lunes, 16 de mayo de 2016

The Flash nos regala un capítulo intimista


The Runaway Dinosaur, capitulo dirigido por Kevin Smith, ha sido uno de los episodios más emocionales y conmovedores de la presente temporada de The Flash. Puede que a algunos seguidores les sorprenda que a falta de dos capítulos para el final de temporada, la serie apueste por bajar el ritmo centrándose en  la evolución emocional de Barry y en su relación con Iris.

Zack Stentz, responsable del guión, es un buen conocedor del mundo de los superhéroes ya que participó en la escritura de los libretos de X-Men First Class y Thor. Y también es buen conocedor de las realidades alternativas gracias a su paso por Fringe, donde escribió 4 capítulos, entre ellos Northwest Passage, uno de mis favoritos.

El capítulo de Smith, el 21 de la presente temporada tiene muchos aspectos que valoro positivamente y sólo uno que no me convence. Analicemos The Runaway Dinosaur

Run, Barry, run

Grant Gustin demuestra, una vez más, su gran solvencia como actor. En este episodio, Gustin es capaz de transmitir toda la humanidad de un personaje que se enfrenta, día a día, a lo imposible. Su Barry es cercano, humilde y generoso pero también es una persona que ha sufrido mucho a lo largo de su vida, que ha librado mil batallas –y las que vendrán- y que ha tenido que sacrificar a su propia madre por el bien mayor.

La pérdida de un progenitor es casi una constante en el mundo de los superhéroes, un punto de inflexión que determina el futuro de los personajes y la lucha que emprenden. En The Flash, la muerte de Nora inicia una cadena de acontecimientos que, en última instancia, provocan el que Barry se convierta en el velocista escarlata. No obstante, esa pérdida le afecta tan profundamente que le impide alcanzar su máximo potencial. Por eso la Fuerza de la Velocidad quiere ayudarle a superarla. Barry debe aceptar la decisión que tomó en Fast Enough(1x23) para poder avanzar, para poder correr sin ataduras. Corre, Barry, corre.

La escena en la que Barry conversa con su madre, Nora Allen (Michelle Harrison) es maravillosa. El libro infantil The Runaway Dinosaur es una bonita síntesis de su relación con su madre y del amor que sentía por ella; un amor que a pesar de la tragedia se mantiene intacto y que es determinante para entender las motivaciones de Barry y la manera en la que se relaciona con los demás. En esta escena Gustin maneja las emociones del personaje con mucho tacto y gran inteligencia, transmitiendo todo el amor que el pequeño Barry sentía por su madre y todo el dolor que su pérdida le produjo. 

La Iris que merecemos
  
El romance entre Iris y Barry, idea que esta temporada ha estado bastante presente ya no sólo por el conocimiento del futuro que ambos poseen, sino por esa visita a Tierra 2, donde están casados, empieza a cristalizar en The Runaway Dinosaur. Iris es  la voz que guía a Barry hacia casa. Ella es su hogar, su futuro, su todo. Y ambos lo saben.
  
Candice Patton ha ido ganando enteros esta temporada, la evolución de Iris desde los primeros capítulos hasta ahora ha sido fantástica. Mientras que en Arrow los guionistas nunca lograron hacer que Laurel encajara, maltratando al personaje durante cuatro temporadas para rematarlo de la manera más vil posible; en The Flash, Iris West ha renacido de sus cenizas y tras superar, poco a poco, la muerte de Eddie Thawne, encontrar su camino como periodista y convertirse en un valioso miembro del grupo –verla interactuar con Cisco es un placer- se ha sacudido el polvo de una primera temporada donde no era más que una mera comparsa. 

¿Qué pasará ahora?

Después de su viaje a la Fuerza de la Velocidad intuyo que Barry es más rápido y fuerte que antes. También más sabio. Ha estado en contacto con la fuente de la velocidad, ha hablado con ella y ha aprendido mucho sobre su poder.

El capítulo también expande la mitología de The Flash al introducirnos en La Fuerza de la Velocidad y conocer un poco más sobre ella. La fuerza tiene conciencia y poder. Puede manifestarse y elegir cómo hacerlo. Y con Barry demuestra ser una entidad benévola que guía al héroe hacia su destino.  

El único pero del capítulo es que Wally debería saber la verdad sobre Barry, ya basta de mantenerlo en la ignorancia. Este desconocimiento no le hace bien al personaje, lo aparta del núcleo de la acción y no le permite interactuar de manera natural con el resto del reparto. Al pobre Wally le están haciendo lo mismo que a Iris en la primera temporada, ya basta de marginar a los West. 

domingo, 15 de mayo de 2016

5 motivos para renovar Limitless

Limitless es la continuación de la película del mismo título protagonizada por Bradley Cooper en 2011. Este procedimental creado por Craig Sweeny se centra en Brian Fich (Jake McDorman), un joven con síndrome de Peter Pan que tiene acceso al NZT, una milagrosa droga que aumenta la inteligencia.

La serie ha sido una grata sorpresa en una temporada bastante flojilla y aunque CBS aún no ha anunciado si la renovará para una segunda entrega, albergo la esperanza de verla en la parrilla televisiva de la próxima temporada. Aún así, como la cadena se lo está tomando con calma, quiero exponer varios motivos por los que considero que Limitless debería ser renovada.


Brian Finch, un protagonista entrañable


Jake McDorman está perfecto en la piel de veinteañero inmaduro, irresponsable, un poco vaguete pero de buen corazón. Desde el primer momento, Finch usará sus extraordinarias habilidades para ayudar a los demás, anteponiendo las necesidades de otros a las suyas. Esta capacidad de sacrificio es lo que le convierte en un héroe. Brian se preocupa por el débil, el necesitado; siempre protege a aquellos que están indefensos ante las injusticias. Pero el señor Finch también es un tipo divertido, soñador, extrovertido, cariñoso y creativo. Su forma de trabajar es una constante explosión de ingenio y cachondeo gracias a la música, las marionetas, los esquemas, los gráficos y vídeos que realiza. 


La serie nos ofrece dos versiones del mismo personaje; por una parte tenemos al Brian NZT y por otra, al Brian más humanos y familiar. Dos caras de la misma moneda que, a veces, tienen intereses contrapuestos. El desarrollo de la temporada ha situado a Brian ante varias disyuntivas: decirle la verdad a su familia, decirle la verdad a Rebecca, confiar en Morra, enfrentarse a su padre. Estos dilemas morales han sido una constante en todos los capítulos, permitiendo al espectador conocer mejor al protagonista y logrando que empaticemos con él y su situación.

Lo más interesante de este personaje es que a pesar de tener el NZT y de poder convertirse –como hace el senador Morra- en una versión mejorada de sí mismo, se aferra a ser la persona que era antes de tomar la pastilla; se aferra a su familia, a su humanidad, a sus valores morales y eso hace de él un personaje repleto de matices y profundidad.

Un procedimental diferente


La serie mantiene el mismo formato que otros procedimentales con un caso semanal al que los personajes deben resolver pero también cuenta con dos trama que recorren toda la primera temporada: las intenciones del senador Eddie Morra y la investigación de Rebecca sobre la muerte de su padre.

Gracias al NZT, Brian es un Sherlock hipervitaminado capaz de cosas asombrosas y su manera de encarar los diferentes casos es siempre original. Limitless sorprende al espectador a cada capítulo, ya sea con un episodio homenaje a Ferris Bueller’s Day Off o con uno centrado en Sands contado como un cómic o con uno desde la perspectiva de Rebecca tras tomar NZT. 

Hace poco Sweeney decía que querían “entregar semanalmente algo que nunca se hubiese visto antes en televisión, ya sea un montaje visual o un truco estructural”, hablaba de no anclarse en la rutina y de ofrecer siempre algo novedoso. La verdad es que lo han logrado porque Limitless es un procedimental que sabe ser serio cuando tiene que serlo pero que no renuncia a divertir al espectador fiel con detalles como deshechar la jerga técnica a favor de vídeos de gatitos o en mostrarnos cómo discurriría la saga de The Bruntouchables. Gracias a esta singular forma de afrontar los casos, la serie se sitúa por encima de muchos otros procedimentales.  

Es la sustituta de Chuck


Limitless comparte muchas cosas Chuck, la historia de un nerd reconvertido en espía por un backup en su cerebro. Durante cinco años pudimos seguir las aventuras en la NBC y aunque sus dos últimas temporadas no fueron buenas, la tercera es un gran ejemplo de buen entretenimiento sin pretensiones.

Brian, al igual que Chuck, tiene la oportunidad de hacer un mucho bien gracias a su nueva habilidad, ambos trabajan para el gobierno, ambos tienen una compañera femenina y una jefa dura pero justa. Agradezco que en Limitless no estén tan preocupados por la vida sentimental de su protagonista cosa que en Chuck influyó negativamente en el desarrollo de tramas y en el cuidado de los secundarios.

La propuesta de Craig Sweeny es tan consciente de la coincidencias entre ambas series que en los últimos capítulos de la temporada pusieron a Brian a trabajar en una tienda de informática junto a un compañero descerebrado y barbudo que recordaba a Morgan Grimes.
  
Los secundarios


La serie ha cuidado a sus secundarios, creando personajes con motivaciones, miedos, deseos, familia y pasado. Personajes que se pasean por la pantalla con un propósito y una meta, que han crecido capítulo a capítulo y que ya son parte fundamental del equipo. Mike (Michael James Shaw) e Ike (Tom Degnan), Stavros (Musto Pelinkovicci) y Sands (Colin Salmon) encajan perfectamente en el universo de Limitless y sin ellos el espíritu juguetón de la serie no funcionaría tan bien.

No obstante, creo que Sands ha sido el personaje más interesante de esta temporada y más desde el capítulo Sands, Agent of Morra. El hombre en la sombra del senador es una constante a lo largo de la primera entrega y si la serie tiene futuro le echaremos de menos. Colin Salmon es un experto en secundarios de lujo, su presencia siempre se agradece y, en este caso, su aportación aportaba tensión y peligro al conjunto. Sands era un mercenario con agenda propia pero respetaba y apreciaba –a su manera- a Brian. 

Rebecca Harris


Ver a Jennifer Carpenter en un papel tan equilibrado, comedido, autoexigente y organizado como este sorprende. Esta agente del FBI es todo lo que Debra Morgan no alcanzaba a ser pero ambas comparten un gran instinto policial y una enorme capacidad de sacrificio. Los guionistas han creado un personaje con un halo de misterio debido, en gran parte, a lo reservada y discreta que es.  Harris aunque eficiente y trabajadora no es perfecta y comete errores pero me gusta su capacidad de confiar en los demás, su preocupación por las personas y su negativa a darse por vencida. Pero también es autocrítica, indecisa y, muchas veces, demasiado solemne. 

La relación entre Finch y Rebecca se basa en la confianza. Ella aprecia a Brian, se preocupa por él y lo protege. Sabe que es un inmaduro y un tanto irresponsable pero también sabe que es una buena persona. Por ahora su relación se basa en la amistad y espero que la cosa siga así, no me gusta la idea de una TSNR en Limitless. Pueden seguir como hasta ahora, respetándose y trabajando juntos, forjando una amistad como han hecho en Elementary con Watson y Holmes. 

lunes, 2 de mayo de 2016

El encanto del diablo

Después de la desastrosa segunda temporada de Sleepy Hollow y de la terrible Constantine no esperaba nada bueno de Lucifer, otro cómic convertido en serie de televisión. ¿Cuántos van? Tom Kapinos, responsable de mi adorada Californication, es el creador de esta adaptación, un procedimental ligero que la Fox ya ha renovado para una segunda temporada. Lucifer se basa en el personaje creado por Neil Gaiman para The Sandman y que Mike Carey recogió para el celebrado spin off, Lucifer. La serie de Kapinos recoge la premisa del cómic de Carey y sitúa al ángel caído en Los Ángeles. 

En el piloto se nos presenta a Lucifer Morningstar (Tom Ellis), el encantador diablo que ha dejado atrás el infierno para asentarse en LA y regentar un local nocturno, de éxito moderado, en compañía de su fiel demonio Mazikeen (Lesley-Ann Brandt). Una noche, una actriz a la que ayudó en sus inicios es asesinada a las puertas de su club y Lucifer entra en contacto con la detective Chloe Decker, encargada del caso. El diablo se involucra en la investigación determinado a castigar al asesino pero también fascinado por la detective Decker, una mujer inmune a sus poderes. 

La serie da lo que promete, 45 minutos de entretenimiento superficial sin grandes complicaciones y con un personaje principal, Lucifer, encantador y seductor que siempre consigue salirse con la suya. La serie se sustenta, al igual que The Mentalist, en un personaje principal con cierto encanto y, por desgracia, repite los mismos errores que la creación de Bruno Heller: casos flojos y secundarios mal definidos. De momento, todo se supedita a Lucifer y su sonrisa socarrona; claro que puedes armar una temporada sobre esa base pero vas a necesitar mucho más para seguir adelante. 

Uno de los problemas más evidentes de la serie es que la relación entre Chloe (Lauren German) y Lucifer no acaba de cuajar. Ella es demasiado aburrida y no resulta interesante como personaje, Mazikeen me parece mucho mejor y eso que sale poco tiempo. La relación profesional entre el diablo y la detective sólo tiene interés mientras se mantenga el misterio de la identidad de Chloe. ¿Por qué es inmune al poder del diablo? ¿Por qué Lucifer se debilita estando junto a ella? ¿Forma parte del plan divino? De cara a la segunda temporada tendrán que trabajar más esa relación porque sino, una vez resuelto el misterio, no hay motivo para seguir soportando la presencia de Chloe y es una lástima porque a priori, sobre el papel, el personaje tenía todas las papeletas para gustar: madre, separada de su pareja (otro poli), con un breve pasado como actriz, hija de una estrella del cine, envuelta en una investigación de asuntos internos... pero no funciona y la forma en la que German aborda el personaje tampoco es que ayude a que la detective Decker interese. 

Su satánica majestad

Tom Ellis se entretiene interpretando al mismísimo diablo pero en algunos momentos sobreactúa, con el tiempo pulirá esa tendencia al histrionismo, algo que empezó a corregir conforme se acercaba la season finale mejorando sustancialmente su aproximación al personaje. Lo más interesante de Lucifer es su mitología y sus problemas con su hermano Amenadiel (D. B. Woodside) y su padre, el todopoderoso. Hay que tener en cuenta que Lucifer no eligió ni su puesto en el infierno ni su rol como juez de las almas descarriadas, tampoco se siente muy a gusto con la visión que los humanos tienen sobre su papel en el gran esquema de las cosas. En el fondo, Luci es un rebelde que se niega a doblegarse a la voluntad de su padre.

Lucifer es un antihéroe enigmático, encantador y divertido pero también es un ser que carga un enorme peso sobre sus hombros y que siente el impulso irrefrenable de retar a Dios una y otra vez. Y aún así, en la season finale, está dispuesto a sacrificarse por Chloe aunque ello signifique renunciar a su libre albedrío y acatar las órdenes divinas.

El futuro promete 

Espero que en la segunda temporada la detective sea consciente de la auténtica naturaleza de su compañero porque seguir obviando lo evidente es insultar la inteligencia del espectador. Además, ya sabemos que aparecerá la madre del diablo, una amenaza que puede puede proporcionar una buena excusa para hacer evolucionar a Lucifer y de paso fortalecer la mitología de la serie. Sin embargo, nada de esto tendría sentido si Chloe sigue pensando que Lucifer es un lunático con grandes conocimientos teológicos.

La serie funciona mejor cuando se centra en Lucifer y en el enfrentamiento que mantiene con su padre. Deberían introducir más elementos místicos en la trama y más referencias al infierno y al cielo y a los sentimientos de Lucifer con respecto a su destierro. También quiero ver más ángeles, aunque le he cogido cariño a Amenadiel lo lógico sería que apareciesen más seres alados pululando por la ciudad de Los Ángeles.


domingo, 1 de mayo de 2016

La montaña rusa de Kimmy

TSPOILERS DE LA 2ª TEMPORADA DE UNBREAKABLE KIMMY SCHMIDT

Sometimes it feels good to feel feelings, Kimmy. 

En su segunda temporada, Unbreakable Kimmy Schmidt ha logrado encontrar el equilibrio entre la comedia y el drama, combinando ambos géneros con acierto y permitiendo a los personajes secundarios hacerse un hueco en una serie que durante su primera temporada estuvo demasiado centrado en Kimmy. Aunque Elli Kemper sigue siendo el eje central de la serie y el pegamento que mantiene unido el conjunto, el resto de personajes han tenido oportunidad de crecer y evolucionar durante estos trece capítulos. 

La primera temporada desbordaba optimismo y vitalidad, la que Kimmy tenía recién salida del búnker. Tras encontrar su lugar en el mundo, un trabajo, amigos y aprender a usar un teléfono móvil; esta temporada Kimmy tiene que hacer algo mucho más complicado: librarse de las ataduras emocionales y mentales que aún la mantienen dentro del búnker. Nuestra pelirroja nunca llegó a abandonar del todo el búnker y las barreras emocionales que levantó para sobrellevar esa experiencia siguen en pie (ese happy place al que acude cuando se enoja), esas barreras evitaron que llorase durante el cautiverio pero ahora, en el mundo exterior, ya no son necesarias. A esa incapacidad para lidiar con las propias emociones hay que añadir un trastorno de estrés pos-traumático de manual que le impide intimar con hombres, que le provoca eructos y pérdida del control. Desde que escapó de su cautiverio Kimmy no ha dejado de sentirse triste o asustada en lo más profundo de su ser y su viaje emocional pasa, necesariamente, por aprender a lidiar con todas esas emociones reprimidas. Para lograr un cierto equilibrio, para sentirnos bien y a gusto en nuestra propia piel, tenemos que aprender a reconocer nuestras emociones, incluso aquellas que duelen, que nos debilitan, que nos entristecen, que nos agitan, que nos enfadan... convivir con ellas, aceptarlas, nos convierte en adultos y en personas más sanas. 

La recta final de la temporada se centra en el trastorno de estrés pos-traumático de Kimmy y en cómo la joven se enfrenta a sus miedos (el búnker, el reverendo), descubre su ira (focalizada en su madre) y aprende a perdonar y perdonarse para aprender a vivir plenamente. El tema de la madre ya se había tratado, de refilón, en la primera temporada, así que ya era hora de que madre e hija se reencontraran. Lisa Kudrow se pone en la piel de Lori-Ann Schmidt, la madre ausente y despreocupada a la que Kimmy culpa de su secuestro. Kudrow es perfecta para interpretar al personaje, su naturalidad, humanidad y ese punto de locura nos acercan a Lori-Ann, una mujer excéntrica que no es capaz de ser, si es que alguna vez pudo, la madre que Kimmy necesita. 

La escena en la que nuestra tenaz pelirroja es capaz de atarse los cordones de sus zapatillas es la culminación de un proceso que la lleva a cerrar esa etapa de su vida y poder empezar otra sin la carga de “la mujer topo”. 

Los secundarios ganan tiempo

La serie mantiene su consistencia en la segunda temporada, rebosa ingenio y humor, sigue siendo mordaz y absurda y, como regalo, hay más canciones que el año pasado pero lo mejor de esta segunda temporada es comprobar que los personajes crecen y que sus relaciones se vuelven más complejas y sofisticadas. Esto es posible gracias a que la duración de los capítulos es mayor esta temporada. Recordemos que la primera temporada fue desarrollada para la NBC como una comedia, por lo tanto aquellos trece capítulos mantenían el ritmo y los tempos de edición de una network. Sin embargo, la segunda temporada fue desarrollada para Netflix, así que no tiene en cuenta esos tempos y los capítulos se han alargado hasta casi los 30 minutos de duración. Ese tiempo extra se ha dejado sentir en el desarrollo de la historia, por esto Titus, Jacqueline y Lillian tienen más peso en el resultado final y por eso los guionistas han podido tratar mejor sus tramas. 

Este año Jacqueline se ha convertido en una mejor persona, capaz de anteponer las necesidades de otros a las suyas propias y de luchar por causas que cree justas. Su desarrollo ha sido uno de los más orgánicos y coherentes de la temporada, redimiéndola de su imagen de frívola mujer trofeo de la primera temporada. Jacqueline ha ganado entidad, es más que la caricatura de una clase social, ahora es una persona real que ha encontrado el amor y que tiene un objetivo. 

Gracias a ella, la serie introdujo en el reparto a Anna Camp. La Camp interpreta a Deirdre, una joven rica que se mueve en los mismos círculos que Jacqueline solía frecuentar antes de su divorcio y que se convierte en la némesis de la señora White. Anna Camp está fantástica en la piel de una aburrida reina de la alta sociedad que necesita un reto a la altura de su intelecto para entretenerse y que por eso pasa el tiempo urdiendo planes para superar y humillar a Jacqueline. Las escenas entre Krakowski y Camp son divertidas y ambas actrices están fantásticas intercambiando one liners y manteniendo una extraña y sugerente tensión sexual no resuelta. 

Titus ha seguido siendo esa persona egoísta, superficial y atolondrada pero ha tenido tiempo y ganas de crecer y mejorar. Su relación con Mike ha sido muy dulce y divertida, enfocada más allá del choque de personalidades. Y es que Titus tiene muchas capas, bajo su fabulosa ropa y estupenda voz hay una persona con miedo al fracaso y al abandono pero también alguien con sueños y que, por primera vez en mucho tiempo, se va a atrever a llevar a cabo acciones para convertir esos sueños en realidad. 

Por otra parte reconozco que los esfuerzos de Lillian, siempre genial Carol Kane, contra la gentrificación de su barrio son conmovedores y que la energía y rabia que destila esta mujer son insuperables. No obstante, más allá de sus accesos de ira, su entusiasmo por la autenticidad de su hogar y sus extrañas relaciones amorosas, el personaje ha quedado un poco descolgado aunque sale mejor parado que la temporada pasada. 

Espero que la tercera temporada siga explorando los traumas de Kimmy y que traiga de vuelta a Lisa Kudrow. Mientras espero me quedo escuchando la canción de la serie. 

martes, 19 de abril de 2016

Cuatro motivos para no perderse iZombie

El pasado 12 de abril, iZombie despidió su segunda temporada con un estupendo capítulo doble confirmando lo que los fans de la serie ya sabemos desde hace un tiempo, iZombie es una de las series más amena, divertida y autoconsciente de la televisión actual. Muchos seriéfilos no le dan una oportunidad y es una lástima que no sepan lo que se está fraguando en Seattle y lo buena cocinera de cerebros que es Liv Moore. 

Motivos para ver la serie hay muchos, por ejemplo: 

Los creadores

Los responsables de Veronica Mars, Rob Thomas, creador de la mítica serie, y Diane Ruggiero-Wright, coguionista de la película, son las mentes pensantes detrás de esta adaptación comiquera a la pequeña pantalla. 

iZombie tiene el mismo sentido del humor y la misma querencia por los diálogos plagados de referencias a la cultura popular que Veronica Mars. Es, igualmente, una serie inteligente, muy entretenida de ver y con una protagonista femenina perfectamente definida y en constante evolución. Pero iZombie es también un drama que sabe introducir los elementos sensibles y las tramas más serias cuando es necesario, y lo hace con elegancia, con acierto y equilibrando la intensidad narrativa con dosis de humor negro, sarcasmo y gore. 

Podemos encontrar muchas similitudes entre iZombie y Veronica Mars pero la historia de Liv Moore tiene la suficiente personalidad como para resultar atractiva por méritos propios. Sin embargo, para los fans acérrimos de la Vero, esta serie puede ayudarles a mitigar la nostalgia porque muchos de los rostros de Neptune la visitan con regularidad: Percy Daggs III, Daran Norris, Ryan Hansen, Enrico Colantoni, Ken Marino, Adam Rose y Kristen Bell, ya han aparecido en la serie y, personalmente, tengo muchas ganas de ver a Jason Dohring o Tina Majorino midiéndose con Rose McIver.

Ravi Chakrabati

La relación entre Liv y su compañero en la morgue, Ravi -estupendo Rahul Kohli-, es una de las más entretenidas de la televisión actual. Cierto que el reparto de la serie es fantástico y está muy cohesionado pero Kohli se ha ganado un lugar destacado en el corazoncito de los fans. Ravi es un personaje que funciona tanto a nivel cómico como dramático, su química con Liv es innegable pero es que su bromance con Major  también da mucho juego. Desde el piloto se estableció una gran complicidad entre Liv y Ravi, este forense británico ha sido un gran aliado para ella, siempre la ha apoyado y no ha parado de investigar su caso para poder ayudarla a recuperar su antigua vida. 

Ravi es una personaje tremendamente auténtico, divertido y entrañable. Sus reacciones ante las diferentes personalidades que Liv adopta cuando come un cerebro suelen ser los mejores momentos de los capítulos. También recordaré con cariño su troleo a Clive por Game of Thrones o su reacción al descubrir que Major era el serial killer de Seattle. 

Liv y los muertos

Cada vez que come un cerebro Liv adquiere rasgos de la personalidad del fallecido y también algunos de sus recuerdos; tan pronto es la alegre y positiva propietaria de una cafetería como un vigilante callejero o un anciano antipático o un sociópata. Rose McIver se transforma en cada capítulo pero sabe mantener la esencia de Liv y moldearla a su voluntad. Los pequeños detalles que delatan los nuevos rasgos de personalidad se hacen notar gracias a un adecuado trabajo físico y vocal por parte de la actriz. A ello hay que unir una estupenda caracterización, la Liv zombie destaca por su piel pálida y su pelo blanco, y una acertada selección de vestuario. Este año, en el capítulo He Blinded Me ... With Science (2x15), Liv se infiltra en un laboratorio usando su aspecto real, el de McIver sin maquillaje, y la diferencia es asombrosa. 

Buenas tramas, mejor narrativa

La segunda temporada de la serie ha sido muy dinámica, realmente interesante, con buenos giros argumentales y con nuevos personajes que han aportado emoción a la historia. Este año los guionistas abrieron diversas tramas (la búsqueda de la cura, el serial killer, el tráfico de drogas, Max Rager, la investigación del FBI) todas interconectadas por pequeños detalles y por los diferentes grados de relación de los secundarios con Liv. Todas estas ramificaciones empezaron a confluir hacia la mitad de la temporada para terminar en una apoteósica season finale que cerró, de manera muy apropiada, varios de los frentes abiertos. Sin embargo, los guionistas dejaron un par de detalles en el aire y aprovecharon la derrota de Vaughn para introducir una nueva vía a explorar durante la tercera temporada. El argumento que plantean es interesante: el apocalipsis zombie no es una horda desorganizada de harapientos trastabillando por las calles, se trata de un grupo de muertos vivientes organizado, con contactos y recursos, dispuesto a hacerse con el control de la sociedad y los cerebros. El futuro promete cambios interesantes y mayor acción en las calles de Seattle.


sábado, 16 de abril de 2016

Bloodline, secretos y mentiras del pasado

 CUIDADO HAY SPOILERS DE LA PRIMERA TEMPORADA

Bloodline es uno de los dramas más absorbente de los últimos años, una historia familiar trágica y circular que nos lleva a los Cayos de Florida, un paraíso de aguas azules repleto de secretos, mentiras y sufrimiento. 

Los perfecta vida de los Rayburn, familia que detenta desde hace casi 50 años un hotel en el lugar y con mucho peso dentro de la comunidad, se trastoca con el regreso del hermano mayor, Danny. La primera temporada se centró en el impacto que su presencia tiene sobre sus padres y sus tres hermanos: John (Kyle Chandler), Meg (Linda Cardellini) y Kevin (Norbert Leo Butz). Su inesperado regreso remueve recuerdos de un pasado marcado por la tragedia y por un secreto que pulsa por salir a la luz. 

El reparto de la serie es excepcional, todos los involucrados están a la altura de la historia y de un magnífico guión pero es el australiano Ben Mendelsohn quien atrae todas las miradas. Su Danny es un personaje ambiguo, dolorosamente natural, peligroso y sibilino. Un ser humano consumido por el rencor y el odio, marcado por un pasado que todos se esfuerzan por enterrar pero que él ha sufrido toda su existencia. Danny es el personaje más importante de la temporada y el catalizador de todas las tramas que se van presentando a medida que avanza la historia. Sin su figura, Bloodline pierde parte de su razón de ser y su mayor atractivo. Lo interesante de Bloodline era seguir sus pasos e ir, poco a poco, descubriendo su cara menos amable, su verdadera naturaleza. Sin él poco me importan la trama del narcotráfico y esos secundarios(Wayne Lowry, Marco, Eric) que sólo proporcionaban un marco contextual para Danny y para conectar sus acciones criminales con la investigación de su hermano y el negocio familiar. Ahora que está muerto, ¿por qué tiene que interesarme la investigación? Es más, ¿qué me ofrece la serie para continuar con su visionado?

Puede que la respuesta esté en el otro pilar interpretativo de la serie, Kyle Chandler. Este ganador de un Emmy se mete en la piel de John Rayburn, el hermano responsable con una vida perfecta. Puede que, a primera vista, su trabajo no sea tan destacable como el de Mendelsohn pero el viaje emocional de John desde el primer episodio es grandioso, en él se concentran la culpa y el remordimiento pero también la bondad y la comprensión. A pesar de todos las señales de alarma, confía en Danny y quiere hacer que su vida sea mejor pero todas sus buenas intenciones chocan contra la fría venganza de su hermano. 

El enfrentamiento entre Danny y John se fragua a fuego lento y estalla en los últimos capítulos precipitando la historia hacia esa escena con la que cerraba el primer episodio. John representa el orden que se enfrenta al caos, el buen hijo contra la oveja negra, el obediente contra el rebelde. Y desde el principio sabemos que aunque gane, va a perder. Danny no duda en presionar a su hermano hasta el límite y es entonces cuando, presa de la desesperación, John mata a Danny con sus propias manos en una escena cargada de simbolismo y potencia dramática. 

A partir de aquí tenemos una nueva senda a explorar, los tres hermanos encubren el crimen y siguen adelante con sus vidas procurando dejar a Danny en el pasado pero ¿cuánto tiempo pueden mantener esa fachada? ¿Cómo les afectará la muerte de su hermano? ¿Acabará la culpabilidad consumiendo sus almas? De cara a la segunda temporada, la serie debería mostrar las consecuencias de ese asesinato y seguir el previsible desmoronamiento de todos y cada uno de los miembros del clan Rayburn. 


La segunda temporada 

Comenzará el próximo 27 de mayo con la presentación de ese recién llegado que dice ser hijo de Danny y nos mostrará el proceso de degradación de los Rayburn como familia y como personas. La madre y los hermanos ya no confían los unos en los otros, hay miedo, paranoia, desconfianza y culpa. Mientras, la investigación sobre el asesinato del hijo pródigo continúa aumentando la presión sobre John, Meg, Kevin y la matriarca. 

La serie incorpora a John Leguizamo, actor que dará vida a un criminal del pasado de Danny en Miami al que el fallecido le debe dinero, y a la británica Andrea Riseborough, otra pieza del pasado de Danny Espero ver un poco más a Chole Sevigny porque su personaje, Chelsea O`Bannon fue uno de los que menos se desarrolló el primer año y creo que una actriz tan versátil y fiable como Sevigny podría aportar mucho más a la serie, si es que le dejan. Además, ¿cómo se tomará el personaje la muerte de Danny? ¿Culpará a los Rayburn? 

Mendelsohn regresará a Bloodline pero su presencia solo será posible a través de flashbacks o en forma de aparición. Puede que la idea de que Danny, como Sarah – bellísima Mia Kirshner– en la primera temporada, aparezca como fantasma para atormentar a sus hermanos sea una buena pero la participación de Mendelsohn en la serie se reducirá y es una lástima porque él, con sus camisetas sucias y sudadas y el cigarrillo colgando en los labios, era el epicentro del terremoto emocional e interpretativo de la serie. 

sábado, 9 de abril de 2016

El alma compasiva de Sidney Chambers

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA

Cuando finalizó la primera temporada de Grantchester dije que era “una serie sencilla, sin ambiciones, bien hecha y ambientada”; lo mismo puedo decir de la segunda temporada que se despidió el pasado 6 de abril. Grantchester se mantiene fiel a sí misma, sigue apostando por lo tradicional sin que eso se convierta en un problema a la hora de visionarla.

La serie es una adaptación de la saga The Grantchester Mysteries de James Runcie. La historia nos traslada hasta la década de los cincuenta, al condado de Cambridgeshire. Allí, en el idílico pueblo de Grantchester, vive el pastor Sidney Chambers (James Norton), un hombre encantador, educado y amable muy apreciado por sus feligreses. El asesinato de un vecino propicia su encuentro con el inspector Geordie Keating (Robson Green), un curtido detective con poco tacto y menos paciencia. Forjar la relación de amistad entre Sidney y Geordie fue la base que vertebró la primera temporada de la serie. Este año, la guionista Daisy Coulam apostó por una trama horizontal que afectó profundamente a los personajes y a sus relaciones personales, mostrando el lado más oscuro de Sidney y su desesperación ante una justicia que no sabe ser compasiva. 

Durante estos seis capítulos, la amistad de Sidney y Geordie, el auténtico motor de la serie, está a punto de romperse. Por primera vez, sus trabajos y sus diferentes formas de ver y entender el mundo les llevan a enfrentarse abiertamente. Geordie ha cambiado desde que recibió un disparo la temporada pasada; se ha vuelto más cínico, más desconfiado y menos paciente. Sidney también arrastra problemas propios que le empujan a beber demasiado y a perder el control. Y el caso principal de la temporada, la muerte de una adolescente de 15 años destapa todas las miserias del ser humano y todos los problemas subyacentes entre el cura y el inspector. 

Me hubiese gustado que la serie explorase un poco más la oscuridad del cura, verle fumar, beber demasiado e intentando aprovecharse de una camarera, está bien pero podrían haber jugado más tiempo con su particular descenso a los infiernos. Igualmente, sería interesante ver cómo Geordie recompone los pedazos rotos de su alma y dignidad tras engañar a su mujer. 

El resto de personajes han estado casi siempre al servicio de la trama principal y de los vaivenes entre la pareja protagonista. Esta temporada, he vuelto a disfrutar de los desplantes y one-liners de la ama de llaves del vicario, la señora Maguire. Una mujer que este año ha dejado ver su lado más humano y que parece haber encontrado el amor de una vez por todas. Leonard, por su parte, ha ganado más peso en la historia. Coulam ha desarrollado sus lazos con Sidney y la señora Maguire mientras le daba una trama propia que, aunque previsible, funcionaba bien y nos regaló un emotivo final. La introducción del personaje de Margaret, secretaria en el departamento de policía, fue un soplo de aire fresco. Era muy entretenido ver a esta joven descarada y sincera moverse en el ambiente tradicional y austero de Grantchester y picar, con comentarios subidos de tono, a la señora Maguire. Espero volver a verla en la tercera temporada. 

La que peor lo ha pasado este año ha sido Amanda, el gran amor de nuestro cura detective. Su viaje personal ha sido muy triste, atrapada en un matrimonio infeliz y perdiendo la alegría y el dinamismo que la caracterizaban. Tan desesperada estaba por sentir un poco de emoción, por acercarse a Sidney, que acabó robando en tiendas y conformándose con una vida anodina junto a un hombre al que no ama. 

La temporada acaba bien para nuestros héroes, con una celebración en familia y con Sidney abrazando a Amanda (Morven Christie), quien corre a sus brazos tras abandonar a su marido. De cara a la tercera temporada (ya confirmada) veremos como la puritana sociedad inglesa de mediados de los cincuenta sobrelleva que Sidney se comprometa con una divorciada embarazada. 

Grantchester sigue siendo un entretenimiento ligero y amable que no acaba de despegar. Como pasatiempo no está nada mal pero no aprovecha todo el potencial que tiene la historia y los personajes. Si podemos obviar esa falta de ambición, la serie merece una oportunidad.

lunes, 4 de abril de 2016

El hombre del bate

SPOILERS DEL FINAL DE TEMPORADA DE LA SERIE

Los seguidores de The Walking Dead llevan meses esperando la aparición de Negan, personaje que hizo acto de presencia en los últimos compases de Last Day On Earth. ¿Valió la pena la espera? Personalmente creo que no. La AMC ha cometido un error garrafal con ese cliffhanger final desmontando por completo la amenaza que supone Negan y negándole al espectador un cierre de temporada a la altura de aquel “We have to go back”. 

Hace meses que sabemos que AMC contrató a Jeffrey Dean Morgan para interpretar al nuevo monstruo de The Walking Dead. En teoría, Negan es la peor amenaza a la que se han tenido que enfrentar Rick y los suyos, y su incorporación prometía ser un revulsivo para un producto que durante su sexta temporada ha perdido buena parte de su credibilidad con absurdos giros de guión, amagos de muerte y cambios de personalidad sin sentido. Lo de Glenn aún colea, el giro radical de Carol no tiene ni pies ni cabeza y, para colmo, el haber construido toda la temporada entorno a la aparición de un personaje ha creado unas expectativas imposibles de cumplir. 

Jeffrey Dean Morgan es un actor querido, medianamente respetado, y todos estaremos de acuerdo en que era lo mejor de aquella nefasta adaptación de Watchmen que Snyder nos despachó hace unos años. Morgan, en racha en The Good Wife, representa lo peor de ese mundo apocalíptico en el que sobrevivir significa ir perdiendo, poco a poco, la cordura y la humanidad. En los cómics, la incorporación de Negan fue capaz de llevar la historia hacia lugares más terribles y oscuros; esperemos que la adaptación televisiva sea capaz de añadir esa fiereza porque ahora, más que nunca, la supervivencia se ha convertido en un enfrentamiento a muerte entre seres humanos. 

La llegada de Negan es un punto de inflexión en el cómic que llega acompañado de sangre, dolor y muerte. El juego de Eenie Meenie, termina con el asesinato de Glenn. El salvajismo de esa muerte es imposible de borrar, representa uno de los momentos más icónicos del cómic y la mejor introducción posible para un personaje complejo y fascinante. Negan es, con diferencia, uno de los seres más sádicos creados por Kirkman pero también uno de los más interesantes porque, a pesar de su salvajismo extremo, en algunos momentos deja entrever cierta humanidad recordándonos que, antes del apocalipsis zombie, fue una persona. Es el reverso más tenebroso de Rick y la evolución definitiva del Gobernador. 

Los escasos minutos de Negan en pantalla, tras un capítulo excesivamente largo que se regodea compilando todos los fallos que la serie ha ido acumulando a lo largo de su historia, nos dejan con un cliffhanger que parece decir “Qué se joda el seguidor de The Walking Dead”. La idea de que nadie esta a salvo con Negan suelto se diluye al no mostrarnos la brutalidad de sus acciones por mucho que Rick y los suyos sean capaces de transmitir el miedo de aquellos que saben que van a morir. El hype creado fue tan enorme que se tragó a Negan y su bate con pinchos. Lo malo de esta presentación del personaje es que no aprovecha toda su potencialidad y deja al espectador con una sensación de decepción difícil de superar. ¿Tanta expectación para esto? 

Faltan unos seis meses para que The Walking Dead regrese. La séptima temporada tendrá que mostrarnos los efectos devastadores de Lucille pero ¿quién será el sacrificado? Ya sabemos que el cómic no es canon y que la serie ha tomado sus propias decisiones creativas desde el principio. Así que es muy posible que Gleen no sea el elegido, hay personajes mucho más prescindibles -Rosita, Eugene, Aaron, Sasha- que pueden pasar a mejor vida sin que eso altere a los fans.

sábado, 2 de abril de 2016

El viaje de Barry a National City


Aunque no soy una seguidora fiel de Supergirl hay aspectos de la serie que me hacen seguir con interés su evolución a través de las redes sociales y de artículos en medios especializados. Las aventuras de Kara se me hacen demasiado “simples” a pesar de que la serie empieza a dar muestras de madurez con capítulos como Falling, donde la heroína de National City pierde el control al entrar en contacto con la kryptonita roja. Tengo que reconocer que el pequeño homenaje que le hacen a Superman III en este capítulo me gustó mucho. Y aunque la serie no se incluya entre mis favoritas, admito que Cat Grant – el hieratismo de Calista Flockhart es digno de estudio- es un personaje muy a tener en cuenta, que siempre sabe qué decir y cómo decirlo. 

Lo cierto es que me inclino más por las aventuras del velocista escarlata y el arquero esmeralda, por los juegos de espionaje de Agents of Shield o por las duras batallas -físicas y mentales- de Daredevil o Jessica Jones. Sin embargo, no iba a permitir que mis prejuicios contra Supergirl me impidiesen disfrutar de la reunión de Barry Allen y Kara Danvers. 

Aunque se emiten en cadenas diferentes, The Flash está en The CW y Supergirl en CBS, ambas series están producidas por Warner Brothers y comparten creador (Greg Berlanti), así que nunca existió ningún impedimento para el crossover y menos teniendo en cuenta el éxito que tienen los que reúnen al Team Arrow con el Team Flash. Además, después de ver lo bien que lucían juntos Grant Gustin y Melissa Benoist en los Golden Globes de este año, el fandom reclamaba una reunión de superhéroes con urgencia. 
Hi, I'm Barry Allen. I'm the fastest man alive. I also think I'm on the wrong Earth and I'm gonna need your help.
Hace unos días, el velocista escarlata llegó al universo de Kara y el resultado ha sido World Finest, un capítulo que reunió a 7,1 millones de espectadores y que sumó 1,7 en los demográficos. Un crossover que parece diseñado para que los espectadores de The Flash le den una oportunidad a Supergirl porque es posible ver el capítulo aunque nunca te hayas interesado por la serie. 

En su obsesión por aumentar su velocidad, Barry acaba saltando a otro universo, el de Kara, justo a tiempo de rescatar a una mujer que cae por la ventana de un rascacielos. Así se conocen los dos superhéroes, Flash cree que ha salvado a una persona normal pero acto seguido descubre que esa persona es capaz de volar y que en realidad es una extraterrestre con superpoderes de un planeta llamado Krypton. 

La trama del capítulo no es muy relevante, solo deciros que nuestros superhéroes tendrán que enfrentarse a Silver Banshee y a Livewire, en un dos contra dos que deja grandes momentos como este: 
What do you say we step away from the nice lady? Let's settlethis like women. ... There's more of you guys here, than me. 


Supergirl es una serie con una heroína bondadosa, empática, inspiradora y socialmente torpe; y The Flash basó el éxito de su primera temporada implementando esa noción de ligereza y diversión en sus tramas. Por lo tanto, es sencillo establecer un vínculo entre National City y Central City, aunque son universos diferentes comparten una misma esencia. Además, es interesante ver a Barry ejerciendo como mentor, se confirma así la madurez de un personaje que ha avanzado mucho desde el día en que fue alcanzado por un rayo. Barry es un héroe carismático y luminoso, que ya sabe lo que significa sufrir y perder por el bien mayor; pero Supergirl todavía está aprendiendo a ser una heroína y, durante ese proceso, siempre está bien que alguien con más experiencia te ofrezca dos o tres consejos. 

Además, Kara sigue intentando recuperar la confianza de los habitantes de National City tras su traspiés en Falling. En World Finest tiene la oportunidad de ganarse a la gente de nuevo. Tanto es así que están dispuestos a enfrentarse a Livewire para defender a Supergirl, en una esta escena que me recordó a aquel momento  de Spiderman (2002) en el que los neoyorquinos se enfrentan a Green Goblin.

Grant Gustin y Melissa Benoist son tan encantadores juntos que es imposible no ver todo el capítulo con una sonrisa en los labios. Barry tiene mucho más en común con Kara que con Oliver; ambos son personas optimistas, alegres, abiertas y que disfrutan con sus poderes a pesar de la enorme responsabilidad que tienen como defensores de sus respectivas ciudades. Sinceramente espero que estos dos estén destinados a compartir más aventuras porque la visita de Flash a Supergirl ha sido uno de los crossovers más amenos y entrañables de los últimos años. 


Continuidad o independencia 

Resulta muy interesante ver cómo DC y Marvel enfocan su expansión en cine y televisión. En el caso de Marvel, con Agents of Shield o Daredevil, se apuesta por dar cierta continuidad al universo cinematográfico en televisión aprovechando eventos mayores como la invasión extraterrestre (The Avengers) o el ascenso de Hydra en SHIELD (Capitán América: El Soldado de Invierno) como fuente de inspiración o para modelar tramas de largo alcance.

DC opta por separar el cine y la televisión, las películas son una cosa y las series otra distinta. No hay correlación ni cercanía entre la gran y la pequeña pantalla. Eso provoca que tengamos dos Flash en activo, el televisivo Grant Gustin y Ezra Miller, el cinematográfico. También sucede que los acontecimientos vistos en las películas de Zack Snyder no afectan a Kara, prima de Superman. 


martes, 29 de marzo de 2016

El apocalipsis zombie de Seattle

MUCHOS SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE IZOMBIE

Ahora que ya sabemos que iZombie tendrá una tercera temporada y que estamos a cuatro capítulos de terminar la segunda, podemos hablar un poco de los derroteros que ha tomado la serie de Rob Thomas durante su año sophomore.


En el último capítulo emitido, He Blinded Me... with Science, las tramas que se abrieron al principio de temporada empiezan a converger: la colaboración de Liv con la policía, la investigación de Clive y Bozzio, la búsqueda de una cura por parte de Ravi, el otro trabajo de Major, las malas relaciones de Blaine con Mr. Boss -mente criminal y personaje bastante truculento-, y las pruebas con zombies de Max Rager. Sí, pasaron un montón de cosas, había mucha información que procesar y mucho que contar al espectador pero la serie se las arregló para ofrecer un capítulo entretenido que, además, avanzaba significativamente en todos los frentes abiertos sentando las bases para un final de temporada que promete.

Desde su estreno la serie ha crecido y afinado sus puntos fuertes, se ha eliminado a la familia de Liv, le han dado un objetivo a Major manteniéndolo cerca de su ex y se han encargado de perfilar dos nuevos antagonistas que hacen que la vida en Seattle sea mucho más interesante (Mr. Boss y Vaughn). Sin embargo, el pilar más sólido de iZombie sigue siendo la relación entre Ravi y Liv. Cuando una pareja tiene química siempre es una buena idea mantenerla unida. Aunque algunos casos semanales son mejores que otros, los cambios de personalidad de nuestra zombie favorita dan mucho juego y es divertidísimo ver a Ravi emocionarse con las diferentes personalidades que adquiere su compañera como cuando se convirtió en justicieraen maga o en escritora de novelas eróticas. 

A pesar de esas mejoras, lo que más me ha gustado de esta segunda entrega, ha sido todo lo relacionado con Max Rager, Vaughn y Gilda. La empresa está empeñada en lanzar una bebida energética que puede crear zombies más rápidos y Vaughn, un egomaníaco de manual con tendencias homicidas, ha estado consumiendo la dichosa bebida volviéndose más irascible e inestable. Vamos, que el hombre se ha vuelto más peligroso. Tengo que decir que me gusta mucho lo que Steven Weber hace con el personaje, todos sabemos que es un ser despreciable pero es muy divertido verle interactuar con el resto del reparto y con su hija. En el último capítulo, hemos comprobado lo rastrero que puede llegar a ser cuando abandona a Gilda en el sótano con un zombie suelto. Él escapa por los pelos en el ascensor y regresa a su despacho donde se da cuenta de la magnitud de lo que ha hecho. Gilda se salva y aparece ensangrentada ante la puerta del despacho suplicándole. Vaughn no la ayuda y ella se va. Un momento muy impactante que potenciará la evolución de estos dos personajes y de sus relaciones futuras. ¿Acabará Gilda convertida en una zombie? ¿Se unirá a Liv y Major en su lucha contra Max Rager? ¿Hará buenas migas con Blaine? 


Y hablando de Blaine, espero que este personaje no desaparezca porque sería una gran pérdida para la serie. Fue nuestro primer malo y su estatus dentro de iZombie es equiparable al que tenía Spike en Buffy durante la cuarta y quinta temporada, sin el factor enamoramiento claro está. 

A falta de unos pocos capítulos para el final de temporada, las cosas en Seattle para la comunidad zombie se han puesto muy interesantes y también para Clive. ¿Ha llegado el momento de que el detective conozca la verdad sobre Liv? Creo que sí porque seguir manteniéndolo al margen no le hace ningún favor al personaje. 


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