sábado, 1 de agosto de 2015

El diario de Rae Earl

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He tardado una semana en visionar My Mad Fat Diary, serie británica que el pasado 6 de julio se despidió tras tres temporadas y 16 episodios dejando a sus seguidores con lágrimas en los ojos y una sonrisa en los labios. Me alegro de haber comenzado la serie justo un día después de su final, eso me permitió devorar los capítulos y disfrutar sin restricciones de la historia de Rae Earl, fantástica Sharon Rooney, una joven de 16 años que sale del hospital psiquiátrico tras cuatro meses internada. Rae es una chica con muchos problemas, con muchas virtudes y con una gran fuerza interior; es inteligente, divertida, egoísta, infantil, solitaria, inconformista y gorda, muy gorda. Sus problemas mentales, estrechamente relacionados con su desprecio por su imagen corporal y la ausencia de una figura paterna, son una constante a lo largo de la serie. Los espectadores asistimos al proceso de curación y aceptación de Rae, la seguimos en sus sesiones con su terapeuta Kester (Ian Hart), descubrimos su malsana relación con la comida, la acompañamos en sus primeros pasos en el mundo real y conoceremos a su nuevo grupo de amigos (the gang) formado por la bella Chloe, la inocente Izzy, el alocado Chop, el silencioso Finn y el intelectual Archie. 

El diario del título hace referencia al que Rae empieza a escribir por consejo de Kester justo después de su regreso a casa. La serie usa este recurso para mostrarnos las constantes batallas a las que se enfrenta la protagonista. La historia, siempre contada desde el punto de vista y la experiencia de Rae, es una oda a esa etapa tan angustiosa como electrizante que es la adolescencia. Una adolescencia que, en este caso, se desarrolla en 1996 en Inglaterra, así que la banda sonora vital de Rae y su gang está sazonada con canciones de Radiohead, Oasis, Blur, britpop. 

La serie auna drama y comedia de manera satisfactoria y elegante, navegando sin concesiones entre los dos géneros sin caer nunca en lo obvio ni en lo fácil. En el apartado visual, los efectos animados, las letras sobreimpresas, los flashbacks y las fantasías, que se usan con profusión a lo largo de los 16 capítulos de My Mad Fat Diary, son todo un acierto y actúan de manera efectiva a la hora de realzar los distintos estados emotivos, físicos y mentales de Rae. Otro punto a favor es el tratamiento que se hace de los problemas mentales, la serie se enfrenta a esta realidad de cara, de manera honesta, sin caer en manidos clichés ni en histerismos dramáticos. El caso de Tix, por ejemplo, es un mazazo para el espectador que ve como una joven sucumbe ante la anorexia sin que nadie, ni familia ni amigos ni médicos, puedan hacer nada para salvarla.

Quiero detenerme un momento par alabar a Sharon Rooney, actriz escocesa de físico rotundo, que compone de manera realista y muy divertida a una joven al borde de la quiebra emocional que solo quiere encajar, ser feliz, enamorarse y beber cervezas con sus amigos. Rooney se mueve, respira y habla con naturalidad dentro de las costuras del personaje. Además, tiene la suerte de estar arropada por un reparto fantástico donde casi todos los jóvenes resultan creíbles, es decir, parecen auténticos adolescentes con problemas y vidas reales, mientras que los adultos, capitaneados por los fantásticos Ian Hart y Claire Rushbrook, la madre de Rae, cumplen con sus respectivos personajes y aportan miradas y realidades diferentes al contexto de My Mad Fat Diary.

Rae es una persona con una enfermedad que no solo la afecta a ella. Sus amigos, su madre, su pareja... todos se ven afectados por sus problemas mentales y todos quieren, a su manera, ayudarla. Sin embargo, la lucha de Rae es un camino solitario que recorrerá -sola o acompañada- durante toda su vida. Al final es consciente de que siempre tendrá que mantener a raya la locura, de que siempre tendrá que luchar para no dejarse llevar por el peor de los pensamientos pero ella es mucho más que su enfermedad y tiene toda una vida para ser más que la chica loca, la chica que sufre ataques de pánico, la chica que se atiborra de comida basura. Rae puede ser lo que ella quiere porque gracias a las experiencias acumuladas, al cariño recibido y a la ayuda de Kester, de sus amigos y de su madre ha sido capaz de entender que puede, que debe, seguir hacia adelante.

My Mad Fat Diary ya está en mi Olimpo de series sobre adolescentes junto a My So Called Life y Freaks and Geeks. Sin embargo, el tono de la obra británica me resulta más acorde con la expresión de la adolescencia y su estilo que suma gamberrismo, realismo, brutalidad, sueños y crítica social, la hace estar un peldaño por encima de las otras. Creo que la serie se compromete con su historia y sus personajes, que ofrece una perspectiva única y auténtica sobre los problemas de los adolescentes y las enfermedades mentales, que se arriesga en cuanto al tono y la forma en la que nos acerca la realidad de Rae. En definitiva, una serie dramática y divertida, honesta, hiriente, realista y cercana que bien podría ser de visionado obligatorio en las escuela y que cuenta con mi absoluta devoción y cariño.

lunes, 27 de julio de 2015

El éxito de El Ministerio del Tiempo

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Ocho capítulos le han bastado a 'El Ministerio del Tiempo' para convertirse en la serie revelación de la ficción nacional. Hacía mucho tiempo, desde el estreno de la excelente 'Crematorio' (2011), que un producto español no hacía temblar de gusto tanto a críticos como a seriéfilos. El éxito de la serie de Javier y Pablo Olivares no se debe a unas espectaculares audiencias -sus números han sido discretos- sino a una conexión inmediata con miles de seguidores que, a través de las redes sociales, han creado una comunidad de fans proactiva, entusiasta y agradecida. Son los llamados "Ministéricos", entre los cuales me incluyo. 

Para entender mejor el éxito de 'El Ministerio del Tiempo' voy a hacer un repaso de sus puntos fuertes. Cierto que también tiene algún que otro punto débil pero el conjunto ha quedado tan redondo y disfrutable que no merece la pena buscarle defectos. Veamos por qué estamos ante una de las mejores series españolas de todos los tiempos. 

El mejor Alatriste visto en pantalla

Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) no es el Alatriste de Reverte ni falta que le hace. Este soldado de los Tercios Españoles es, a todas luces, la mejor representación que se ha hecho del conocido personaje del cartaginés. Ni Aitor Luna en la serie 'Las aventuras del capitán Alatriste' (2015) ni Viggo Mortensen en la película que dirigió Agustín Díaz Yanes en 2006 consiguieron capturar la esencia del aguerrido soldado. Fresneda compone un personaje bravío, lleno de ímpetu y fuerza. Un hombre leal y honorable siempre dispuesto a pelear y hacer frente a las injusticias. Su visión del mundo contrasta con la que tienen sus compañeros pero este choque de culturas resulta de lo más divertido. 

Guiños a la cultura popular

Torrebruno, Curro Jiménez, Alatriste, Jordi Hurtado, el grupo Leño, la aparición de Isabel (Michelle Jenner)... 'El Ministerio del Tiempo' juega con muchas referencias culturales cercanas y hasta se atreve ha hacer guiños metatelevisivos cargados de intención. Esto siempre dibuja una sonrisa en el rostro del espectador que reconoce las referencias y disfruta viendo a Ramón Langa -doblador habitual de Bruce Willis- como Espínola.

Personajes secundarios sólidos

Aura Garrido, Rodolfo Sancho y Nacho Fresneda están correctos en sus respectivos papeles pero aunque son los pilares de la serie hay que reconocer el excelente trabajo de los secundarios:Juan Gea (Ernesto), Cayetana Guillen-Cuervo (Irene), Jaime Blanch (Salvador Martí, director del Ministerio) y Francesca Piñol (Angustias). Estos cuatro personajes son indispensables para el desarrollo de la historia y todos han tenido su momento -algunos más de uno- de gloria. Los intérpretes, todos con amplias carreras a sus espaldas, aportan solemnidad y cohesión al conjunto. Mención especial para un grande del teatro como Blanch, un ejemplo para las nuevas generaciones de actores. Blanch tiene presencia y carisma, sabe actuar y su dicción es impecable. Su personaje, uno de los más misteriosos del Ministerio, promete dar sorpresas de cara a la segunda temporada. 

Historia y cultura

Entretener, informar y enseñar. La obra de los hermanos Olivares consigue hacer las tres cosas. Nos recuerda el pasado - a veces glorioso a veces infame- de España mientras recupera a grandes artistas como Lope de Vega o Velázquez y rescata la figura de personajes como El Empecinado. El viaje temporal permite a los guionistas situar a los personajes en la Residencia de Estudiantes cuando Dalí, Buñuel y Lorca paseaban por sus pasillos o a tiempo de ver la partida de la Armada Invencible en la Lisboa de 1588. La forma de acercarse a los personajes históricos ha sido atrevida y directa, retratándolos como seres humanos y no como grandes figuras a las que rendir tributo: Lope era un "pichabrava" y un bocazas; Dalí un interesado, Velázquez bastante vanidoso y pesado, Lorca un soñador. 

El valor del trending topic

Ya mencioné a los 'Ministéricos', seguidores de la serie que cada lunes conseguía que Lope, García Lorca, Huesca, Velázquez, Espínola, Picasso o Lázaro de Tormes se convirtiesen en TT. Hay que aplaudir el enorme y sobresaliente trabajo del equipo que gestiona los contenidos transmedia de la serie: Paloma G. Quirós, Agustín Alonso y Pablo Lara.

Además de en Twitter, 'El Ministerio del Tiempo' cuenta con perfiles en Facebook, Instagram y Tumblr, una estupenda web cargada de contenidos, el programa 'La puerta del tiempo' donde se entrevista al equipo y a los actores; e incluso un grupo de Whasapp. Esto ha dado pie al surgimiento de un fenómeno fan que recuerda al de series tan consolidadas como 'Doctor Who' o 'Game of Thrones'. Los seguidores de 'EMDT' están expandiendo las fronteras televisivas del producto original generando contenidos como relatos cortos, juegos de rol, dibujos, cómics, parodias, podcast...

domingo, 14 de junio de 2015

La rubia zombie

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Parece que la CW ha encontrado su esencia de ser en las adaptaciones de cómics. Actualmente mantiene dos series basadas en cómics que funcionan y que han creado un universo propio en continua expansión, me refiero a The Flash y Arrow. Y a estos dos éxitos tenemos que añadir iZombie, creada en base al cómic homónimo por Rob Thomas (Veronica Mars) y Diane Ruggiero-Wright. La mano de Thomas se nota, hay muchas similitudes entre ambas series y durante los trece capítulos que forman la primera temporada de iZombie. Además, es entrañable ver a muchos alumnos de Neptune (Ryan Hansen, Percy Daggs III) visitando Seattle, ciudad en la que se desarrolla la historia de Liv Moore. Espero que de cara a la siguiente temporada gente como Francis Capra, Enrico Colantoni, Chris Lowell o la mismísima Kristen Bell se animen a conocer a Liv Moore. 

iZombie nos sumerge en la historia de Liv (Rose McIver), una joven estudiante de medicina que tras asistir a una fiesta en un lago acaba convertida en zombie. La masacre del lago es una parte muy importante de la mitología de la serie y volveremos a ese momento varias veces a lo largo de la primera temporada. Liv, ahora una zombie, rompe con su vida anterior y consigue un trabajo en la morgue para poder acceder a su comida favorita: cerebros. En este punto he de deciros que iZombie no es una serie de zombies típica, aquí la mayoría de los zombies viven perfectamente integrados en la sociedad, mantienen sus trabajos, sus vidas y ocultan su apariencia zombie (pelo blanco, piel pálida) gracias al maquillaje. Liv tiene la suerte de tener un trabajo que le posibilita comer cada día pero el resto de zombies recurren a Blaine (David Anders), el villano de esta historia, quien crea un negocio de comida a domicilio basado en la necesidad de su exclusiva clientela. Ojo, que Blaine no solo proporciona cerebros a los zombies; también se dedica a convertir a la gente rica e influyente de Seattle que necesitará de sus servicios para poder alimentarse. 

Pero iZombie no es solo una historia de zombies es también un procedimental policial. Cada vez que Liv come un cerebro adquiere rasgos de la personalidad de los muertos y tiene acceso a parte de sus recuerdos. Con esta información privilegiada se dedica a ayudar al detective Clive Babineaux (Malcolm Goodwin) investigando asesinatos. Claro que Babineaux no sabe que Liv es una zombie, cree que es una psíquica. El hecho de que Liv adquiera temporalmente rasgos del carácter de las víctimas ofrece mucho juego. Ella no desaparece dentro de esas personalidades como le ocurría a la Echo de Dollhouse, más bien añade esos rasgos a su carácter. Son un complemento que la convierten, dependiendo del cerebro, en una cheerleader todo amor y optimismo o en un sociópata o en un francotirador del ejército.

La única persona que conoce el secreto de Liv es Ravi Chakrabarti (Rahul Kohli), un médico inglés que trabaja como forense en Seattle. Desde el primer momento sabe que Liv es un zombie e intentará ayudar a nuestra protagonista a encontrar una cura para su enfermedad. 

Esto es, a grandes rasgos, lo que nos propone la serie, una inteligente combinación entre géneros con personajes que van sumando fuerza y carisma a medida que nos acercamos al final de temporada. La premisa podía parecer algo tonta pero este batiburrillo funciona aunque le cuesta un poco arrancar y encontrar su propia voz. McIver, al principio algo rígida y despistada, se va soltando y a la altura del octavo capítulo ya está totalmente a gusto con su personaje y sus cambios de carácter. 

Al igual que en Veronica Mars, el centro de la serie es otra rubia de armas tomar a la que no conviene hacer enfadar ya que podría entrar en modo zombie total. Liv es descarada, sarcástica y fuerte, mucho más de lo que ella cree. Pero no es perfecta, tiene dudas, miedos, momentos egoístas. Se comporta de manera natural y poco artificiosa. Su relación con Ravi está muy bien construida y recuerda mucho a la que Veronica tenía con Wallace. Liv aspira a volver a su antigua vida, a dejar de tener miedo y volver abrazar a su ex, Major, con el que rompió para mantenerlo a salvo. Quiere volver a conectar con su amiga y compañera de piso, quiere volver a pasar tiempo con su familia. Quiere una vida normal pero su condición de zombie es una gran limitación.

Puede que las casos semanales sean poco imaginativos y que se resuelvan con demasiada facilidad pero creo que de cara a la segunda temporada se pulirá este aspecto y la serie tomará una senda más dramática tras los acontecimientos del final de temporada. Durante sus trece primeros capítulos han construido una mitología bastante extensa con muchas ramificaciones y se han preocupado por perfilar a los personajes. Tras ese larga introducción, parece que tendremos un nuevo malo malísimo (Max Rager) y bastantes cambios en la vida de Liv ahora que más personas conocen su condición zombie. 

A pesar de que la sombra de Veronica Mars es alargada considero que iZombie tiene la suficiente personalidad como para alejarse de ella y desarrollarse libremente. Con el tiempo puede que incluso dejemos de comparar ambas series.

domingo, 7 de junio de 2015

De narradores y voces en off

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Uno de los grandes aciertos de la sorpresa seriéfila de la temporada, Jane the Virgin, es su narrador. Esa voz que nos introduce en la historia no es la típica voz de narrador de documental que, sin apenas inflexiones, acompaña el metraje; o una irritante vocecilla que busca el chiste fácil y la manipulación del televidente. El narrador de Jane The Virgin es un personaje de pleno derecho divertido y cercano que nos ayuda a comprender la realidad de Jane, que sirve para introducir los capítulos con unos estupendos “previously on” donde nos pone en situación y recapitula lo sucedido hasta el momento; que enmarca el contexto de los personajes (principales y secundarios); y que tiene una personalidad repleta de matices que convierten sus intervenciones en un pequeño placer. 

La historia de Jane The Virgin está contada desde el punto de vista de este particular narrador con aires de latin lover. Un narrador que desde el primer capítulo ofrece una perspectiva única sobre la situación de Jane y que nunca ha dejado de ser el eje central sobre el que se articulan los episodios. Una serie tan enrevesada como esta necesita un narrador para llevar de la mano a los espectadores y que no se pierdan entre tanto giro loco de guión.

Un narrador efectivo es capaz de afectar a la forma en la que se cuenta la historia pero no a la historia en si misma. Ellos aportan perspectiva a los hechos y a las acciones de los personajes, pueden expresar opiniones, dudas o interpelar directamente al espectador rompiendo la cuarta pared. Tenemos narradores como el de Jane the Virgin que no forma parte de los hechos y otros, como Carrie Bradshaw de Sex in the City, que si lo hacen. Veamos algunos ejemplos.

Sin duda Desperate Housewives es el drama que mejor ha usado la técnica del narrador.

Me llamo Mary Alice Young, cuando vean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre el día tan raro que tuve la semana pasada. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida , pero eso cambió el jueves pasado. Al principio, todo parecía muy normal: preparé el desayuno a mi familia, hice las tareas de la casa, terminé unos trabajillos pendientes e hice los recados. En realidad, pasé el día como cualquier otro, sacándole brillo a la rutina de mi vida para que resplandeciera con toda perfección. Por eso me resultó tan asombroso que decidiera ir al armario del pasillo a coger un revolver que jamás se había usado…
La fallecida Mary Alice -narrador omnisciente- nos introducía en las miserias y victorias diarias de los vecinos de Wisteria Lane de manera inteligente y sutil. Mary Alice era un gran narrador, era humana, sutil, cercana y filosófica. Su importancia dentro de la serie es indiscutible y algunas de sus reflexiones eran muy poderosas. Sin embargo, mi narrador favorito es el de Pushing Daisies, un narrador que no vemos ni conocemos; que nos cuenta, como si fuese un cuento, la historia de Ned y Chuck. 


En series como Emily Owens MD tenemos la voz en off de la protagonista en el piloto, ella misma se encargará de poner en situación a los espectadores explicándoles cosas de su pasado y presente. No es la única serie que ha echado mano de este recurso, recordemos que series tan recordadas como Sex in the City, The Wonder Years o Dexter también lo han hecho. La voz en off puede servir para conocer un poco mejor la psique de los personajes ya que abre una puerta a los pensamientos más íntimos de los mismos, a sus miedos, a sus alegrías. Recuerdo que en Dead Like Me usaban este recurso para que George nos explicase sus sensaciones tras morir y convertirse en recolectora de almas.

En Sex in the city, la voz en off de Carrie servía para transmitir humor y conectar con el público a través de aquellas preguntas que la columnista se planteaba frente a la pantalla de su portátil. En Dexter, centrada en un asesino en serie, la vozz en off nos ayudaba a comprender mejor a un personaje, a priori incomprensible, y nos explicaba sus procesos: cómo se camuflaba en sociedad, cómo elegía a sus víctimas, cómo mataba... Burn Notice, la voz en off del espía Michael Westen sirve para explicar desde cómo hacer una bomba a cuales son las tácticas de asalto favoritas del FBI. Westen nos regala un manual para espías amateurs como años antes hiciera Richard Dean Anderson en MacGyver explicando cómo fabricar una bomba con un clip y un chicle.  

Hay más series donde nos encontramos con un narrador: Gossip Girl, Grey's Anatomy, Arrested Development o How I Met Your Mother. Puede que Ted Mosby sea el narrador más detallista y pesado de la historia de la pequeña pantalla; y que Ron Howard, voz de Arrested Development, uno de los más asépticos y divertidos. 

Seguro que me dejo muchas series en el tintero pero, hoy por hoy, el narrador más entretenido de la pequeña pantalla es el de Jane The Virgin.

domingo, 24 de mayo de 2015

Los capítulos en directo de la NBC

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El revisionado de Will&Grace me ha dado grandes alegrías como comprobar que la serie sigue siendo tan divertida como recordaba. He reconectado con su humor inteligente, picarón y bastante crítico; y he disfrutado con el desfile de estrellas invitadas: Cher, Kevin Bacon, Matt Damon, Jennifer Lopez, Michael Douglas o Chloë Sevigny. Había olvidado muchas cosas de esta efervescente comedia y ha sido un gustazo volver a descubrir el mundo de Will, Grace, Jack y, por supuesto, Karen. Una de las cosas que no recordaba es que durante la octava temporada de la serie se hicieron dos capítulos en directo. El primero, Alive and Schticking, sirvió para inaugurar la última temporada de Will&Grace. El capítulo escrito por Bill Wrubel y dirigido por James Burrows se emitió el 29 de septiembre de 2005. Los actores tuvieron que actuar dos veces, una vez para el pase de la costa Este y luego para el de la Oeste. La acción de Alive and Schticking transcurre entre el apartamento de Will y el pasillo de entrada. Alec Baldwin fue la estrella invitada y su trabajo le valió una nominación al Emmy. Alive and Schticking es un capítulo bastante divertido en el que Karen descubre que su difunto marido sigue vivo mientras que Grace intenta decidir si empezar un affair con un hombre casado. Por su parte, Jack aparece con un parche en el ojo y Will no quiere que el personaje de Baldwin salga con Karen. Hay varios momentos en los que los actores no son capaces de contener la risa, Sean Hayes y Debra Messing lo intentan pero creo que es imposible no reírse de las frases y locuras de Jack. 


El segundo directo de Will&Grace fue Bathroom Humor emitido el 12 de enero de 2006. De nuevo Burrows se encargó de la dirección mientras que el guión fue obra de Greg Malins. A mí me parece que no es un capítulo tan fresco como Alive and Schticking pero a estas alturas de la serie ya estamos tan encariñados con los personajes que cualquier situación en la que se vean involucrados nos interesa. La trama se desarrolla en el baño de la casa de Karen durante su exclusiva fiesta de cumpleaños. Jack, Grace y Will descubren que celebra dicha fiesta todos los años y que nunca los ha invitado; es más, ese año recibieron la invitación debido a un error de Rosario. 

Los capítulos en vivo en las series de televisión son una rareza. Pocas producciones se atreven a llevarlos a cabo porque son demasiado complejos. Veamos, en una sitcom sería relativamente sencillo porque hay pocos escenarios y las cámaras no se mueven mucho pero en series más dinámicas como Parks and Recreations o Brooklyn Nine-Nine sería más difícil. Si quieren hacer un capítulo en directo el equipo tiene que afrontar muchos retos por eso debemos reconocer el trabajo, esfuerzo y talento que supone hacer un episodio de estas características. 

Algunas series se arriesgaron y probaron suerte con el directo, muchas de ellas eran de la NBC. Veamos unos ejemplos:

ER, Ambush es el primer capítulo de la cuarta temporada del drama médico de la NBC. En este episodio, un equipo de la PBS graba un documental sobre el día a día en el servicio de urgencias. El episodio, dirigido por Thomas Schlamme y escrito por Carol Flint, se emitió el 25 de septiembre de 1997. Han pasado casi 18 años desde este Ambush, una capítulo impresionante desde el punto de vista técnico en el que hay que destacar el enorme trabajo realizado para superar los errores del directo. Su guión no flaquea y continúa la trama de los protagonistas -en especial la del doctor Greene- e introduce a la doctora Elizabeth Corday (Alex Kingston) en la historia. Aquí os dejo un vídeo que compara la emisión de la costa Este y la de la costa Oeste. 


The West Wing, The Debate, capítulo emitido el 6 de noviembre de 2005. Dirigido por Alex Graves  con guión de Lawrence O'Donnell, Jr. El capítulo se centra en el debate entre los candidatos a la presidencia Matthew Santos y Arnold Vinick, Un debate libre de una hora de duración moderado por Forrest Sawyer. Ambos candidatos hablan sobre trabajo, economía, el sistema de salud y la inmigración de manera elocuente y civilizada. Para Jimmy Smits, que interpretó a Matt Santos durante 37 episodios, The Debate es su capítulo favorito de The West Wing. 

30 Rock, la comedia de Tina Fey, tuvo dos capítulos en vivo: Live Show, emitido el 24 de octubre de 2010 y Live from Studio 6H del 26 de abril de 2012. Estos capítulos se presentaron en dos pases, uno para la costa Este y otro para la Oeste; y cada pase es único porque hay pequeñas diferencias entre ellos. En Vaya Tele podéis encontrar información más detallada sobre los capítulos en cuestión: aquí y aquí

martes, 19 de mayo de 2015

Hindsight, regreso a los noventa

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La premisa de Hindsight, serie de VH1, es sencilla. Becca (Laura Ramsey) está a punto de casarse pero siente que no está tomando la decisión adecuada. Ese es el menor de sus problemas porque la noche antes de su compromiso viajará en el tiempo hasta 1995 despertando en casa de sus padres el día de -tachán- su primera boda. Becca, con 20 años de experiencia a sus espaldas, sabe que ese primer matrimonio terminará en divorcio, que sus padres también se separarán, que su hermano tendrá problemas con las drogas y que perderá contacto con Lolly (Sarah Goldberg), su mejor amiga. Con todo ese conocimiento y toda la experiencia, Becca podrá redirigir su vida y cambiar todo lo que no le gusta de su pasado. El problema es que cualquier cambio tiene unas repercusiones inesperadas que nadie, ni siquiera ella, puede prever. 

Hindsight nada entre dos aguas: la comedia y el drama. La maravillosa relación entre Lolly, portentoso personaje de entusiasmo y locura contagiosas, y Becca es la piedra angular sobre la que se asienta una serie que empieza con fuerza y buen ritmo pero que pierde fuelle a medida que aparecen pretendientes amorosos para la viajera temporal. En los diez capítulos que componen la primera temporada de Hindsight, Becca tiene tres pretendientes diferentes: Sean (Craig Horner), Andy (Nick Clifford) y Kevin (Steve Talley). Estas aventuras amorosas copan la trama no permitiendo que otras historias se desarrollen y relegan el misterio del viaje temporal al ostracismo sin dar muchas pistas al fan. 

Los creadores tienen claro que esta serie versa sobre el amor, las oportunidades perdidas y la amistad. ¿Haríamos las cosas de manera diferente? ¿Somos felices con lo que tenemos? Becca es capaz de dejar su pasado en paz, necesita enmendar una serie de errores: su trabajo, su primer matrimonio, su relación con Lolly, los problemas de su hermano. Nada de esto tiene solución porque lo que a veces pensamos que puede ser la decisión correcta puede ser la peor de todas. Becca aprenderá que cambiar las cosas tiene un precio y que, esos cambios, pueden afectar negativamente a aquellos que más quiere. 

Entre los aciertos de la serie destaco el personaje de Lolly, uno de los más dinámicos y divertidos del conjunto, junto a un puñado de secundarios (el dueño del videoclub, el camarero del bar) que aportan su granito de locura al conjunto. Si Lolly es un personaje a tener en cuenta, Becca es una mera caricatura. Un personaje que tiene la oportunidad de corregir sus errores pero que, a pesar de la experiencia y la madurez que una persona de cuarenta años debería tener, no deja de tropezar en la misma piedra. Es frustrante ver como esta mujer sin carácter es incapaz de hacer algo positivo por los demás. Finalmente, al igual que Lolly, debemos admitir que Becca es una egoísta preocupada por su propia felicidad aunque sea a costa de la de los demás. A pesar de que el personaje no me cae nada bien reconozco que Ramsey hace un buen trabajo siendo capaz de transmitir las dudas, miedos, inseguridades y vulnerabilidad de la viajera temporal. 

Lo mejor de la serie es revisitar los noventa, la época de los peinados a lo Rachel, de la cancelación de My So-Called Life, del juicio de OJ Simpson, los VHS y los discman.  La serie juega muy bien la carta de la nostalgia – su banda sonora es deliciosa – haciéndonos recordar una época que conocemos perfectamente y que está llena de hitos de la cultura popular. Una época sin redes sociales, sin iPad, en la que podíamos fumar en los bares y llevar petos vaqueros. 

Una serie sencilla y sin muchas pretensiones que nos propone un viaje al pasado. Se disfruta si no se piensa demasiado en ella. Para nostálgicos empedernidos que añoran los tiempos en los que Angela Bassett se derretía por Jordan Catalano. Ojo, por momentos es difícil no ver en Lolly a Rayanne Graff.

jueves, 7 de mayo de 2015

Forever, el forense inmortal

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Esta semana la ABC emitió la season finale de Forever. Aún no sé si la serie protagonizada por Ioan Gruffudd tendrá segunda temporada ya que su audiencia no ha hecho más que disminuir desde los 8,6 millones del piloto hasta los 4,13 del último episodio. Posiblemente ABC la cancele por eso no han cerrado la serie con un cliffhanger. Han cerrado las tramas principales y sembrado la semilla para una segunda entrega. Un cierre elegante, sencillo y sin pretensiones; adjetivos que también se le pueden aplicar a este procedimental.

Matt Miller, creador de Forever, debe pensar que nadie se acuerda de New Amsterdam (2009), malogrado procedimental protagonizado por un entonces desconocido Nikolaj Coster-Waldau. Forever aprovecha la base de New Amsterdam, un protagonista inmortal, para armar una serie de casos con un toque diferente. 

Ioan Gruffudd, el marido de Sarah Michelle Gellar en Ringer, interpreta en esta ocasión a Henry Morgan, un reputado forense que ayuda a la policía de Nueva York a resolver los más variados crímenes. Henry es culto, elegante, inteligente e inmortal. Gracias a sus 200 años de experiencia acumulada es capaz de resolver cualquier caso. Los capítulos siempre siguen el mismo esquema; mientras la investigación avanza, la memoria de Henry corre paralela al caso mostrando momentos de su pasado que suelen ayudarle a resolver el misterio.

Lo que más me gusta del personaje es que es un anacronismo andante. A pesar de haber vivido durante doscientos años, su esencia sigue siendo la de aquel caballero inglés, educado y refinado, que murió por primera vez defendiendo a un esclavo. Un romántico que aún no ha superado la desaparición del gran amor de su vida, Abigail. Parecía improbable encontrar una contrapartida femenina a la altura, ya que se nota que el personaje de Henry está muy cuidado y estudiado, pero lo lograron introduciendo a una detective en proceso de duelo por la muerte de su marido. Jo Martinez (Alana de la Garza) es la compañera habitual de Henry. Siempre que puede recurre al forense para que la ayude en la investigación. La desconfianza inicial de Jo hacia Henry se transforma, a lo largo de la temporada, en admiración, compañerismo y un algo más que a mi me sobra pero que entiendo como necesario. 

El resto del reparto lo completan, Joel David Moore, Judd Hirsch, Donnie Keshawarz y Lorraine Toussaint. Moore (Bones) parece haberle pillado el gusto al bisturí, los cadáveres y los guantes de látex. Aquí interpreta a Lucas, el asistente de Henry en la oficina del forense. Lucas es el alivio cómico de la serie. Le encanta su trabajo, admira a su jefe y es un friqui. Me encanta el personaje porque es muy humano y divertido. 

¿Y qué decir de Judd Hirsch? Un grande, quien en esta ocasión interpreta a Abraham Morgan, el hijo de Henry. Abraham fue salvado de los campos de exterminio por Abigail y Henry al poco de empezar su relación. La recién formada familia se instaló en Nueva York y allí vivieron felices hasta el día en que Abigail decidió desaparecer. Abraham tiene más de setenta años, regenta una tienda de antigüedades y es el único que conoce el secreto de Henry. La relación entre estos dos personajes fue la razón por la que me enganché a Forever. Hacía tiempo que no veía una dinámica tan maravillosa entre dos actores de generaciones tan diferentes. Hirsch es un veterano actor de 80 años nacido y criado en el Bronx; Gruffudd es un galés cerca de cumplir los 42. 

Para ir cerrando, deciros que aunque es un procedimental existen dos misterios que se prolongan durante toda la temporada: qué fue de Abigail y la aparición de otro inmortal. El otro inmortal lleva más de 2000 años paseándose por el mundo, tanto tiempo, tantas vidas, tanta soledad le han llevado a tratar a las personas como meros insectos. Él es inmortal, nosotros estamos de paso. Henry no concuerda con su visión y sus caminos se cruzan más de una vez a lo largo de los 22 episodios que componen la primera temporada de la serie. 

En definitiva, desearía una segunda temporada de Forever para saber qué pasa con Henry y Abe, cómo siguen las investigaciones de asesinato en Nueva York, cuántas referencias friquis puede hacer Lucas y si existen más inmortales en el mundo.

lunes, 27 de abril de 2015

Es posible dejar Harlan con vida

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CUIDADO PORQUE HAY SPOILERS DEL FINAL DE LA SERIE

Hubo tres momentos de la sexta y última temporada de Justified en los que lloré. Lo admito. Aunque también lloré con el final de la segunda temporada cuando ese grandísimo personaje llamado Mags Bennet se despide de Raylan, Harlan y el público. ¡Qué gran adiós

Devoré con ansia los trece capítulos de la última temporada. Pensaba que Raylan la palmaría y que Boyd acabaría en la cárcel. Por un momento, en 'The Promise' (6x13), vi a nuestro marshall muerto tras un duelo al estilo del salvaje oeste. Por un momento, me acordé de 'Deadwood' y 'Sin Perdón'. Sin embargo, Graham Yost no tenía ganas de matar al personaje central de su serie ni a su otra gran creación, Boyd Crowder. Raylan consigue dejar Harlan con vida. Consigue romper el ciclo de violencia y muerte que persigue a los nacidos en ese condado dejado de la mano de Dios. Raylan se redime y pone distancia entre él y su padre, entre él y Boyd Crowder, la otra cara de la moneda, el Raylan que podía haber sido. ¿Me gustó ese final? Sí. Había muchas maneras de cerrar el relato iniciado en 2010. Sin ser todo lo épico que esperaba -aunque esa huida de Crowder por la montaña lanzando dinamita es muy Sundace y Cassidy – cumple perfectamente con su cometido. Además, nos regala un largo epílogo con salto temporal incluido (4 años) para conocer la situación de los personajes tras la orgía de sangre y violencia que sacudió Harlan durante el último año de Boyd Crowder en libertad. 

La temporada se articula en torno al enfrentamiento final entre Raylan y Boyd, dos hijos de Harlan en lados opuestos de la ley. Raylan se ha marcado un objetivo: matar a Boyd. Parece que ese impulso homicida es lo único que mueve al marshall. Este no quiere justicia, quiere venganza. Es evidente que toda la furia del hombre del sombrero no es obra de Crowder, Raylan está furioso con su pasado, con su padre; y dirige toda esa rabia contra el hombre que representa todo lo malo de Harlan y de las gentes que lo habitan. 

Boyd, finalmente, acosado por la policía, sin amigos, sin dinero y sin Ava. Se da cuenta de que está perdido. Ya no puede seguir huyendo. Ya no puede volver atrás. Sus desesperados intentos de supervivencia son encomiables, su buena suerte es un caso digno de estudio. ¿Cuántas veces ha estado a punto de morir? Cientos. ¿Cuántas veces a liquidado a los suyos sin pestañear? Cientos. En su recuento de bajas hay que destacar el asesinato de Dewey, un personaje tragicómico que campaba por Harlan con la mala suerte pegada a los talones. Dewey tenía que morir y Boyd tenía que matarlo. Sin embargo, aunque no le tembló el pulso, Crowder tuvo la decencia de acabar con él sin que el pobre redneck fuera consciente. Esa escena en el despacho de Boyd mientras Dewey mira la vieja fotografía me recordó muchísimo al: “Lizzie, mira las flores” de 'The Walking Dead'. 

Pues eso, que al final, en el secadero de los Bennet, Boyd sabe que ya no puede seguir huyendo y sabe que Raylan solo tiene ganas de matarlo. Nunca pensé que frente a su gran enemigo, Boyd se diese por vencido. Sin embargo, la patada en el estómago que le lanza Ava al explicarle por qué hizo lo que hizo, acaba hundiendo en la desesperación al personaje.

Ava, otro personaje con suerte, logra escapar con vida de Harlan y, aunque siempre dormirá con un ojo abierto y la escopeta cerca, encuentra la paz en algún lugar de California. Me alegro por ella, después de todo se merecía un final feliz. Puede que Ava no fuera una santa pero nunca creí que fuese una mala persona, era un víctima más de la ponzoña de Harlan. Es difícil ser decente y honrado en un ambiente como ese y menos si el amor de tu vida es Boyd Crowder.

La incorporación para este final de serie de Garret Dillahunt me ha gustado aunque su jefe, Markham -interpretado por Sam Elliot- me ha decepcionado mucho. Lo mejor de ese grupo era Dillahunt y su historia ha estado bien contada y mejor presentada. Lástima que su recorrido terminase en casa de Ava y Boyd, lástima que Raylan decidiese meterle dos balas por la espalda. Su Ty Walker merecía algo mejor, sobre todo después de su huida tras lo sucedido con Chu Chu y la prostituta.  Siguiendo con las incorporaciones, los "otros malos" de la temporada no han estado a la altura. La sonrisa ladeada y los aires de suficiencia de Elliot poco aportaron a un personaje más caricatura que otra cosa; mientras que la gloriosa Mary Steenburgen se pierde en su propio juego de seducción siendo su única aportación importante servir como verdugo del pobre Mike. La escena en la caravana es brutal, no sólo por la violencia física que despliega sino por el profundo lazo que une a Mike y Wynn. 

Se podrían decir muchas cosas sobre la última temporada de Justified pero entonces no acabaría este post nunca. Antes de terminar pedir un aplauso para ese secundario infalible y robaescenas llamado Wynn Duffy, superviviente y vencedor. Duffy es uno de los personajes más magnéticos y enigmáticos que nos ha regalado la serie. Siempre en su caravana con Mike como fiel escudero, siempre en el meollo de la cuestión. Duffy era una serpiente escurridiza con mucha suerte. 

Momentazos:










domingo, 26 de abril de 2015

Joey versión 2015

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Episodes es una de las comedias más inteligentes, divertidas y meta de la pequeña pantalla. Un soplo de locura basada en los contrastes que en vez de perder frescura y humor gana profundidad y dinamismo capítulo a capítulo. 

La cuarta temporada comienza justo donde nos deja la tercera, con el matrimonio formado por Sean y Beverly forzados a regresar a Estados Unidos para seguir trabajando en Pucks! mientras son acosados por varias cadenas de televisión que pretenden comprar un antiguo y prometedor guión. Las vicisitudes de Sean y Beverly siempre me han gustado. El choque cultural y moral que supuso su traslado a Los Ángeles no deja de ser divertido y sus caras de asombro ante la superficialidad y materialismo del mundillo televisivo siguen arrancándome carcajadas. 

Por su parte, Matt LeBlanc inicia la temporada descubriendo que su gestor le ha birlado 32 millones de dólares. Su nueva situación financiera le fuerza a replantearse su estilo de vida y a aceptar trabajos estrambóticos como asistir de invitado a la fiesta de cumpleaños de un tirano o intentar reconducir su carrera como presentador de un programa de televisión. LeBlanc aborda su personaje con inusitada maestría, combinando a la perfección la comedia y el drama; ajustándose a un papel que, si uno no practica la autoironía y la autocrítica, debe ser difícil de sobrellevar. 

Esta temporada ha entrado en escena un nuevo jefe de la cadena. Tras Merc y Castor será Helen Basch (Andrea Savage) quien tome los mandos del barco. La introducción de Helen da pie a una de las tramas más logradas de la serie: su relación con nuestra querida Carol. Ojo, que este año me gustaría mucho ver a Kathleen Rose Perkins nominada por este papel. Como siempre, Carol acaba acostándose con su jefa. La evolución de su relación es diametralmente opuesta a todo lo que Carol ha experimentado hasta el momento pero -siempre hay un pero- Helen es bastante peculiar y lo que parecía una relación idílica se transforma en una pesadilla que acabará afectando a todos los personajes. 

Hay momentos en los que Episodes es tremendamente cruel con sus personajes pero la vida es cruel y no siempre las cosas salen bien. El destino se ceba con Matt, con Sean y Beverly; y con la pobre Carol, personaje que no deja de ganar enteros a lo largo de la temporada y a la que es imposible no adorar. El final de temporada ha sido más abierto de lo habitual, dejando a todos los personajes suspendidos en el limbo a la espera de la quinta entrega de la serie. 

La serie no agota su universo y sigue adelante consolidada ya como una buena comedia plagada de extravagancias, metareferencias, chistes recurrentes e incómodos silencios que nos recuerdan que esto bien podría ser un drama pero que Crane y Klarik -creadores de la serie- apostaron por un terreno mucho más fructífero y abierto como el de la comedia. Este año Episodes nos ha dejado momentos gloriosos como el embarazo de Moira (Daisy Haggard)., el momento en el que Matt se encuentra con David Schwimmer (Ross en Friends) o la sex-tape de Morning. 

Las primeras temporadas de Episodes estaban muy centradas en la industria y en los problemas de Sean y Beverly pero la cuarta ha apostado más por las relaciones personales y la exploración de los personajes. Los cuatro personajes principales -Matt, Sean, Beverly y Carol- comparten amistad y confidencias. Las caminatas de Carol y Beverly son un espacio estupendo para verlas interactuar; sus noches de vino y porros me interesan menos aunque son igualmente entretenidas. Por su parte, Matt y Sean suelen quedar para beber, Matt habla por los codos centrado en sí mismo pero Sean está siempre a su lado e intuimos que para la estrella es importante el apoyo del guionista inglés. 

Gran parte de la fuerza de la serie se basa en la deconstrucción de ese personaje llamado Matt LeBlanc. Miembro de la nobleza televisiva durante 10 años y víctima de su propio personaje debido a un innecesario spin-off para mayor gloria y degradación de su Joey. LeBlanc era la estrella errática, impulsiva, egoísta e inconsciente que daba razón de ser a Episodes en sus primeros compases. Ahora la serie ha alcanzado la madurez argumental dosificando su matcentrismo y poniendo el foco de atención sobre otros personajes o episódicos que aportan mucho al conjunto de la serie. 

Episodes nunca ha renegado ni renegará de Matt y se ha despachado a gusto con su pasado en Friends y su gloria televisiva: referencias a la serie, apariciones de antiguos compañeros, merchandaising... Crane, cocreador de la serie, también alimenta el fantasma de Friends, lo cual me parece una jugada maestra y un ejercicio de autocrítica muy interesante de ver. Tengamos en cuenta que cuando Crane volaba alto con Friends la televisión empezaba a cambiar por culpa de cadenas como HBO y personajes como Tony Soprano. Crane y Jeffrey Klarik son muy conscientes de que ahora la forma de hacer televisión ha cambiado y de que puedes aspirar a tener como protagonista de una nueva serie a alguien como Susan Sarandon. 

En algún lugar leí, no recuerdo donde, que Episodes es la versión de Joey que no se podía hacer cuando Joey se estrenó en 2004. Me parece muy acertada esa reflexión sobretodo si lo comparo con el caso de The Comeback. La serie protagonizada por Lisa Kudrow en 2005 era una adelantada a su tiempo, tanto es así que acabó cancelada tras una temporada que con el paso de los años se convirtió en pieza de culto. En 2015, la HBO decidió recuperar la serie y al personaje, dándole una nueva oportunidad a un producto que se adapta perfectamente a la actual realidad televisiva. Valerie Cherish y el Matt LeBlanc de Episodes deberían conversar algún día en una de esas cafeterías angelinas . 

martes, 31 de marzo de 2015

Las pesadillas no tienen final

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You know what I was thinking? I was thinking, how many of you people am I going to have to kill to save your lives?

SPOILERS SOBRE LA QUINTA TEMPORADA

Los últimos capítulos de la quinta temporada desde 'What Happened and What's Going on' a 'Conquer' han llevado al grupo de Rick desde la desolación más absoluta (el enfrentamiento en Terminus, la muerte de Beth) hasta un supuesto paraíso terrenal llamado Alexandria. Tras cinco temporadas viendo a nuestro héroes dando tumbos por el sur de Estados Unidos se encuentran con una zona segura en su camino hacia Washington D.C. El grupo ha cambiado mucho desde que dejaron la cárcel en 'Too Far Gone' (4x08) y más desde el espectacular rescate orquestrado por Carol en Terminus en el inicio de la quinta temporada. Ya no son los mismos aunque algunos se aferran a su humanidad para sobrellevar las heridas que deja el sobrevivir en un mundo donde lo más peligroso que te puedes encontrar no es una horda de zombies. 

El segundo tramo de la quinta temporada se articula en torno a una pregunta: ¿Qué estás dispuesto a hacer para sobrevivir? En el pasado, el padre Gabriel dejó a su congregación morir; Eugene elaboró una mentira plausible para asegurarse la protección de Abraham; Rick destrozó a dentelladas la garganta de un mal hombre; Carol mató a dos personas infectadas y las quemó... Sobrevivir es importante pero ¿qué precio pagas por ello? ¿Dónde está la humanidad? ¿Dónde está el límite? ¿Hasta cuándo pueden seguir así sin convertirse en gente como la que habitaba Terminus?

Durante el viaje hacia el norte dos cosas se hicieron evidentes; primero que era necesario encontrar un lugar donde establecerse y segundo, que algunos miembros del grupo empezaban a perderse en su locura como Sasha o Gabriel, incluso me preocupó mucho la situación de Maggie tras conocer el destino final de su hermana. Sin embargo, tras la tormenta -real y metafórica- llegó a calma en forma de Aaron, el pasaporte de entrada en Alexandria. 

Parece que todas las dudas del grupo, que todas sus acciones y sueños les encaminaron hacia Alexandria y es allí donde vemos a “nuestros héroes” actuar como villanos. ¿Por qué? Porque aunque algunos parecen decididos a aclimatarse, otros (Rick, Carol) continúan pensando en sobrevivir a cualquier precio. La idílica ciudad amurallada es un caramelo demasiado dulce para algunos de nuestros viejos conocidos y tanta civilización se les atraganta. Tanto tiempo en la carretera les ha convertido en seres peligrosos, más de lo que aparentan. Puede que el padre Gabriel tenga razón al afirmar que el grupo de Rick no se merece el paraíso que representa Alexandría pero si ellos no se lo merecen, nadie lo hace. Curiosamente, Alexandria sirve para ver más claramente las fracturas en el grupo y la crisis de liderazgo de Rick. Algunos no piensan en tomar la ciudad (Maggie, Glenn, Michonne) y su posición y manera de encarar los peligros es diametralmente opuesta a la que toma Rick. La lucha que Gleen mantiene con Nicholas en 'Conquer' nos demuestra que dentro del joven aún hay humanidad, esperanza y que él, como Morgan (futuro residente de Alexandria) cree que "all life is precious". Por su parte, Maggie es capaz de encontrar la fuerza necesaria en su interior como para perdonar al padre Gabriel por su traición y, de paso, salvar a Sasha de cometer un asesinato. 

Alexandria corre peligro por el mero hecho de existir. Cualquier grupo de los vistos hasta ahora (el Gobernador, la gente de Terminus) habría intentado tomar la ciudad. Rick tiene claro que quiere la ciudad pero también tiene claro que la gente que vive en ella puede ser un obstáculo para su seguridad. La suerte se acaba y como bien explica Abraham Ford: "There is a vast ocean of shit out there you people don't know shit about. Rick knows every fine grain of said shit. And then some." La gente de Alexandria no ha sufrido ni luchado, no han pasado hambre ni frío, no saben lo que es ver a un amigo ser despedazado por los zombies, no han corrido para salvar sus vidas, no han tenido que ejecutar a nadie, no saben que el mundo ahora pertenece a los zombies. Carol tiene claro que "these people are children". Resulta paradójico que los ciudadanos de Alexandria tengan que ser salvados de si mismos porque su incapacidad para defenderse es su mayor debilidad.

Rick puede que tenga razón al decir que la suerte ha sido lo único que ha mantenido a salvo a Alexandria hasta el momento. Sabe que vendrán los lobos aunque aún no sabe que se dedican a marcar a los zombies con W. Los zombies son relativamente fáciles de tratar, el problema son los seres humanos. No obstante, aunque su obsesión es defender Alexandria, sus maneras son demasiado expeditivas. ¿Es Rick un futuro Gobernador, un futuro Gareth? Puede que no pero la frontera cada vez parece estar más cerca y hay momentos -la masacre en la iglesia del padre Gabriel, la muerte del marido maltratador- en los que la frialdad de Rick asusta. ¿Será Morgan quien le recuerde el hombre que fue? ¿Encontrará la forma de equilibrar su lobo interior con la apacible cotidianeidad de Alexandria? 

Antes de morir Bob le dijo a Rick que este no era el mundo real: "This is a nightmare. And nightmares end." Por mucho que quiera creer en esas palabras la verdad es que Bob se equivocaba, el mundo real está plagado de zombies, de lobos. Entonces, ¿qué es Alexandria? Un espejismo de un mundo que no volverá. La pesadilla alcanzará la ciudad amurallada más pronto que tarde. Hay que estar preparados.


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