the End, cápsulas de maestría actoral

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Varios personajes se citan con un hombre en una cafetería: una monja católica que hace tiempo que no escucha la voz de Dios, una anciana cuyo marido padece Alzheimer, un hombre con un hijo con leucemia, un fracasado que quiere salir con una modelo, una joven que aspira a ser más hermosa y otra que necesita conseguir dinero para su padre. Todos ellos visitan la cafetería para hacer un trato con el hombre sin nombre. Si llevan a cabo la tarea que el hombre les encomienda verán cumplidos sus deseos. 

Este es el punto de partida para The Booth at the End, una webserie producida por el canal FX compuesta de diez capítulos de 20 minutos de duración. La serie se divide en dos temporadas (5 capítulos cada una) que se desarrollan íntegramente en el interior de una cafetería. Las únicas constantes a lo largo de las dos temporadas son la presencia de Xander Berkeley interpretando al misterioso hombre y el uso de un estilo narrativo fragmentado que avanza y se mantiene cohesionado gracias a los buenos diálogos y las estupendas interpretaciones. 

Cada personaje quiere algo diferente y cada personaje tiene una tarea diferente. El hombre habla con ellos a lo largo de todo el proceso pues siente curiosidad por sus pensamientos, sus emociones, sus dudas, sus miedos, sus alegrías. Recoge toda esta información en un libro donde, meticulosamente, registra todo lo que le dicen. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para salvar la vida de tu hijo? ¿Hasta dónde llegarías para verte guapa? ¿Cuál es el límite? ¿Realmente queremos lo que queremos? Las tareas que el hombre les encomienda pueden entrar en conflicto las unas con las otras o pueden complementarse. Las piezas que componen la trama van encajando a medida que los personajes avanzan en la realización de sus tareas y, al final, todo parece tener un sentido aunque puede que no nos guste el resultado. 

Las conversaciones entre el hombre y el resto de personajes fluyen repletas de vida, de dolor, de muerte, de felicidad, de incomprensión, de recelo, de esperanza. Los personajes se ven enfrentados consigo mismos y, al igual que el espectador, son obligados a plantearse ciertas cuestiones morales que no resultan cómodas. 

El hombre está interpretado por un increíble Xander Berkeley, quien da toda una lección interpretativa perfilando un personaje que a base de miradas, gestos y silencios es capaz de cargar con todo el peso de la trama. Un personaje tan fascinante como complejo del que poco o nada sabemos y que Berkeley compone con aparente sencillez. Hay momentos en los que despliega ternura hacia los demás, otros en los que se muestra duro y tajante. Momentos en los que parece dudar y sufrir con su “trabajo”, momentos en los que sonríe y se le nota contento. Todo esto es capaz de transmitir el actor haciendo gala de un exquisito minimalismo y usando ese instrumento maravilloso que es la voz. A su lado, en la mesa de la cafetería, se sientan actores y actrices como Jack Conley, Sarah Clarke (pareja en la vida real de Berkeley), Timothy Omundson, Noel Fisher, Danny Nucci o Abby Miller.

The Booth at the End es la demostración de que puede hacerse algo brillante con muy poco dinero. Aquí lo que importa son los diálogos, la sencillez de la puesta en escena y el trabajo interpretativo de los actores y actrices implicados en el proyecto. Estamos ante un drama que mantiene al espectador en suspense hasta el final porque las preguntas que nos hacemos son muchas. ¿Quién es ese hombre? ¿Es Dios o el Diablo? ¿Qué harán los personajes? ¿Quién es esa camarera? ¿Qué escribe en el libro? 

Un ensayo visual que explora la condición humana y los principios por los que nos regimos, dejándonos en evidencia la fragilidad de nuestras convicciones a través de unos personajes que dejan de lado su moral y su ética para conseguir aquello que más desean.

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